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Tiempo de lectura: 2 minutos

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio vi algunas publicaciones sobre diferentes puntos de vista sobre la depresión y el suicidio. Me llamó la atención uno de ellos porque decía:

“Soy cristiano y sé que no tengo derecho a estar triste, por eso cuando me preguntan, siempre digo que estoy bien.”

Esta declaración me impactó mucho porque es algo que ya he visto previamente.

Cristiano y tristeza parecen dos palabras que jamás pueden ir juntas. Muchos asumen que el ser cristiano nos da felicidad inmediata y nos libra de todos los problemas. Basados en esa creencia, para algunos cristianos es difícil aceptar la tristeza como un sentimiento normal y lo que hacen es pretender que no existe. Si alguien les pregunta cómo se sienten, la respuesta inmediata es “estoy bien”, “estoy bendecido”, “estoy en victoria”, o alguna otra frase similar. Casi nunca admiten que están tristes, porque si lo hacen, otros cristianos pueden decirles que si Dios cambió su vida, no debería haber lugar para la tristeza. O sino, los no creyentes podrían acusarlos de no ser “lo suficientemente cristianos” por estar así. Esto lleva a que la tristeza se convierta en algo vergonzoso y difícil de admitir en voz alta.

Es cierto que la Biblia nos dice que nuestras palabras tienen poder (Proverbios 18:21) y que debemos cuidar lo que sale de nuestra boca.  También es verdad que cuando Jesús viene a nuestras vidas, cambia nuestro llanto por alegría (Salmos 30:11). Sin embargo, esto no nos quita el derecho de sentir tristeza. La tristeza es un sentimiento natural que llega cuando nos han herido o tenemos un dolor emocional. En la Biblia hay varios ejemplos de personas que se sintieron tristes y lo expresaron en voz alta, y ésa es la clave.

La tristeza debe expresarse

Ana, David, Nehemías y Job son algunos personajes bíblicos que pasaron por momentos difíciles y estuvieron tristes. Pero en cada caso, ninguno de ellos se quedó con la boca cerrada y pretendió que todo estaba bien. En cambio, alzaron sus voces para decirle a Dios lo que sentían. Ellos no tuvieron miedo de aceptar la tristeza en su vida, sino que la utilizaron para acercarse más a Dios. Esa es la clase de actitud que debemos tener con respecto a la tristeza y otros sentimientos similares: no debemos ocultarlos, sino reconocerlas ante Jesús.

Ser cristianos no significa estar libres de problemas ni tristezas. Es más, la Biblia nos dice que es algo que deberíamos esperar que suceda (Juan 16:33; Mateo 5:11-12). No obstante, tener a Jesús en nuestras vidas marca una diferencia enorme. Antes de conocerlo teníamos que enfrentar todo por nuestra cuenta, pero al tener una relación personal con él, podemos estar seguros que Cristo siempre estará con nosotros (Mateo 28:20; Salmos 27:10).

La tristeza es una estación temporal, no un hogar de refugio

Anteriormente mencioné que tenemos derecho a estar tristes, pero eso no quiere decir que debemos estarlo siempre. Cuando le confesamos a Dios nuestra tristeza, él utiliza hasta las peores experiencias de nuestras vidas para ayudarnos a crecer. Lo cual significa que la tristeza es un lugar temporal al que podemos ir, pero no en el que debemos quedarnos a vivir. Al desarrollar una relación cercana con Jesús podemos estar confiados de que la tristeza tendrá un propósito y que, por lo tanto, debemos aceptarla cuando venga y superarla de la mano de Dios (Santiago 1:2-3).

 
 
El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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