Crisis de Coronavirus

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Decididamente hablar de política, ese “arte de lo posible”, es una virtual pérdida de tiempo en este blog. Es uno de los temas que menos lecturas y likes obtiene. Pero hay cosas que no aprendo nunca, como madurar o no ser rebelde, por ejemplo.

Dicen que Aristóteles, Maquiavelo, Bismarck o Churchill dijeron aquello de que la política es el arte de lo posible . Y que luego un español corrigió la frase y dijo que la política es el arte de lo imposible.

Jesús Montecinos, La política es el arte de lo imposible, La Vanguardia, Barcelona, 25 de mayo de 2015

Dice el señor Montecinos en la citada nota que un español corrigió la frase diciendo que la política en el arte de lo imposible. Y se explaya en el caso específico de un momento de la historia reciente de España.

La política sí es el arte de lo posible

Por definición, no se puede realizar algo imposible y por eso se le atribuye ese calificativo. Opino que la política es capaz de hacer cualquier cosa que sea posible. Puede ser un servicio público desinteresado, imparcial, honesto y promotor del bien común.

Al mismo tiempo, y casi sin solución de continuidad, puede ser un lastre social, un nido de ratas corruptas y ladronas, un campo de batalla donde se disparan odios y trabas contra el partido adversario, una caja financiera interminable donde medran oportunistas y supuestos defensores del pueblo o de las elites. 

El arte de lo posible que destruye la democracia

La democracia es uno de los más malos sistemas de gobierno, pero las alternativas son  peores: dictadura, anarquía, plutocracia, o una mezcla de todas.

Es malo porque se supone que descansa en la voluntad soberana del pueblo, quien se manifiesta a través del voto. Sin embargo, hoy los votos se pueden comprar, se pueden manipular a través de la mentira cibernética y a través de promesas ilusorias. Así, pueden ser inclinados en favor de quien maneje mejor la campaña. Es la máxima expresión del arte de lo posible.

Una vez en el poder, los mandatarios y legisladores hacen lo que en realidad conviene a sus partidos o a sus intereses. La manida frase de que se gobierna “para el pueblo” o “para la gente” es quizá una de las mentiras más creídas en el mundo contemporáneo.

Alternativas para el arte de lo posible

Tengo amigos y amigas que discrepan de esta mirada pesimista. Se declaran moderados, creyentes inveterados de los consensos que un día construirán países estables. Ven en las negociaciones y alianzas la posibilidad de algo mejor.

Pero si se mira bien, hay poquísimas alternativas. Una, es que las cosas sigan como están. De algún modo se sobrevive, aunque una trágica cantidad de personas no lo logra y muere. 

La otra es la conflagración, la revolución, violenta o no, que haga tabla rasa, “que se vayan todos, “nunca más” o algo parecido y empezar todo de nuevo.

Una siguiente posibilidad es la anarquía, el caos, el desconocimiento de todo orden en el cual sobreviven los más fuertes; los débiles se tienen que arrancar a otros países.

La última, y la menos posible, es el arribo de una nueva clase política. Una raza de gente que inaugure otra forma de hacer gobierno. Gente que entre al servicio publico para eso: para servir. Pero eso se ve bastante improbable en un mundo donde el individualismo y el vive y deja vivir supera siempre al compromiso social.

La apatía permite que los que se comprometen (con las intenciones que sea y con los resultados que sean) manejen la cuestión. Porque, efectivamente, el arte de lo posible sólo lo manejan los que se involucran.

Pensándolo un poco más, tal vez ES el arte de lo imposible…


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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