Hay quienes al saber que alguien recibe a Jesús en su corazón, de inmediato comienza a revisar ¡dónde falla, cuándo se cae, cuándo comete algún error! No se sientan mal. Es parte de recibir a Jesús en nuestra vida. Muchos querrán hacer ver que nos equivocamos.

Pero, ¿quién les dijo que quien recibe a Jesús en su corazón de inmediato se transforma en un santo? Primero, nadie lo dice, ni la Biblia; segundo, no es así. Hay quienes al recibir a Jesús sufren una transformación inmediata, pero a muchos nos cuesta tiempo. Ese tiempo es de prueba, de duras experiencias. Es como el diamante bruto, que tiene que pasar por muchos tipos de pulidas fuertes hasta transformarse en una piedra de algún valor. Tal cual somos nosotros. No olvidemos que somos seres humanos y vamos siendo transformados paso a paso. Además tenemos un Dios que tiene tanta compasión que es capaz de perdonarnos mucho más de lo que nosotros somos podemos imaginar y mucho más de lo que nosotros podemos perdonar.

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Esto no significa que podemos pecar por el hecho de que sabemos que vamos a ser perdonados. Evidentemente tenemos que poner de nuestra parte, tenemos que ejercer el auto control y mantenernos muy firmes en nuestra relación con Dios, pidiéndole a diario que nos ayude a ser mejores personas y nos llene de Su Espíritu Santo para poder ser ejemplos, ya  que llevamos Su nombre como estandarte. Somos cristianos, no somos perfectos, pero con el favor de Dios estamos siendo perfeccionados y llegaremos ante Él blancos como la nieve.

Como dice en Isaías 1:18 ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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