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Dios protector

“Pero en aquel día venidero, ningún arma que te ataque triunfará. Silenciarás cuanta voz se levante para acusarte. Estos beneficios los disfrutan los siervos del SEÑOR; yo seré quien los reivindique. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado! Isaías 54:17 (NTV)

Puede venirse sobre ti una montaña inmensa de problemas, pero si Dios está de tu lado, ese monte no te aplastará ni te dañará. Dios es Padre y como tal te protegerá de todo aquello que amenaza tu bienestar y el de tu familia.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No tengo tiempo

Los quehaceres que tenemos pueden ocupar la mayor parte de nuestro tiempo, de tal manera que no lo podemos aprovechar con las personas que amamos y que nos aman, como nuestros padres, hijos, hermanos, amigos e incluso con Dios.

¿Cuántas veces has mencionado que estás ocupado? Se pierden oportunidades valiosas por estar atareados, por lo que es preciso analizar si invertimos el tiempo en lo que es primordial para nuestra vida. La palabra muestra un claro ejemplo de nuestro diario vivir:

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Lucas 10: 38-42 (RVR 1960).

Marta, quien recibió en su casa a Jesús, estaba afanada por los quehaceres y cuando observó a su hermana sentada escuchando al Maestro, pidió que la reprendieran por no ayudarle; sin embargo, el Señor le respondió que lo principal era lo que María había escogido.

Es posible que estés olvidando lo que tiene mayor importancia en tu vida, esto no significa que lo que haces no es importante, pero existen cosas que tienen más valor, como escuchar a Dios, conocer el propósito de tu existencia y tu familia.

En esta oportunidad te animo a detenerte por un momento y pensar en lo que Dios quiere para ti, decide orar y estudiar la Palabra del Señor todos los días, aunque te encuentres demasiado ocupado. Aparta también otro tiempo para disfrutar con tu familia, porque más delante podrías arrepentirte de no haber hecho lo que era más importante.

 

 

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Lo que nunca volverá

Una mujer dejó su país para ir a trabajar y tener  mejores ingresos, dando a su familia la oportunidad de tener una vida mejor. Cuando volvió, sus hijos ya eran jóvenes e independientes, por lo cual, a pesar de tener una casa lujosa, automóviles y una buena economía, nunca pudo compensar el tiempo perdido.

El tiempo vale más que el oro, el escritor argentino José Ingenieros lo expresó así: “Nada hay que iguale el valor del tiempo. El dinero mismo no puede comparársele, pues éste vuelve y aquél no; en una vida se pueden rehacer diez fortunas, pero con diez fortunas no se puede recomenzar una vida”. Siempre que pase quedará “perdido” por lo cual, es importante invertirlo sabiamente.

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Efesios 5:15-16 (RVR1960)

La Palabra de Dios menciona que observemos cuidadosamente nuestro caminar, con sabiduría porque estamos viviendo tiempos muy malos. Es importante tener cuidado, poner atención a cada paso que damos y en las decisiones que tomamos, puesto que en ellas podría invertirse gran parte de nuestra vida que nunca volverá.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.” Eclesiastés 12:1 (RVR1960)

La mayoría de las personas quiere acercarse a Cristo después de “disfrutar su juventud”; sin embargo, la realidad es que no la están aprovechando como creen, lejos de eso la están desperdiciando. Es importante considerar: ¿en qué inviertes tu juventud y fuerzas? La palabra de Dios dice  que te acuerdes de Él cuando eres joven, porque necesitarás fuerzas para experimentar el maravilloso propósito que tiene tu vida.

Si consideras haber “perdido” bastante tiempo, te animo a establecer prioridades:

Para empezar, pon tu relación con Dios en primer lugar, separa un tiempo para leer la Biblia, orar y congregarte en la iglesia, vive para lo que has sido creado. Segundo, piensa en lo que es importante para ti y te recomiendo empezar por tu familia. Recuerda que tus hijos, padres, hermanos, o esposa (o) no estarán para siempre en tu vida y el tiempo que pierdas lejos ellos no volverá jamás.

 

 

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Que no te sorprenda

Los últimos acontecimientos naturales de alta intensidad que están ocurriendo en el planeta nos deben llevar a reflexionar y cambiar de actitud, no podemos esperar a que la situación en la tierra empeore para empezar a buscar verdaderamente a Dios y vivir conforme a su voluntad. “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca.” Isaías 55:6 (NTV)

Que no sea demasiado tarde el día que te des cuenta de lo que está por venir y empieces a buscar a Dios. La Biblia dice que en los días, antes del diluvio, la gente disfrutaba de banquetes, fiestas y casamientos, hasta el momento en que Noé entró en el arca. Llegó el diluvio y arrasó con todos.

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.” Mateo 24:42-43. (RVR1960)

La palabra velar significa vigilar, cuidar, estar atento, ser un atalaya, estar despierto cuando otros duermen; y es una virtud que no debe faltar en la vida del creyente porque es parte de la armadura de Dios. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” Efesios 6:18.

No esperes a que algo suceda en tu vida, familia o país para darte cuenta del tiempo en que vives. Jesús describió los acontecimientos finales del mundo en su palabra (La Biblia) En Mateo 24:35 dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Este podría ser el último año, mes, la última semana, hora o minuto para que el Señor llame a su Iglesia. ¡Velemos en todo tiempo y esperemos en Él sabiamente!

Oremos:

“Dios amado, gracias por hablarme y hacerme entender que debo estar atento, velando a toda hora y momento en oración. Te pido perdón por dejar de buscarte todos los días y dedicarme a otras cosas. A partir de hoy volveré a mi comunión contigo y seguir tus instrucciones para anunciar tu mensaje. Gracias Señor por esta nueva oportunidad y comienzo, te encomiendo mi vida, familia y país para que nos cuides, en el nombre de Jesús. Amén.”

 

 

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Fracturas Internas

Un pastor visitaba un manicomio con su director. Al terminar le preguntó cuántos pacientes había en el lugar.

  –  Entre siete y ochocientos- respondió el director.

  –  ¿Tantos? Seguro necesitan muchos cuidadores para controlar a tanta gente maniaca.

  –  No muchos – Dijo el director.

  –  Pero supongamos- insistió el ministro- que  todos estos hombres se unieran en contra de ustedes, ¿Qué harían?

  –  Esto es lo que menos nos preocupa – respondió el director – Los locos nunca se unen.

Una de las mayores debilidades dentro de las iglesias, las familias, las empresas y cualquier lugar donde exista un grupo humano es la falta de unidad entre sus miembros y, por lo tanto, es una locura pretender tener éxito cuando reina la desunión.

Como humanos, siempre tendemos a buscar nuestro beneficio personal, sobresalir entre la multitud, ser reconocidos, aprovechar las ventajas para nosotros mismos, olvidando que el crecimiento del grupo es también un beneficio personal; y si hablamos de las iglesias, nuestro trabajo y vida no responden a objetivos estrictamente personales o humanos, sino a metas eternas.

“¿No somos hijos del mismo Padre? ¿No fuimos creados por el mismo Dios? Entonces, ¿por qué nos traicionamos unos a otros, violando el pacto de nuestros antepasados?” Malaquías 2:10 (NTV)

Satanás sabe que causando divisiones y contiendas entre los hijos de Dios y en las familias, no necesita hacer nada más porque  inmoviliza y resta fuerza a todo el grupo.

Jesús, en el evangelio de Marcos, en el capítulo 3, versículos 24 y 25, dijo: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer”. (RVR1960)

Si tienes algo contra alguien ve y díselo, habla con esa persona, ponte a cuentas, perdona, no permitas que el diablo tome ventaja de una situación que realmente no tiene ningún valor y que puede arrebatarte lo verdaderamente importante. Si alguien llega a ti con chismes detenlo, no le des lugar, habla con esa persona para que recapacite. Es nuestra responsabilidad cuidarnos y corregirnos mutuamente para que no demos lugar a divisiones.

No permitas que tu familia, iglesia, grupo de amigos o tu misma empresa fracase por divisiones internas que pueden evitarse, ayuda a fortalecer los lazos internos para que nada pueda derribarlos.

Mientras permanezcamos unidos, reconociendo el valor de cada miembro del grupo y buscando fortalecerlo, no habrá nada que pueda destruirnos porque siempre encontraremos la forma de levantarnos y seguir.

 

 

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Un lugar de Gracia

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:16 Versión Reina-Valera 1960

Jesús predicó muchas veces sobre la Gracia que Dios le da al hombre que se arrepiente verdaderamente de sus pecados y quizás la parábola que más representa esa realidad es la del hijo pródigo (Lucas 15:11-32).

La historia comienza con un jovencito reclamando la parte de la herencia que le correspondía para luego marcharse de su casa. Poco a poco los constantes excesos lo llevaron a quedarse sin dinero para subsistir hasta que tuvo que trabajar en el oficio que para la época era el más despreciable de todos: cuidador de cerdos.

En ese momento el muchacho recapacita al ver a esos animales revolcándose en su propia mugre y comiendo de lo que cae al suelo. Es casi un reflejo de lo grotesca que se ha convertido su vida.

“Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”, fueron las palabras que pronunció para luego levantarse y emprender el camino de vuelta a su hogar.

Todo ese tiempo de necesidad y pena le sirvieron para comprender todos los errores que había cometido. Cuando estaba llegando a su casa vio a su Padre acercarse y le dijo las palabras que había pensado: “… he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”

En toda esta historia lo verdaderamente sorprendente es la reacción del Padre. Como autoridad en su familia tenía todo el derecho de castigar a su hijo por lo que había hecho, pero al ver que estaba arrepentido decidió perdonarlo.

Ahora ese muchacho sabía que su hogar era un lugar al que siempre podía regresar sin importar lo que podía pasar y más que todo, sabía que siempre podría encontrar amor y bondad en los brazos de su Padre.

Recuerda: cuando llega la tristeza, la aflicción, los problemas o la culpa por algún error cometido, los brazos de Dios siempre son el mejor lugar al que se puede correr para encontrar Gracia.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Solo Dios basta!

“Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad. Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí.” 2 Corintios 12:8-10 (TLA)

Una amiga tiene una enfermedad que le impide subir de peso y además para su tratamiento debe tomar medicación de por vida. Estas medicinas en muchos casos terminan debilitándola aún más. En este estado de quebrantamiento en su salud ella pudo reconocer que esta circunstancia, lejos de debilitarla, la hacía cada vez más fuerte, porque esto permitió que se aferrara más fuerte de la mano de Dios. Por lo tanto y al igual que ella, podemos afirmar que en Dios somos fuertes, todo lo que necesitamos es su amor, para enfrentar cada circunstancia difícil de la vida. Solo Dios basta.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Idamia (3)

Idamia Arias dio a luz a su primogénita en las horas postreras del último día de 1946. Todo quemaba; el verano se había anunciado caliente y el presagio se había cumplido cabalmente. Algunas horas después, agobiada por el calor, se dio un baño frío y descalza y en camisón se subió a un peral y se hartó de comer sus jugosos frutos. En medio de la noche le vino lo que ella solía llamar un “sobreparto” y se salvó apenas de una muerte segura…

“No existe una escuela que enseñe a vivir” advierte una canción de Sui Generis. Ni tampoco, por lo visto, existe una escuela que nos enseñe a morir. La muerte se nos presenta con sus ridículos, indignantes y definitivos argumentos y nada más toca hacerle frente aunque sea con una pizca de dignidad.
Me enteré hace algunos días por mi hermana mayor que a mi mamá se le hacía muy difícil administrar el nacimiento de sus hijos y que solía decirle a Dios que se la llevara en el siguiente parto como a la bíblica Raquel que murió al dar a luz a Benjamín. Siempre tuve la sospecha que ese disgusto existencial no abarcaba solamente el capítulo de los ocho nacimientos que afrontó.
La madrugada del domingo 16 de julio, a las 3.30 horas se cumplió esa profecía autoanunciada. A sus noventa y un años de una vida marcada por el trabajo y los avatares de la familia se le debía otorgar el derecho de responder como Jacob frente al Faraón: que sus ciento treinta años de vida habían sido “pocos y malos”.
No sabría decir cuántas alegrías tuvo mi mamá en su vida; me atengo a la experiencia de haberla oído afirmar muchas veces, “El único lugar donde soy feliz es en la iglesia”. Al menos durante alguna tarde de lunes y otros cuatro o cinco noches podía decir que estaba contenta.
Seguro hubo algunas otras cosas la alegraron y abrigo la esperanza que haya sido con nosotros, su familia. Ultimamente su único contentamiento era vernos durante nuestras fugaces visitas a su hogar en un pueblo rural. En las horas que duró su velatorio decenas de hermanas y hermanos atestiguaron del bien que les había causado la vida y el ministerio de la hermana Idamia lo cual me causado una auténtica alegría.
Debo acordarme de decírselo si nos llegamos a encontrar en el lejano país de Nunca Jamás

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Ante todo, AGRADECE

Hace poco vi a una ancianita vendiendo helados por la calle, ella apenas  podía caminar, pero tenía que hacer esto para poder sustentarse. Al verla en ese estado, mucha gente le compraba y al mismo tiempo se preguntaban: ¿Dónde están sus hijos? ¿Por qué la tienen abandonada? Y alguien exclamó: ¡Qué ingratitud!

Muchas  veces sin darnos cuenta actuamos de esta forma con Dios, después de habernos dado la vida, una familia, un techo, un trabajo, alimentación y todo aquello que es necesario para vivir en esta tierra, olvidamos darle las gracias.

Deuteronomio 8:10-14 (NVI) nos dice:

Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado. Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado tu plata y tu oro y sean abundantes tus riquezas, no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tu Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo.

Al pueblo de Israel se le enseñó que después de recibir debía agradecer.

Algo que tal vez hemos olvidado hacer al levantarnos de la mesa que, cuando éramos niños, era una regla en muchos de nuestros hogares y que ahora se ha convertido en algo sin valor.

Si por alguna razón has estado atravesando por escasez o tal vez tienes el sustento necesario para cada día, no olvides agradecer a Dios por lo que te da; pues poco a poco el Señor te conducirá a una tierra buena de arroyos y manantiales, de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, de miel y de olivares; tierra donde no faltará el pan y fluirán los minerales.

Para que puedas apreciar y valorar lo que el Señor tiene para ti, pero primero debes aprender con humildad a recibir lo poco y agradecer por ello. Te aseguro que  no habrá noche que te acostarás sin cenar, porque la bendición de Dios estará sobre tu hogar.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Revive tu sueño

“a los pobres les devuelve la esperanza…” Job 5:16 (TLA)

Ante las circunstancias duras de la vida, tales como problemas familiares, de salud o hasta de un país, uno pudiera llegar a sentir que ya no hay esperanza. Pero Dios en Su Palabra nos repite 365 veces “no temas”. Pudiéramos decir que hay un “no temas” para cada día del año. Por lo tanto y más allá de las duras circunstancias, abandona el temor, sigue luchando y recuerda que Dios tiene planes de bien para tu vida. Él puede convertir las dificultades en oportunidades para que obtengas una doble bendición. Solo cree, Dios tiene planes de bienes para tu vida y puede convertir las dificultades en oportunidad para una doble bendición.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Viaje y vida

Inútilmente busco una memoria precisa de mi primer viaje. Algún registro confiable en la borrosa galería de mi infancia. Cual viejas fotografías aparecen el vagón de tercera de un tren a carbón, una carreta tirada por bueyes a paso lento en medio de un laberinto de álamos, un viejo bus pullman que trepa por la cordillera de la costa hasta que de pronto el mar aparece con su salvaje inmensidad azul.

Cuando se viaja lo normal es que haya una razón: familia, trabajo, vacaciones, conferencias, eventos especiales. Nadie viaja porque sí. Eso hace del viaje un trámite, una diligencia necesaria. Por eso debe ser que la mayoría de la gente se mete en sus pequeños aparatos móviles, en los libros y revistas o bien duermen profundamente; lo hacen para conjurar el tedio, la incomodidad de lo inevitable, porque a fin de cuentas la única cosa importante es el destino.

El viaje puede ser algo más, sin embargo. Podemos descubrir su lado psicológico, su faceta artística, su dimensión lúdica. El viaje puede hablarnos de nosotros mismos, como hace el especialista después que le describimos nuestras manías y nuestras neurosis.

Sé que esto puede parecer extraño o ridículo para el que viaja cientos de miles de kilómetros al año por su profesión. ¿Qué puede haber de mágico en las miles de horas en pequeños asientos de clase turista, en las tediosas esperas en salas de embarque, cafés desabridos y comidas envasadas, en las heladas esperas en un terminal de buses en medio de la noche en una provincia perdida del sur? Es verdad. El viaje no debería ser un trámite, sino parte de la aventura de vivir. ¡Malhaya los tiempos modernos!

Así y todo, el viaje sigue siendo un acontecimiento existencial de primer orden. Me fascina la sensación de entrar en la tierra de Nunca Jamás que son los aeropuertos y los terminales. Atrás queda la vestimenta de lo predecible, la letanía de lo cotidiano. En las salas de espera puedo ser un profesor emérito, un cirujano eminente, un poeta venido a menos, un ermitaño de jeans desteñidos y barba descuidada, o un solemne don nadie, que es lo más recurrente en ocasiones como ésta. No pertenezco a nada ni a nadie. No hablo a nadie ni dejo que nadie me hable. A toda mi disposición está el paisaje, el cielo, las nubes, la gente que pasa, los ruidos de los terminales. Soy libre…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para a radio cristiana CVCLAVOZ)

Llamados para reconstruir

“Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.” Nehemías 1:2-4.

Después de un desastre natural o catástrofe provocada por una guerra, en cualquier lugar del mundo, se hacen labores de reconstrucción rápida para levantar esa ciudad afectada. Pero lamentablemente las cosas nunca vuelven a ser iguales, todo cambia para siempre. Muchos se marcharán del lugar y otros vivirán llorando por la pérdida de sus seres queridos. En momentos así el único consuelo es Dios, quien promete llevar nuestro dolor.

En el pasaje que acabamos de leer vemos a un hombre de Dios llamado Nehemías llorando por la destrucción de su pueblo, su ciudad había sido quemada y dejada en ruinas. ¿Cómo reaccionas tú cuando ves que tu vida, familia y ciudad están en ruinas?

“Oh Señor, Dios del cielo, Dios grande y temible que cumples tu pacto de amor inagotable con los que te aman y obedecen tus mandatos, ¡escucha mi oración! Mírame y verás que oro día y noche por tu pueblo Israel. Confieso que hemos pecado contra ti. ¡Es cierto, incluso mi propia familia y yo hemos pecado! Hemos pecado terriblemente al no haber obedecido los mandatos, los decretos y las ordenanzas que nos diste por medio de tu siervo Moisés.” Nehemías 1:5-7. Fueron las palabras de Nehemías al ver la situación de su pueblo. Si seguimos leyendo más de esta hermosa historia, encontraremos a un hombre que a pesar de su dolor se mantuvo en pie, confiando en el Dios grande y poderoso que él tenía, capaz de restaurarlo todo.

Nehemías era un hombre de oración que nunca dudó de Dios y sabía que en toda situación hay un propósito. Tenía un deseo y una visión grande de lo que Dios podía hacer a través de su vida. Con la fe y la ayuda de Dios se propuso restaurar Jerusalén y lo logró.

Si tenemos fe, nosotros también podemos lograr la restauración no sólo de nuestra propia vida, sino de la de otras personas que están destruidas por problemas, vicios, malas decisiones y falta de confianza en Dios.

Nunca es tarde para que puedas ser un instrumento de Dios, solamente necesitas disponer tu vida. Tú y yo estamos llamados a dar esperanza a aquellos que no la tienen.

Oremos: Señor amado gracias por tu palabra, quiero ser un hombre lleno de fe y con las cualidades de tu hijo Nehemías, para que pueda ayudar a mi familia y nación. Obra en mi vida y dame sabiduría para conducir a mis seres queridos a tus pies, porque sólo tú puedes restaurar sus vidas. Gracias por tu amor y por escucharme, te encomiendo mi vida en tus manos, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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