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Pensemos si estos son, o no, los últimos días de la Tierra. Se celebra en Glasgow, Escocia la COP26, la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático. Se lleva a cabo con bastante pesimismo acerca de los resultados.

Reflota la lucha entre la inmensa mayoría que toma conciencia del momento y una inmensa minoría negacionista. Como si hubiera tiempo para semejante discusión.

Consideremos al menos algunas cosas para la conversación:

El factor económico

La historia es rica en ejemplos que muestran que el motivo de las guerras y conflictos humanos de proporciones es siempre económico. Por eso el control de territorios continentales, insulares y marítimos es tan importante.

Petróleo, gas, pesca industrial, minerales están siempre detrás del conflicto. Incluso el control de ciertos espacios que impidan el paso de eventuales enemigos económicos.

De nuevo, el verdadero eje del mal es el poder y el dinero cuando se unen con fines espurios. Si son o no los últimos días de la Tierra, eso le importa poco al poder económico mundial.

Es curioso. Porque si no hay más Tierra viable, ¿cómo seguirán ganando dinero? Alguien me respondió esta cuestión hace un tiempo: “No les importa. Ya tienen para vivir doscientos años, aunque no ganen un solo dólar más.

El tema escatológico

Otra razón para la indiferencia respecto de si estos son o no los últimos días de la tierra es la esperanza escatológica. Es la idea de que la única y verdadera vida que vale la pena es la que se vivirá después de la muerte. Por supuesto, credos y filosofías tienen diversas concepciones acerca de tal futuro.

Pero coinciden en algo que debería inquietarnos. Coinciden en que la vida aquí no es lo más importante. El calentamiento global, las pestilencias, la destrucción de la flora y la fauna más bien aceleran el advenimiento de ese futuro plus ultra. Y, aunque ustedes no lo crean, ¡eso les alegra!

No les conmueve saber que la progresiva destrucción del equilibrio ecológico siega vidas inocentes, generalmente de la parte más pobre de nuestro mundo. Para ellos, los últimos días de la Tierra son la previa de lo que realmente anhelan: un glorioso más allá.

¿Una vía alternativa?

El factor económico o el tema escatológico no excluyen la posibilidad de una preocupación genuina y activa por el cuidado del hogar común. No deberían el dinero y el futuro más allá oponerse a una ecología responsable.

Los últimos días de la Tierra no tendrían que ser necesariamente éstos. Es posible un diálogo responsable, una colaboración, como en todos los temas que dividen a la gente en el mundo.

Hay que sentarse a hablar. Hay que ceder ganancias y posturas escatológicas. Habría que tenerle un poco más de amor a esta inmensa esfera azul que es nuestra casa.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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