Crisis de Coronavirus

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Nuestra civilización, completamente saturada de conocimientos y de medios de saber, ofrece tantas máscaras y tantas falsas bases que el hombre* ya no sabe qué es lo que sabe y qué es lo que ignora.

El trabajo Intelectual, Jean Guitton, Rialp, Madrid: 2010

Nuestra civilización no sabe qué sabe y qué ignora. Esta idea aparece en un maravilloso libro escrito por Jean Guitton en 1950. Hace setenta años este hombre inteligente pudo discernir el drama de su tiempo: la abrumadora saturación de información, paradójicamente, no elimina la ignorancia. Pero que semejante diagnóstico defina magistralmente nuestro tiempo es, ni más ni menos, una anticipación. La gente que entiende su tiempo suele describir, a veces sin saberlo, el futuro.

Nunca deja de sorprenderme la ingenuidad de la mayoría de las personas. Se jactan de que este tiempo es único en la historia de la humanidad. Creen que tecnología y ciencia están creando un tipo de ser humano completamente nuevo. Confunden siempre forma con contenido, herramienta con conocimiento. Les recomiendo leer a Jean Guitton: es un excelente enjuague contra el sabor de boca que produce el “homo deus”.

Una persona educada sabe qué sabe y qué ignora

Una persona educada, hemos escrito aquí varias veces, no es la que más sabe. La persona educada sabe qué significa lo que sabe y acierta en relacionarlo con los muchos otros aspectos de la vida. En definitiva, sabe qué hacer con lo que sabe. En ese sentido, solía decir Francis A Schaeffer, muy pocas personas son educadas. Esos son los verdaderos líderes de su tiempo. Y, más sorprendente aún, casi nunca ocupan puestos de poder. Son las eminencias grises.

Así que esa idea optimista de que la gente joven sabe mucho más que nosotros yerra en el sentido del término “saber”. Tiene acceso casi ilimitado a información y de manera casi instantánea. Pero, como bien anticipó el viejo profesor Guitton: ya no sabe qué es lo que sabe y qué es lo que ignora.

Un ejemplo de esto se puede ver en los grandes levantamientos sociales motorizados por los jóvenes a través de la red. Una vez que han captado la atención del poder, muy pocos se han hecho cargo de lo que viene después. Pueden saber lo que quieren, pero no saben cómo se hace para implementarlo a gran escala. Así que los viejos políticos toman la plaza, hacen los cambios exigidos y pasados unos años todo está igual – o peor.

A modo de conclusión, un librito imperdible

El libro “El trabajo intelectual” de Jean Guitton no parece a primera vista de fácil lectura. No sólo es un maestro; es filósofo y poeta, además. Entre sus sabias recomendaciones sobre cómo aprender a leer, a pensar, se hallan sensibles pasajes de su vida, belleza descriptiva y reflexión filosófica. Pero es un excelente enjuague contra la ubicua e incesante contaminación de datos, fotos, videos, memes, chistes, charlitas de mete y ponga y sensación de estar al día. Es verdad. Nuestra civilización no sabe qué sabe y qué ignora.

*Guitton escribió este libro en 1950. No existía en ese tiempo la sensibilidad de género que hay hoy. Debe entenderse “hombre” como “personas” o “la gente”.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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