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40 preguntas: Examina tu relación con Dios

El hecho de ser cristianos no nos hace perfectos ni libres de problemas. Al igual que cualquier otro ser humano, los cristianos pasamos por momentos buenos y malos. No obstante, lo que hace la diferencia entre alguien que tiene a Jesús como su salvador, del que no lo tiene, es que los cristianos podemos disfrutar de la esperanza y paz que sólo Dios puede dar.

Conocer a Dios de manera personal y darle el primer lugar en nuestra vida debe mostrarse en nuestro comportamiento, autoestima, carácter, relaciones con la familia, compañeros, amigos y demás personas. Lamentaciones 3:40 (NVI) dice: “Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor.” Cada cristiano debe estar en constante evaluación de su relación con Dios y con los demás, para que pueda corregir sus malas acciones y pedir perdón a Dios.

Éstas son algunas preguntas que te ayudarán a darte cuenta si realmente estás reflejando el carácter de Jesús y si es que Él es el Señor de tu vida:

  1. ¿Le he entregado a Dios todas las áreas de mi vida?
  2. ¿Quién ocupa el primer lugar en mis pensamientos?
  3. ¿Realmente Dios es el dios de mi vida?
  4. ¿En qué forma reflejo el mensaje de Dios?
  5. ¿Adoro a Dios en todo momento?
  6. ¿Busco a Dios solo cuando tengo problemas o está presente en cada momento de mi vida?
  7. ¿Alguna vez me he avergonzado de ser cristiano y/o he negado a Dios?
  8. ¿Hay algún pecado que me niego a dejar?
  9. ¿Pongo excusas para mis pecados?
  10. ¿Soy obediente a Dios, incluso cuando me es difícil?
  11. ¿Oro con sinceridad, humildad, y fe?
  12. ¿Leo la Biblia porque quiero aprender de Dios o por obligación?
  13. ¿Leo la Biblia con un corazón dispuesto?
  14. ¿Cuál es mi motivación para asistir a la iglesia?
  15. ¿Estoy conforme con mi apariencia física?
  16. ¿Soy alguien que critica y causa división o alguien que fomenta la unidad?
  17. ¿Pongo al chisme como una excusa para ayudar a otros?
  18. ¿Perdono a otros así como Dios lo hizo conmigo?
  19. ¿Guardo resentimiento o rencor hacia otros?
  20. ¿Las demás personas saben que soy cristiano?
  21. ¿Soy de ejemplo para otros?
  22. ¿Qué dicen otros de mí? ¿Tengo un buen testimonio?
  23. ¿Mi lenguaje refleja amor?
  24. ¿Me regocijo en mi trabajo, estudios, o en la labor que realizo?
  25. ¿Soy obediente y respetuoso con mis padres, tutores o alguna otra figura de autoridad?
  26. ¿De qué manera cuido mi pureza sexual?
  27. Cuando tengo problemas, ¿mi primer recurso es acudir a Dios o a los hombres?
  28. ¿Estoy acostumbrado a mentir? ¿Por qué me es tan difícil decir la verdad?
  29. ¿Soy compasivo y paciente con otros?
  30. ¿Le he entregado mi carácter a Dios?
  31. ¿Soy humilde?
  32. ¿Agradezco a Dios en todo momento?
  33. ¿Veo a los demás cristianos como a mis hermanos o como competencia?
  34. ¿Estoy predicando con mi ejemplo?
  35. ¿Doy un buen testimonio en mi familia?
  36. ¿En mi trabajo me conocen por mi carácter intachable?
  37. ¿Todo lo que hago es como para Dios?
  38. ¿Soy justo en mis acciones?
  39. Hasta este momento, ¿mi vida ha reflejado el carácter de Jesús?
  40. Si mi relación personal con Dios no ha sido la mejor ¿cuán dispuesto estoy de entregarle mi corazón, mente y pensamientos?

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué puedes hacer para estar cerca de Él?

Es gracioso conocer las locuras que los fans hacen para conocer a su artista o personaje favorito, por ejemplo: pueden dormir en la calle varios días antes de un concierto para tener un buen lugar o conseguir entradas, pueden viajar grandes distancias para verlos, y así podríamos seguir numerando las cosas que hacen, muchas de estas anécdotas son graciosas, increíbles y otras causan asombro y horror.

Estas personas por su admiración desmedida a sus ídolos se arriesgan, dan todo lo que tienen e incluso ponen en peligro su vida solamente para verlos.

¿De qué somos capaces de hacer para acercarnos a Dios?

– Zaqueo se subió a un árbol de sicomoro para ver a Jesús.
– Bartimeo, se enteró que Jesús pasaba por su ciudad y comenzó a gritar.
– La mujer de flujo de sangre, tomó la decisión de enfrentarse a una gran multitud que seguía a Jesús solamente para tocar su manto.

A diferencia de los fans de los famosos que deben hacer cosas arriesgadas para solo verlos, nosotros podemos acercarnos a Dios con libertad y no sólo para verlo sino para tener su amistad, amor, perdón, restauración, etc.

Santiago 4:8 dice: Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. (…)” (NTV), Dios está dispuesto a recibir a aquellos que lo buscan y para ello es necesario que estemos dispuestos a dejar cargas, preocupaciones y sobre todo el pecado.

Dios no pide que hagas locuras para que puedas estar cerca de Él, solamente pide que lo busques y Él mismo se acercará a ti. Quizás una enfermedad, un problema, un pecado o un fracaso te hayan separado de Dios y de su casa, hoy te animo a buscarlo, no importa la razón de tu alejamiento, solamente búscalo y lo encontrarás. 

 En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de Dios! Hice al Señor Soberano mi refugio, y a todos les contaré las maravillas que haces” Salmos 73:28 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Si Jesús está en todas partes… ¿Debemos ir a la iglesia?

En nuestra cultura estamos acostumbrados a las fórmulas y las formas. Nos gusta hacer rutina de todo. Muchos están acostumbrados a no salirse de sus esquemas y si en su esquema está asistir al servicio de la iglesia los domingos a las 11 de la mañana, pues no les gusta cuando por razones mayores hay que cambiar esa rutina. Pero hay muchos que hace rato no asisten a una iglesia y se escudan en eso de que Jesús está en todas partes y por eso no es necesario asistir al templo para estar con Él.

En cierto modo, algo de verdad hay en esa afirmación, y yo soy de la opinión que somos seres adaptables. Cuando vienen cambios solemos ajustarnos y hacer los cambios necesarios. También hay muchos cristianos que van saltando de iglesia en iglesia. Eso no es bueno. No hay iglesia perfecta. A todas asistimos seres humanos y somos complicados. Lo importante es saber que la iglesia es Cristo céntrica, que se preocupan por cada persona y que te dirigen hacia Jesús siempre. No hacia el pastor.

Pero dejar de ir completamente a la iglesia, no es bueno. Yo personalmente he dejado de ir por causa mayor. Ya mi mamá está muy adulta y muy débil y me cuesta mucho movilizarla y no me gusta exponerla donde hay tanta gente, que muchas veces tienen un virus, pero como no tienen fiebre o les está pasando, siguen saliendo y le toman la mano para saludarla…. Y no la puedo dejar sola por más de dos horas seguidas. Por eso tuve que decidir no ir más a la iglesia. Trato de dedicar tiempo de lectura de la Biblia y alabanza para no perder el tiempo que dedicábamos antes a Dios, pero siempre surge algo y es rara la vez que logro hacer la hora completa sin interrupciones. Si dedico tiempo a Dios, leo la Biblia, hago mis devocionales, pero nunca es igual.

Son muchas las razones por las que es bueno ir a la iglesia:

  1. Para escuchar la palabra de Dios explicada por alguien que la ha estudiado toda su vida. El pastor.
  2. Para dedicar ese tiempo de alabanza a adorar a Dios en conjunto con todos los que asistieron al servicio.
  3. Para compartir luego con gente amable que tiene nuestra misma creencia.
  4. En la Biblia dice que no dejemos de congregarnos en Hebreos 10:25
  5. Tendrás ese tiempo para poner TODA tu atención en Dios.
  6. Si tienes alguna duda, encontrarás con quién compartirla.

Para mí, la mejor parte del servicio es el tiempo de alabanza y adoración. Es el tiempo que dedicamos a cantarle a Dios y destacamos Sus maravillas. Eso me hace mucha falta cuando no asisto. Es fácil hacer devocional, que es tiempo con Él también, es fácil leer la Biblia, leer libros cristianos y mensajes cristianos para nuestro diario vivir, pero nada sustituye el tiempo que pasamos en la iglesia. No dejes de asistir.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Quiero ser cristiano porque no quiero ir al infierno

Cada uno tiene un motivo por el cual decidió entregarle su vida a Jesús, y aunque cada caso es especial, hay una razón errónea por la cual muchos se involucran en el cristianismo: el miedo al infierno.

Por medio de la Biblia aprendemos que sólo somos pasajeros por este mundo y que nuestro destino final es el cielo. El deseo de Dios es que todos seamos salvos y pasemos la eternidad con Él; sin embargo, los que rechazan el sacrificio de amor que Él hizo por medio de Jesús, automáticamente ya han elegido pasar la eternidad sin Él.

¿Qué sucede cuando eres cristiano solo porque no quieres ir al infierno?

Amar a Dios solo porque tienes miedo al infierno es igual que estar en una relación sentimental solo porque tu pareja te da dinero. Dios nos ha dado la libertad de escoger y Él nunca obliga a nadie. Pretender amar a Dios para evitar el infierno es un acto egoísta y es una manera de burlarse de Él. No obstante, nadie puede engañar a Dios (Gálatas 6:7) pues Él lo sabe todo (Salmos 139).

¿Amarías a Dios aún si no existiera el cielo o el infierno?

El «Soneto a Cristo crucificado», también conocido como «No me mueve, mi Dios, para quererte», es un poema que data del siglo XVI. Aunque se desconoce la identidad del autor, por sus palabras se puede decir que era una persona que amaba profundamente a Dios y que no necesitaba saber del cielo o el infierno.

Después de leer este poema, ¿podrías decir lo mismo que este autor? ¿Qué es lo que te motiva?

Si eras cristiano por temor al infierno o porque quieres ir al cielo, aún estás a tiempo de cambiar. Acude a Dios en oración y cuéntale tus temores, dudas, y pecados. Él te conoce mejor que nadie y te ayudará a comenzar una nueva vida sincera y llena del verdadero amor que solo Él puede dar. Cuando comiences a amar a Dios por quien Él es, y no por lo que pueda ofrecerte, verás que tu vida cambiará en todos los aspectos.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Escogido para servir

Jesús escogió a sus discípulos cuidadosamente, pues buscaba características específicas para la tarea que realizarían; sin embargo, se relacionó con diferentes grupos de personas.

Por un lado tenemos a las multitudes, que representan las miles de personas que vienen a la casa de Dios por los panes  y los peces. Esto es válido y correcto porque todos llegamos a Cristo por una necesidad. Vinimos heridos, enfermos o con problemas. Jesús  siempre estaba presto para orar por la multitud, liberarla de ataduras, sanarlas y alimentarlas. “Y le seguía  gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.” Juan 6:2.  Pero el Maestro no contó con ellos cuando fue a la cruz.

Otro grupo son los setenta a los que Jesús llamó y los designó porque tenían cualidades que los diferenciaban del resto, por eso les dio autoridad sobre los demonios y las enfermedades. En sus corazones, ya ardía la pasión por las almas y el reino de Dios. “Después de estas cosas, designo el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de el a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.” Lucas 10:1

Después están los discípulos, los doce que fueron llamados a tener una relación cercana con Jesús.  Ellos tomaron su ADN espiritual, y se convirtieron en los fundadores de la iglesia. Fueron perseguidos y torturados, pero también fueron llamados amigos de Dios porque hacían su voluntad. La obediencia y la sumisión son características notables de un discípulo.

Jesús siempre ministraba  a las multitudes y dentro de ellas encontraba  discípulos, hombres y mujeres especiales que querían conocer al hacedor de los milagros más que a los milagros, el corazón del Padre y trabajar para cumplir la visión de Dios  para llegar al mundo entero  con el evangelio.

La multitud puede estar hoy y mañana seguir el rumbo de su vida porque ya recibió lo que buscaba. El discípulo está comprometido con Dios en obediencia,  pone su vida completamente a su servicio; también  es aquel que se niega a sí mismo todo el tiempo, toma su cruz  cada día  por amor a quien lo rescató de la muerte.

Elige ser un discípulo de Jesús y  recibirás una gran recompensa,   tu gozo  será incomparable. No hay mayor felicidad para el ser humano que el servir a Dios y estar en el centro de su perfecta voluntad.   Sólo con discípulos se puede edificar grandes obras y llegar a cumplir el mandado del Padre.

“Habiendo reunido a los doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.” Lucas 9:1.2

Por Miguel Ángel Veizaga.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué me siento triste?

¿Te ha pasado que una que otra vez sientes un desánimo que no sabes de donde viene? Todo te está saliendo bien y sin embargo no logras sentirte satisfecha, no logras quitarte esa especie de nube oscura que sientes sobre ti.

Hay muchas causas que te pueden hacer sentir así. Siempre se trata de un déficit o falta de algo. A veces puede ser incluso deshidratación.

El trastorno también puede ser causado por las hormonas, o puede ser por un exceso de calcio. Si consumes muchos lácteos, te sobreviene una hipocalcemia, y entre tantos otros factores que afecta, te puede poner triste o irritable. Otro de los síntomas de éste déficit son calambres en las extremidades.

El cuerpo debe estar siempre con un balance entre el calcio y el magnesio para que esto no ocurra.

Cuando no conseguimos la razón de nuestra desazón, de nuestra falta de alegría, y si no es por largos períodos, puede ser este único factor.

Analiza si has comido un exceso de lácteos o si has ingerido grandes cantidades de comidas ricas en magnesio, como almendras, salvado de trigo, semillas de calabaza, nueces de Brasil o semillas de girasol.

Y mucho más allá… cuando no has tenido un encuentro con Jesús, si no dedicas un tiempo a diario con Él y por ende no llegas a saber, a descubrir tu propósito en la vida, eso te puede hacer sentir así, vacía. Pero Él está ahí a tu lado. Sólo tienes que hablarle y pedirle que entre en tu corazón.

Déjame saber qué te pareció el blog o si deseas conocer más acerca de Jesús y tu propósito.

Dios te bendiga.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Pedro y Judas

Durante el ministerio de Jesús hubo varios milagros y prodigios que se hicieron a la vista de muchos. En esa época era normal que cuando se levantaba algún hombre con este tipo de manifestaciones divinas también se juntara mucha gente para seguirle. Algunos creían que era un profeta, otros que era un maestro, pero muy poco sabían que era el Mesías prometido de Dios.

Aparte de la muchedumbre había un grupo específico de seguidores que lo acompañaban a todas partes, pero de entre todos ellos Jesús eligió a 12 para ser llamados sus discípulos. Con ellos convivió alrededor de 3 años enseñándoles muchas cosas.

De entre todas estas personas la Biblia destaca a dos de sus discípulos cuando llegó el día que Jesús debía ser entregado y crucificado: Por un lado está Judas de quien Juan 13:26-27 dice: “A quien yo (Jesús hablando) diere el pan mojado, aquél es (el que lo entregaría). Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.”

Posteriormente Judas se fue a terminar el negocio con los principales de la sinagoga y a confabular para aprehender a Jesús, pero no sólo eso sino que también los guió al lugar donde Él estaba para entregarlo.

Al día siguiente, mientras Jesús era llevado ante Pilato, Judas veía que era condenado injustamente y se arrepintió, entonces quiso regresar las monedas de plata porque se dio cuenta de la gravedad de su pecado, pero no se las recibieron de vuelta y se fue, y se ahorcó, Mateo 27:3-10.

Por otro lado, la noche que Jesús fue entregado Pedro intentó defenderlo pero no puedo hacer mucho, Mateo 26:52. Aun así él siguió a su maestro viendo de lejos los maltratos que recibía y cómo era acusado sin pruebas. En un momento de la noche lo reconocieron y tres veces fue acusado de ser uno de sus discípulos, pero él lo negó las tres veces y entonces cantó el callo.

En ese momento vino a su mente las palabras que había recibido: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.” Mateo 26:34. Inmediatamente se fue del lugar y lloró amargamente.

Ambos discípulos cayeron en pecados terribles: Según la ley de Moisés entregar a un inocente y blasfemar eran crímenes castigados severamente, a eso hay que añadir que ellos sabían que no se trataba de un hombre común, era el Hijo de Dios lo cual les puso un peso de culpa extra.

El arrepentimiento de Judas lo llevó a cometer una locura, pero Pedro se fue a llorar por haberle fallado a su Señor. Las acciones que se realizan después de un pecado dicen mucho de cuánto uno conoce realmente a Jesús.

Muchos cometen errores como alejarse de la iglesia, volver a una mala conducta que habían dejado en el pasado, se apartan poco a poco de algunos amigos, se encierran en sí mismos, dejan algunas responsabilidades ministeriales de golpe, etc. Pero el peor error es dejar la relación con Dios.

La mayor parte de las veces los pretextos van desde “sentirse tan culpables que creen que no hay perdón para ellos” hasta “pensar que Jesús ya no los va a perdonar esta vez.” Este tipo de pensamientos están muy equivocados, no sólo porque perdonar a una persona arrepentida es parte de la naturaleza de Dios, sino porque la Biblia tiene muchas promesas de restauración.

Isaías 43:25 dice: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” Versión Reina-Valera 1960

Juan 21, relata la manera en la que Jesús volvió a poner a Pedro en el ministerio al que había sido llamado. Fue restaurado completamente. Algo similar puede pasar contigo, pero considera: el verso 2 de ese capítulo dice que Pedro estaba con otros discípulos cuando Jesús lo volvió a llamar, esa es la diferencia con Judas quien se alejó de todos.

De nada sirve alejarte, quedarte en solitario y hacer locuras por los errores cometidos, es mejor confesar ante Dios los pecados cometidos, creer en su misericordia para el perdón de toda culpa y conocer su verdadero amor.

“Porque el Señor es bueno; su amor es eterno y su fidelidad no tiene fin.” Salmos 100:5 Versión Dios Habla Hoy

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cuándo se debe celebrar la Pascua?

De la misma manera en que hay debate por la fecha exacta en la que nació Jesús, el día en que debe celebrarse la Pascua es causa de controversia. Para el siglo IV, la polémica ya había empezado y se tiene un registro gracias a Eusebio de Cesarea, quien detalló en su libro La Historia de la Iglesia las primeras discusiones que se dieron por calcular el momento exacto en que resucitó Jesús. El debate también se extendió hacia las costumbres que debían practicarse; algunos recomendaban hacer ayunos y vigilias, mientras que otros sugerían organizar grandes fiestas para celebrar la resurrección de Cristo.

Con el paso del tiempo, se hicieron diversos cálculos para saber la fecha, y cada uno de ellos variaba de acuerdo al calendario que se utilizaba, o a la interpretación bíblica. Estos argumentos han causado mucha división entre los creyentes; sin embargo, entre estos disentimientos se ha perdido la razón fundamental por la cual celebramos la Pascua: Jesús.

Sin importar el día en que Jesús haya nacido, muerto y resucitado, es importante tener presente que su sacrificio merece que vivamos cada día siguiendo su ejemplo. Celebrar a Jesús un día y olvidarse el resto del año es una manera de rechazar el acto de amor que hizo por nosotros al morir en una cruz. Así que, en lugar de deliberar cuándo debemos celebrar la Pascua ¿por qué no comenzamos a reflejar el cambio que hizo Jesús en nosotros?

“Pero él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados.” Isaías 53:5

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡No cargues lo que no sirve!

Jesús se encontraba enseñando en una sinagoga y en ese mismo lugar estaba una mujer que vivía encorvada desde hace 18 años (es decir no podía enderezarse completamente), quizás la vida de esta mujer no haya sido nada fácil pues ¿Qué tan lejos podía llegar si solamente podía ver sus pies y el piso?

Lucas 13:11 dice: “vio a una mujer que estaba lisiada a causa de un espíritu maligno…” en versículos anteriores y posteriores no encontramos la razón por la que esta mujer estaba siendo atormentada por el enemigo, pero sí sabemos que su condición era consecuencia de un pecado.

El encuentro con Jesús le cambio la vida, “Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad” Lucas 11:12 (NVT), halló libertad y perdón de pecados.

Al igual que esta mujer muchos de nosotros podemos estar viviendo imposibilitados por causa del pecado; quizás son muchas las faltas, necedades, culpa y errores que cargamos en la espalda y está llegando al punto de que por el tamaño y el peso de lo que llevamos estamos comenzando a encorvarnos.

¿Qué podrías hacer o a dónde podrías ir si solamente puedes mirar abajo? Cuán difícil debió ser la vida de esta mujer pues su condición la limitaba y con ello se acomodó a su situación, tal vez ya te acostumbraste a vivir así, sin poder mirar adelante y vives teniendo compasión de ti mismo.

Jesús quiere enderezarte y quiere hacerte libre de lo que estás llevando, Mateo 11:28 dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Él está dispuesto a quitarte la carga (frustraciones, miedo, duda, falta de perdón, orgullo, etc.) y así podrás ver hacia adelante y podrás lograr aquello que te parecía imposible.

Decide hoy soltar aquello que te detiene, limita y te causa heridas y pon todo en las manos de Dios y sé verdaderamente libre.

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Búscalo con pasión

Algunas personas, generalmente los hombres, se hacen admiradores de un jugador de fútbol que suele destacar por su destreza al manejar el balón o por ser quien marca los goles.

El hincha, nombre con el que se conoce a la persona que sigue con pasión y entusiasmo a su deportista favorito, ama ver un partido de fútbol y por eso no se pierde ninguno de los días que su equipo va a presentarse: no importa si está lloviendo o nevando,  si está haciendo un temporal que invita a quedarse en casa o si el partido es muy tarde o muy temprano, de hecho existen fanáticos que suspenden actividades familiares con tal de ir al estadio.

Es verdad que hay una transmisión televisiva para que cualquiera pueda ver el encuentro deportivo en la comodidad de su hogar, pero el aficionado verdadero conoce muy bien la diferencia de ver el partido en la tv y gritar los goles en vivo y directo.

¿Alguna vez te hiciste fanático de algún equipo y fuiste a ver un partido de fútbol sin importar la oposición de la naturaleza y hasta suspendiste algunas actividades que ya tenías programadas con tal de estar cerca de tu jugador favorito?

Tal vez te parezca una locura esforzarse tanto sólo por ver a alguien que quizás nunca se entere quien eres, sin embargo la Biblia destaca a un hombre que hizo algo similar.

Lucas 19:1-10, relata la vez que Jesús entraba en Jericó y un hombre rico llamado Zaqueo quería verlo pero no podía porque había mucha gente. Para ese momento la fama de Jesús se había extendido, Lucas 5:15 dice que siempre tenía una gran muchedumbre siguiéndole a todos lados.

Zaqueo desistió de su intento por penetrar la multitud porque era imposible y decidió adelantarse al trayecto que recorría Jesús, y a pesar de tener baja estatura logró subir a un árbol para verlo, entonces cuando el Señor llegó al lugar, levantó la vista y dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”

Es increíble lo que muchos fanáticos hacen por ver a sus estrellas de fútbol, pero también son extraordinarias las acciones que muchos hombres hicieron para acercarse a Dios, la diferencia es que el admirador de alguna estrella del deporte quizás nunca pueda darle la mano a su ídolo, pero Jesús sí está dispuesto a dar Gracia a todos los que de corazón humilde lo buscan.

Consideremos: Jesús tenía una muchedumbre siguiéndole y podía escoger a cualquiera para pasar la noche, pero eligió a uno solamente. No lo hizo al azar o porque el publicano sí tenía el dinero para dar un banquete, esos son aspectos irrelevantes que Dios nunca tomó en cuenta para elegir a alguien, lo hizo porque de entre todos los que lo rodeaban el que tuvo más pasión por buscarlo fue ese hombre pecador.

Eso mismo pasó con la mujer que tenía el flujo de sangre: mucha gente lo seguía, pero sólo ella tuvo la audacia para acercarse a Él con fe (Marcos 5:25), en otra ocasión un ciego llamado Bartimeo gritaba y aunque todos le decían que se callara gritó mucho más, y al final terminó recibiendo su milagro (Marcos 10:46-52).

Si la pasión, la determinación y unas ganas verdaderas de conocer a Jesús no acompañan la búsqueda de su presencia, es posible que no podamos encontrarnos con él.

“Dios mío, tú eres mi Dios, con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea, cual tierra árida, sedienta, sin agua. ¡Quiero verte en tu santuario, y contemplar tu poder y tu gloria, pues tu amor vale más que la vida! Con mis labios te alabaré; toda mi vida te bendeciré, y a ti levantaré mis manos en oración.” Salmos 63:1-4 Versión Dios Habla Hoy

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Crees que reír mucho atrae llanto?

Hay personas que han crecido con dichos como ese. Desde pequeños les inculcan que reír mucho trae lágrimas o que no deben hacerlo porque atrae todo lo contrario.

Son supersticiones. Son cuentos. Pero confieso que yo por muchos muchos años tuve ese chip en mi cabeza. No tengo la menor idea dónde lo recogí. Y por los giros de la vida, que de pronto estás muy feliz y de pronto te vienen razones para estar triste o llorar, creía que eso era cierto. Era como un sentido de culpa por ser muy feliz aunque fuera por solo un momento. ¡Es increíble pensar en las cosas con las que uno puede cargar desde chico y sin siquiera saber por qué ni de donde vienen!

Lo cierto es que si has sentido así como yo, sea porque alguien te lo inculcó o porque lo escuchaste tanto que te lo creíste, te tengo muy buenas noticias:

Nuestro Dios, Jesús es un Dios que nos libera de todo tipo de cadenas, incluso de cositas como esas que nos han sembrado en la mente y que a veces nos limita el ser felices. Desde que recibí a Dios en mi vida, he sentido lo que llaman con mucha certeza “el gozo del Señor”. Y buscando Escritura para respaldar mi sensación encontré en Salmos 16:11 Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”

Eso me confirmó que no debo sentir ninguna culpa por reírme demasiado, más bien de inmediato pienso que es Él, ya que nos llena de alegría con Su Santa Presencia.  Haz la prueba. Recibe a Jesús en tu corazón. ¡Va a ser la mejor decisión de tu vida!

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Su gracia

Simón era un hombre que se dedicaba a la pesca, cuando Jesús lo vio a orillas del mar le dijo: “Sígueme”. Después le cambio el nombre a Pedro, para que fuera un pescador de hombres.

Jesús, hizo algo extraordinario cuando Simón aún era pescador, llenó su barca de peces y ese milagro fue el que quedó grabado en la memoria de este hombre. Después, cuando seguía al Maestro, todo iba muy bien hasta el momento en el que Jesús reveló que moriría y resucitaría; fue ahí cuando Pedro prometió seguirle hasta la muerte, una promesa que no duró porque cuando Jesús fue arrestado y lo condujeron a la casa del sumo sacerdote, Pedro  lo seguía de lejos, y cuando todos se sentaron en el patio de la vivienda, tres personas reconocieron al discípulo y a todas ellas les negó conocer a Jesús.

Pedro, sintiéndose quizá indigno, volvió a su vida de antes a ser un pescador. Cuando Jesús resucitó fue a buscarlo, Él sabía dónde podía encontrarlo e  hizo  lo mismo que la primera vez: llenó su barca de peces. En seguida, Pedro reconoció  al autor del milagro y cuando estuvo delante de Jesús, el Maestro le preguntó tres veces, una por cada negación: ¿Simón, me amas? Y él respondió: Sí, Señor, tu sabes que te amo. Pedro, no fue condenado, él vio la gracia de Dios en su vida después de haberle fallado en  las promesas que hizo.

Dios te ha redimido y dado un nuevo nombre, con el transcurrir del tiempo quizá le has fallado negándole con tus acciones. Hoy posiblemente te encuentres lejos de Él y regresaste a tu vida pasada, olvidando las promesas de Dios en tu vida. El Señor, te está buscando porque quiere restaurarte y derramar su gracia sobre tu vida con amor.

Si Jesús te preguntara: ¿Me amas? Desde lo más profundo de tu corazón y con sinceridad, ¿tu respuesta sería como la de Pedro: Sí, Señor, tu sabes que te amo?.

 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. 1 Corintios 15:10  (RVR1960)

Por Miguel Ángel Veizaga

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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