Crisis de Coronavirus

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Las cosas que perduran en el tiempo, las que llegan a constituir cultura se crean y se transmiten, propongo, en el sosiego. A eso he querido llamar hoy el discreto encanto de la cultura. El concepto es generalmente entendido como el cúmulo de conocimientos, tradiciones, producciones y hábitos de un determinado grupo humano.

Este conjunto de hechos ocurre en la familia, la escuela, la iglesia, el trabajo, el ocio y la interacción social y los medios de comunicación. Observo que este acopio de saber y de ser se da mejor en una atmósfera más o menos temperada. Es decir que en medio de un griterío, un desorden o una violencia desatada parece difícil transmitir algo que se arraigue profundamente como un conocimiento constructivo.

Algunas precisiones necesarias

Por cierto, cuando se dice que hay una “cultura” de violencia, se está haciendo referencia a una forma de resolver las cosas que puede llegar a ser parte del saber de un individuo o un grupo. Pero no es ése el concepto de cultura que va a trascender y dar el carácter a una civilización. Puede ser que definan una época determinada, un período, pero no a toda la historia de un mundo dado.

Una clase, la apreciación estética, la música, la literatura, la atención a los medios de comunicación (que incluyen hoy a internet y las redes sociales) son situaciones que requieren de cierta tranquilidad. Es preciso algo de silencio, de quietud para adquirir y asimilar los contenidos que proponen. A eso me refiero con el discreto encanto de la cultura.

Un encanto distante de la chimuchina

Hubo un periodista y dibujante chileno que se refería a ciertos espectáculos estridentes como chimuchina. Por cierto, semejante expresión era un descrédito del arte popular y algunas expresiones masivas del mismo. No comparto esa idea y no es a eso a lo que hago referencia en esta nota.

La palabra chimuchina siempre me sugiere la idea de algo desordenado, ruidoso, enredado. En semejante atmósfera, pienso, es difícil transmitir algo que construya conocimiento. Lo que sí provee es experiencia y sentimientos que bien pueden ser considerados parte de la cultura.

Lo que intento decir es que el contenido de una cultura y su saber requieren de cierta tranquilidad, de un estado de observación, de análisis, de ponderación. Se puede pensar que esta es una aproximación elitista o segmentada, pero no lo es. No sé cuánto se podría aprender en el griterío y la desbandada y adquirir como riqueza permanente.

Esta divagación sobre el discreto encanto de la cultura puede que no sea más que el reflejo de una mañana tranquila y un día todavía gris. Sin duda, no parece productiva, edificante o provechosa. Apenas discreta…


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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