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Cuando mi mami se nos fue con el Señor, decidimos no celebrar un velorio, sino celebrar su vida. Y fue lindo, mucho más emotivo por momentos, viendo sus fotos, contando sus anécdotas. Teniendo en cuenta que mi viejita tenía cien años, había mucho qué decir. Y nos reunimos a eso, a celebrar su vida, que fue llena de risas, de música y anécdotas de sus travesuras.

Hoy día yo le recomiendo a las personas que vean ese momento como eso: una celebración de la vida de quien se va. Y celebramos porque sabemos que van a un lugar hermoso al lado de Jesús. Es motivo para celebrar esa nueva vida, la eternidad, que va a otro lugar a vivir. En lugar de celebrar el velorio, celebra la vida eterna que va a tener, en un lugar sin lágrimas ni dolor.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

Apocalipsis 21:4 (RVR1960)

Esto es mucho más consuelo cuando se han ido por una terrible enfermedad. Estamos seguros de que dejaron de sufrir, por tanto, celebramos su vida, no un velorio. Esa vida que van a iniciar junto a Dios y donde un día nos volveremos a reunir con ellos. Ya no habrá sufrimientos, lágrimas, muerte ni dolor. Nos duele que no les vamos a tener más aquí, y eso nos va a hacer extrañarlos, pero debemos sentir esa paz de que van a un sitio mejor.

Tener una hermosa foto de la persona que se nos va, sonriente, nos recordará celebrar su vida. Que cada persona de la familia o sus amigos más cercanos digan unas palabras nos confortará. Y tener presente que van a estar con Dios nos tiene que dar paz y alegría. Por tanto, en lugar de celebrar un velorio, celebra su vida.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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