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Tiempo de lectura: 4 minutos

Cuando se trata los pecados, consciente o inconscientemente, solemos ponerlos en una escala y pensar que algunos no son tan malos en comparación a otros. Por ejemplo, aunque sabemos que robar y matar son pecados, creemos que robar un dulce pequeño no es tan perjudicial como matar a una persona.

El problema con este tipo de pensamiento es que vamos creando subcategorías para decir qué es peor. Por ejemplo, el asesinato a sangre fría de un niño siempre causa más conmoción que el de un adulto; y pensamos que los asesinos de niños deben pagar más que los que matan adultos. Lo mismo sucede con el robo; no vemos que sea tan grave si alguien roba un bolígrafo o una hoja de papel; pero sí condenamos a quienes están en cargos públicos y roban millones de dólares.

Este tipo de pensamiento hace que nos volvamos jueces de quién es más pecador; y así nos creamos en el derecho de juzgar a los demás, cuando claramente Dios odia el pecado en general y no excluye pecados que considera menores.

Como cristianos, a menudo pasamos por alto muchas ofensas contra Dios porque creemos que no son tan perjudiciales; pero aunque parezcan pequeños, hacen mucho daño y no debemos justificarlos ni pasarlos por alto. Cuando normalizamos los pecados, entonces seguimos cometiéndolos una y otra vez y no nos vemos en la necesidad de pedir perdón a Dios, lo cual puede terminar alejándonos de Él.

Pecados que creemos que no son tan malos

1. Chisme

El chisme casi forma parte de la comunicación. En nuestros centros de estudio, trabajo, familia y círculos de amistad, solemos intercambiar historias de otros; y puesto que lo hacemos con tanta frecuencia, nos parece normal.

Sin embargo, en varios pasajes de la Biblia se nos advierte que Dios no aprueba las conversaciones que tienen como propósito injuriar a otros (Proverbios 6:16-19; Éxodo 20:16; Santiago 1:26; Romanos 1).

Muchos dicen que esparcir chismes es una forma de pedir que otros oren por el problema y la persona; no obstante, los chismes generan que se degrade a la persona, se la humille y tenga una mala reputación.

La Biblia hace énfasis en que debemos cuidar nuestra lengua, y eso incluye los chismes que escuchamos y propagamos. Un chisme puede destruir la vida de una persona, y quien comete este pecado, es merece estar separado de Dios.

Son gente injusta, malvada y codiciosa. Son envidiosos, asesinos, peleadores, tramposos y chismosos. […] Dios ya lo ha dicho, y ellos lo saben, que quienes hacen esto merecen la muerte. Y a pesar de eso, no sólo siguen haciéndolo, sino que felicitan a quienes también lo hacen.

Romanos 1:29-32 (TLA)

Como cristianos, debemos ser ejemplo para otros y huir de los chismes; no debemos participar en ellos, por más que la sociedad la considere normal.

Para mayor información, leer: ¿Qué acciones cuentan como chisme?

2. Orgullo

En estos tiempos, el orgullo se ve como algo positivo y hasta se fomenta. Sin embargo, la Biblia dice que el orgullo es un pecado que tiene consecuencias (Proverbios 8:13, 11:2, 16:18, 29:23; Santiago 4:6); e incluso dice que Dios no aprueba a los orgullosos:

Dios no soporta a los orgullosos, y una cosa es segura: no los dejará sin castigo.

Proverbios 16:5 (TLA)

Hay otros pasajes en la Biblia que dejan en claro que Dios prefiere la humildad, y que recompensa a los humildes, pero tiene de lejos a los orgullosos.

Cuando pensamos que el orgullo es uno de los pecados que no son tan malos, estamos más propensos a seguir practicándolo. Una persona altiva piensa que sabe todo y no necesita de nadie y, como consecuencia, se aleja de Dios; es por esta razón que el orgullo es peligroso y no debemos minimizarlo.

3. Mentira

La mentira es otro pecado que solemos clasificar. Decir que llegamos tarde porque había tráfico es una mentira que consideramos blanca o piadosa, y que puede pasarse por alto. Mientras que decir que no asesinamos a alguien, cuando claramente lo hicimos, sí es un pecado condenable.

No obstante, la Biblia es clara cuando explica que una mentira no tiene subcategorías, simplemente no deja de ser una mentira, y Dios no soporta ese pecado:

Hay seis cosas que el Señor odia,
no, son siete las que detesta:
los ojos arrogantes,
la lengua mentirosa,
las manos que matan al inocente,
el corazón que trama el mal,
los pies que corren a hacer lo malo,
el testigo falso que respira mentiras
y el que siembra discordia en una familia.

Proverbios 6:16-19 (NTV)

Dios no soporta a los mentirosos, pero ama a la gente sincera.

Proverbios 12:22 (TLA)

Por otra parte, la Biblia dice que Satanás es el padre de la mentira (Juan 8:44); es decir que si practicamos la mentira, estamos negando que Dios es nuestro Padre. Como hijos de Dios debemos decir la verdad, porque Jesús nos dejó ese ejemplo, y Él es el camino, la verdad y la vida.

4. Crítica y prejuicio

Como seres humanos estamos muy prestos a juzgar a otros y creemos que es otro de esos pecados que no son tan malos; pero la Biblia nos advierte que no debemos hacerlo porque no tenemos la autoridad ni el poder. La labor de juzgar solo le corresponde a Dios, y no podemos usurpar su puesto.

Asimismo, en el momento en el que juzgamos a otros, también nos exponemos a que Dios nos califique en la misma medida:

No se conviertan en jueces de los demás, y así Dios no los juzgará a ustedes. Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás. ¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita, y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama. ¿Cómo te atreves a decirle a otro: “Déjame sacarte la basurita que tienes en el ojo”, si en tu ojo tienes una rama? ¡Hipócrita! Primero saca la rama que tienes en tu ojo, y así podrás ver bien para sacar la basurita que está en el ojo del otro.

Mateo 7:1-5 (TLA)

Este pecado es grave porque nos hace pensar que somos más que Dios y podemos ocupar su lugar; y va de la mano con otros pecados, como el orgullo y la falta de dominio de la lengua.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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