Crisis de Coronavirus

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Preferí decir una educación para la comunicación de calidad en vez de la manoseada palabra excelencia.

Con esta última palabra ha ocurrido que, de tanto repetirla, se ha convertido en su contrario: decir excelencia es como decir que no está y por eso hay que decirla. Porque, al final del día es la gente la que juzga, no los productores —idealmente al menos—.

En los medios populares reina la banalidad y una tremenda falta de profundidad. Hoy, la caricatura y el carisma reemplazan al conocimiento. Ser educado en los medios de comunicación es aburrido. Hay que ser simpático, breve, ocurrente, experto en la mentalidad de meme.

Por eso hoy abogo, una vez más, por una educación para la comunicación de calidad.

Definiendo los términos

Comunicación, etimológicamente quiere decir “la acción de hacer algo juntos”. Es decir, no es sólo emisión de mensajes. La comunicación de calidad crea flujos de sentido, de ida y vuelta. El receptor no es —no debería ser— una cabeza en la que meter cualquier cosa.

La comunicación de calidad crea vínculos permanentes con la audiencia y ambos, emisor y receptor, se nutren, se influyen y se enriquecen.

Calidad proviene de un interrogativo latino: cualidad en cuánto a qué. En cuanto a la comunicación, en este caso. Calidad superior, que no es resultado del carisma o de la improvisación.

La calidad proviene de una preparación esmerada, de un esfuerzo previo. En otras palabras, es el resultado de una educación para la comunicación.

Entretenimiento, brevedad, superficialidad

Esa es la actual cultura de los medios populares de comunicación. (Reitero en esta nota lo de populares, porque hay medios serios. Y no son para nada aburridos. Son educados en la comunicación).

Los presentadores se desviven por mostrar contenidos que diviertan, que no sean muy profundos y, ¡por favor!, no muy extensos. Ya sabemos en este mundo que más de un minuto es peligroso para la atención de mosquito de la mayoría de quienes les siguen. Hasta música, interacción intensa, educación mínima.

Tal es la educación para la comunicación que tienen productores y presentadores.

¿Comunicación de calidad o lo que pide la gente?

He tenido largos debates con los comunicadores al respecto. Me responden: “No es la función del medio educar. Para eso están los padres y la escuela. Nuestra tarea es darle a la gente lo que le gusta.” En otro artículo hemos comentado la filosofía del “Me gusta.

La formación clásica de los comunicadores para una sociedad que pensaba decía que la tarea de los medios era educar, informar y entretener. En ese orden. Claro, después se vendió al rating y a la publicidad, como todos los demás.

La consigna hoy es entretener, entretener e informar. Es triste. Porque el medio, más que los padres y la escuela, posee recursos invaluables si fueran bien usados. Permítanme poner aparte una pregunta:

¿Es la gente la que pide a los medios lo que quiere o son los medios los que le ponen la mesa para que pidan?

Me inclino consistentemente por la segunda respuesta. Los medios tiene un poder que ningún padre ni ningún profesor tiene: alcanzar a miles o millones de personas simultáneamente. Pueden crear contenidos maravillosos, emocionantes y educativos y podrían ganar la misma plata. Pero prefieren la chimuchina por una razón muy simple: es más fácil ganarse la plata así. Por eso la educación para la comunicación de calidad es tan relevante aquí.

(Este artículo continuará en una segunda entrega).


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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