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Verdad extramuros

Fuera del muro. Más allá de las cuatro paredes. Fuera de la institución. Eso es lo que intento decir con “extramuros”.

Quiero decir que hay verdad palpable, verdad verdadera más allá de los confines de la iglesia y del texto bíblico. Porque la verdad, como sea que la definamos, es universal y la Biblia y el cristianismo son sus referentes. Sin embargo no se agota en ellos.

Con todo lo escandaloso que esto parezca a una audiencia inadvertida, igual no hay motivo para alarmarse. La Biblia misma da cuenta de este hecho y los teólogos le pusieron nombre: revelación general y revelación especial.

Es decir, el mundo y la cultura dan cuenta de la existencia de una verdad que trasciende religiones y épocas. En la creación y en los emprendimientos humanos se refleja lo mismo que la Biblia nos comunica, en un lenguaje diferente.

Si no, ¿de dónde obtendríamos las nociones de libertad, justicia, paz, amor, orden, progreso, igualdad? O, en el terreno opuesto, ¿cómo entenderíamos el odio, la guerra, la opresión, la injusticia, la ignorancia y el terror? Sólo por mencionar algunas cosas.

En su breve discurso en el Areópago de Atenas, el apóstol Pablo cita la Cretica de Epiménides (“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”) y la Phaenomena de Arato (“Porque linaje suyo somos”). Ambos poetas griegos no eran hermanos en Cristo, permítanme que lo diga así para el entendimiento común.

Así de simple. En la inmensa expresión del quehacer humano hay verdad universal del mismo modo que hay muchas cosas que no lo son.

La crucial implicación de esto es que hay un puente real de comunicación con aquellos que no comparten la fe de los cristianos. Y podemos acudir a sus creaciones, a sus instituciones, a su literatura, a su arte y a su música para demostrarles en su mismo terreno que Dios tiene sentido y razón.

Expresamos aquí nuestra tristeza por la mayoría de los creyentes que no pueden ver esto y se atrincheran en sus doctrinas y versículos para comunicarse, sin éxito, con un mundo ansioso de realidad.

Viernes intelectual

“El hombre parece no poder vivir sin dar un significado a su vida, y sin un sentido de la historia de la humanidad tampoco puede tener sentido la vida del hombre individual.”

(Juan José Sebreli, El asedio a la modernidad, Editorial Sudamericana)

Hoy no será viernes de poesía. Ensayaremos un artilugio intelectual harto discreto para agitar la paz de la inmensa mayoría y provocar la permanente curiosidad de la inmensa minoría.

No es raro que las librerías llamadas de viejo otorguen la posibilidad de pequeños o grandes hallazgos, raros libros perdidos entre cuadernos de Sudoku y Sopa de Letras, antiquísimas enciclopedias y revistas de bordado.

Así hallé escondido este ejemplar de Sebreli que examina los nuevos caminos que ha adoptado la filosofía y el abandono de los rasgos distintivos de la sociedad occidental desde más o menos la mitad del siglo pasado.

Todo da lo mismo. No estoy ni ahí. Todo vale. Nada tiene sentido. No tiene objeto intentar nada. Todos los caminos conducen a Roma. A nadie le importa. La individualidad es una ilusión. La realidad es un relato. Lo importante es ganar. Más allá del bien y del mal.

Estas y otras ideas dan cuenta de la filosofía reinante. Lo que ayer fue cátedra en La Sorbona, Harvard, Cambridge, Frankfurt o Berkeley hoy es la forma y fondo de la cultura de internet y las redes sociales, la protesta social, la música y el arte, las relaciones humanas o la política.

Sin embargo, es curioso cómo la mayoría de la gente que sigue el flujo intelectual de la época siempre debe reconocer algo de orden, un poco de sentido a lo que hace.

Por más que piensen que todo es absurdo y la realidad es un relato, igual deben cargar la tarjeta del metro, asistir a clases o almorzar con la familia el día domingo.

O no se lanzan al vacío desde un octavo piso para negar la ley de gravedad – a menos que se estén suicidando por cierto.

Este relativismo sólo parece ser práctico para disponer libremente de la propia vida y del cuerpo al mismo tiempo que de la vida y del cuerpo de otras personas. El resto de la realidad se comporta de acuerdo a porfiados y viejos hechos.

El mundo tiene una forma, un diseño y una realidad imposible de desconocer y buena parte de la sanidad mental tiene que ver con alinear la vida a estas orientaciones fundamentales.

¡El arte fortalece tu relación amorosa!

Estudios científicos realizados en la última década han descubierto prácticas poco usuales que sirven para fortalecer el vínculo de una pareja. Uno de ellos asegura que las parejas que crean arte liberan hormonas que afianzan sus conexiones sentimentales.

Investigadores de la Universidad Baylor revelaron que cuando las parejas llevan clases de arte, sus cuerpos liberan más oxitocinas que mejoran su relación amorosa. La oxitocina es una hormona que está en el sistema nervioso central y se encarga de modular los comportamientos sentimentales y patrones sexuales. El estudio publicado en la Journal of Marriage and Family, además aclaró que el arte tiene este efecto positivo en las parejas porque las personas tienden a tocarse más mientras están pintando algo.

Ph.D. Karen Melton, profesora y encargada de la investigación, explicó que junto a su equipo habían realizado un experimento para ver si los juegos de mesa producían más oxitocinas que el arte. Ellos esperaban que como los juegos de mesa requieren interacción, comunicación y competencia, las parejas fortalecerían más sus vínculos. Sin embargo, llegaron a la conclusión de que el arte es lo que une más a una pareja. «Nuestro gran descubrimiento fue que todas las parejas liberan oxitocinas cuando juegan juntas, y eso es una buena noticia para las relaciones de pareja», afirmó Melton.

Por otra parte comprobaron que hay ciertas actividades que liberan más oxitocinas que otras y que depende del sexo del participante. Por ejemplo, los varones que tomaban clases de arte con sus parejas liberaban de 2 a 2.5 veces más oxitocinas que cuando participaban en juegos de mesa.

Asimismo notaron que no sólo el arte ayuda a mejorar la conexión de una pareja, sino cualquier otra acción que se desarrolle en un lugar nuevo. Esto quiere decir que las citas sorpresas o en ambientes inesperados ayudan a que una pareja se sienta más cercana, en comparación a verse en el mismo sitio todo el tiempo.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Melton, K., Larson, M., & Boccia, M. (2019). Examining Couple Recreation and Oxytocin via the Ecology of Family Experiences Framework. Journal Of Marriage And Family. doi: 10.1111/jomf.12556

Materias complementarias

(Una vez me preguntaron si podía escribir algunas ideas para un proyecto de discipulado. Mala idea. Siempre derrapo. Ofrecí lo siguiente para los nuevos creyentes como materias complementarias. Nunca me respondieron. Vean aquí por qué).

“Como comentario inicial diría que discipulado no es una palabra que sale en la Biblia. Es un constructo medio griego para darle estructura al ministerio de Jesús.

La propuesta:

Animarlos a comprender el mundo en que viven. Tener otros tiempos o bien dentro de la misma reunión para hablar acerca de temas actuales que están ocurriendo en la ciudad (sugiero que no hablen de temas de otros continentes al principio): política, justicia social, educación, salud, temas urbanos, arte, etc. Tomar un tema que esté en el tapete de las noticias y reflexionar juntos sobre que entienden y qué ven. No dejarles arribar a conclusiones simplistas como “Así es la voluntad de Dios”, “Son los últimos tiempos” o “No son temas espirituales”. Animarlos no sólo a intentar comprender lo que pasa (leyendo, escuchando noticias, hablando con personas que conocen más del tema), sino preguntarles qué harían ellos si tuvieran la facultad democrática de hacer algo.

Invitarlos a participar como espectadores si es posible de una reunión del consejo municipal, de una reunión sindical, de un encuentro de estudiantes en protesta, etc.

Invitarlos a ver una obra de teatro, una exposición de pintura, fotografía, escultura, arte digital, etc. y charlar con los artistas.

Elegir ciertas películas de contenido, no comerciales, y después de verlas plantear una conversación sobre la cuestión tratada. Por ejemplo, pueden ver “The million dollar baby” con Clint Estwood, “Buenas Noches y Buena Suerte” o “The Matrix” y discutir sobre la temática.

Analizar artículos editoriales sobre temas de interés de la ciudad, crónicas actuales como los juicios a los violadores de los derechos humanos o la política educacional de la ciudad.

Conocer en directo la parte oscura de la ciudad: pobreza, prostitución, violencia en la familia, abuso infantil, aborto, tráfico y consumo de drogas, delincuencia, orientaciones sexuales alternativas, corrupción, tráfico de personas, explotación laboral, desempleo, mendicidad, abandono de los ancianos, la gente que vive en la calle. Desarrollar una manera de conocer las raíces de esos problemas, no sólo dar cafecitos y sándwiches a medianoche o hacer una visita de cortesía, sino comprender las raíces del problema y ver qué se puede hacer.

A ver qué pasa con estas ideas…”

Breve… pero bueno

Lo bueno, si breve, dos veces bueno

(Baltasar Gracián, Oráculo Manual y Arte de Prudencia)

“Excuse el Discreto de embarazar y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar a uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto.”  Con estas y otras palabras explica Baltasar Gracián su sentencia sobre la brevedad del texto. En los días que vivió, el Siglo de Oro (siglo 17) de la literatura española, efectivamente había un exceso de verbo y florituras que oscurecía el significado de las cosas o simplemente era un cansancio a los ojos.

En la universidad nos hacían presentar un tema a la clase en sólo cinco minutos como un ejercicio para la brevedad y la precisión. Mientras menos tiempo había que exponer hallábamos que era más difícil preparar la presentación. Es que no sólo debía ser breve: debía ser bueno.

Asistí por un tiempo a una iglesia cuyo pastor predicaba una hora y cuarenta y cinco minutos los domingos a la noche. “Soy de tiro largo”, aducía no porque le preocupara el cansancio de su audiencia sino para explicarse. Yo solía levantarme y salir a dar un paseo – no muy breve – por la plaza enfrente del templo pensando: “Si no lo dijo en media hora, ya no lo dijo… O ya lo dijo, pero se está repitiendo”.

Estos dos ejemplos renuevan la validez de las palabras de nuestro autor. Sin embargo, si hubiera vivido en nuestra época y le tocara leer los comentarios que siguen a un posteo de Twitter u otras redes similares, se habría aterrado. En 280 caracteres se puede desparramar tal cantidad de basura, odio y estupidez que el pobre Gracián pediría a gritos regresar al siglo 17. En este mundo “social” la brevedad no es, ni con mucho, algo bueno. Umberto Eco decía que hay grandes y bellas breves ideas, por ejemplo “Ama a tu prójimo como a ti mismo” pero que hay poquísima gente en el mundo que puede acuñar tales joyas con esa mínima extensión.

Hace un tiempo, en un seminario de capacitación para comunicadores propuse que para escribir y presentar grandes ideas en poco espacio es necesario haber sido entrenado en las grandes extensas ideas; es decir, haber leído y haber pensado un buen poco. Resumir grandes ideas es un arte porque al reducir la cantidad de palabras tiene que conservar intacto su poder y ser comprendidas por la mayoría.

Breve… pero bueno.

¡Artista!

Salmos 19.1 RV60: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Leonardo Da Vinci era un reconocido artista y científico que marcó la diferencia en su generación. Desde niño mostró aptitudes para el arte y fue perfeccionando sus técnicas con el paso del tiempo. Su obra de arte más reconocida es la Gioconda o Mona Lisa que se encuentra en el museo del Louvre.

Pero, ¿Quién fue el mejor artista de todos los tiempos? Si puedes ver un amanecer en medio de las montañas o un atardecer en el mar o la aurora boreal en los polos o el espejismo en un salar, una nevada, o cómo los ríos avanzan, las estrellas, los animales, todo lo hizo Dios, en seis días creó todo y el séptimo descansó.

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” (Génesis 1.31 RV 60)

Todo fue creado para su gloria, pero la desobediencia dio lugar al mal y el ser humano cayó por su propia mano. El diablo vino a robar, matar y destruir estaba a punto de lograrlo hasta que Dios echó al hombre y a la mujer del huerto del Edén por misericordia y maldijo a la serpiente.

Romanos 6:23 dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Dios realizó su obra suprema de arte en la cruz del calvario, Jesucristo llevó el pecado, el dolor de todo el mundo en su cuerpo y por su llaga fuimos curados. ¿Puedes imaginar la escena cuando Jesús exclamaba: ¡Padre, porque me has abandonado! Y el ¡Perdónalos porque no saben lo que hacen! y cuando encomendó su espíritu al Creador?. Imagino sus ojos viendo al cielo, el cuál se llenaba de negros nubarrones, y bajar la mirada al expirar.

Esa obra se completó el tercer día cuando resucitó y venció sobre el maligno y sobre la muerte. No es un mito ni una fantasía ¡Está vivo!

Cuando veas las flores en el campo, el sol y las estrellas recuerda que el artista supremo lo hizo todo bueno, que el diablo quiso sabotear su obra pero Jesús arruinó los planes de satanás. Te animo a conocer al mejor artista del pasado, presente y futuro, Dios.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cocina

Pongo a hervir dos simpáticas tazas de agua. Mientras tanto, corto unos pequeños cuadraditos de zanahoria y cebolla. Luego unas finas líneas de pimiento rojo y dispongo dos rotundos ajos pisados con el canto del cuchillo de cocina. En una sartén dejo caer elegantemente un poco de aceite y espero hasta que se adelgace con el calor. Pongo todo a freír rápidamente con una taza de arroz blanco. Después de un minuto, agrego las dos tazas de agua hervida y dejo la pequeña olla a fuego lento. Un toque minúsculo de orégano y un suspiro de aliño completo. Una discreta cucharada de sal fina. Por qué no, dos o tres lágrimas de salsa de soya. En veinte minutos está listo el arroz graneado al que vamos a querer acompañar con una luminosa ensalada verde y un jugoso y delgado bistec.
Agregarle al trámite de la comida el arte de la cocina hecha con cariño. Otorgarle al apetito un toque de imaginación. Celebrar las ganas de comer invitando a los sentidos a probar el descubrimiento de algo nuevo. Porque la vida es más que la comida hay que rendirle el honor culinario que le corresponde.
Cocinar. Terapia doméstica que suaviza la punzante materia del dolor y atenúa el peso constante de la soledad. Didáctica de la paciencia. Armonía de los ingredientes. Conjunción intencionada de sabores, colores y texturas. Artística administración de la medida justa de esto y aquello. Ocupación reparadora para la mente agotada con tantos asuntos importantes.
Pollo a la campesina o arvejado con arroz. Chacarero al plato o en marraqueta. Spaghettis con salsa boloñesa (con el “secreto” de la Cristina). Cazuela de ave con cilantro picado. Sopa de verduras. Ensalada jardinera de verdes, rojos y amarillos. Invenciones de antaño que reviven en los minúsculos espacios de mi cocina cuando tengo visitas o cuando se me da la gana. Aunque debo admitir que cuando estoy solo, no me vienen tantas ganas…
Por cierto, la comida tiene la función primaria de nutrir y sostener el cuerpo. Pero, cumplida ésta, otorga a la vida el espacio para la comunión, para la charla, para la confidencia. Decían los antiguos: “Hay sal entre nosotros”, queriendo significar con esto que cuando dos personas habían comido juntas, sus vidas estaban ligadas de un modo indefinible pero muy real. No sé si esto siempre es así, pero qué difícil es esquivar el atractivo de una mesa bien dispuesta…

Lluvia

Cuántas veces me he preguntado
por qué siempre sale todo igual
No importa de qué modo se mire
Es la vida y acabamos por jugar el juego…
(Rainy Night in Georgia, Tony Joe White, 1962)

Hoy no daba para un día de lluvia otoñal. Es plena primavera y lo que uno espera son tormentas escatológicas precedidas de un calor abrumador. Sin embargo llovía como si fuera una mañana de mayo. Como era previsible, pasado el mediodía desaparecieron las nubes y un sol radiante levantó una humedad todavía fresca.
Pero fue suficiente para estimular el lado gris, la mirada nubosa, la fiel tristeza subyacente en todas las cosas a las que pertenezco o pertenecí alguna vez. Sí, de nuevo, ésta no es una nota devocional que vaya a alegrarles el domingo; pueden abandonar la lectura, aunque les suplico que lo hagan en silencio porque hay otras personas que están leyendo atentamente.
La lluvia más remota que recuerdo fue una tarde en que convalecía de una bronconeumonía que me tuvo al borde de la muerte (según mi madre); tenía unos cuatro o cinco años. Por la ventana se veía el inmenso eucaliptus de don Juvenal y bajo los cardenales se guarecían unos patitos recién nacidos en el corral del tío Carlos. No puedo decir que lo comprendí entonces pero de algún modo todo eso era la conciencia de la fragilidad de las cosas con la lluvia como telón de fondo.
Desde entonces, tantas lluvias en tantos lugares han ilustrado la crónica de la vida, han rubricado su pesada manifestación, han puesto la nota de sobriedad a los torpes entusiasmos a los que a veces uno se suele entregar.
Quizá la más favorita de mis lluvias sea la de la ruta, al lado de Germán en un camión Henschel amarillo de 1960. Mañanas brumosas, noches interminables, tardes lentas y silenciosas esperando una carga en Cemento Melón en La Calera o en la usina de Huachipato. La música y la conversación intrascendente conjuraban el tedio de la espera. Nos sentíamos en otro universo, sin ataduras ni chantajes sentimentales. Era el tiempo libre, el limbo entre antes y después, la feliz posibilidad de tenderse entre los sacos de cemento y dormir profundamente, un arte perdido y siempre recordado…

Intelectualidades

Cuando el hombre, Señor, ha apercibido con los sentidos comunes las intelectualidades que se aperciben y conocen por los sentidos comunes, entonces se aperciben y se entienden por aquellas intelectualidades apercibidas por los sentimientos comunes otras intelectualidades que no son tan ligeramente apercibidas como aquellas que se pueden apercibir por la comunidad de los sentidos sensuales y de los sentidos espirituales

(Ramón Llul y el secreto de la vida, Amador Vega, Ediciones Siruela))

Ese hermano que se cree un pseudo intelectual… (Una auditora indignada por un programa radial que yo conducía hace veinte años. En esos años los comentarios de la audiencia llegaban por carta).

La obscena inclinación a pensar diferente es apedreada en la plaza pública por parroquianos airados que defienden a muerte el Supremo Comentario y las Antiguas Tradiciones del Sistema.

Me importa un pepino lo que diga Primera de Timoteo; aquí se hace lo que dice el Jefe, increpa a unos jóvenes universitarios el enojado secretario privado de Su Señoría Ilustrísima.

Yo lo escucho siempre. Nunca le entiendo nada, pero ¡qué bonito habla usted! (Una auditora adorable que me saluda después de una conferencia – siempre, hace muchos años).

“Esta revista va a ser entendida dentro de unos veinte años, porque ése es el problema de ustedes: su cabeza está en el futuro.” Así me consolaba un antiguo jefe mío cuando le llevé el primer ejemplar de Contexto, una revista que habíamos inventado con unos amigos para ofrecerla a nuestra comunidad.

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Los cristianos han tendido a despreciar el concepto de la filosofía. Esta ha sido una de las debilidades del cristianismo evangélico ortodoxo: nos hemos sentido orgullosos al despreciar la filosofía, y nos hemos mostrado excesivamente orgullosos al despreciar al intelectual. Nuestros seminarios teológicos rara vez relacionan su teología con la filosofía, y menos con la filosofía de nuestro tiempo.

(El está presente y no está callado, Francis A. Schaeffer)

Manojito de sueños

“Pedirle pololeo a la Gabriela y que diga que sí.
Vencer tu miedo a la oscuridad.
Inventar un nuevo sabor de helado.
Recuperar la vista.
Hacer una jardinería.
Hacer una obra de arte.”

Así, tal cual como fue escrita, tuve por un momento en mis manos esta pequeña y significativa lista que escribió un niño de nueve años en el curso en el que enseña una amiga mía en Chile (donde pololeo es la palabra para significar el ser novios).
Hay asombro y hay esperanza al recorrer los anhelos expresados en esta arrugada hojita de papel. Asombro porque allí donde uno esperaría intereses materiales encuentra vida, amor, arte, sentidos. Esperanza porque la belleza que hay en el deseo de este niño podría perdurar y contribuir a que este mundo sea un poco mejor.
¿Cómo pudo él aspirar a cosas tan distintas del poder, la riqueza, el éxito y la posesión de cosas y artefactos cibernéticos? ¿Bajo qué influjo singular, en el secreto de sus pensamientos, sueña con la Gabriela, desea vencer el miedo, sanar de la discapacidad de sus ojos y crear cosas bellas?
Esta pequeña descripción de proyectos desafía aquella idea de que el ambiente condiciona a las personas. Esta lista ha superado lo predecible. Ha roto los códigos de la cultura que con poder inusitado se ha apoderado de la mente de los niños. Aquí no hay violencia, no hay super héroes. Hay la expresión de los deseos humanos más fundamentales de la raza. He aquí la vida en treinta y tres palabras.
No todo está perdido. Hay luz en medio de la sombría realidad de un mundo contaminado por la maldad, la violencia, la destrucción de lo creado, la fealdad de las relaciones humanas. Emerge de la imaginación de un niño un mundo distinto y nos anima a creer que el demonio interior puede ser vencido por la belleza y por el clamor de la vida.
Manojito de sueños, minúsculo hilván de deseos infantiles, solemne declaración de principios de una vida sin la pesada mochila de la experiencia, ajena a la corrección política y los condicionamientos que van marcando la vida hasta convertirla en una pieza útil de la Gran Maquinaria.
La maestra le ha pedido que ponga esta lista en un marco. En diez años más será la enseña de una vida lograda o el testimonio flagrante de un manojito de sueños vencido por la realidad.

Fantasía

La nada destruirá a la fantasía. Va a desaparecer para siempre. No hay quien la salve, excepto un niño, con todo lo improbable que un niño puede ser para la gente normal. Salvo que en el mundo fantástico, un niño puede ser el héroe y la normalidad lo improbable. Quien haya visto la película “La historia sin fin” (Neverending Story) quizá recuerde las imágenes que evocan estas palabras.
“No hay nada mejor que la realidad” me dijo una vez un jefe, preocupado por mi falta de madurez y mis constantes desencuentros con la normalidad. Para él la madurez era dominar la física de los hechos, descifrar la matemática del poder, ejercer la ingeniería de los números, someter la indisciplina de los sentimientos.
Han pasado muchos años ya. Y no puedo recordar algún hecho en que la fantasía haya provocado el daño que el ministerio racional de la realidad ha causado a las criaturas humanas. ¿Qué guerra se inició con el “Claro de Luna” de Beethoven? ¿Qué holocausto provocó la ópera “Madame Butterfly”? ¿Qué cortina de hierro levantó “Doctor Zhivago”? ¿Qué revolución sangrienta provocaron en mi América los poemas de Mario Benedetti? ¿Cuánta pobreza inicua ha causado la trova de Pablo Milanés? ¿Cuánta inseguridad en las calles es producto de “El Señor de los Anillos”? ¿Qué juventud ha caído en las garras de la droga y la muerte por causa de “Cien años de soledad”? ¿Qué estallidos sociales se pueden atribuir a los “Cien sonetos de amor” de Pablo Neruda? ¿Cuántas vidas han destruido para siempre las canciones de Violeta Parra?
Habría que mirar en la realidad de la filosofía política, de los parlamentos, de las armas, de la ambición económica, de las cosmovisiones religiosas radicales, entre otras, para ir encontrando las respuestas a todas esas preguntas.
Por cierto que se encuentra belleza – a veces – orden y buenas aplicaciones en el pensamiento “real”. Lo que quiero significar aquí es que falta prensa para la fantasía. Falta espacio para el encanto de las palabras y las imágenes. Falta inversión para patrocinar el arte. Falta luz para mirar en los rincones oscuros donde los quijotescos creadores realizan sus obras. Falta comprensión para el lenguaje mágico de los artistas.
Se dijo una vez: “La imaginación al poder”. Tal vez, bastaría que el poder tuviera un poco más de imaginación para hacer que la fantasía endulce el no pocas veces agrio regusto de la realidad…

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