Crisis de Coronavirus

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Tiempo de lectura: 2 minutos

Basta una breve reflexión para ver cómo ha declinado el trabajo intelectual. Desde el comienzo de los tiempos, la gente se ha hecho preguntas. Una vez que los asuntos de la comida, el vestido, la vivienda y la salud han sido resueltos, otras cuestiones le vinieron a la mente. La pregunta se hace menos material. La mirada se eleva por sobre lo visible y penetra el misterio.

¿Qué es lo intelectual? Quiere decir literalmente entre lo leído o lo escogido. Tiene que ver con el entendimiento. Si fuéramos rigurosos, tendríamos que suponer que la gente cristiana debería ser la más intelectual del mundo. Si la Biblia es la palabra de Dios, ¿no debería vivir siempre entre lo leído y lo escogido?

La “mala fama” de lo intelectual

Es curioso, sin embargo, que lo intelectual no parece ser considerado una virtud, sino algo sospechoso de vanidad, soberbia y falta de fe. Se basa, yo creo, en esta afirmación de Pablo, mal entendida siempre: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres…” (Colosenses 2:8 RVR1960).

En tal advertencia, Pablo no está contra la filosofía, sino contra algunos personajes que estaban introduciendo ideas falsas sobre la circuncisión y sobre los ángeles. Pero, acostumbrada nuestra gente a la mirada superficial, por desechar esa situación puntual, ha declinado el trabajo intelectual.

Así que la filosofía, el pensamiento crítico, el trabajo intelectual son emprendimientos no sólo recomendables, sino necesarios y requeridos para quienes se proponen causar alguna influencia en este mundo, más allá de la evangelización y las misiones, lo cual ya es mucho decir.

En qué consiste el trabajo intelectual

No hay lugar aquí para una detallada exposición. Digamos, en apretada síntesis, tres cosas:

  • Filosofía. Hasta el siglo XVI decir teología era decir filosofía. Hasta entonces, al menos en el mundo occidental cristiano, a nadie se le habría ocurrido que filosofía y teología fueran cosas separadas. Porque ambas disciplinas tratan con las mismas cuestiones: de dónde venimos, cómo sabemos, cómo debemos vivir y hacia dónde vamos.
  • Pensamiento crítico. Mi gente favorita de la Biblia son los creyentes de Berea. “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11 RVR1960). El pensamiento crítico busca comprobar la validez de que se nos dice.
  • El trabajo intelectual. Significa leer, comparar, reflexionar, buscar otras fuentes, interpretar de acuerdo a un método confiable. Una persona que hace este trabajo no dice: “Esto me lo enseñó mi predicador, así es no más y punto.”

Cómo ha declinado el trabajo intelectual

No hay que dar muchas vueltas para reconocer cómo ha declinado el trabajo intelectual entre nosotros. Y eso no se condice con la historia. Tanto el pensamiento teológico anterior a la Reforma como posterior ha sido producto de ese trabajo. El pensamiento de Lutero se expresó primero en el seno de la Universidad de Wittemberg.

La arrolladora expansión de internet, las redes sociales, el video clip y la velocidad de la información han aplastado literalmente la riqueza del esfuerzo intelectual. Nos tendríamos que preguntar si vamos a seguir siendo hijos de nuestro tiempo o vamos a prevalecer gracias al trabajo intelectual.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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