La recomendación más frecuente que escuchamos para acercarnos a Dios es la oración. Este consejo puede sonar tan repetitivo que muchos comienzan a tomar la oración como una obligación y no como un deleite. Es allí donde viene el desgano y pereza de orar. Sin embargo, orar debería ser algo que hacemos con entusiasmo y ansias. Lo importante es practicar la oración continuamente y no permitir que la falta de ganas consuma por completo nuestra relación con Dios.

A continuación te compartimos tres pasos para orar incluso cuando no sientes el deseo de hacerlo.

1. Escribe una lista de motivos de oración

Escribe una lista (o más), sobre las cosas por las cuales quieres agradecer a Dios. Si deseas puedes dividirlas por categorías: vida privada, familia, trabajo, estudios, etc. En esta lista no solo incluyas las cosas buenas que suceden, sino también las situaciones difíciles y las cuales te están causando problemas. Luego, enumera las necesidades que tienes y las áreas en las que necesitas las ayuda de Dios; allí también puedes añadir las necesidades de otros. Cuando hayas terminado de escribir tus listas, colócalas en un lugar visible de tu casa o llévalas contigo en algún papel pequeño o en tu celular.

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2. Haz oraciones cortas

La honestidad es un elemento importante en la oración y, si no tienes ganas de orar, no hay nada mejor que decírselo a Dios. Para comenzar, podrías decir algo como: «Padre nuestro, no tengo ganas de orar, pero por favor ayúdame a hacerlo.» A continuación menciona una cosa de tu lista por las que estás agradecido con Dios y luego una petición de tu otra lista. Al final, pídele a Dios que haga su voluntad y con eso terminas de orar.

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Este tipo de oración es muy corta y te tomará menos de un minuto. Puedes hacerlo varias veces al día y utilizar distintos agradecimientos y peticiones de tus listas. Esta práctica te ayudará para que la oración se convertirá en un hábito y también con el paso de los días ores por más tiempo.

3. Practica la oración

Dios está en todas partes y no es necesario estar en un lugar determinado para hablar con él. La Biblia nos aconseja a tener un tiempo especial para orar en privado (Mateo 6:6), pero también podemos hacerlo en cualquier momento. Así que no esperes estar a solas o en la iglesia para hablar con Dios. Ora en los momentos libres de tu diario vivir y platica con Dios como lo harías con un amigo. Por ejemplo: puedes orar mientras vas en el autobús o en tu auto de camino al trabajo, mientras esperas que te atiendan en un restaurante, cuando sales a hacer ejercicios, mientras esperas a un amigo, etc. Hay muchas situaciones que nos dan minutos libres y que podemos utilizar para hablar con Dios. Cuanto más practiques la oración, te resultará más fácil y de pronto te darás cuenta que tus ganas de orar incrementarán.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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