Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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¿Les ha pasado que cuando se reúnen con amigos, así sea virtualmente, llega el punto de la conversación acerca de cómo hacer un mundo mejor? Tal vez no sea exactamente esa la frase, pero solemos decir que ≪estamos arreglando el mundo≫. Porque comentamos acerca de las cosas que nos gustaría que cambiaran.

Por lo general hablamos sobre lo que nos parece injusto, terrible, algún que otro acontecimiento agradable. Pero ahondamos cuando hay sucesos que nos preocupan. Sucesos que traen consecuencias futuras. El calentamiento global. La contaminación ambiental, que por cierto con la cerrada de emergencia por la COVID-19, ha bajado notablemente. El mundo entero ha podido ver la diferencia. Esos son solo dos puntos en los que debemos centrarnos para hacer un mundo mejor.

Un mundo mejor requiere de mejores seres humanos

Pero más importante que esos dos temas, hacer un mundo mejor requiere de mejores seres humanos. ¿Cómo cambiamos a la humanidad para que sean mejores? Llegaremos a la misma conclusión. Necesitamos educar a los niños con valores y principios. Con el temor de Dios y la importancia del agradecimiento y el perdón.

Pero sucede que a muchos que nos han herido en nuestra infancia, adolescencia o incluso ya de adultos, al tener hijos, queremos hacerlos fuertes. Los enseñamos a no dejarse engañar. La finalidad es generosa: no queremos que sufran lo que nosotros sufrimos. Pero con ello, los predisponemos. Para hacer un mundo mejor necesitamos difundir el poder del amor.

La clave: en la Biblia

Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

1 Corintios 13:1-7 (NVI)

Esa porción de la Biblia la debemos repasar constantemente. Si existe una fórmula para hacer un mundo mejor, en esto están las bases. El amor, la generosidad, los valores, la verdad son todas claves. ¿Nos cuesta? Sí, tenemos que reconocerlo. Luchamos a diario con regresar el maltrato, con protestar o discutir cuando algo nos parece injusto. Todo parte de nuestra humanidad. Pero tratemos de incentivar y hacer crecer el amor en todo momento y en todo lo que nos toque hacer.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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