Crisis de Coronavirus

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“En este momento, ante todo, trato de entender por qué la distancia que me separa del irracionalismo moderno… de la vulgaridad dominante, es cada vez mayor… Creo que estamos atravesando un período cada vez más difícil.”

Así leo que dijo en una de sus últimas entrevistas George Steiner, profesor, filósofo y crítico literario francés fallecido hace algunos días.

La cultura es la suma de lo que piensa, crea y hace una civilización. Pero no es solamente música, pintura y letras. Es todo.

Lo que Steiner afirma es que la irracionalidad y la vulgaridad están entre las “producciones” más sobresalientes de nuestro tiempo.

Uno puede detectar esto en todos los órdenes de la vida, ya sea política, economía, redes y medios sociales, religión, entretenimiento.

No son posibles en este ambiente el diálogo ni el entendimiento, la cooperación inteligente ni la excelencia.

La búsqueda del máximo beneficio y placer personal a cualquier costo se ha convertido en la principal tarea de la gente.

El pensamiento racional promovido por la lectura y el debate responsable ya no parecen posibles ni siquiera en el campo académico.

La estridencia de la música, la televisión y el cine, la gritería y el ruido constante imperan sin contrapeso.

La banalidad, la corrupción, la irresponsabilidad y la traición al sistema social son la moneda de cambio de la política.

Los intentos por producir literatura, cine, teatro, pensamiento social de alto nivel son aniquilados en las oficinas del poder.

Las redes sociales son el campo abierto donde predomina la mentira, el aspaviento, el odio y la tontera en su máxima expresión.

La familia, la escuela, la iglesia, la academia eran los espacios donde se formaba gente laboriosa, educada y respetuosa.

Hoy no son más que monumentos a una era pasada por donde circulan el egoísmo, la estupidez y la locura.

No hay compromisos fundamentales, no hay dignidad que valga la pena honrar, no hay mujeres u hombres que orienten a la multitud.

Sólo ídolos de cuarta manejados por astutos agentes e interesados sólo en la fama, la plata y el poder.

Acompañamos el dictamen de George Steiner: estamos atravesando un período cada vez más difícil.

E intentamos, algunos de nosotros, reconocer la distancia que nos separa de la vulgaridad y la irracionalidad.

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