Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Como padres, pensamos que, con todo lo que logramos, nos hemos ganado la confianza de nuestros hijos. Los traemos al mundo, vestimos, alimentamos, protegemos, educamos y financiamos sus estudios. Les damos directrices con nuestro comportamiento, más que con palabras. Intentamos prepararlos para la vida y lo que se les pueda presentar. No hay universidades de padres y uno trata de hacer el mejor trabajo que puede. ¿Cierto?

Sin embargo, luego se hacen independientes, tienen sus propias familias y dan un cambio total. Es la ley de vida. Lo que no es fácil entender es que no nos hayamos ganado la confianza de nuestros hijos. Por ejemplo si nuestra hija queda embarazada. La mayoría de las mujeres latinas queremos que nuestra madre esté con nosotras al momento de parir. La mayoría de las madres quieren estar con su hija al momento en el que ella tenga su bebé. Pero ¿qué tal si te dicen que no quieren que estés presente porque es un momento de ellos dos? Se siente feo, definitivamente. Y ha pasado.

Son nuestros hijos, pero nos son como nosotros

Se asimila tal vez ese golpe por amor. Aceptamos que es su vida, su decisión y que aunque creemos que es una extensión nuestra, no es igual a nosotras. Pero pasa el tiempo y viene la COVID-19 y volvemos a sentir que no nos hemos ganado la confianza de nuestros hijos. Digamos que quieres irlos a visitar. No tienes que ir por bus o por avión. Vas a ir sola en tu auto y piensas quedarte una semana en vista de que por prevención no habías visitado. Tus nietos ya comenzaron las clases.

¿No tienen confianza nuestros hijos?

¡Y resulta que te ponen condiciones para que vayas! Cuando creemos que hemos ganado la confianza, los hijos nos hablan de fronteras saludables. Es triste, pero, aunque no lo entendamos, cada cabeza es un mundo. No nos lo tomemos personal, no tenemos la culpa. Nuestros hijos han hecho una vida aparte, ahora tienen hijos. Aunque vivieron años con nosotros, probablemente más de los que tengan con su pareja, son diferentes. Nos hacen sentir que no nos hemos ganado la confianza de nuestros hijos. Por ello, nos queda rogar a Dios que sus hijos no les vayan a hacer sentir tan feo y que sigan siendo muy felices. Los celebramos y amamos a la distancia. Seguiremos con visitas virtuales.  


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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