Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

Please log in or register to like posts.
Blog

Recuerdo pocas veces en mi vida donde no haya experimentado el ir contra la corriente como necesario desagrado. Y, a la inversa, no pocas veces he querido huir de semejante disposición. No me comparo en manera alguna, pero estas palabras describen lo que muchas veces me pasa:

Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.

Jeremías 20:8-9 RVR1960

El dilema emerge porque, pese a que no es grato contradecir a la mayoría, resulta necesario si uno entiende que la mayoría no siempre tiene la razón. Surge, además, la cuestión: “Y tú, ¿quién te crees que cuestionas nuestros altos designios?” Especialmente si esos altos designios son reclamados como provenientes de Dios mismo. Por eso menciono que es un necesario desagrado. El que discrepa no es simpático para los conductores.

Las controversias por ir contra la corriente

Hace unas décadas todo el mundo estaba maravillado con un concepto acuñado durante la época de la caída de los muros: la globalización. Era tema obligado de seminarios, proyectos empresariales y, por supuesto, ministerios cristianos.

Merced a la incipiente mundialización de los recursos de comunicación y la idea del fin de la historia, se pensaba que la globalización era inevitable. Era el recurso que permitiría una penetración global de las ideas de occidente.

Mi primera gran controversia fue contra esta idea. No tenía todos los recursos de conocimiento que tengo hoy; sin embargo, intuía que había que ir contra la corriente. La razón para mí era simple: quienes tienen las herramientas para producir cualquier globalización no son los pobres y los desamparados, sino las naciones y las empresas más poderosas del mundo.

Lo que se entendía como globalización me parecía más bien la universalización de una sola cultura central. No sería una red de colaboración y recursos provenientes de todas las naciones, sino la imposición de una cosmovisión central, en todos los aspectos en que ella se manifiesta.

Otras formas de ir contra la corriente

Desde entonces me he visto obligado por la razón a confrontar otras ideas. Quizá la más virulenta reacción a este ir contra la corriente fue cuando propuse en un programa radial que el Señor no viene pronto. No importa con la prudencia y las razones con que presenté mi argumento, el fuego del rechazo fue devastador. Como no retiré mis palabras, paulatinamente fui desplazado de mi puesto.

Otro gran asunto que me ha ocupado siempre es la tremenda ausencia de los medios cristianos de comunicación en los índices de audiencia. Repetida y sistemáticamente estos medios siempre aparecen con mínimos índices de atención. Por lo tanto, nos están colmando su supuesto llamado a “alcanzar a los perdidos”. Después de más de treinta años de presentar mis razones, no logré mucho más que ser considerado un pájaro de mal agüero, un amargado y, frecuentemente, un rebelde.

Tengo otros temas que entran en esta categoría de discrepar. Pero quizás hay que dejar aquí el asunto. Hay días en que ir contra la corriente son mucho más desagradables que otros.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Reactions

1
1
0
0
0
0
Already reacted for this post.

One comment on “Ir contra la corriente como necesario desagrado

  1. En el penúltimo párrafo.. Traigo a memoria una frase que define la realidad y contrasta con este pensamiento de “Alcanzar a los perdidos”. En vez de eso, como medio cristiano, comúnmente nos hemos limitado más bien a “Acompañar a los hallados” a transmitir sólo para los de nuestro redil o comunidad, pero aún quizá el envoltorio de nuestro mensaje no ha sido el más empatico y sencillo para persuadir el corazón de cada persona que conforma esta sociedad como tal.

Deja una respuesta