Está científicamente comprobado que lo que sucede en los primeros días de vida y la infancia repercute en la adultez. Y esto sucede incluso si no recordamos qué paso en esa etapa. (Para más información, leer: Lo que pasó en tu niñez influye en quién eres hoy). Los estudios realizados a lo largo de los años demuestran que el vínculo entre padres e hijos juega un rol importante en su desarrollo como adultos. De hecho, los investigadores afirman que existe un 80 % de probabilidad que los hijos repitan la crianza que tuvieron con sus propios descendientes.

El círculo vicioso

Los padres son los únicos modelos que tiene un niño para aprender a manejar sus estados emocionales. Por ejemplo, aquellos adultos con rechazo y preocupación o que son incapaces de manejar sus emociones adecuadamente ≪tienen un curso mucho más espinoso al navegar los giros y vueltas inesperados de la vida, particularmente en las relaciones interpersonales≫, y de ese ejemplo aprenden sus hijos. Cuando ellos crezcan, repetirán la misma secuencia con sus propios hijos.

Los investigadores han comprobado que esto funciona como un círculo vicioso. Por ejemplo, un adulto preocupado cría a un niño inseguro, indeciso y ansioso. Y cuando éste crece, se convierte en un adulto preocupado. Los estudiosos han categorizado este comportamiento en cuatro tipos:

Niño seguro ↔ adulto libre
Niño inseguro-evasivo ↔ adulto rechazado
Niño inseguro-indeciso/ansioso ↔ adulto preocupado
Niño inseguro-desorganizado ↔ adulto con traumas o pérdida no resueltas

Los cuatro patrones de apego

Los patrones de apego son un círculo vicioso; sí, es cierto. Pero también es cierto que cuando un individuo toma la decisión de cambiar y romper con el molde, puede transformar su vida y la de la generación siguiente.

Un experimento realizado con bebés demostró que existen cuatro patrones de apego. El ejercicio consistía en lo siguiente: Al principio, la madre interactuaba con su bebé (jugando, cantando, etc.), pero luego salía de la habitación y dejaba a su hijo a cargo de un cuidador. Al volver, después de unos minutos, la reacción del bebé demostraba qué clase de apego tenía con su progenitora. Este ejercicio, por más simple que parezca, demostró que existen cuatro patrones de apego que son universales.

1. Apego seguro

Del experimento, se observó que aquellos bebés que tenían un apego seguro con sus madres, apenas ellas volvían a la habitación, corrían para buscar consuelo. Sin embargo, su angustia no duraba mucho tiempo. Tras ser tranquilizados por sus madres, los bebés volvían a jugar con los juguetes que estaban en la habitación.

Esto significa que el apego seguro se da cuando los padres están emocionalmente sintonizados con sus hijos, son perceptivos y sensibles a sus necesidades. Los hijos de estos progenitores crecen sintiéndose comprendidos, conectados y el universo tiene sentido para ellos.

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2. Apego inseguro-evasivo

En el experimento, los bebés que tenían apego inseguro-evasivo con sus madres, apenas ellas volvían a la habitación, era como si no existieran. Ellos ignoraban por completo su presencia porque ya habían aprendido que sus madres les proveían poco consuelo para su angustia emocional.

El apego inseguro-evasivo se da cuando los padres son emocionalmente inasequibles, imperceptivos, insensibles y rechazan el estado emocional del niño. Cuando éste se convierte en adulto, es incapaz de leer las emociones del resto y pone más atención a las palabras, pero ignora el lenguaje corporal. Esto le lleva a tener malas relaciones interpersonales, laborales, amorosas e incluso espirituales.

3. Apego inseguro-indeciso/ansioso

En el experimento se observó que los niños que tenían este patrón de apego con sus madres, buscaban consuelo en sus madres. Pero, a diferencia de los niños de la primera categoría de apego, ellos no podían ser tranquilizados fácilmente, sino que se aferraban a sus madres y no querían jugar con los juguetes.

El apego inseguro-indeciso/ansioso se produce cuando los padres son incapaces de leer a sus hijos porque están consumidos por la ansiedad. Esto hace que el niño no pueda predecir el comportamiento de sus padres. La ≪falta de sensibilidad y predictabilidad llevan a niveles elevados de ansiedad, incertidumbre e inseguridad en el niño≫.

4. Apego inseguro-desorganizado

En el experimento, cuando las madres regresaban a la habitación, los bebés tenían un comportamiento errático. Las reacciones eran diversas: se quedaban paralizados, se golpeaban a sí mismos, batían sus cabezas contra el suelo, daban vueltas en círculos o se iban a una esquina del cuarto, lejos de sus madres. Los bebés no veían a sus progenitoras como una fuente de consuelo, así que buscaban otros medios para hacerlo por su propia cuenta.

El apego inseguro-desorganizado se da cuando los padres tienen miedo o provocan temor en sus hijos. Pueden abusar emocional, física o sexualmente de sus hijos, sufrir de enfermedades mentales o ser adictos a alguna sustancia. Algunos de estos padres aman a sus hijos, pero son incapaces de ayudar a sus hijos a descifrar el mundo que los rodea. Los hijos crecen viendo al mundo exterior como un lugar confuso y aterrador. Además, no saben manejar el estrés y tienen un comportamiento abrupto, errático e impulsivo.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

–Bargh, J. (2017). Before you know it (1era ed., pp. 56-67). New York: Touchstone.
–Thompson, C. (2010). Anatomy of the soul (1era ed., pp. 109-134). Carol Stream, Illinois: Tyndale Momentum.

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