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Variaciones

Poder ver más allá de lo obvio. No conformarse con el actual estado de cosas. Romper la cadena de la rutina. Vivir en peligro. Tomar riesgos. Hacer preguntas. Penetrar en las cosas con un candor de niños al mismo tiempo que con profunda intención. Ver qué hay más allá del horizonte. Buscar la otra manera de ver las cosas. Ser libre en el país de los presos.
Combatir la opresión del sistema y cuestionar sus pretensiones conceptuales. Liberarse de las consignas totalitarias y rebelarse contra las imposiciones de los señores. Anhelar todas las mañanas la libertad y cada noche dormirse con la conciencia de haberla conquistado un poco más. Dominar el propio tiempo. No permitir que los demás te hagan presa de sus agendas y sus expectativas. Otorgarle, en cambio, el tiempo a las cosas que queremos e invertir la vida en lo que amamos.
Aprender que el miedo es cosa viva pero que debe combatirse con todas las fibras del ser. Entender que uno tropezará muchas veces y va a equivocarse cuando busca otros caminos y construye su propia cartografía. El fracaso no es una sentencia, más bien un acicate para volver a intentarlo.
Descubrir que la soledad es, la mayor parte del tiempo, el precio a pagar por no querer ser uno más en el engranaje; es, por así decirlo, la fea del baile, pero de tanto abrazarla uno descubre más pasión en ella que en la misma multitud y se termina agarrándole cariño.
Seguir buscando, continuar leyendo, preguntar siempre, permanecer en la vigilia del pensamiento, no acostumbrarse, confrontar los estereotipos, poner a prueba las propias convicciones, aprender nuevas cosas, no permitirse ser tonta o tonto grave.
Pero, ¿por qué rayos hacerse tanto problema? ¿Por qué no jugar simple y ganar no más? Porque las victorias de lo simple lo sumergen a uno más y más en el tibio país de la medianía, el tranquilo territorio de lo predecible. Lo común no es el resplandor o la oscuridad permanentes. Lo común es la enorme multitud que prospera, se acomoda y obtiene lo que desea en la suave penumbra del status quo, cambiando alguna cosita aquí y allá para que todo permanezca igual.
Vi un documental sobre los buscadores de oro del Amazonas que remueven y deshacen en agua toneladas de tierra para encontrar unos poquitos gramos de oro. Se puede perder mucho viviendo complicadamente, pero se ganan pequeños tesoros que enriquecen la vida de muchos.

El triunfo del no

“Que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca…

(Joan Manuel Serrat, Esos locos bajitos)

No los recuerdo todos, pero estos eran los NO de mi infancia y adolescencia:

No escuchar radio (en mi infancia no había television), no oir música mundana, no ir a fiestas, no bailar, no ir a eventos escolares ni públicos, no ir al cine, no entrar a restaurantes, no fumar, no tomar alcohol, no leer el periódico el día domingo, no leer revistas de comics o románticas, no ir a la iglesia con camisa de color ni pantalones cortos, no socializar con impíos (léase mundanos, gentiles, filisteos), no entrar en templos católicos, no dormirse sin orar, no salir de casa sin orar y leer un salmo, no masticar chicle, no estar en la cama con las manos debajo de la cobija, no tener el pelo largo ni usar “patillas”.

La mayoría de estas prohibiciones tenían que ver con que mis padres eran evangélicos pentecostales. Había otras restricciones más hogareñas: no jugar al pimpón con los hijos del vecino Berendsen, no jugar a la pelota en el patio, no hacer ruido a la siesta, no hablar en la mesa cuando había visitas, especialmente si eran pastores, no preguntar por qué (“usted obedezca, no más”).

¿Cómo sobrevive uno a semejante batería de preceptos la mayoría de los cuales, si no todos, son tradiciones humanas, inventos ceremoniales y costumbres transmitidas por los señores del magisterio de hace más de sesenta años? ¿Como quitarse del alma los miedos, las secuelas de aquel continuo disculparse por todo, no poder decir “no” cuando uno quiere decir “no”, esa excesiva consideración: por favor, gracias, disculpe usted, perdón, no quise decir eso, no te enojes?

Qué indecible sufrimiento para el temperamento sensible que ha creído, que ha aceptado, que se ha sometido dócilmente cuando todo clama liberación y ruptura con un pasado semejante en un tiempo que es ya demasiado tarde, cuando ya se es demasiado viejo para romper el molde forjado a repetición y miedo.

Los artistas saben decirlo mejor:

Cada uno aferrado a sus dioses, producto de toda una historia. Los modelan y los destruyen y según eso ordenan sus vidas. En la frente les ponen monedas y en sus largas manos les cuelgan candados, letreros y rejas.

(Los momentos, Eduardo Gatti y Los Blops).

(Fotografía: Tardecita, ilustración digital, Ivan Pierotti)

Te estaba esperando

Una muchacha estaba asustada porque descubrió que se encontraba embarazada, pensó que su padre la mataría, por lo que decidió irse de su hogar y buscó refugió en la casa de una amiga.

Después de un tiempo se dio cuenta que necesitaba el apoyo de su familia para salir adelante, por lo que decidió regresar. A pesar del dolor y angustia que sufrieron sus padres por su desaparición, al verla, la recibieron con alegría, abrazos y besos porque su hija que creyeron muerta, ahora estaba con ellos.

Esta anécdota se parece a una historia que se encuentra en la Biblia: Un joven pide la parte de su herencia para irse de su hogar, su padre accede y el muchacho comienza a vivir perdidamente hasta que su fortuna se termina, sufre por sus errores y decide regresar a su padre, aunque sea recibido como un sirviente.

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:20-24 (RVR 1960)

Su padre lo estaba esperando y cuando lo vio, corrió para abrazarlo y besarlo, no le interesaba si su hijo había gastado todo el dinero de la herencia, si había vivido de la peor manera, lo que importaba era que había vuelto e hizo fiesta para celebrar.

A veces tenemos miedo de acercarnos a Cristo porque le hemos fallado, cediendo a nuestras debilidades o tomado decisiones que no eran correctas, y pensamos que Dios no quiere escucharnos o vernos; sin embargo, Él está esperando nuestro regreso, no le interesa cuánto nos hemos ensuciado o cuántas caídas tuvimos, sólo le interesa que regresemos a casa.

En esta oportunidad te animo a regresar a los brazos del Señor, entra a su presencia en oración, Dios está esperando que vuelvas a cruzar esas puertas y te aseguro que habrá una gran fiesta porque su hijo que parecía estar muerto, ha vuelto a vivir.

¡No importa el pasado, sólo la decisión que tomes ahora!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No temeré

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmos 23: 4 (RVR1960)

Si sientes que estás completamente solo, las fuerzas te abandonan y sientes miedo de lo que pueda venir, recuerda que tenemos un Dios que no sólo nos guía sino también nos protege de todo peligro. Él siempre está con nosotros, por ello, no temas, sin importar el tamaño del problema o lo complicado de la situación que estés viviendo, cree que estará contigo para darte aliento.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sombra de muerte

Los medios de comunicación como: la televisión, el periódico o las redes sociales, muestran claramente que la muerte se encuentra a la vuelta de la esquina. Todos los días se informan noticias sobre pérdidas humanas, ya sea por enfermedad, asesinato o suicidio.

Por lo tanto, es preciso reconocer a la muerte tal cual como la Biblia la presenta:

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo…” Salmos 23:4 (RVR 1960)

En esta porción bíblica, se compara a la muerte con una sombra. El Pastor David Logacho, manifiesta que de esta comparación se puede aprender algunas cosas sobre la muerte:

En primer lugar la sombra está presente pero es lo mismo que si no estuviera. No ocupa lugar en el espacio, puede entrar al agua y no se ahoga, al fuego y no se quema, puede ser pisoteada y golpeada, y ni se inmuta. Es como si no existiera.

En segundo lugar, la sombra nos sigue dondequiera que estemos en un día soleado. Igual es con la muerte, nos sigue dondequiera que estemos a la luz de la vida. Si no hubiera vida no habría muerte.

En tercer lugar, la sombra es inofensiva, los niños tienen miedo de la sombra, pero cuando crecen aprenden que es tranquila. Así es con la muerte, está presente, pero es inofensiva.

¿Alguna vez has tenido miedo a morir? Si pretendemos salir victoriosos ante la muerte, debemos mirarla como una sombra y así debe verla un cristiano.

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.” Isaías 9:2 (RVR1960)

Aunque nuestra vida esté en riesgo, no tendremos miedo si hemos permitido que la luz de Cristo resplandezca en nuestros corazones. Él tiene poder sobre la muerte, por tanto, seguiremos vivos si es la voluntad de Dios, por lo cual es como si la muerte no existiera, y aunque esté detrás de nosotros, continuará siendo inofensiva.

Te animo a entregar tu vida al Señor y si estás enfrentando una situación tormentosa, una enfermedad terminal o estás siendo amenazado y perseguido como David, te animo a repetir las palabras de este hombre de Dios: “No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo”.

Recuerda que Dios te ama y tiene un propósito con tu vida.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Es mi pastor…

La imagen de un amado pastor con su rebaño, es una muestra apropiada para comprender el amor de Dios hacia nosotros. En esta oportunidad quisiera compartir la importancia de tener a Dios como: “Pastor”, por medio del Salmos 23 (RVR 1960).

La Palabra del Señor dice:

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” Salmos 23:1-3

El pastor suple las necesidades de sus ovejas, elige los pastos más delicados para que no se enreden en arbustos o se lastimen; además,  las ovejas se cansan y se pierden con facilidad,  por eso el pastor las guía.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmos 23:4

La disciplina que da, ayuda a las ovejas a tomar el camino indicado y forja una nueva esperanza en ellas. Aunque enfrentemos terribles problemas, no tendremos miedo, porque estaremos a lado del Pastor.

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.” Salmos 23:5

Él será nuestra provisión y protección contra nuestros enemigos. El pastor nos consagrará, nos ayudará a vivir una vida de santidad, para recibir su bendición con abundancia.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.” Salmos 23:6

Generalmente pedimos en oración la bendición y misericordia del Señor para nuestra vida, lo interesante es que aquel que tenga a Dios como su pastor, no necesitará pedir estas cosas porque ellas lo van a seguir y, además, recibirá su promesa de vivir con Él por la eternidad.

En esta ocasión me gustaría hacerte una pregunta: ¿El Señor es tu pastor? Recuerda que el pastor proporciona descanso, refrigerio, renovación, dirección, liberación del temor, consuelo, seguridad y victoria sobre el enemigo, por tanto, es posible que te estés perdiendo de muchas bendiciones.

Si te has apartado de su redil, te animo a volver al camino correcto y permitirle que Él sea quién gobierne tu vida.

¡Entrégale tu corazón y reconoce al Señor como tu dueño!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La Paz de Dios

La realidad que hoy vive la sociedad y el mundo actual es triste y dolorosa, a diario oímos sobre asesinatos, suicidios, violencia, violaciones, robos, abortos, etc. lo que genera en las personas intranquilidad y temor.

Pensar y anhelar “paz” para muchos es un ideal irreal, pues el contexto en el que vivimos provoca miedo y desesperanza, quizás sea difícil e imposible lograrlo humanamente  pero como hijos de Dios sabemos que esto es posible.

“Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús” Filipenses 4:7 (NTV).

En nuestra propia fuerza y con nuestro esfuerzo no podemos alcanzar esta Paz, pues como dice su palabra solamente Dios puede darnos ese descanso.

Te preguntarás ¿Cómo puedo tener la paz de Dios?

    Ora.-  La oración es una necesidad, cuando pasas momentos con Dios puedes expresarle y confiarle lo que te aflige y te da temor y es ahí cuando encuentras esa paz y su presencia te dará la seguridad que necesitas, Santiago 5:13 dice: “¿Alguno de ustedes está pasando por dificultades? Que ore. (…) “(NTV).

    Confía.- Los problemas que estás enfrentando pueden ser tristes y difíciles y es en esos momentos en que debes mostrar confianza en que Dios te sostiene,  “¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos! Confíen siempre en el Señor, porque el Señor dios es la Roca eterna” Isaías 26:3-4 (NTV).

    Entrega.- Como seres humanos no estamos capacitados ni preparados para sobrellevar problemas por ello es que muchos se rinden y se derrumban; si uno desea tener la paz, debe entregarle a Dios sus temores, problemas, sentimientos y todo aquello que le aflige, Mateo 11:28 dice: “Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso” (NTV).

Las muchas situaciones que enfrentamos a diario nos pueden quitar la paz y podemos pasarnos los días pensando en una solución inmediata o simplemente nos quedamos lamentando nuestra situación. Tal vez justamente ahora estás pasando esos tiempos, hoy quiero invitarte a disfrutar de la paz de Dios que permanece aún en medio de la tormenta.

“El SEÑOR le da fuerza a su pueblo; el SEÑOR lo bendice con paz.” Salmos 29:11 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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El tiempo que no volverá

John Randolph dijo: “El tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos”

Hoy al despertar varios de nosotros hemos tenido la necesidad de mirarnos en un espejo y muchos nos dimos cuenta que el rostro y el color de cabello son la clara señal de que los años han pasado, pero lo que realmente debiera importarnos es cómo y en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo.

Si le diéramos la importancia que se debe al “tiempo” podríamos invertirlo y no malgastarlo, ya sea en un vicio, en el rencor, en las peleas o haciendo maldad. No podemos vivir ligeramente sabiendo que la hora, los minutos y segundos que pasan jamás volverán.

El apóstol Pablo, conocía el valor incalculable del tiempo, por eso nos dice “(…) aprovechen bien el tiempo” Colosenses 4:5 (DHH), porque sabía que el enemigo es astuto y utilizará distracciones para hacer que perdamos aquello que nunca recuperaremos (tiempo).

Hoy varias personas se encuentran sentadas viendo cómo su vida pasa porque se detuvieron a lamentar su pasado, otras se encuentran tratando de sobrevivir lo que viven en el instante o peor aún algunos se quedan quietos por temor al futuro.

No permitas que los temores del pasado, los problemas del presente y el miedo a lo que vendrá te detengan y te hagan perder tu tiempo, toma la mano de Dios y confía en su provisión, protección y ayuda.

Si eres joven y estás comenzando a dar pasos para alcanzar lo que anhelas, recuerda que tu mirada debe estar en Dios y lo demás vendrá por añadidura. Esto no significa que no te debes esforzar y trabajar para alcanzar logros; tu juventud es el mejor tiempo para dar lo mejor de ti en el servicio, en tus estudios y en tu familia.

1 Timoteo 4:12 dice: “Evita que te desprecien por ser joven; más bien debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en amor, fe y pureza de vida” (DHH)

Si ya los años han pasado y quizás no tienes lo que un día soñaste ¡Tranquilo! disfruta el presente y lo que tienes, pero haz planes para mejorar tu futuro, trabaja en tu relación con Dios y sirve junto a tu familia.

En realidad no importa en qué parte del camino te encuentras, lo importante es que inviertas el tiempo que tienes en lo que de verdad tiene valor. Recuerda que el tiempo que pasa no volverá, hoy podemos estar aquí y mañana no.

¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma” Santiago 4:14 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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¡Tengo miedo!

“En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría”. Salmos 94:19 (TLA)

El miedo no solo nos paraliza sino que además nos sumerge en un profundo abismo, haciéndonos olvidar las promesas que Dios tiene para nuestras vidas. Cuando esto pasa, entra la duda, nuestra fe se debilita y comenzamos a ver nuestro problema como un gigante mucho más grande que nuestra fe. Es en estos momentos cuando debemos rendirnos ante Dios, reconociendo que no podemos que en todo necesitamos de Él. La Biblia nos dice que Su amor es todo lo que necesitamos y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Es allí que nuevamente nuestra fe se activa y empezamos a creer que pronto El actuará. Quizás estés pasando por algo parecido en tu vida, sientes que el tiempo pasa, no hay cambio y el problema sigue allí parado como un gigante amenazador infundiendo temor en tu vida. Sin embargo Dios no dejará que enfrentes solo esta situación sino que estará contigo para darte la victoria.

Por Danitza Luna

 

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¡Alístate y marcha!

“..¡Adelante! Éste es el día en que el SEÑOR entregará a Sísara en tus manos. ¿Acaso no marcha el SEÑOR al frente de tu ejército?…” Jueces 4:14 (RVR1960)

Muchas veces, en nuestro diario vivir nos sentimos frenados, ya que las situaciones difíciles que debemos enfrentar nos infunden temor al punto de congelarnos y quitarnos la paz. Si algo de esto sucede en tu vida, te animo a confiar que Dios te dará la victoria porque Él va delante de ti.

Por Danitza Luna

 

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Rendido

Es mejor sentarse a observar el partido, que ser un jugador, posiblemente el equipo pierda por culpa mía o no sea capaz de meter un gol y no quiero arriesgarme.”

¿Alguna vez has pensado de esta manera? Estos son los pensamientos de una persona derrotada  que  aún sin haber intentado jugar ya piensa que va a perder.

A veces actuamos como personas derrotadas, no deseamos implicarnos en el problema ni nos arriesgamos a actuar por miedo, preferimos no correr el riesgo, siendo espectadores de los logros de otras personas.

Si no quieres fracasar, simplemente no hagas nada

Las personas que nunca han fracasado, son aquellas que nunca han hecho nada, jamás han corrido riesgos en su vida y, por lo tanto, no conocen lo que es “meter la pata”,  sufrir por haber tropezado; no conocerán el dolor de perder pero tampoco disfrutarán el increíble sentimiento de la victoria.

La vida es corta y creo que uno recuerda más aquellas vivencias que nos han marcado, tanto los fracasos como las victorias, aquellos eventos que nos hicieron tocar el fondo de nuestras emociones ¿Lo has sentido?

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Marcos 12:30

En el camino del Señor, Él desea que le entregues tu vida con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Esto significa que quiere verte en la cancha, sudando la camiseta y no simplemente sentado en la banca de la iglesia; que salgas a predicar, ores por los enfermos, por tus familiares, que apoyes a los que tienen necesidad, que madrugues para buscarlo.

Si estás enfrentando el dolor de no hacer nada, no pierdas más el tiempo y cambia tu mente ¡Vuélvete una persona activa y luchadora! Recuerda que los premios no son para los espectadores, sino por aquellos que se esfuerzan por alcanzar la meta. Si deseas recibir una respuesta o bendición de Dios, tendrás que preguntarte si has entregado tu vida con pasión.

¡Asume el reto y esfuérzate por ganar!

 

 

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Todo tiene su precio

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Génesis 22:1-3

Cuando leemos este pasaje, seguramente nos suena muy fuerte, ¿cómo después de todo lo que esperó Abraham, Dios le pide su único hijo, el de la promesa y además teniendo en cuenta que Dios le había dicho que sería padre de multitudes? Pareciera no tener sentido, pero la fe de Abraham era tan grande, que creía que aún si sacrificaba a Isaac, Dios era poderoso para resucitarlo.

Dios tenía preparadas naciones para que salieran de la descendencia de Abraham, pero previamente hacía falta una prueba más, la de su fe, obediencia e integridad. ¿Sería capaz de entregar a su único hijo y ofrecerlo a Dios?

Muchas veces, estudiando la vida de determinadas personalidades, ya sean deportistas, o bien alguien dedicado al arte y que seguramente admiramos por su destreza, podemos ver el precio que han tenido que pagar, para alcanzar el lugar que hoy desempeñan. Conozco el caso de un futbolista, que tuvo varias lesiones de larga recuperación, una vez festejando un gol, se le cayó una pared encima por lo cual se fracturó su pierna, luego tuvo pérdidas de familiares muy queridos. Varias veces, el periodismo dio por terminada su carrera, pensando que la historia de su vida había concluido, pero siempre volvía a la actividad y seguía alcanzando logros cada vez mayores. ¿Cuantas veces habrá pensado en dejar todo? ¿Cuantos lo dieron por perdido? ¿Cuantos momentos de soledad y tristeza? sin embargo, cada vez que superaba una dificultad, eso significaba alcanzar un nuevo nivel y agregar una meta cumplida a su historia.

En el ámbito espiritual, también vemos siervos con ministerios exitosos, pero cuando nos adentramos en las profundidades de su historia personal, vemos cuantos momentos difíciles, de crítica, incomprensión, frustración, seguramente pensando en su interior en dejar todo, sin embargo, al lograr superar estos tiempos, pudieron alcanzar las promesas de Dios para su vida.

En el ámbito académico, vemos como algunos jóvenes, tienen que pasar “privaciones” en cuanto a salir o acostarse tarde, porque necesitan prepararse para sus exámenes. Luego se lo puede ver ejerciendo su profesión y hasta alguien irreverentemente puede decir “que suerte que tiene” pero obviamente no es cuestión de suerte, sino de precios que estuvo dispuesto a pagar. Precios de constancia, privaciones, determinación para lograr su meta.

Si hay cosas que te cuestan, o estás a punto de bajar los brazos, o quizás hasta te comparas con otros que a tus ojos son más exitosos que tú, recuerda que hay precios que pagar, al igual que Abraham, después de la prueba, viene un nuevo nivel de bendición que Dios te quiere dar. No temas en pagar el precio, porque grande es la recompensa.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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