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La respuesta

“El Señor ha escuchado mi ruego; el Señor responderá a mi oración” Salmos 6:9 (NTV)

La oración no solamente está compuesta de palabras, sino también de fe. Hay veces, que pese a que invertimos muchas horas en la oración, no vemos cambios. Es posible que nos falte agregarle el imprescindible condimento de la fe a nuestras palabras. Hoy te animo a que actives tu fe y declares que Dios responderá en su tiempo y conforme a su voluntad.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Quiero estar solo

Leticia precisaba comprar una silla de ruedas para su mamá, pero no disponía del dinero suficiente. El día que tenía que recibir su paga, el jefe de la empresa en la que trabajaba le descontó más de la mitad de su sueldo injustamente, pero ella no quería pedir ayuda, y menos que se enteraran de su problema.

Trató de conseguir otro empleo y sólo recibió malos tratos, hasta que un día se le agotaron las fuerzas, se sentó en una calle y se puso a llorar; justamente pasaba por ahí uno de sus primos y se acercó para consolarla. La sorpresa fue grande para Leticia al ver que al día siguiente se compró la silla, porque toda la familia e incluso amigos quisieron colaborar.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Éxodo 17:11-12 (RVR1960)

Moisés debía permanecer con las manos en lo alto porque el pueblo del Señor se encontraba en una dura batalla, pero como humano él se cansaba y cada vez que bajaba sus manos el enemigo prevalecía. Es por este motivo que necesitaba el apoyo de Aarón y Hur quienes no permitieron que se rindiera.

A veces batallamos solos con los problemas y podemos desanimarnos en el camino, porque somos humanos, por esto mismo necesitamos que otros nos apoyen y ayuden a llevar el peso que tenemos. No sólo materialmente, sino en oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20 (RVR1960)

Muchas personas escriben y comentan que no asisten a una iglesia y escuchan prédicas por la televisión o internet, de hecho no es algo que este mal; sin embargo, resta importancia al propósito de congregarse en familia, el compañerismo y la comunión entre hermanos.

Si estás enfrentando una dificultad y todo este tiempo has estado peleando solo(a) te animo a pedir apoyo a tu familia, a tu iglesia, y si deseas puedes escribirnos, con gusto estaremos orando por tus necesidades. Pero no luches solo, porque Dios permitió que formes parte de una gran familia.

 
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Llamada de emergencia

En varios países y ciudades se ha creado un sistema de seguridad para atender casos de emergencia como accidentes, violencia, incendios, etc. Consiste en una llamada gratuita que el afectado o los testigos pueden hacer para pedir auxilio y atención. Muchos relacionamos la idea de la llamada de emergencia con el número “911” estos tres dígitos marcados en un momento determinado y oportuno pueden salvar la vida de una o muchas personas

¿Alguna vez utilizaste este servicio?

Los numerosos problemas y circunstancias que atravesamos ponen en peligro nuestra vida espiritual e incluso la muerte puede estar al acecho, pero como hijos de Dios sabemos que tenemos la opción de realizar una llamada ¿A quién llamarías?

Toma nota del número de emergencia “5015” estos cuatro dígitos hacen referencia a Salmos 50:15 que dice: “Luego llámame cuando tengas problemas, y yo te rescataré, y tú me darás la gloria” (NTV). Para que puedas hablar con Dios no necesitas de un móvil o un servicio telefónico, pues el contacto es directo y sin interrupciones ¿Sabes de qué estoy hablando?

LA ORACIÓN

Dios está dispuesto a atenderte y está a la espera de tu pedido de auxilio Les responderé antes que me llamen. Cuando aún estén hablando de lo que necesiten, ¡me adelantaré y responderé a sus oraciones!” Isaías 65:24 (NTV) es realmente asombroso saber que nuestro Padre está muy atento a nuestras oraciones y promete que su respuesta será inmediata, incluso antes de que terminemos de hablar.

En tiempos difíciles la reacción de muchos de nosotros es confiar en nuestra capacidad e inteligencia o en otras personas, olvidando completamente que Dios es la mejor ayuda que uno puede tener “Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en la gente” Salmos 118:8 (NTV)

Si hoy estás en peligro no dudes en hacer la llamada de emergencia al 5015 y Dios te responderá.

Por Judith Quisbert

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Sigue orando por tu familia

Recuerdo que cuando era niño, después de haberse perdido todo el día mi papá llegaba por la noche a casa en completo estado de ebriedad e iniciaba una noche de llanto y dolor.

Se mostraba descontento con la comida que mamá le daba, para luego pasar a las palabras groseras que destruían su interior y por último llegaba a los golpes que le dejaban marcas profundas en su cuerpo.

En ese momento era incapaz de poder ayudar a mamá, pero en mi interior crecía un odio hacia mi padre, tenía deseos de agarrarlo a golpes y matarlo. Quería hacer muchas cosas para vengarme, pero por mi corta edad no podía pues seguro saldría yo más lastimado que él.

Estas escenas se dieron por varios años en mi familia, y cuando alcance los 15 años las cosas cambiaron un poco, porque ya no era el mismo niño que solo miraba cómo golpeaban a su mamá, a esa edad enfrentaba y amenazaba a mi padre, pero lo que hacía no lograba cambiar la situación siempre era lo mismo, creí que con mostrar esa actitud mi papá tendría temor de mí y dejaría de golpear a mamá, pero no fue así.

Pasaron los años y lo único que había en mí era un gran odio, rencor, remordimiento, deseos de golpearlo y hacerle pagar todo el daño que mi papá había causado. Pero por la gracia de Dios y por lo que hizo en mí hoy estoy escribiendo este devocional y puedo decir que Dios es real.

Era un domingo cuando me invitaron a la iglesia, y al entrar en ella me sorprendí por la forma en la que todos se saludaban y el trato que daban, era un ambiente muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado, por supuesto, para mí eso era algo raro, nuevo y diferente.

Después de asistir varios cultos de Jóvenes y haber ya aceptado a Jesús en mi corazón. El Señor me dio esta promesa: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16:31

Agarrado de esa promesa empecé a luchar por mi familia doblando rodillas. Al principio era complicado porque era el primer cristiano de una familia desintegrada. Fueron dos largos años y algunos meses aproximadamente desde que empecé a luchar por mi familia, y mi hermano mayor se acercó a Jesús, de un momento a otro mi mamá comenzó a ir a la iglesia, ahora va mi hermanita, sólo faltan mi papá y mi hermana mayor para que toda la familia esté rendida a Dios.

Claro que no fue fácil llegar hasta aquí, tuve desánimos, sentía el cansancio, quería renunciar y dejarlo todo, porque a veces las cosas empeoraban en casa.  Pero nunca dejé de creer en el poder de Dios.

Durante este tiempo que conozco a Dios no sólo vi Su poder para cambiar vidas, familias, situaciones, problemas, sino también su misericordia cuando le fallas.

Quizá esta historia o alguna parte de mi vida te identifican. Tal vez tienes una familia en la que reina el dolor o algún miembro de tu familia aún no conoce a Cristo. Hoy te invito a que tomes tu Biblia  y medites  en Hechos 16:30-31 y sobre esa promesa empieces a luchar por tu familia.

Si ya estás orando desde hace años por tu hogar y aún no hay respuesta, no te rindas. Dios es fiel a su palabra y siempre responde. Permanece en oración y esperas con fe, Dios hará que lo imposible se haga realidad. “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple.”  Números 23:19 (DHH)

Si has perdido las esperanzas y has dejado de orar por tu familia, hoy es un buen día para empezar a confiar en Él. Su misericordia sigue intacta y su poder sigue cambiando vidas.

 

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Venciendo los gigantes de mi vida

¿Alguna vez te has sentido incapaz de solucionar un problema? Justamente esa es la definición de la impotencia. El diccionario define más exactamente como la falta de fuerza o poder  para realizar una cosa o hacer que algo suceda. Esto trae un profundo dolor emocional por el hecho de no poder remediar una situación desagradable. En otras palabras, te sientes impotente, cuando sabes que los problemas son más grandes que comparado con tus fuerzas, sólo te resta decir “No puedo”.

“Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo. Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.” 1 Samuel 17:10-11

Cuando te sientes impotente te ves a ti mismo como inferior, sientes temor y tal vez puedes llegar a turbarte como le pasó al pueblo de Dios. Entonces comienzas a pensar que no podrás librarte de aquella dificultad y que no hay solución posible para tal situación.

Cada día el gigante Goliat salía para amenazar al pueblo de Dios, hasta que apareció alguien con otro pensamiento.

“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” 1 Samuel 17:45

La actitud de David frente al gigante fue muy diferente porque aunque reconocía que el gigante a enfrentar era muy fuerte, también sabía que mucho más poder y grandeza tenía Dios. Debemos entender que Él no nos ha llamado a luchar solos, es posible que los problemas nos superen, ya que somos humanos, pero estos nunca serán más grande que nuestro Dios.

“Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.” Deuteronomio 31:8

Tal vez estés atravesando una situación difícil semejante a enfrentar un temible gigante, este ya no se llama Goliat sino que tiene distintos nombres; enfermedad, deudas, adicciones, divorcio, depresión etc. estos se presentan cada día a tu vida, atemorizándote y llenándote de incertidumbre acerca del futuro. Seguramente y ante esta situación te sientes pequeño, impotente y sin fuerzas.

Si es así, te invito a que hagas la siguiente oración: “Señor, sé que solo no puedo, humanamente me siento pequeño delante de este problema tan grande, quiero pedirte perdón por las veces que decidí ir solo a la batalla, pero hoy te pido que me ayudes a pelear, a no escapar del problema, sino a enfrentarlo y salir victorioso. Ahora sé que no voy desamparado a la batalla, al igual que David diré: Gigante, yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos. Amén.”

Si confías en Dios y le obedeces, Él te sorprenderá haciendo lo que tú en tus fuerzas no podías.

 

 

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¿Sabes Orar?

Muchos usuarios de yesHEis me envían mensajes preguntándome cómo orar. La verdad es que no hay una fórmula, pero definitivamente estoy segura que a nuestro Dios no le gusta que hagamos una “letanía aprendida y repetida hasta el cansancio” como hace mucha gente. A veces están orando y haciendo otra cosa a la vez.

Yo te pregunto: ¿Te gustaría que cuando estás conversando con una persona, esa persona estuviera haciendo dibujitos o respondiendo mensajes de su celular? No, ¿verdad? Eso indicaría que no te está prestando atención.

Pues lo mismo ocurre con la oración. Orar es conversar con Dios. Y si, la conversación puede ser interrumpida por cosas, pero cuando son temas muy importantes es mejor buscar un lugar a solas y donde no haya distracciones y simplemente conversa con Él como si fuera tu mejor amigo. Él ya lo sabe todo sobre ti, sabe todo lo que te inquieta y cuáles son tus deseos más anhelados, pero le encanta escucharte. Dios nos ama tanto, que lo que más desea de nosotros es tiempo con Él. Él está en todas partes, así que no hay excusa. Cuando vas en el auto puedes hablarle y puedes adorarlo también. Yo trato de tener siempre música de adoración en el auto, y cuando salgo a caminar también. Y alzo mis manos hacia Él. No hay un lugar ni momento específico para adorar a Dios, para hablarle, agradecerle y consultarle también.

Así que ahí está tu respuesta a cómo orar. Es tener una conversación con Dios. Y por favor, no ores solo para pedir. Ora primero que todo para darle gracias por todo lo que tienes, lo que has vivido, la gente que te rodea, dale gracias por tu empleo si lo tienes, por la salud, por poder ver, escuchar, sentir, hablar, caminar. De hecho, no tienes que unir las manos, no tienes que cerrar tus ojos. Solo que a veces lo hacemos porque nos ayuda a concentrarnos.

Cada día es una nueva oportunidad que Dios nos da. Pasemos tiempo a solas con Él siempre. Cuando te acostumbres, te darás cuenta que es la tarea más importante de cada día y aprovecharás cada instante que tengas para hablar con Él y adorarlo.

Dios te bendiga.

Cuéntame si tienes otras maneras de orar y de adorar a Dios.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Maneras erróneas de orar: Orar sin obediencia

Creo que más de uno ha experimentado la sensación de desear algo helado cuando está enfermo de la garganta. Por un lado estamos conscientes que si ingerimos algún alimento frío nos enfermaremos más, pero por otro, hay un deseo interno que nos alienta a comer algo helado. Los que han cedido a la tentación saben que el placer de unos minutos puede agravar un problema que era menor al principio.

De la misma manera, hay personas que se empeñan en anhelar algo que saben que no está permitido. Ellos piden y piden a Dios que les conceda su petición aún a sabiendas que es algo que Él no aprueba. Dios habla a las personas por medio de la Biblia, y mediante ese libro podemos conocer los principios de vida por los cuales debemos guiarnos. Si una persona ora fervientemente, pero no lee su Biblia, no puede obtener un mensaje de parte de Dios.

Cuando uno ora, también debe estar dispuesto a aceptar la respuesta de Dios, incluso cuando ésta no sea la que esperamos. En Lucas 11:28 dice: Pero Jesús le respondió: —¡Dichosa más bien la gente que escucha el mensaje de Dios, y lo obedece!” Si estás orando por un tema específico, acompaña tu oración con la lectura y estudio de la Biblia. Allí encontrarás la respuesta a cualquier duda que tengas, y una vez que hayas obtenido la contestación a tu oración, no te empecines en orar por lo contrario. Dios conoce tu pasado, presente y futuro, ¿por qué no obedecer al dueño de la vida?

 

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Respuesta Inesperada

Cuenta una historia, que una vez un hombre era perseguido por varios forajidos que querían matarlo, así que para salvarse entró a una caverna. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores a la que él se encontraba. Viendo que cada vez se acercaban más elevó una oración a Dios de la siguiente manera:

    – Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme.

En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita que empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado:

    – Dios, te pedí ángeles, no una araña – Y continuó: Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme.

Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada y observó a la arañita tejiendo la telaraña.

Los bandidos que lo perseguían se encontraban justo en la caverna de al lado así que el   hombre se quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, así que cuando uno de los forajidos quiso entrar a la cueva el otro le contestó:

    – ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en ésta.

Posiblemente tienes en mente cuál sería la solución perfecta a tu problema y es justamente eso lo que le estás pidiendo a Dios; sin embargo, podría ser que la respuesta llegue de otra forma, de una que nunca imaginaste.

Dios sabe bien cuáles son nuestras necesidades y nos dará la salida oportuna en el tiempo preciso, Él sabe lo qué es mejor para nosotros.

“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” Mateo 21:22.

No te angusties, presenta tu necesidad con fe y Dios responderá tu oración. Puede ser que la respuesta no llegue de la forma que esperas pero llegará, puedes estar seguro.

 
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Maneras erróneas de orar: Orar sin convicción

Recuerdo que en la universidad había un maestro que cada semana amenazaba con tomar un examen sorpresa. Las primeras veces, todos se preocupaban por estudiar, estar al día con las lecciones y estar preparados para cuando ese día. No obstante, con el paso del tiempo, la advertencia del profesor iba perdiendo credibilidad porque nunca se cumplía. Sin embargo, cuando finalmente decidió tomar una evaluación repentina, tomó a todos desprevenidos.

Al igual que la advertencia de ese docente, cuando uno repite la mismas palabras en una oración una y otra vez, con el transcurso de los días se comienza a perder el sentido inicial. Es allí cuando uno puede desanimarse, caer en la monotonía y dejar de orar con convicción. Las personas que son fuertes en la fe saben que creer ocupa un rol vital en la oración, y no se puede separar a la una de la otra; así lo dice Marcos 11:24: “Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.” (NVI)

Haz recuento de tu actitud cuando oras y evalúa si toda tu fe está puesta en lo que dices. Si no es así, es momento que comiences a orar fervientemente tomando en cuenta que a Dios le importa tu disposición y humildad. Esto hará una gran diferencia en tu oración, y también en tu crecimiento espiritual.

 

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¿A quién confías tus secretos?

¿Alguna vez le confiaste un secreto a alguien y esta persona lo divulgó?

Cuando tienes un problema o hay un suceso que te gustaría conservar como secreto, es natural que se lo confíes a alguien con el propósito de buscar ayuda y consejo. Sin embargo, en lugar de hallar consuelo de parte de esa persona; en ocasiones, podemos sentirnos heridos y traicionados al saber que él o ella le comentó a alguien más sobre nuestra confidencia. Esta situación puede llevarte a guardar sentimiento negativos que te hacen daño, y si permites que éstos continúen creciendo, a la larga será difícil dar el primer paso para perdonar.

Si piensas que tus amigos, familiares o compañeros actuarán de la misma manera y desvelarán tus secretos, entonces estás fiándote de la persona equivocada. En Salmos 55:22 está la clave de en quién podemos encomendarnos sin sentir temor a ser engañados: “Mi amigo, te aconsejo que pongas en manos de Dios todo lo que te preocupa; ¡él te dará su apoyo! ¡Dios nunca deja fracasar a los que lo obedecen! ¡Por eso siempre confío en él!” La siguiente vez que tengas un secreto que quieras confiar a alguien, dile a Dios en oración y ten fe en sus promesas. Las conversaciones que tengas con Él con confidenciales, y Él jamás te juzgará ni te menospreciará; de lo contrario, te recibirá con los brazos abiertos, te escuchará, te dará su paz y siempre te acompañará.

 

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Maneras erróneas de orar: Orar sin hacer nada

Dios contesta las súplicas de quienes se acercan a Él por medio de la oración. Cuando oramos debemos confiar en que su sabiduría y poder, pues, sólo Él sabe lo que es mejor para nosotros. Sin embargo, hay ocasiones en las que orar no es suficiente. Se debe orar y actuar.

En la Biblia hay un ejemplo de un hombre que puso en práctica este principio: Nehemías. Él era un judío que había sido llevado cautivo a Babilonia, donde servía como copero para el rey. Un día se enteró de la gran aflicción que pasaban sus compatriotas, y esto lo conmovió tanto que se sentó a llorar, hizo duelo, ayuno y oró por varios días.

La reacción de Nehemías es la que probablemente muchos hubiésemos tenido al enfrentarnos a una situación parecida. Sabemos que orar y confiar en Dios es una manera de ayudar a otros que están en necesidad; no obstante, a diferencia de muchos, Nehemías no se conformó con tan solo orar. En vez de quedarse de brazos cruzados y esperar que alguien más vaya a levantar una muralla para su pueblo, él se encomendó en las manos de Dios y emprendió un largo viaje para hacerlo él mismo.

En lo que prosigue de su historia, se puede ver que Nehemías nunca es abandonado por Dios; sino que en todo momento lo ayuda y protege de sus enemigos. Al igual que Nehemías, nosotros debemos:

  • Orar.
  • Hacer.
  • Tener fe.

Si te encuentras en un momento en el cual tengas la posibilidad de hacer algo, ya sea por ti o por otros, no te conformes con solo orar. Sé la persona que anime a otros a tomar acción.

 

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El silencio que no entiendo

“Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto.” – Salmo 83:1

El silencio, muchas veces suele descolocarnos. Seguramente te ha pasado de tener que compartir unos breves instantes con una persona extraña en un elevador y casi instantáneamente comienzas a sentirte incómodo ante la situación tensa que se genera. O tal vez en una reunión, de pronto se produce un silencio y los participantes comienzan a mirarse entre sí generando un clima de incomodidad. Que decir cuando nos toca mantener un diálogo con una persona que solo nos contesta con monosílabos y no parece muy interesada en en la conversación. Al cabo de un tiempo puede que nos sintamos descolocados y que nos formemos un concepto negativo de esa persona.

Pareciera que el silencio incomoda y molesta y hasta puede interpretarse como una señal de agresividad, ya que a veces se utiliza como un arma de castigo o de disciplina. Por ejemplo, el padre está enojado con su hijo entonces decide no hablarle por algunos días, le aplica un trato frío e indiferente a través del silencio. Cuando esto sucede en reuniones, como mencionaba anteriormente, hay personas que se sienten en la obligación de cubrir un silencio con una broma o repentinamente toman la palabra, como si esto fuera su responsabilidad. Aún en la oración, pareciera que aprendimos a asumir el silencio como algo negativo, ya que en muchos casos, nuestra oración consiste solo en hablar. Tenemos una larga lista de pedidos, agradecimientos y demás pero hay dificultad para quedarnos en silencio y escuchar la voz de Dios.

Es verdad que el silencio nos incomoda pero quizás el que mas nos descoloca es el de Dios. Muchas  veces la falta de respuesta nos llena de incertidumbre y nos lleva a preguntarnos: ¿será que estoy haciendo algo mal?, ¿o será que Dios está enojado conmigo? O simplemente pensamos con resignación: El ya no me escucha, entonces qué sentido tiene seguir orando.

En realidad, y aunque todos estos pensamientos son habituales, tenemos que pensar que el silencio de Dios, no siempre tiene que ver con enojos, ni con algo malo que hayamos hecho, ni tampoco con algo que dejamos de hacer. Muchas veces, solo nos está tratando de llevar a un nuevo nivel de búsqueda de su presencia. Suele suceder que con el correr de los años en la vida cristiana, la rutina, las presiones y las heridas van apagando el fuego. A veces el silencio de Dios nos lleva a que volvamos a buscar de El con la intensidad que lo hacíamos en otros tiempos. Seguramente hay un nuevo nivel donde te quiere llevar pero no puedes ir con lo mismo de ayer, necesitas estar preparado.

Te animo a que vuelvas a pensar en los silencios de Dios, no como algo negativo, no como  un trato indiferente de parte de El, sino como un proceso o una oportunidad en la cual se despierta un nuevo hambre espiritual en tu vida. Entonces la oración se renueva y finalmente recibes una promoción espiritual, un nuevo nivel donde El te quiere llevar. No luches, no te enojes, sube al próximo escalón.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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