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Párrafo revisitado

(Hace catorce años escribí este documento. Nótese la actualidad…)

Párrafos – “Lecturas” – 25 de Octubre de 2005

Estuve fuera del país en dos ocasiones en las últimas dos semanas. Una vez en Australia y otra en Brasil. Por ello, varios hechos ocurridos en nuestro país no han sido comentados en este espacio y por el tiempo transcurrido sería un poco extemporáneo hacerlo.

La distancia, sin embargo, actúa de algún modo como un saludable proveedor de perspectiva. Por una parte, pareciera que las cosas no son tan terribles como se mira y se escucha en los medios. Por otra, parece que el cuadro no da para muchas esperanzas.

Ambigua como puede sonar esta lectura, arriesgamos de todos modos una reflexión en torno a ello, en la búsqueda de alguna orientación que nos ilustre. ¿Cómo son las cosas en realidad? Hemos comentado más de una vez aquí que el exceso de palabras y de opiniones refleja la falta de profundidad en el análisis.

A veces se percibe cómo, para usar la expresión de Isaías, a lo malo se le llama bueno y a lo bueno se le llama malo. “La interpretación de la insanidad moral como moralidad y de la verdad y la prudencia como inmoralidad, es una confusión difícil de desentrañar”, escribe Eric Voegelin casi al final de su libro “La nueva ciencia de la política”. No podemos sino concederle la razón.

Seguimos a la búsqueda de interpretaciones más certeras de lo que ocurre en nuestro mundo de hoy. Hay quienes brindan por la modernidad – y su excrecencia natural conocida como post modernidad – y hay quienes abominan de ella. Hay quienes alaban las bondades del progresismo y hay quienes reclaman conservar algunos “valores” perdidos. En este vocerío mayormente ininteligible uno desearía oír que desde la intelligentsia cristiana surgiera alguna luz orientadora, alguna influencia razonable.

En vista de tal ausencia me refugio de algunas lecturas saludables entre las que se encuentra, como siempre, la Biblia. Hace unas semanas alguien increpó a un amigo mío que fuera a enseñar a Platón a los mapuches. Por ello, me atreví a explorar de nuevo “La República” de Platón porque cuando lo hice por primera vez hace unos treinta cinco años, no recuerdo haber obtenido mucho. Estoy lidiando con otros autores, porque algunos de ellos no son fáciles de entender, pero que aportan bastante más luz que los editoriales de prensa y las noticias de las nueve.

“Tus profetas vieron para ti visiones de falsedad e insipidez. No revelaron tu culpa, para cambiar tu suerte. Oráculos tuvieron para ti de falacia e ilusión” (Lamentaciones 2,14, Biblia de Jerusalén)

Justicia para todos

“La justicia es una alegría para los justos, pero hace temblar a los malhechores.” (Proverbios 21:15 NTV)

Si los países tienen constituciones bien fundamentadas y se obedece la ley, todo marcha, incluso la justicia. Sin embargo la realidad es diferente, en muchos lugares la justicia funciona sólo para los que tienen dinero, para los que tienen contactos o los que están involucrados en algún grupo cuyas acciones conllevan beneficios.

Los gobernantes son los que deben dar ejemplo del cumplimiento de las leyes pero al ser cegados por el hambre de poder, hacen y deshacen las leyes a su conveniencia, para su beneficio, y esto hace mucho daño al pueblo. La Palabra de Dios dice: “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime.”(Proverbios 22:9 NTV)

Las Escrituras nos enseñan a someternos a las autoridades porque son las directas encargadas de hacer cumplir la ley, de velar por el bienestar de cada persona que habita en un país determinado y que cumple sus deberes civiles.

“Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios.”(Romanos 13:1 NTV)

Pero, ¿Qué sucede cuando los que gobiernan pisotean las leyes y también los preceptos bíblicos, cuando quieren sacar a Dios de las escuelas y prohibir la libre expresión sobre la palabra?

Recuerda lo que pasó con Pedro y los apóstoles después de ser liberados de la cárcel pública en Hechos 5: 28-29 NTV: “—¡Les ordenamos estrictamente que no enseñaran nunca más en nombre de ese hombre! —les dijo—. En lugar de eso, han llenado a toda Jerusalén con la enseñanza acerca de él, ¡y quieren hacernos responsables de su muerte! Pero Pedro y los apóstoles respondieron:—Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a cualquier autoridad humana.”

El sumo sacerdote y los saduceos mandaron a encarcelar a Pedro y a los apóstoles por enseñar la palabra pero en la noche un ángel los liberó y les dijo que fueran a predicar. Al enterarse el sacerdote de que ellos estaban libres fue con soldados a verlos y reclamar que estaban prohibidos de instruir sobre Jesús pero Pedro y sus acompañantes respondieron que es importante obedecer a Dios antes que a los hombres.

En un país donde se prohíbe la libertad de expresión, de pensamiento, se vive bajo una dictadura real pero también ideológica; cuando se prohíben las enseñanzas morales y teológicas sólo preparan a la sociedad para su fracaso.

Existen autoridades buenas y malas, por lo tanto es importante que oremos por ellas para que obren conforme a la ley, para que hagan justicia, para que se den cuenta de sus malas actitudes y las cambien, que busquen el bienestar de las personas, confiando en el Señor y pidiéndole sabiduría para gobernar como lo hizo Salomón en los comienzos de su reinado; y que toda mala autoridad pueda ser cambiada por otra que pueda realizar el trabajo eficientemente.

A diferencia de las personas Dios hace justicia, protege a la viuda, al huérfano y no desamparará al justo.

¿Oras por tus gobernantes? ¿Oras por tu país?

Por Carlos E. Encina.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Divididos

Imaginen una conversación en la mesa sobre homosexualidad y Biblia –permítanme la libertad de ponerlo así–. A los pocos minutos descubrimos dos puntos de vista. Uno se remite rigurosamente a textos que condenan sumariamente tal estilo de vida. El otro propone una mirada más considerada a la luz del análisis social.

Me retiro de la mesa para alejarme de una posible confrontación y pensando que aquí hay un buen tema para hoy. No sobre las orientaciones sexuales, aunque es un tema de mucha actualidad. Me refiero más bien a esta polaridad que existe cuando la conversación deriva hacia la política, el fútbol, la religión o las tendencias culturales.

Mencioné que la discusión era sobre el punto de vista de la Biblia. Y no pude menos que recordar a fariseos y saduceos. Esa gente sí que tenía diferencias de opinión ¡sobre las mismas cosas!

Los saduceos eran miembros de la clase alta, se vinculaban con el poder político, incluso con el imperio y aparentemente eran bastante deslenguados.

Los fariseos eran rigurosos observantes de la letra de la ley, provenían de las clases medias y tenían bastante distancia con el poder político.

En el lenguaje de la cultura popular unos eran progresistas y los otros conservadores. Aquéllos de la izquierda y éstos de la derecha. Tolerantes e intolerantes. Azules o colorados. Verdes o celestes. Duros o dialogantes. Y la lista continúa…

Por ejemplo, los saduceos no creían que había resurrección y los fariseos sí. Los fariseos abominaban del contacto y de la relación con el poder político del imperio y los saduceos estaban muy cercanos al mismo.

¿Se pueden imaginar las discusiones que tendrían considerando que ambos grupos sostenían que sus puntos de vista estaban respaldados por las Escrituras? Por cierto, el asunto es mucho más antiguo y no parece que las cosas vayan a cambiar en el corto plazo.

Lo triste es que cuando estas disputas se relacionan con la gestión de un país los resultados se sienten en la economía o en la convivencia social. Por eso no hay peor división que aquella de la política.

Allí se diluye toda posibilidad de una oposición responsable y constructiva. No hay esperanza de un acuerdo que, trabajando las diferencias por el bien mayor de la nación, mejore las condiciones de vida de todos.

En semejante ambiente sólo ganan los que tienen el poder y la plata.

Los demás serán finalmente consumidos por la división.

¿Y en relación a las autoridades…?

Obedecer a las autoridades que gobiernan nuestro país, para algunos de nosotros suele ser algo difícil, puesto que en algunos casos no compartimos la línea política o la dirección que toma el gobierno.

No obstante, debemos tener presente que toda autoridad es puesta por Dios, quien establece y mantiene un principio de gobierno, aun cuando algunos de estos gobiernos no cumplan con los deseos divinos.

“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra.”

Tito 3:1 (RVR1960)

En la carta del apóstol Pablo a los Romanos, en el capítulo 13, encontramos instrucciones claras al respecto, estas nos ayudan a comprender la importancia de respetar a las autoridades y cumplir con nuestras obligaciones tributarias; al mismo tiempo interceder por ellas será importante, para que en su posición privilegiada, no olviden su principal función (v.3).

Tampoco es prudente llegar a temerles, porque la Palabra dice que son servidores de Dios para nuestro bien, simplemente debemos procurar hacer lo bueno delante de los ojos del Señor, de esta manera estaremos también cumpliendo con nuestras obligaciones como ciudadanos.

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”

Romanos 13:1 (RVR1960)

Por Cesia Serna



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Locos

El profeta es un asaltante de la mente. A menudo, sus palabras comienzan a quemar donde termina la conciencia… Las cosas que horrorizaron a los profetas son, aun ahora, sucesos cotidianos.

(Santiago Kovadloff, Locos de Dios, Ed. Emecé, 2018)

El autor, cuyo libro recomiendo fervientemente, nos hace saber que los antiguos israelitas llamaban “locos de Dios” a los profetas: Meshuguei Elohim en el idioma original.

Examina el rol que cumplieron los profetas del período que va desde Samuel hasta el exilio en Babilonia y su ardiente confrontación contra los poderes políticos y religiosos que han dejado de lado no sólo la Ley sino a su Dios y han prescindido de la ética, fundamento de la gestión pública.

El fragmento que cito al comienzo me interpela en dos sentidos.

El primero, aquello de “asaltante de la mente”. Me atrae la violencia que entraña esa descripción. Porque no es otra cosa que violencia conceptual lo que necesita esta generación, acostumbrada a la pereza mental.

La jibarización del pensamiento a manos de aparatos “inteligentes”, internet, redes sociales, farándulas diversas, política de baja estofa y fútbol obliga al profeta a sacudir semejante molicie y convocar a la sobriedad y el rigor de la acción responsable.

Sus palabras queman, dice Kovadloff donde se termina la conciencia. Piensen en Greta Thunberg, Nadia Murad, Safia Minney, Muhammad Yunus, Verónica Guerin. Piensen en Alexander Solzhenitsyn, Albert Camus, Nelson Mandela, Gandhi. Ellas y ellos lucharon por despertar en la mente de la inmensa mayoría una rebelión transformadora.

El otro concepto que me provoca es que las cosas no han cambiado nada desde la antigüedad. El gobierno se descompone. La corrupción destruye la confianza pública. La codicia empresarial crea pobreza y opresión laboral. La embriaguez de poder de los dictadores genera guerras, desplazamientos masivos, miseria y muerte.

Entonces que hay que hablar. Hay que gritar. Hay que sacudir. Hay que quemar. Hay que dejarse de discursos dulzones y conciliadores. La mentira se viste de mil maneras. Cuenta con inteligentes asesores de imagen, creativos community managers y contundentes estudios de opinión. Pero la mentira es la misma.

Una frase muy potente de este libro y que me queda como consigna es que el profeta quiere a la política subordinada a la ética. Vivimos en un continente donde la política es instrumento de poder y de riqueza, sea de izquierda o de derecha. Ladrones y enfermos de poder ya no tienen banderías: son todos inmorales. El profeta debe denunciarlos.

Lo otro, lo ajeno

Cada cual llama barbarie a aquello que no es su costumbre

(Montaigne)

Lo que ignoramos, lo que es diferente a nosotros, lo que no corresponde a nuestras convicciones y cosmovisión lo llamamos malo, incorrecto, inapropiado, bárbaro, ridículo.

Eso, entre otros adjetivos; hay algunos peores. Lo desconocido perturba, asusta. Nos incomoda lo diverso. Lo extranjero.

Preferimos y privilegiamos lo que nos gusta, como sea que sea. Como ese señor que dijo: Este gobierno será una porquería pero es el mío.

Preferimos los limitados espacios de nuestro territorio porque nos es conocido. Desconfiamos de la distancia. Negamos otras posibilidades. Nos cerramos a lo otro.

Cuando uno nunca ha salido de su país, cree que sus costumbres, su comida, su lenguaje es lo mejor. Se conoce como etnocentrismo.

Lo peor es haber salido del país, haber visto otras culturas y todavía seguir creyendo que lo de uno es mejor. Se conoce como etnocentrismo recalcitrante.

(¿Cómo va a haber algo mejor que las marraquetas con palta, los porotos granados, el pastel de choclo, el curanto en olla?)

Pero sí. Lo hay. Sólo es diferente. Es ridículo decir que esta comida o esta música o esta vestimenta es mejor. Es diferente.

Ni qué decir de las razas. O de las religiones. Despreciarlas porque no son como las nuestras. Endilgarles la perdición eterna porque la única correcta es la nuestra.

Viviendo en el extranjero solía yo decir, medio en broma, medio en serio: “Esto no pasa en Chile”. Pero sí pasaba. Y a veces peor. Era sólo cuestión de perspectiva. De criterio.

La arrogancia suprema es llamar bárbaro, inferior, peor a lo diferente. Eso supone que uno sabe absolutamente. Y para peor, creérselo.

Toda calificación es un juicio. Y todo juicio supone que a) uno sabe mejor y b) tiene el derecho de juzgar. Al menos reconozcámoslo aquí: eso es harto poco cristiano.

Por eso las discusiones religiosas, políticas, deportivas, filosóficas, raciales tienen tan poco fruto y tan incierto destino. El otro está equivocado. El otro está mal. Así es imposible.

Basta mirar la tira de comentarios debajo de un mensaje de Twitter o Facebook respecto de cualquiera de esos temas. ¿No asombra aún cuánto odio y estupidez se halla allí?

Quizá lo que nos entristece más respecto del futuro de todas las cosas es cómo el odio y la estupidez adquieren categoría política, credenciales filosóficas o popularidad cultural.

Dios, el Estado

Leí recientemente una cita que afirmaba que los países que se alejan de Dios y de sus preceptos terminan hablando solamente de política. Tiene sentido si uno lo piensa un poco. Las sociedades necesitan ser dirigidas por una persona o un grupo de personas porque nadie se siente naturalmente atraído al caos. Y si los conceptos del reino de Dios – del modo que se lo comprenda – ya no orientan los días de las personas, van a buscar a alguien que lo haga.

Hoy día Dios es, ni más ni menos, el Estado. La gente espera que les provea y asegure buen gobierno, trabajo, prosperidad económica, salud, vivienda, educación, entretenimiento, seguridad, jubilación y exequias respetables.

Por lo tanto los gobernantes, los jueces y los legisladores que deben garantizar a la ciudadanía estos bienes son el centro de la noticia, la conversación y los análisis especializados. La prensa que reviso diariamente y el periódico del domingo – cuya lectura me toma la semana completa – ocupan entre el 60 y 70% de su contenido en el estado de la política, la economía y la seguridad pública.

La obsesión informativa se concentra en el precio del dólar, la inflación, el valor de la canasta mensual, estudiantil, de vacaciones y de las fiestas, los incrementos salariales, la producción industrial, las ventas y el comercio, las exportaciones, el riesgo país. Se ocupa también del estado de la gestión de gobierno y oposición. Otro gran tema es la inseguridad, las atribuciones de la policía y algunos de sus funcionarios coludidos con la mafia. Y finalmente cada cierto tiempo, las elecciones: locales, estatales y nacionales, de medio término, presidenciales, extraordinarias.

Si uno mira al conjunto de las informaciones resulta natural que todo pase por la política: no muere la esperanza que cierta persona o cierta coalición de personas administren decentemente todas estas cosas, salven al país y lo pongan en la ruta de la prosperidad, la seguridad y la exitosa inserción internacional.

No sugiero aquí que estas preocupaciones no sean legítimas. Hay mucha gente que está sufriendo necesidades. Pero más allá de eso, válido como es, observo que no parece haber una concepción más profunda de la vida que la satisfacción inmediata de las necesidades. No parece haber una visión, una causa, una mirada hacia los otros y hacia otros asuntos fundamentales de la vida.

La historia muestra generosamente cómo terminan las sociedades que llegan a este estado…

Materias complementarias

(Una vez me preguntaron si podía escribir algunas ideas para un proyecto de discipulado. Mala idea. Siempre derrapo. Ofrecí lo siguiente para los nuevos creyentes como materias complementarias. Nunca me respondieron. Vean aquí por qué).

“Como comentario inicial diría que discipulado no es una palabra que sale en la Biblia. Es un constructo medio griego para darle estructura al ministerio de Jesús.

La propuesta:

Animarlos a comprender el mundo en que viven. Tener otros tiempos o bien dentro de la misma reunión para hablar acerca de temas actuales que están ocurriendo en la ciudad (sugiero que no hablen de temas de otros continentes al principio): política, justicia social, educación, salud, temas urbanos, arte, etc. Tomar un tema que esté en el tapete de las noticias y reflexionar juntos sobre que entienden y qué ven. No dejarles arribar a conclusiones simplistas como “Así es la voluntad de Dios”, “Son los últimos tiempos” o “No son temas espirituales”. Animarlos no sólo a intentar comprender lo que pasa (leyendo, escuchando noticias, hablando con personas que conocen más del tema), sino preguntarles qué harían ellos si tuvieran la facultad democrática de hacer algo.

Invitarlos a participar como espectadores si es posible de una reunión del consejo municipal, de una reunión sindical, de un encuentro de estudiantes en protesta, etc.

Invitarlos a ver una obra de teatro, una exposición de pintura, fotografía, escultura, arte digital, etc. y charlar con los artistas.

Elegir ciertas películas de contenido, no comerciales, y después de verlas plantear una conversación sobre la cuestión tratada. Por ejemplo, pueden ver “The million dollar baby” con Clint Estwood, “Buenas Noches y Buena Suerte” o “The Matrix” y discutir sobre la temática.

Analizar artículos editoriales sobre temas de interés de la ciudad, crónicas actuales como los juicios a los violadores de los derechos humanos o la política educacional de la ciudad.

Conocer en directo la parte oscura de la ciudad: pobreza, prostitución, violencia en la familia, abuso infantil, aborto, tráfico y consumo de drogas, delincuencia, orientaciones sexuales alternativas, corrupción, tráfico de personas, explotación laboral, desempleo, mendicidad, abandono de los ancianos, la gente que vive en la calle. Desarrollar una manera de conocer las raíces de esos problemas, no sólo dar cafecitos y sándwiches a medianoche o hacer una visita de cortesía, sino comprender las raíces del problema y ver qué se puede hacer.

A ver qué pasa con estas ideas…”

¿Tu enemigo cayó? No deberías celebrar

En la vida nos encontramos con todo tipo de personas. No todas ellas nos hacen bien, sino que de una u otra forma nos perjudican y se convierten en una especie de enemigos.

Estos enemigos pueden ser gente que conocemos y en algún momento nos hicieron daño, o gente que no conocemos personalmente, pero que tienen cierta influencia en nuestra vida. Esto se nota con claridad, por ejemplo, cuando se trata de alguna autoridad o gobernante.

Las decisiones que toman las autoridades o personas poderosas de nuestros países no siempre son las mejores. Ellos se dejan guiar por sus propios intereses, los cuales no son de beneficio para la población en general, y cuyas malas consecuencias nos afectan a todos. Por lo tanto, es de esperar que sintamos alegría y triunfo cuando la justicia condena a algún mal líder. Esto, hasta cierto punto, es comprensible pues como seres humanos tenemos un deseo natural por la justicia que muchas veces cruza la línea y se convierte en venganza. Cuando alguien nos perjudica sentimos que es justo que nuestro enemigo sufra tanto como nosotros. Sin embargo, la Biblia nos dice que si nuestro enemigo cae, no debemos alegrarnos porque esa actitud puede volverse en nuestra contra.

Proverbios 24:17-18 dice:

«Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón; no sea que Jehová lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo.»

En esos versículos aprendemos que no tenemos la labor de juzgar a los demás, sin importar cuán terribles hayan sido sus acciones. El verso 18 dice que a Dios puede desagradarle nuestra conducta y, a causa de eso, quitar la culpa de quien se lo merece. En otras versiones dice:

  • «Si Dios te ve, no aprobará tu conducta y se enojará contigo.» (TLA)
  • «Pues al ver eso el Señor no lo aprobará y entonces decidirá ayudar a tu enemigo.» (PDT)
  • «Pues el Señor se molestará contigo y quitará su enojo de ellos.» (NTV)
  • «Porque al Señor no le agradará ver esto, y entonces su enojo se apartará de él.» (DHH)

Por lo tanto, no debemos permitir que nuestros deseos de justicia y venganza nos hagan usurpar el lugar de Dios. Puede ser difícil no alegrarse cuando nuestros enemigos pasan por malos momentos, pero tenemos que recordar que debemos tratar a los demás así como queremos ser tratados (Mateo 7:12). Es más, Jesús nos ordenó amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos odian y esto incluye a todas las personas: conocidos o desconocidos (Mateo 5:43-48; Lucas 6:27-36). Si realmente queremos ser luz en un mundo de tinieblas debemos empezar demostrando amor a aquellos que más lo necesitan.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué hacer si un líder me decepciona?

¿Alguna vez admiraste a un líder que después te decepcionó? Sucede en todas partes del mundo. Líderes, políticos o personas que están en cargos importantes fallan y desalientan a sus seguidores. Su mal ejemplo puede hacer que pierdas la fe en otros líderes o dejes de creer en alguna causa. No obstante, antes de dejar que tus emociones del momento te gobiernen, considera hacer lo siguiente:

Mira a esa persona a través de los ojos de Jesús

Puede parecer difícil, pero intenta ver a esa persona con compasión. Cada ser humano, sin excepción, falla de vez en cuando. Sin embargo, pese a nuestros errores, Jesús nos ama y nos ve como especiales y valiosos. Si comienzas a ver a la gente de la misma manera, sabrás que el amor causa un mejor impacto que el odio. Es cierto que las equivocaciones de los líderes hieren y en ocasiones pueden generar daños irreparables. Pero si dejas que las acciones de los líderes hagan que pierdas la esperanza, el más afectado serás tú y no el líder. La compasión y el perdón son dos ingredientes esenciales que se necesitan para la paz con uno mismo y los demás.

Aprende de los errores del líder

Una sabia frase dice que “el hombre inteligente aprende de sus propios errores, el sabio aprende de los errores de los demás”. Los desaciertos de los líderes deben generar inspiración y no crítica. Cuando nos centramos en juzgar y destacar las equivocaciones de los demás, podemos nublar nuestro propio prospecto de aprendizaje. En cambio, cuando analizamos las cosas desde una perspectiva diferente, podemos aprender qué hacer y qué no en una posición de liderazgo. Este conocimiento nos servirá a nivel personal, pero también como herramienta para enseñar a otros.

¿Estás siguiendo al líder correcto?

El ser humano está propenso a cometer errores, especialmente cuando se deja guiar por la ambición del poder y otras influencias negativas. Por tal motivo es importante que consideres a quién estás siguiendo. Las personas son seres temporales y tienden a cambiar con el paso del tiempo. No obstante, hay alguien que no cambia y permanece para siempre: Jesucristo. Él es el mismo de ayer, hoy y siempre. Es el único ser que jamás te decepcionará y en quien puedes confiar plenamente. Si empiezas a fijar tu vista en él, todas las cosas terrenales se verán de una forma distinta y tu vida tendrá un mejor rumbo.

¿Quieres conocer más de Jesús? Queremos ayudarte. Visita: http://www.vivirdenuevo.com

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Mundo lateral

“El pensamiento lateral busca soluciones a los problemas de un modo que no sigue las pautas lógicas; se apoya en ideas que se salen de lo habitual, busca caminos alternativos de resolución que escapan de las ideas preconcebidas… Aprender a analizar los problemas desde una multitud de puntos de vista”, se lee en el sitio de Aprender a Pensar.

Leí en un muy buen libro un comentario del relato de Jesús sobre el rico y Lázaro, específicamente en Lucas 16:24: Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. La observación era ésta: ¡Aún en el tormento, el rico consideraba a Lázaro un sirviente para él! Es decir, no había cambiado nada. Lo habré leído cientos de veces, pero nunca vi este detalle. Observo la Biblia bastante desde hace muchos años pero es obvio que el pensamiento lateral aporta siempre cosas nuevas no importa cuánto pasa el tiempo.

Es muy triste comprobar que en la institución cristiana no se estimule este tipo de pensamiento. Una vez que alguien toma el curso básico de discipulado y luego – si es un aventajado estudiante – el curso de liderazgo o de consejería, abandona el cuestionamiento creativo respecto de la Biblia. Repite y replica lo que aprendió durante los días del “primer amor” y jamás recapitula.

No hay espacio aquí para reflexionar sobre las implicaciones de esta situación. La más dramática consecuencia es que el creyente asume que ya sabe todo lo que hay que saber para vivir la vida que lo llevará al cielo y ya no aprecia más nada del entorno. No leen, no escuchan, no ven, no toman conciencia y no piensan nada que no sea del mundo propio de la institución.

Así, menosprecian el mundo de la política, de la economía, de la cultura, de la crisis y de la responsabilidad social. Son monotemáticos en cuanto a sus intereses y por lo mismo resultan aburridos para el resto de la gente. Lo más asombroso es que casi todos se sienten orgullosos de la crítica hacia ellos porque – dicen – el creyente es perseguido y no es amado por el mundo. Si hay algo que NO es pensamiento lateral, es esto.

Un pequeño ejercicio lateral: Qué es lo que Dios efectivamente hizo cuando dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”?

Tiene que ver con todo

Asistí hace poco a un encuentro donde frecuentemente se hizo alusión en una pantalla gigante al lema It’s all about Jesus (algo así como Todo es acerca de Jesús o Todo tiene que ver con Jesús). Hubiera querido entonces hacer algunos cuestionamientos pero no hubo lugar.

Esta mañana se me hizo más patente la inquietud sobre lo mismo al comenzar a leer el libro de Daniel. Consideren por un momento a aquellos cuatro muchachos que debieron – a la fuerza – aprender el idioma, la literatura y las ciencias de la primera potencia mundial de entonces y que no sólo superaron en diez veces a sus pares sino se hicieron cargo de los asuntos públicos de la ciudad más poderosa del reino.

Si la Biblia está escrita para ser leída y entendida toda, queda más que claro que Dios tiene que ver no solamente con la salvación de las almas para conducirlas directo al cielo. Es evidente que el Dios Padre, el Dios Hijo y el Dios Espíritu Santo también tienen que ver muchísimo con la política, la economía y la cultura de los pueblos; no sólo mucho que ver sino mucho que hacer a través de sus hijos.

La expresión Todo tiene que ver con Jesús casi siempre hace referencia a su obra salvadora personal, a la consiguiente santificación y preparación de los creyentes para el cielo. No se hace cargo ni expresa relación alguna con las responsabilidades sociales de los creyentes. Jesús queda así reducido a un canal para llegar al cielo.

Por cuanto agradó al Padre que en él (Jesús) habitase toda plenitud, y por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos… (Colosenses 1:19-20). ¿Qué serían todas las cosas que están la tierra? ¿Sólo almas de potenciales salvados por Jesús? ¿No incluirían también los asuntos públicos, las relaciones sociales, el cuidado de la creación? ¿No querría Dios, a través de sus hijas e hijos, reconciliar consigo, en la medida de lo posible, también esas otras cosas?

Es decir, ¿no querrá Dios que entendamos que Jesús tiene que ver con todo?

Tienes que estudiarte Google Optimize… esta demasiado bueno https://analytics.google.com/analytics/web/#/siteopt-experiment/siteopt-detail/a6471350w12475245p13084714/_r.drilldown=analytics.gwoExperimentId:zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg&createExperimentWizard.experimentId=zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg/

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