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¿Cómo saber si alguien tiene pensamientos suicidas?

Aproximadamente, una persona se suicida a cada 40 segundos. Antes se creía que esta suma estaba compuesta en su mayoría por adolescentes; sin embargo, en la actualidad se reportan más casos de suicidio de adultos.

Como parte de la campaña global para luchar contra este problema, diferentes organizaciones decretaron a setiembre como el mes de prevención contra el suicidio. Esto es con el fin de prevenir posibles casos en el futuro; ya que la gran mayoría de suicidios tienen señales de alerta que pueden ser detectados a tiempo. Según el director del Centro Médico de Rochester para la Medicina del Comportamiento afueras de Detroit, M.D. Joel L. Young, Predecir el suicidio no es una ciencia, y algunas personas que se suicidan emiten pocas o ninguna señal de advertencia. Pero la mayoría de los suicidios vienen con un bando de banderas rojas, y conocer los signos de que alguien a quien amas está considerando el suicidio puede ayudarte a intervenir antes de que sea demasiado tarde.” Éstas son algunas señales que demuestran que alguien tiene pensamientos suicidas:

  1. Ha tenido por lo menos un intento de suicidio.
  2. Habla sobre la muerte, el suicidio de manera casual y frecuente.
  3. No presenta una mejora en su tratamiento contra la depresión clínica.
  4. Se hace cortes o algún otro tipo de daño a su cuerpo.
  5. Hace planes para su funeral.
  6. Amenaza con suicidarse.
  7. Deja de hacer lo que antes disfrutaba.
  8. Abuso de drogas o alcohol.
  9. Empieza a practicar actividades que ponen en peligro su vida.
  10. Pérdida o incremento de sueño.
  11. Cambios bruscos de humor.
  12. Manifiesta pensar que no será extrañado por nadie si se muere.
  13. Alejamiento de sus amigos y familiares.
  14. Pérdida de apetito.
  15. Comienza a regalar sus posesiones más preciadas.
  16. Siente ansiedad o sensación de estar atrapado.
  17. No tiene esperanza ante sus problemas.
  18. Habla constantemente de que se siente como una carga.
  19. Busca en internet maneras para suicidarse.
  20. Escribe su testamento o cartas de despedida.
  21. Se despide de las personas que le importan.
  22. Tiene problemas de salud.
  23. No supera un trauma de la niñez.
  24. Compra de armas de fuego, veneno, cuerdas, pastillas, o algún otro instrumento para suicidarse.
  25. No muestra preocupación por su aspecto personal o higiene.
  26. Limpia y ordena su cuarto más de lo normal.
  27. No tiene energía.
  28. Bajo rendimiento académico o laboral.
  29. Conduce de manera temeraria.
  30. Paga todas su deudas y arregla asuntos que dejó pendientes.

Si identificas algunos indicios en una persona que conoces, lo mejor es consultar con un especialista, consejero, pastor, o alguien que tenga experiencia al tratar estos casos. Es mejor intervenir a tiempo y evitar tragedias futuras.

Si estás luchando contra los pensamientos suicidas, visita: www.unasolarazon.com
Nuestro equipo está listo para ayudarte.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Viva, por trece razones

Por Lisa López

Muchas personas quizás no sepan esto, pero en mi vida he tenido dos intentos fallidos de terminar con todo. Las razones que me llevaron a considerar esto no son tan importantes como las razones que me permitieron no llevarlo acabo. Con todo esto no quiero subestimar el porqué la gente lucha con depresión, ansiedad y la oscuridad que esto conlleva. Quiero resaltar el hecho de que no hay nada más grande que Dios. De experiencia propia he aprendido que hay más razones para vivir que para morir. Con los recientes suicidios en las noticias, la nueva moda de los retos suicidas y también el incremento de películas y series de televisión de este tema, he decidido compartir 13 razones por las cuales no debes quitarte la vida.

  1. Porque la vida es mucho más de lo que puedes pensar.
  2. Porque todavía tienes muchísimas cosas que alcanzar.
  3. Porque tu vida tiene demasiado valor.
  4. Porque tienes un propósito y no estás aquí por error.
  5. Porque sí puedes ser perdonado, Dios te ama más de lo que puedas imaginar.
  6. Porque eres irremplazable y nadie puede ocupar tu lugar.
  7. Porque todavía tienes que ver y vivir tantas cosas maravillosas que existen a tu alrededor.
  8. Porque has sobrevivido la vida hasta ahora y eres un luchador.
  9. Porque tus días oscuros muy pronto verán la luz ya que toda la noche tiene su amanecer.
  10. Porque aunque parezca imposible, vas a superar lo que estás viviendo y esto te va fortalecer.
  11. Porque tu pasado no te define, solo tienes que soltar.
  12. Porque tú importas y eres valioso para alguien, por favor déjate amar.
  13. Porque mientras el proceso sea doloroso y además muy real, Jesús dio su vida para salvar la tuya, darte esperanza y tu corazón sanar.

Existe ayuda, hay esperanza, y lo más importante de todo, es que no estás solo.

 

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Artículo originalmente publicado en www.escritordecorazon.com

¿Y por qué no me involucro?

Hace poco se realizó una actividad solidaria en favor de un buen hombre que presentaba una enfermedad complicada. La familia estaba bastante endeudada y no tenían los recursos necesarios para la operación que debían realizarle; fue lindo observar cómo diferentes amigos y familiares apoyaron a este hombre en esa actividad para aliviar un poco el peso que tenía.

No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.

Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo. Números 11:14-17

Moisés no podía soportar el peso que llevaba en su espalda al encargarse de todo el pueblo y  comenzó a considerar la muerte como una salida.

Muchas personas que nos rodean han llegado hasta este punto, en el que el peso de los problemas es demasiado grande, y comienzan a ver la muerte como una opción porque no pueden más.

¿Te involucras en la necesidad del otro? Seguramente muchos no fueron a esta actividad solidaria porque tenían otros planes; sin embargo, Dios nos pide: “amar al prójimo” y esto significa involucrarnos en su problema, ayudar a llevar el peso, de tal manera que no sienta morir, es dejar de pensar en uno mismo y decir: ¿Qué necesitas de mí?

En esta oportunidad te animo a renunciar al egoísmo y pensar en el otro, ayuda a las personas a llevar sus cargas porque seguramente estarás salvando una vida, brindando paz y consuelo, tal y como lo haría Jesús.

¡Si todos cooperamos los resultados serán mejores!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sombra de muerte

Los medios de comunicación como: la televisión, el periódico o las redes sociales, muestran claramente que la muerte se encuentra a la vuelta de la esquina. Todos los días se informan noticias sobre pérdidas humanas, ya sea por enfermedad, asesinato o suicidio.

Por lo tanto, es preciso reconocer a la muerte tal cual como la Biblia la presenta:

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo…” Salmos 23:4 (RVR 1960)

En esta porción bíblica, se compara a la muerte con una sombra. El Pastor David Logacho, manifiesta que de esta comparación se puede aprender algunas cosas sobre la muerte:

En primer lugar la sombra está presente pero es lo mismo que si no estuviera. No ocupa lugar en el espacio, puede entrar al agua y no se ahoga, al fuego y no se quema, puede ser pisoteada y golpeada, y ni se inmuta. Es como si no existiera.

En segundo lugar, la sombra nos sigue dondequiera que estemos en un día soleado. Igual es con la muerte, nos sigue dondequiera que estemos a la luz de la vida. Si no hubiera vida no habría muerte.

En tercer lugar, la sombra es inofensiva, los niños tienen miedo de la sombra, pero cuando crecen aprenden que es tranquila. Así es con la muerte, está presente, pero es inofensiva.

¿Alguna vez has tenido miedo a morir? Si pretendemos salir victoriosos ante la muerte, debemos mirarla como una sombra y así debe verla un cristiano.

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.” Isaías 9:2 (RVR1960)

Aunque nuestra vida esté en riesgo, no tendremos miedo si hemos permitido que la luz de Cristo resplandezca en nuestros corazones. Él tiene poder sobre la muerte, por tanto, seguiremos vivos si es la voluntad de Dios, por lo cual es como si la muerte no existiera, y aunque esté detrás de nosotros, continuará siendo inofensiva.

Te animo a entregar tu vida al Señor y si estás enfrentando una situación tormentosa, una enfermedad terminal o estás siendo amenazado y perseguido como David, te animo a repetir las palabras de este hombre de Dios: “No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo”.

Recuerda que Dios te ama y tiene un propósito con tu vida.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Es mi pastor…

La imagen de un amado pastor con su rebaño, es una muestra apropiada para comprender el amor de Dios hacia nosotros. En esta oportunidad quisiera compartir la importancia de tener a Dios como: “Pastor”, por medio del Salmos 23 (RVR 1960).

La Palabra del Señor dice:

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” Salmos 23:1-3

El pastor suple las necesidades de sus ovejas, elige los pastos más delicados para que no se enreden en arbustos o se lastimen; además,  las ovejas se cansan y se pierden con facilidad,  por eso el pastor las guía.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmos 23:4

La disciplina que da, ayuda a las ovejas a tomar el camino indicado y forja una nueva esperanza en ellas. Aunque enfrentemos terribles problemas, no tendremos miedo, porque estaremos a lado del Pastor.

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.” Salmos 23:5

Él será nuestra provisión y protección contra nuestros enemigos. El pastor nos consagrará, nos ayudará a vivir una vida de santidad, para recibir su bendición con abundancia.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.” Salmos 23:6

Generalmente pedimos en oración la bendición y misericordia del Señor para nuestra vida, lo interesante es que aquel que tenga a Dios como su pastor, no necesitará pedir estas cosas porque ellas lo van a seguir y, además, recibirá su promesa de vivir con Él por la eternidad.

En esta ocasión me gustaría hacerte una pregunta: ¿El Señor es tu pastor? Recuerda que el pastor proporciona descanso, refrigerio, renovación, dirección, liberación del temor, consuelo, seguridad y victoria sobre el enemigo, por tanto, es posible que te estés perdiendo de muchas bendiciones.

Si te has apartado de su redil, te animo a volver al camino correcto y permitirle que Él sea quién gobierne tu vida.

¡Entrégale tu corazón y reconoce al Señor como tu dueño!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprovecha tu vida y tiempo

“Tú has determinado la duración de nuestra vida. Tú sabes cuántos meses viviremos, y no se nos concederá ni un minuto más.” Job 14:5 (NTV)

Todos estábamos en casa a punto de cenar, de repente entró una llamada al celular de mamá. En ese momento me di cuenta que algo estaba ocurriendo porque su rostro y voz empezaron a cambiar. Una vez que colgó nos dijo que el hijo mayor de su mejor amiga había fallecido. Por unos segundos quedé en shock, no lo podía creer, no hace mucho había hablado con él y lo veía tan bien y lleno de salud. Tenía 18 años.

Esta noticia y otros mensajes que recibí la semana pasada, de personas desconsoladas sin tener una explicación del porqué sus seres queridos tuvieron que morir, me llevaron a reflexionar sobre la vida y el tiempo que estaremos en este mundo.

Lo cierto es que no sabemos cuándo partiremos, pero habrá un día en que lo haremos. Allí estaremos delante de Dios y rendiremos cuentas de todos nuestros actos. Moisés en su oración le decía al Señor: “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.” Salmos 90:12 (NTV)

Cuán importante es vivir sabiamente, porque ninguno de nosotros sabe la cantidad de días que le queda, ni qué puede ocurrir horas después. El salmista David decía: «Señor, recuérdame lo breve que será mi tiempo sobre la tierra. Recuérdame que mis días están contados, ¡y cuán fugaz es mi vida! Salmos 39:4 (NTV)

Saber que la vida es breve es razón suficiente para vivir y disfrutar de nuestros seres queridos, amar lo que hacemos y ser felices con todo lo que nos rodea. Pero sobre todo, nuestra prioridad debe ser vivir bien delante de Dios, porque de todo lo que hagamos en esta vida un día le daremos cuentas. (Eclesiastés 11:9)

Quizás hasta hoy has desperdiciado tu vida estando enojado con la persona que te lastimó, trabajando más de lo necesario, estando lejos de la familia y sobre todo alejado de Dios. Hoy te animo a que reflexiones acerca de la vida que tienes y tomes decisiones sabias para no desperdiciar más tu vida. Nada es más importante que Dios y tu familia, dedícales tiempo.

Si estás lejos de Dios no esperes a mañana para volver a sus pies, ni dejes de ponerte a cuentas con tu prójimo si necesitas hacerlo.

Y si aún nos has recibido a Jesús en tu corazón como tu Señor y Salvador, hazlo ahora mismo. Dile: “Señor Jesús yo (tu nombre completo) reconozco que soy pecador, pero hoy me arrepiento y te pido perdón por cada uno de mis pecados. Necesito de ti y sé que sólo tú puedes darme una nueva vida. En este día te acepto como mi único Señor y Salvador de mi vida, te pido que entres y tomes control de todo mi ser. Por favor, escribe mi nombre en el libro de la vida y gracias por esta salvación tan grande que hoy has dado a mi vida. Amén.”

¡La vida es pasajera, aprende a vivir sabiamente!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Los temas del escritor

Leí hace algunos días que los grandes temas del escritor son el regreso al hogar y la muerte. Leo a veces fragmentos de “Por el camino de Swann” de Marcel Proust y parecería que, efectivamente, esos son los temas que recurren en la escritura.
No sé si una afirmación así sea valida para todas las personas que escriben – sean escritores o no. Pero la cuestión me llama la atención porque veo que mi memoria trabaja en esas dos direcciones cuando intento poner algunas ideas en el papel: hacia atrás, me sumerge en imágenes, sensaciones y episodios de los primeros diez años de mi vida, profundamente arraigados en mi hogar y en su entorno; hacia adelante me confronta con la materialidad de la muerte, con ese encuentro en el que es imposible dejar de pensar especialmente en estos tiempos que se empiezan a morir los padres, viejos amigos algo mayores o algunos menores que uno, por no nombrar las señales del propio cuerpo.
Me está costando trabajo a veces – y debería estar agradecido por ello – remitirme a temas “técnicos” como suelo llamar a las consideraciones del tiempo presente, la institución iglesia y su precaria relación con la sociedad circundante. Digo que debería estar agradecido porque hubo una o varias épocas en que sentí que las cuestiones éticas habían desplazado por mucho a las cuestiones estéticas que me ocupaban constantemente: la prosa poética, la mirada que busca la belleza o la tragedia con la misma intensidad en las cosas humanas o en los paisajes, sin ponerse a pensar si tiene o no un efecto didáctico o, como aman decir los evangélicos, “edificante”.
En cierto modo, el regreso al hogar y la muerte son dos expresiones de un mismo tema si uno cree en una vida más allá. Si efectivamente hay un hogar más allá, aquel hermoso país donde ha de morar el alma feliz mientas vuelan los siglos sin fin, entonces la muerte es sin dudarlo un regreso al hogar – si uno va a ser considerado digno de entrar en él, por cierto; si no es así sólo queda la nada o el infierno tan temido. Pero eso ya es tema de otro artículo…
Hace algunos días asistí al funeral de mi madre y experimenté ese encuentro entre los temas del hogar y la muerte. La experiencia no resultó muy agradable. Pero hay que decir que fue asombrosamente real.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

 

Idamia (3)

Idamia Arias dio a luz a su primogénita en las horas postreras del último día de 1946. Todo quemaba; el verano se había anunciado caliente y el presagio se había cumplido cabalmente. Algunas horas después, agobiada por el calor, se dio un baño frío y descalza y en camisón se subió a un peral y se hartó de comer sus jugosos frutos. En medio de la noche le vino lo que ella solía llamar un “sobreparto” y se salvó apenas de una muerte segura…

“No existe una escuela que enseñe a vivir” advierte una canción de Sui Generis. Ni tampoco, por lo visto, existe una escuela que nos enseñe a morir. La muerte se nos presenta con sus ridículos, indignantes y definitivos argumentos y nada más toca hacerle frente aunque sea con una pizca de dignidad.
Me enteré hace algunos días por mi hermana mayor que a mi mamá se le hacía muy difícil administrar el nacimiento de sus hijos y que solía decirle a Dios que se la llevara en el siguiente parto como a la bíblica Raquel que murió al dar a luz a Benjamín. Siempre tuve la sospecha que ese disgusto existencial no abarcaba solamente el capítulo de los ocho nacimientos que afrontó.
La madrugada del domingo 16 de julio, a las 3.30 horas se cumplió esa profecía autoanunciada. A sus noventa y un años de una vida marcada por el trabajo y los avatares de la familia se le debía otorgar el derecho de responder como Jacob frente al Faraón: que sus ciento treinta años de vida habían sido “pocos y malos”.
No sabría decir cuántas alegrías tuvo mi mamá en su vida; me atengo a la experiencia de haberla oído afirmar muchas veces, “El único lugar donde soy feliz es en la iglesia”. Al menos durante alguna tarde de lunes y otros cuatro o cinco noches podía decir que estaba contenta.
Seguro hubo algunas otras cosas la alegraron y abrigo la esperanza que haya sido con nosotros, su familia. Ultimamente su único contentamiento era vernos durante nuestras fugaces visitas a su hogar en un pueblo rural. En las horas que duró su velatorio decenas de hermanas y hermanos atestiguaron del bien que les había causado la vida y el ministerio de la hermana Idamia lo cual me causado una auténtica alegría.
Debo acordarme de decírselo si nos llegamos a encontrar en el lejano país de Nunca Jamás

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Detrás de la codicia…

“Había cierto hombre llamado Ananías quien, junto con su esposa, Safira, vendió una propiedad;  y llevó solo una parte del dinero a los apóstoles pero afirmó que era la suma total de la venta. Con el consentimiento de su esposa, se quedó con el resto. Entonces Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás llenara tu corazón? Le mentiste al Espíritu Santo y te quedaste con una parte del dinero.  La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!». En cuanto Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y murió. Todos los que se enteraron de lo sucedido quedaron aterrados.  Después unos muchachos se levantaron, lo envolvieron en una sábana, lo sacaron y lo enterraron. Como tres horas más tarde, entró su esposa sin saber lo que había pasado.  Pedro le preguntó:

— ¿Fue este todo el dinero que tú y tu esposo recibieron por la venta de su terreno?

—Sí —contestó ella—, ese fue el precio.

 Y Pedro le dijo:

— ¿Cómo pudieron ustedes dos siquiera pensar en conspirar para poner a prueba al Espíritu del Señor de esta manera? Los jóvenes que enterraron a tu esposo están justo afuera de la puerta, ellos también te sacarán cargando a ti”. Hechos 5:1-9 (NTV)

Ananías y Safira se dejaron llevar por la ambición y la codicia, lo que en nuestros días se ve con frecuencia.

Por la ambición se han cometido crímenes, grandes injusticias y, además,  muchos cristianos han retenido lo que en verdad le pertenece a Dios. Por la codicia muchos hemos sido víctimas de robos y atracos, problemas a cerca de los cuales leemos diariamente en los periódicos. Por ello, debemos eliminar esto que se ha convertido en una plaga en nuestros días.

Muchos hemos visto a personas que se han esforzado por obtener una buena posición económica y la han conseguido, no está mal, pero el problema se encuentra en dejarse llevar por la codicia y la ambición que no sólo hacen que se olviden de Dios, sino que también los convierte en sus esclavos.

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1Timoteo 6:10 (RVR 19960)

Si has estado yendo por el camino que Ananías y Safira eligieron ¡Detente! Dios quiere bendecirte en gran manera, no te adelantes a este hecho y caigas en las trampas del enemigo, porque detrás de la codicia está la muerte espiritual y hasta física.

Su bendición no te llevará a la muerte, sino traerá gozo y paz a tu alma.

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Cuida tus palabras!

“Los que controlan su lengua tendrán una larga vida; el abrir la boca puede arruinarlo todo” Proverbios 13:3 (NTV)

Procura que cada palabra que salga de tu boca sea sabia y edifique a la persona que la oiga, no pierdas el tiempo en las palabras llenas de mentira, falsedad o negativismo; Dios promete una vida larga a quien habla con sabiduría, que tus palabras estén siempre sazonadas con amor, fe y esperanza.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Clama a mí

Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por situaciones difíciles y dolorosas que a veces no sabemos cómo afrontar, nuestro corazón se llena de desesperación buscando de alguna manera poder solucionar ese problema.  La mente se nubla y  lo que hacemos es buscar ayuda en personas  para  refugiarnos y poder sentirnos seguros olvidando así lo que Dios nos manda:   “E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”. Salmos 50:15

Al rey Ezequías le tocó vivir un tiempo muy duro en un momento de su vida, él había enfermado e iba a morir. Después de enterarse  que no viviría mucho  más, su corazón se llenó de angustia.  En ese momento crítico de su vida Ezequías buscó a Dios en oración diciendo: “Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro”. 2 Reyes 20:3   Su oración fue escuchada por el Señor, quien lo  libró de la muerte, lo sanó y le añadió quince años más a sus días.

Durante los momentos de prueba y angustia  debemos buscar a Dios en oración, la solución y la respuesta a nuestro problema está en Él.  No busques en tus fuerzas la salida a todo lo que te pasa, recuerda que Dios mismo dice: “E invócame en el día de la angustia…”.

Aprendamos a hacer lo mismo que hizo el Rey Ezequías en medio de su angustia, acudamos al dador de la vida aún cuando las situaciones sean difíciles de afrontar en su momento. En su palabra dice que la oración del justo puede mucho,  el Señor te librará,  hará un milagro y te bendecirá en gran manera.

 “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Jeremías  29:12-13
Por Miguel Ángel Veizaga

 

 
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El piloto de mi vida

Cuentan que un hombre tocaba insistentemente la puerta de un avión que se preparaba para despegar, hacia una lluvia impresionante y una de las personas encargadas que estaba ya dentro del avión, le decía ya era tarde y que no podría tomar el vuelo, pero aun así él siguió llamando y pidiendo que lo dejaran entrar. Ante tanta insistencia abrieron la puerta para dejarlo pasar, entonces para sorpresa de todos descubrieron que la persona que llamaba a la puerta era el piloto.

¡Qué locura, tratar de viajar sin un piloto!

Cada día tomamos decisiones, emprendemos nuevos proyectos personales, familiares y ministeriales, que se parecen a un viaje y la pregunta es: ¿Quién es el piloto?

Apocalipsis 3:20 dice: “¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos” (NTV).

Como personas siempre estamos emprendiendo algo nuevo y determinante en nuestras vidas pero olvidamos y obviamos la necesidad de ser dirigidos por Dios, por ello es que muchas veces fracasamos y nuestro viaje se torna doloroso, peligroso y agotador.

Alguna vez te has preguntado o has oído estás palabras: ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué no funcionó mi matrimonio? ¿Por qué no resultó mi negocio? Y así podríamos seguir mencionando más cuestionantes que uno se hace cuando fracasa en algún área de la vida.

Dios está llamando a la puerta de tu vida porque desea ser el piloto de tu viaje, para que pueda llevarte a tu destino con tranquilidad, seguridad y con la confianza de que ese viaje será un éxito.

¡No comiences un viaje hasta estar seguro que Dios es tu piloto!

“(…) Si tú mismo no vienes con nosotros, no nos hagas salir de este lugar” Éxodo 33:15 (NTV)

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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