El fruto que Dios espera de ti

El fruto que Dios espera de ti

El fruto es el resultado evidente de quiénes somos y a quién tenemos en nuestro corazón. Por esta razón, en la parábola de la higuera estéril Jesús ilustra que Dios busca que demos fruto.

«Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado.  Finalmente le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, solo ocupa espacio en mi jardín”. El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado especial y mucho fertilizante. Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla”».

Lucas 13:6-9 (NTV)

Antes de citar esta parábola, Jesús advierte que, si no hay arrepentimiento en nuestras vidas, moriremos en pecado. Y la manera de demostrar que hemos cambiado nuestra manera de vivir es dando fruto.

Dios espera que demos fruto

Todos aquellos que hemos aceptado a Jesús en nuestro corazón hemos entrado en el jardín de Dios y Él espera que demos fruto.

Dios es nuestro amo y Jesús es el Jardinero, y está a la derecha del Padre rogándole para que tengamos más tiempo de gracia si hasta hoy no hemos dado fruto y así no ser desechados como la higuera estéril.

¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Romanos 8:34 (RVR 1960)

Última oportunidad

El amo esperó tres años para que la higuera diera fruto y al ver que no hubía ninguno, pidió cortarla. Pero, el jardinero intercedió para que tuviera una última oportunidad, un año de gracia, y en caso de no dar fruto, el árbol sería retirado del jardín para siempre.

Dios es compasivo y está siempre dispuesto a perdonarnos, pero también nos muestra que todo tiene un límite. Por lo tanto, si hasta hoy no has dado el fruto que Dios espera de ti, es mejor que te arrepientas y aproveches este tiempo de gracia.

Jesús está intercediendo ante el Padre en este momento por tu vida, aprovecha esta ayuda de Jesús y deja que Él cambie tu vida. Reconócelo como tu Señor y Salvador. Seguidamente, vive en obediencia a su palabra y unido a Él.

Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.

Juan 15:5 (NTV)

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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. El presente se escribió en su totalidad por un ser humano, sin uso de ChatGPT o alguna otra herramienta de inteligencia artificial.

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