Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Los slogans y las consignas poseen hoy un poder formidable. El mundo de internet y las redes sociales les han otorgado una fuerza imparable. Si no, observen el prolífico lenguaje de la corrección política: las vidas negras importan, defender las dos vidas, los derechos perdidos de los pueblos originarios, la dignidad de las minorías sexuales. Quisiera reflexionar aquí sobre algo sumamente necesario. Cuando se disipa el humo de las palabras, lo que queda es esto: todas las vidas importan en esta vida.

Se ha generalizado la idea de que hay vidas que importan más que otras. La defensa de los grupos sociales en desventaja tiene un noble fundamento. Pero en la búsqueda de presión mediática y fondos para gestionar la causa buscan instalar una poderosa idea fuerza. La multitud desinformada y seguidora temporal de tendencias, eterno material útil para toda campaña, multiplica el slogan hasta el infinito.

Ninguna vida importa menos que otra

La discriminación y el maltrato tienen la misma antigüedad que la raza humana. No hay nada nuevo en esto. Sólo que las víctimas nunca tuvieron la posibilidad de hablar y de exponer públicamente la injusticia. Los teléfonos celulares y los medios sociales han provisto la justa tribuna y hay que alegrarse por ello. Sus vidas nunca fueron menos importantes y valiosas. Pero no han sido tratadas con justicia.

Pero esta verdad se diluye si se tensiona ese valor de sus vidas hasta el punto en que lo hacen hoy los slogans. La idea de que estas vidas son más importantes que toda otra vida es un error de graves consecuencias.

Por qué y cómo entender que todas las vidas importan

Por qué. Porque todos somos una misma raza, la raza humana. Toda diferencia que introduzcamos es inicua. Color, sexo, edad, educación, religión, estado económico son categorías subjetivas. Es como cuando uno mira el mundo desde el espacio; no se ven colores de países ni fronteras como en los mapas. Si uno mira con los ojos de Dios, se ve a toda la gente igual.

Cómo. Educándose uno mismo si el valor de la vida no fue adecuadamente enseñado por los padres, la escuela, la iglesia o la sociedad. Hay suficiente material en libros, películas, arte, internet para aprender. Eso nos saca del pecado del etnocentrismo, esto es, creer que nuestra raza es la mejor. Nos aleja del error del chauvinismo que excluye a las personas que no son de la misma clase.

La responsabilidad cristiana frente a todas las vidas

Por lo general trato de escribir para todas las audiencias. Pero es imperativo interpelar a los cristianos en esta importante cuestión. La vida y el mensaje de Cristo, si realmente los creemos, nos impide terminantemente discriminar a nadie. Puede ser que no nos guste o desaprobemos la vida y la conducta de otras personas. Pero nunca hemos de menospreciarlas. Ese viejo decir “Dios ama al pecador, pero odia el pecado” suele ser una triste máscara para disimular que, en el fondo, sí odiamos al pecador por lo que peca.

Así que no nos equivoquemos: todas las vidas importan en esta vida.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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