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¿Qué pide Dios de mí?

“… ¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros.” 1 Samuel 15:22 LBLA

Honrar a nuestros padres significa amarlos, respetarlos y obedecerlos. Si es así con nuestros padres terrenales, cuanto más lo será con nuestro Padre celestial, quien entregó a su único hijo por nosotros. No era Jesús quien merecía el castigo por el pecado, pero en eso Dios muestra su amor con nosotros en que siendo pecadores Cristo murió por nosotros. Su Palabra nos dice: Obedece todos los mandamientos de nuestro Dios, y todas las leyes que nos dio por medio de Moisés. Si haces esto, te va a ir bien en todo lo que hagas y en cualquier lugar a donde vayas. 1 Reyes 2:3 TLA. Si quieres honrar a Dios, obedece su Palabra.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cómo perdonar a quien te hizo daño

Hay situaciones en las que es más fácil pensar en la venganza que en el perdón. Si alguien nos lastima tanto que esto impacta en el rumbo de nuestra vida, es probable que no pensemos en el perdón como una opción viable. Sin embargo, cuando hemos sido heridos y llevamos esa carga por mucho tiempo, ésta se convierte en una cadena que impide el desarrollo de toda nuestra existencia. Aunque parezca impensable, en este caso, perdonar es la única solución.

Perdonar no significa olvidar.

Si bien hay casos en los cuales algunas personas adquieren amnesia producto de un fuerte shock emocional, por un accidente o problema de salud; son muy bajas la posibilidades de que olvides aquello que te hizo daño. Cuando uno perdona no quiere decir que el doloroso recuerdo se borrará de nuestra memoria, sino que cuando lo hagamos, esos recuerdos no pondrán causarnos más angustia.

El perdón implica aceptar que el hecho pasó y quedó allí. Perdonar quiere decir que estás consciente de que lo que hizo la otra persona está mal, pero que tú te sientes libre porque esos malos recuerdos no te producen sentimientos negativos.

Perdona como Dios te perdona.

Si llevas la cuenta de las veces que has pecado durante todo este día, ¿cuántas crees que fueron? Nadie está libre de pecar. Incluso si piensas que no haces mal a nadie, el guardar rencor contra alguien ya es pecado. Sin embargo, cuando nos arrepentimos y “confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9, NBD). Dios nos da la opción de ser libres y nos perdona sin limitaciones. Si Él hace eso con nosotros, ¿por qué no tenemos que hacerlo con otros?

Porque si ustedes perdonan a los demás el mal que les hagan, su Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no los perdonan, su Padre tampoco los perdonará a ustedes.” Mateo 6:14-15 (PDT)

Sin importar lo que te hayan hecho, nunca asumas una posición de juez. El único que es capaz de juzgar y tiene potestad sobre todo y todos es Dios. Si decides no perdonar, tampoco tendrás el derecho de pedir perdón cuando seas tú el que incurra en una falta.

El perdón no es automático.

Vivimos en una cultura automatizada y queremos que todo tenga un resultado inmediato; no obstante, con el perdón no funciona de la misma forma. Debes entender que el perdón es un proceso que requiere tiempo. Es un camino que debes transitar un paso a la vez. Habrán días en los que sientes que esa persona no se merece tu perdón, pero es allí cuando debes pedirle a Dios que te dé la fortaleza de amar a quienes te hicieron daño.

Perdonar también implica dejar de recordar. Anteriormente mencionaba que puede los malos recuerdos nunca se vayan, pero eso no significa que debes acordarte siempre de lo que ocurrió. Con el tiempo, Dios te dará la paz necesaria para sanar tus heridas y no sentirte dolido por esos hechos del pasado.

Recuerda que si eliges perdonar, serás libre. Pero, si escoges vivir con tu dolor, caerás en una tumba que tú mismo excavaste.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Te sientes perdido y sin ganas de vivir?

“Volverán los rescatados del SEÑOR, y entrarán en Sión con cánticos de júbilo; su corona será el gozo eterno. Se llenarán de regocijo y alegría y se apartarán de ellos el dolor y los gemidos.”  Isaías 51:11 (NVI)

Alguna vez escuchamos de alguien  “me quiero morir” y si le preguntamos la razón de este sentimiento, lo atribuyen a su incapacidad de manejar su dolor, sea este provocado por pérdidas, fracasos, enfermedades o traiciones. Esta dolencia no es fácil de superar cuando uno lo enfrenta solo. Pero nuestro Creador puede ayudarnos a que ese llanto se convierta en gozo, si tan solo le entregamos ese dolor que nos tuvo esclavizados por años. Su Palabra promete: Jeremías 33:6 “he aquí, yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” (RVR1960) Él puede sanar todo y hacer que lo malo que nos pasó lo pueda usar para su gloria. Hará que la tristeza, el sufrimiento y los pensamientos erróneos con los cuales crecimos sean quitados. Créele porque desea con todo su Ser darte la libertad completa, llenarte de su paz, amor y esperanza.

Por Danitza Luna

 

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La verdadera paz

“La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14:27 (RVR1960)

Hay momentos en la vida en la que parece que nos encontramos en medio de un campo de batalla, las balas del enemigo nos pasan cerca y hasta podemos llenarnos de temor por el panorama que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, no debemos temer porque en medio de toda tempestad Él promete poner calma. Si la situación por la que atraviesas es muy complicada y crees que no hay salida alguna, encomienda a Jesús tu vida y la paz que sobrepasa todo entendimiento inundará tu ser de verdad.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Obedecer

Se conoce como “Peste bubónica” a la infección causada por una bacteria que se transmite a través de la picadura de las pulgas alojadas como parásitos en roedores salvajes como las ratas. En el siglo XIV esta enfermedad apareció en Europa y se convirtió en la pandemia más grande en la historia de la humanidad.

Se cree que esta devastadora plaga empezó en Asia y rápidamente logró propagarse a través de las rutas comerciales. Por ejemplo, en la ciudad de Florencia solamente un quinto de la población logró sobrevivir, mientras que en el territorio actual de Alemania se estima que uno de cada diez habitantes perdió la vida. Casi al final de 1361 habían muerto 25 millones de personas en todo el continente.

Una de tantas curiosidades en torno al caos que se vivió en aquel entonces fue que muchos acusaron a los judíos de causar la mortal epidemia porque parecían inmunes a esta peste, pero con el tiempo se supo que ellos tenían un alto nivel de higiene personal lo cual evitó que ese mal los afectara.

Pero,  ¿por qué razón los judíos eran tan minuciosos en su limpieza?

Levítico 14:8-9 dice: “El que se purifica debe lavar su ropa, y lavarse a sí mismo, y afeitarse del todo, para quedar purificado. Después podrá entrar en el campamento, aunque durante siete días se quedará viviendo al aire libre. Al séptimo día se rapará completamente la cabeza, se afeitará la barba, las cejas y todo el vello, lavará sus ropas y se lavará a sí mismo, y entonces quedará purificado.” Versión Dios Habla Hoy

Levítico, Deuteronomio y Números, son libros que hablan bastante del aseo personal y aunque en su gran mayoría son instrucciones para quienes servían dentro del Templo, también habían mandamientos para el pueblo en general como el que podemos leer en Deuteronomio 23:12-13.

En los tiempos de Moisés, la obediencia a algunas sencillas instrucciones hizo que Israel pudiera sobrevivir a muchas enfermedades y después de muchos años, nuevamente fueron protegidos cuando la peste negra atacó Europa.

Es verdad que hoy en día lavarse las manos antes de comer, bañarse, lavar la ropa frecuentemente, tener la basura en su lugar y muchas otras prácticas de limpieza son costumbres totalmente normales y obvias de realizar, pero no lo eran para aquellos tiempos. Los israelitas simplemente obedecieron lo que Dios les había ordenado hacer y eso fue como un muro de protección para ellos.

¿Será posible que algo tan sencillo como cuidar la higiene personal haya podido resguardar a todo un pueblo de una muerte segura? La evidencia sugiere que sí.

Dios conoce lo que va a ocurrir y aunque obedecer algunas instrucciones en el momento parece algo tan insignificante, en el futuro pueden provocar bendición, paz y prosperidad para tu vida.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

6 cosas que debes saber antes de decirle “sí” al suicidio

Muchas de las razones por las que crees que acabar con tu vida es una buena idea, son mentiras que te ciegan de ver la verdad. Antes, considera estas verdades que pueden cambiarlo todo:

1. Eres amado:

Tal vez alguien te dijo que te ama, pero sus palabras y acciones te demostraron lo contrario. Por esa mala experiencia puedes creer que no existe el amor y que toda clase de afecto es condicional, pero te equivocas. Dios te ama con un amor tan grande que escapa de la compresión humana. A Él no le importa cuán popular eres, cuánto dinero tienes, ni las logros que has obtenido. Aunque todos los demás te dejen y rechacen, Dios te acepta y te acoge en sus brazos (Salmos 27:10).

2. Eres valioso:

No creas las mentiras que dicen que no vales nada. Eres tan valioso y preciado que Dios tiene contados cada uno de tus cabellos (Mateo 10:29-31). Para Él eres una joya preciosa que tiene toda su atención. Dios no trabaja en una oficina ni tiene horario de atención; si deseas hablarle, solo debes hacerlo y Él te estará escuchando al instante. ¡Así de inmenso es su amor por ti!

3. Fuiste elegido antes de nacer:

No naciste por accidente o error. Dios sabía que vendrías al mundo y te conoció desde ese momento. Él te dio libertad para tomar decisiones en tu vida y elegir el camino que quisieras. Sabía que cometerías errores y que sufrirías penas, pero aún así permitió que nacieras para poder adoptarte como hijo (a) suyo (Efesios 1:5). A Dios no le importa las cosas que has hecho en el pasado. Si aceptas ser su hijo, Él te hará una nueva persona.

4. Tu vida tiene un propósito:

La vida no solo es subsistir. Dios te creó con un propósito y tiene un plan especial para tu vida. Él conoce tu verdadero valor y sabe que tienes mucho para dar. Sus planes para ti son de bien y no de mal, y son para darte un futuro lleno de esperanza (Jeremías 29:11).¡ Aún estás a tiempo de descubrir ese propósito y vivir con esperanza!

5. Tu dolor no durará para siempre:

Dios siempre está cerca para salvar a los que no tienen ni ánimo ni esperanza (Salmos 34:18) y puede llevarse tu dolor si así lo decides. No tienes por qué cargar con la tristeza ni la desesperanza para siempre. La muerte no hará que esas cosas desaparezcan, pero si quieres ponerle un fin a todo eso, Dios puede hacerlo por ti.

6. Puedes comenzar una nueva vida ahora:

Todos los seres humanos pecamos y esas malas acciones nos separan de Dios. Nuestro destino debería ser la muerte y el sufrimiento eternos, pero Dios envió a su único hijo, Jesús, para hacerlo en nuestro lugar hace más de dos mil años (Juan 3:16-17). Gracias a ese sacrificio, hoy puedes tener al Espíritu Santo en tu vida y disfrutar de una vida llena de paz, esperanza y amor. Ese regalo es gratuito y está disponible para todos. Si deseas aceptarlo, solo tienes que hacer esta oración:

“Padre, sé que he cometido muchos errores y que mis pecados me han separado de ti. Estoy arrepentido, por favor perdóname. Ahora quiero alejarme de mi pasado y dejar el dolor atrás. Creo que tu hijo Jesucristo murió por mis pecados, que resucitó de entre los muertos, y que está vivo y escucha mi oración. Quiero que Jesús sea el Señor de mi vida y reine en mi corazón desde este día. Por favor, envía tu Espíritu Santo para que te ayude a obedecerte, y hacer tu voluntad por el resto de mi vida.”

Si hiciste esta oración, por favor escríbenos a [email protected] Queremos saber de ti y ayudarte. Recuerda que no estás solo. Dios te ama y jamás te abandonará.

Si tienes estás considerando el suicidio como una opción, escríbenos a [email protected] o visita: www.unasolarazon.com
Nuestro equipo está listo para ayudarte.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tu dolor tiene fecha de vencimiento

Puede que estés pasando por situaciones tan difíciles que crees que ya no hay salida, pero lo que sucede en realidad es que el dolor te está vendando los ojos y no te permite ver que hay algo más allá. Esto no significa que tu tristeza no sea real, sino que te está privando de disfrutar tu vida al máximo.

Si deseas que tu dolor termine de una vez, puedes practicar lo siguiente:

Deja que tus lágrimas caigan:

No te reprimas y deja que tu dolor se exprese por medio del llanto. Las lágrimas son una manera efectiva de aliviar la tristeza, mejorar tu ánimo y reducir los niveles de estrés y enojo, así lo confirmó un estudio de la Universidad de Minnesota. Además, te permite ser vulnerable por esos momentos, lo cual significa que puedes ser más sincero y abierto con respecto a lo que te sucede y, de esa manera, desahogarte con mayor facilidad.

Separa un tiempo de duelo para lidiar con tus emociones, pero no te quedes en esa etapa por mucho tiempo; en cambio, continúa y da el siguiente paso.

Habla con Dios:

Probablemente hayas escuchado este consejo antes, pero la mejor manera de dejar tus penas es hablando con Dios. Sé honesto y dile todo lo que sientes. Si debes pedirle perdón por algo, hazlo; y si necesitas ayuda para perdonarte a ti mismo, díselo también. Mateo 11:28-29 (PDT) dice Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso. Así que no dudes en acudir a Él y contarle por lo que estás pasando.

Después de hablar con Dios, dedica algunos minutos a la lectura de la Biblia. Una historia que puede ayudarte es la de José y se encuentra en Génesis, los capítulos 37 y del 39 al 45. Él pasó por dificultades en su vida, pero confió en Dios y su fidelidad fue premiada.

No te encierres:

Hay muchos estudios que han confirmado la relación entre el quedarse encerrado en casa y la depresión. Aún cuando no tengas deseos ni motivos para salir a la calle, procura salir lo más que puedas y pasar el tiempo con personas que pueden ayudarte. También puedes ocupar tu tiempo en alguna actividad física o pasatiempo. Lo importante es que no des lugar a la tristeza y comiences una nueva vida alejada del dolor.

Si necesitas algún consejo, escríbenos a [email protected]
Si tienes estás considerando al suicidio como una opción, escríbenos a [email protected]

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Día Internacional de la Paz

Hoy, 21 de septiembre, se celebra anualmente en todo el mundo el Día Internacional de la Paz. La Asamblea General ha declarado esta fecha, día consagrado al fortalecimiento de los ideales de paz, tanto entre todas las naciones y todos los pueblos como entre los miembros de cada uno de ellos.

Somos un solo cuerpo, una sola sangre, somos uno.

Este año la campaña se titula «Juntos por la paz: Respeto, seguridad y dignidad para todos» siguiendo el espíritu de JUNTOS, una iniciativa mundial cuyo objetivo es que las personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares en busca de una vida mejor disfruten del respeto y la seguridad y vivan dignamente. JUNTOS se lanzó durante la Cumbre para Refugiados y Migrantes celebrada el 19 de septiembre de 2016 y reúne a todo el sistema de las Naciones Unidas, los 193 Estados Miembros, el sector privado, la sociedad civil. las instituciones académicas y la ciudadanía para apoyar la diversidad, la no discriminación y la aceptación de los refugiados y migrantes. (Texto tomado de la ONU)

Es por eso que en CVCLAVOZ queremos invitarte a que en este día tomes tiempo para pensar en las personas que te rodean, en qué puedes empezar a hacer desde hoy para sembrar paz, empezando por ti.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. Mateo 5:9 (NVI)

Sierva de Dios

Hace muchos años en Suiza, en una universidad en la que proseguía estudios de postgrado, tuvimos un profesor visitante que presentó la serie “Tradiciones Intelectuales en Conflicto”,  una interpretación de la historia de occidente desde una perspectiva cristiana. Era una época en la que estaba leyendo mucho a Francis A. Schaeffer – “googléalo” – por lo que la mirada de aquel profesor me resultaba familiar.

Su aproximación a la historia era bastante radical. Solía decir cosas como “durante esos días Dios, a través de su siervo (aquí nombraba a una primera ministra o a un presidente) produjo un cambio en…” Recuerdo que algunos de nosotros estábamos escandalizados que se refiriera a esas personas como siervos de Dios considerando que tales personajes eran vistos como representantes de una tradición agresivamente conservadora. Y, según el entendimiento que teníamos de las cosas entonces, tampoco los considerábamos cristianos.

Hace unos días recordé al viejo profesor cuando vi la película “Verónica Guerin”. Cuenta la historia verdadera de una periodista irlandesa que se atrevió a investigar el narcotráfico que, en su época, era un serio y profundo problema social. Como siempre ocurre cuando los ocultos poderes de la corrupción amparan a las mafias, las consecuencias de su investigación le resultaron fatales. Sin embargo su trabajo motivó cambios profundos en la legislación irlandesa sobre la mafia y las ganancias generadas por el tráfico de drogas. Así que se me ocurrió pensar que, gracias a la acción de Dios a través de su sierva Verónica Guerin, la política hacia el tema de la mafia local cambió para bien de la sociedad.

Permítanme intentar una explicación. Creo que todas las acciones públicas que contribuyan a atacar los males sociales tienen mucho que ver con Dios porque El es la fuente de todo bien; todo lo que promueva justicia, paz, armonía social, protección de los débiles o desamparados es compatible con su carácter. Y todos aquellos que trabajan por esos bienes pueden perfectamente ser considerados ministros suyos, sean creyentes o no.

Si quienes se consideran hijas e hijos de Dios, ocupados en los asuntos internos de las instituciones cristianas, no contribuyen al bien público, no me sorprende que Dios intervenga en la sociedad a través de otras personas a fin de mejorar los días la gente y que merecen, creo, el adjetivo de siervas y siervos de Dios.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Y por qué no me involucro?

Hace poco se realizó una actividad solidaria en favor de un buen hombre que presentaba una enfermedad complicada. La familia estaba bastante endeudada y no tenían los recursos necesarios para la operación que debían realizarle; fue lindo observar cómo diferentes amigos y familiares apoyaron a este hombre en esa actividad para aliviar un poco el peso que tenía.

No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.

Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo. Números 11:14-17

Moisés no podía soportar el peso que llevaba en su espalda al encargarse de todo el pueblo y  comenzó a considerar la muerte como una salida.

Muchas personas que nos rodean han llegado hasta este punto, en el que el peso de los problemas es demasiado grande, y comienzan a ver la muerte como una opción porque no pueden más.

¿Te involucras en la necesidad del otro? Seguramente muchos no fueron a esta actividad solidaria porque tenían otros planes; sin embargo, Dios nos pide: “amar al prójimo” y esto significa involucrarnos en su problema, ayudar a llevar el peso, de tal manera que no sienta morir, es dejar de pensar en uno mismo y decir: ¿Qué necesitas de mí?

En esta oportunidad te animo a renunciar al egoísmo y pensar en el otro, ayuda a las personas a llevar sus cargas porque seguramente estarás salvando una vida, brindando paz y consuelo, tal y como lo haría Jesús.

¡Si todos cooperamos los resultados serán mejores!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Entonces, la paz

“… la recompensa por el esfuerzo, la valentía, la tenacidad, la resistencia no eran ni la felicidad, ni la gloria. Lo que Dios ofrecía en recompensa, era el descanso.
Hay que envejecer para apreciar la paz.
(Ingrid Betancourt, No hay silencio que no termine)

Hay que envejecer para apreciar la paz. Qué declaración: completa, perfecta, concluyente. Especialmente porque la dice una mujer que estuvo cautiva de las FARC de Colombia por seis años y la formula a la luz de la memoria mucho después de haber sido liberada.
Se aprecia mucho más la paz después de las grandes batallas del saber, después del fin de los compromisos y de la esperanza rota, y también a causa de la creciente decepción con la propia raza.
Precioso encuentro al final de las palabras repetidas, de los discursos gastados, de los diálogos predecibles. Capitulación sin retorno ante la avalancha del ruido, las exigencias de las actividades y requerimientos humanos. Rendición del alboroto que se ahoga por fin en el silencio, esa dejadez del abandono donde se encuentra uno con el límite del ser y ya no hay nada más que hacer ni nada más que decir.
Con la fuerza de juventud y con los primeros años de la vida adulta siempre viene aparejada una obsesión por hacer cosas, conquistar territorios, abrir nuevos espacios.
Poco a poquito los años empiezan a pasar la factura. Se hace más evidente la presencia del cuerpo que toma conciencia del gasto, del derroche de la energía. Sobre todo, se descubre que las profundas pasiones, las intensas inclinaciones eran hermosas, pero pocas veces construyeron la paz y cuando terminaron, como la canción, terminaron mal.
El apuro y la urgencia fueron dando paso al sobrio reconocimiento de que casi nunca las cosas que demandan urgentemente nuestra atención eran importantes: sólo son urgentes y se aprende a notar la diferencia, y eso nos abre paso hacia el sosiego, costoso, pero imprescindible sosiego.
Sí, hay que envejecer para apreciar la paz…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Friday’s blues

La loción Occitaine de lavanda evoca algo de la Atkinson’s que desapareció sin que yo, hasta hoy, sepa por qué. Era un adolescente cuando en Cien años de soledad me enteré que Pietro Crespi, el eterno amante de Amaranta Buendía, usaba perfume de lavanda. Ese aroma resume el reencuentro con los contados espacios agradables que hay en la mayoría de mis recuerdos de aquella etapa – la adolescencia, ese pasajero pero inolvidable dolor que hay entre la infancia y las inexorables demandas de la mentada y – hartas veces – esquiva madurez.
El silencio de los viejos cafés que había en algunos rincones de Santiago (de Chile) hoy son nada más una memoria virtual. Un horda de tipos y tipas con grandes “ocupaciones” los han invadido interrumpiendo todo con sus conversaciones telefónicas a los gritos, sus negocios y chismes más que audibles en la mesa de al lado, la música tecno y televisores encendidos. Han liquidado, para siempre por lo que se presume, la paz que uno buscaba a esa hora indispensable al comenzar el día o al caer la tarde. Mataron sin transición alguna la silenciosa pronunciación del café cortado, la lectura o los modestos ensayos literarios en algún cuaderno o servilleta.
Y entonces la rutina, rosario de horas y trámites que repta entre la primera luz y el inmenso boquerón de la noche. La absoluta y proverbial necesidad de “ganarse” la vida – porque la vida ya no es más don divino ni regalo cósmico sino apenas un departamento alquilado en el centro de la ciudad, algo de ropa, tres comidas diarias y alguno que otro vicio de la existencia.
“Agradece que tenís un trabajo”, me repica en la cabeza el agudo martinete de la conciencia. Así que no queda más que inclinarse ante el peso de la evidencia, aunque no más sea circunstancial. Le informo diligentemente a mis modos habituales que no hay lugar para melancolías aburridas y agarro las de Villadiego… Al menos hasta el próximo lunes.
La foto del perro es pura coincidencia. La tomé una tarde de domingo en la ciudad.
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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