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Tiempo de lectura: 3 minutos
En la Biblia hay un registro de las veces que Dios habló con voz audible, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En todas esas oportunidades, Él tenía un mensaje importante y directo que quería comunicar a los profetas o personas comunes; y no es sorprendente que también se dirigiera a Su Hijo.

Aunque la escena de Jesús durante su bautismo es la más conocida, aquella no fue la única oportunidad en la que Dios habló audiblemente en público a Jesús. En el Nuevo Testamento encontramos otros 2 momentos especiales en los que esto se repitió.

Si bien es cierto que la vida de Jesús no está escrita en detalle y, por lo tanto, no podemos saber si hubo más ocasiones, los hechos que sí se repitieron nos demuestran la conexión cercana que Él tenía con Su Padre.

Dios habló audiblemente a Jesús en

Su bautismo

Después del bautismo, mientras Jesús salía del agua, los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él como una paloma. Y una voz dijo desde el cielo: «Este es mi Hijo muy amado, quien me da gran gozo».

Mateo 3:16–17 (NTV)

El bautismo de Jesús fue un momento crucial en su vida pues marcó el comienzo de su ministerio. Por lo tanto, no es sorprendente que Dios eligiera este punto para dar testimonio público de que Jesús era Su Hijo muy amado, y quien había sido enviado con un propósito muy específico: salvar al mundo.

Es probable que los testigos de dicho acontecimiento no entendieran la importancia de aquel acto; pero nosotros que podemos leer la Biblia completa, entendemos que Dios tenía un plan desde el principio.

La transfiguración

Mientras Pedro hablaba, una nube brillante vino y se detuvo sobre ellos. Desde la nube se oyó una voz que decía: «Éste es mi Hijo, yo lo amo mucho y estoy muy contento con él. Ustedes deben obedecerlo.» Al oír esto, los discípulos se tiraron al suelo, y no se atrevían a mirar, pues tenían mucho miedo.

Mateo 17:5–6 (TLA)

Dios habló sobre Jesús ante sus discípulos en un momento en donde ellos vieron algo increíble: a Moisés y Elías —quienes habían fallecido muchos años antes— hablando con Jesús. Los discípulos estaban maravillados, y confundidos, por lo que estaba sucediendo; y Dios decidió rectificar dos cosas específicas:

  • Su amor por Jesús.
  • Su contentamiento con Él.

Además de reiterar lo que ya había dicho, Dios añadió algo importante: un mandato de obedecer a Jesús.

Si antes había alguna sombra de duda con respecto a la identidad de Cristo, con esta declaración pública, Dios cerró el debate y dio testimonio de Su Hijo.

Antes de su crucifixión

En este momento estoy sufriendo mucho, y me encuentro confundido. Quisiera decirle a mi Padre que no me deje sufrir así. Pero no lo haré, porque yo vine al mundo precisamente para hacer lo que él me mandó. Más bien diré: “Padre, muéstrale al mundo tu poder.”
Al momento, desde el cielo se oyó una voz que decía: «Ya he mostrado mi poder, y volveré a mostrarlo.»
Los que estaban allí decían que habían oído un trueno. Otros decían: «Un ángel le ha hablado a Jesús.»

Juan 12:27–29

La última vez que Dios habló a Jesús fue en respuesta a un pedido. Con este acto, Dios reafirmó la autoridad de Su Hijo, además hizo una promesa de volver a mostrar Su poder.

Este incidente se dio poco antes de la muerte y crucifixión de Jesús; y por dicho contexto podemos entender que Dios se refería al milagro de la resurrección de Su Hijo. Más allá de ser una despedida entre Dios y Jesús, es una promesa de esperanza y una confirmación de que Cristo es el único que puede salvarnos.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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