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Sembrando paz

“Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia.”(Santiago 3:18 NTV)

Pocos son los abogados que velan por sus clientes honradamente por el pago justo, la mayoría piensa en el presente y en sus ganancias, en juicios, la ida y venida de papeles, pero aún existen profesionales a los cuales les importan mucho las relaciones interpersonales, la familia y la amistad, dan de su tiempo para conversar con las partes en conflicto y logran acuerdos y compromisos. Algunos de estos profesionales reflexionaron a parejas y evitaron divorcios, otros impidieron catástrofes familiares con un diálogo sincero; tienen esa particularidad especial que les ayuda a apaciguar conflictos.

Pero, ¡Qué difícil es buscar la paz en estos tiempos! Paz con tus amistades, familiares, compañeros, etc. Es complicado mediar entre dos personas, pero a los que se empeñan en esto el Señor les dará paz y justicia.

Meterse en medio de una discusión puede ser peligroso pero a veces es necesario para evitar pérdidas personales y conflictos posteriores. Si la persona pacificadora logra que las partes en conflicto lleguen a un acuerdo y tengan paz, consiguió algo bueno, que una relación se encamine correctamente y el mundo necesita personas así.

“Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9 NTV)

Un hijo de Dios está lleno de sabiduría, esto se muestra en procurar un buen trato y en la humildad, busca la paz con los que le rodean, es compasivo, hace lo bueno, trata a todos de la misma forma sin preferencias; son características de una persona que con la ayuda del Señor puede lograr paz.

La palabra de Dios dice lo siguiente en Mateo 7:12 NTV: “Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas.”

¿Cómo sembrar paz? Todo comienza con el ejemplo, trata a los demás bien, es una forma de vivir en paz. Si alguna vez aparece algún conflicto procura dialogar y resolverlo, si existen peleas en tu familia busca la paz con justicia e, igualmente, buscar un consejo sabio ayudará.

Otra manera de sembrar paz es evitar hacer juicios de valor, evitar los chismes y calumnias, das paz evitando generar conflictos innecesarios, en este mundo tendremos aflicciones pero al buscar la paz viviremos como hijos de Dios.

La paz verdadera se encuentra en Jesucristo, si las personas lo llegan a conocer experimentarán esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que llenará sus corazones, esa paz que les ayudará a relacionarse con los demás.

Salmos 34:14 NTV: “Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y esfuérzate por mantenerla.”

¿Siembras paz o siembras conflictos?

Por carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El verdadero motivo de las guerras

Un niño preguntó a su papá:

   – Papá, ¿cómo empiezan las guerras?

El padre, por no decir que no lo sabía contestó:

   – Buenos, pues… verás. Tomemos como ejemplo la Primera Guerra Mundial. Todo empezó porque Alemania invadió Bélgica.

Aquí interrumpió su esposa:

   – Di la verdad. Empezó porque alguien mató a un príncipe.

El padre, con aire de superioridad, gritó:

   – Bueno, aquí, ¿quién contesta la pregunta, tu o yo?

La esposa se quedó mirándolo y con aires de reina ofendida, salió dando un portazo que hizo temblar los cristales de toda la casa. Siguió un silencio embarazoso, después de lo cual el padre reanudó el relato. Pero el muchacho le cortó diciendo:

   – No te molestes papá; ahora ya sé cómo empiezan las guerras.

Santiago 4:1,2 plantea una pregunta similar a la del niño y nos proporciona la respuesta a la misma: “¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo…” (NTV)

No sólo las grandes guerras entre países surgen por motivos egoístas, sino también aquellas en los hogares, entre las familias, amigos o colegas de trabajo. Muchas veces nuestra naturaleza humana puede más y anteponemos nuestros intereses y orgullo a las personas que amamos.

La mayor parte de las peleas se dan por cosas que, luego de analizarlas con la cabeza fría, no deberían haber tomado las proporciones con las que acabaron, pero el daño está hecho y repararlo a veces es demasiado complicado, aunque no imposible.

Filipenses 2: 3 -5 dice: “No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús” (NTV)

No permitas que el orgullo o el egoísmo estén antes que las personas que amas, no dejes que estos males destruyan tu hogar, amistad e incluso que dañen tu comunión con los hermanos de la iglesia.

Aprendamos a ser humildes y a enfocarnos en ser más como el Señor, rindamos nuestro ser ante Él para que pueda quitar todas las cosas malas que hay en nosotros;  busquemos la paz con todos antes que tener la razón.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La humildad te exalta

“Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo.” 1 Pedro 5:6 (NBLH)

La verdadera humildad de una persona puede apreciarse cuando ocupa algún cargo que implica autoridad o poder de decisión. En algunos casos, se enaltecen, cerrando sus oídos a todo consejo u opinión distinta a la suya.


Permanecer humildes, mas allá de los cargos, éxitos o posibilidades económicas, nos ayudará a que a su debido tiempo sea Dios mismo quien nos exalte. “Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento.” Proverbios 3:5 (NTV)

Por Cristhian Castillo

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Reconoce con humildad las bendiciones de Dios en tu vida

El libro de Daniel capítulo 4 relata un sueño que tuvo el rey Nabucodonosor, cuya interpretación le fue revelada a Daniel. En los versos 28 al 37, se observa el cumplimiento de ese sueño, el texto indica que el mencionado rey fue echado de entre los hombres y comía hierba como los bueyes.

Este puede ser un caso bastante fuerte y difícil de asimilar, ¿cómo un rey de la talla y con el poder de Nabucodonosor, pudo llegar a perder la razón hasta tal punto?

 

El verso 30 indica que él creía que todo lo que había alcanzado era fruto de su esfuerzo y por ende para su gloria.

Este tipo de actitud sigue siendo común en nuestros días, creer que todo lo que uno tiene se debe únicamente al esfuerzo impreso, o que uno debe tener lo que desea porque lo merece; con esto no digo que esté mal esforzarse por alcanzar una meta y recibir los beneficios del trabajo realizado, lo malo es olvidar de quién provienen esas bendiciones, es decir, dejar de lado a Dios.

Cada uno, al ser una persona única, tiene una manera diferente de ser tratado, no es que todos pasaremos por una experiencia como la del rey de la historia, pero evidentemente será necesario pasar un proceso propio, de tal forma que podamos comprender que nuestro sustentador es Dios y que de Él proviene la provisión necesaria para nuestras vidas.

Nabucodonosor lo expresa de esta manera: “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Al cabo del tiempo señalado, el rey tomó la mejor decisión, reconoció la soberanía y poder de Dios, y que todas las cosas están sujetas a Él.

De igual manera, como Hijos suyos debemos no sólo dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas, sino también, reconocer que en Su soberanía actúa en favor nuestro, con la intención de atraernos a Él, tal como sucedió con el rey Nabucodonosor.

“Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.” Daniel 4:37 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Corazón humilde

“Y, dado que yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les di mi ejemplo para que lo sigan. Hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Les digo la verdad, los esclavos no son superiores a su amo ni el mensajero es más importante que quien envía el mensaje. Ahora que saben estas cosas, Dios los bendecirá por hacerlas.” Juan 13:14-17 (NTV)

Muchos tienen la idea de que humildad es tener la cabeza baja ante cualquier situación; sin embargo, existe una diferencia entre servir y tener un espíritu de siervo humilde.

Algunos pueden servir por obligación, beneficio económico o reconocimiento, pero un espíritu de siervo va más allá de todo ello, porque fluye de un corazón rendido al Señor que desea cumplir con sus propósitos, empezando por ponerse a la disposición de otras personas para responder a sus necesidades antes que las suyas.

Si hasta el día de hoy has alcanzado el éxito en tu ministerio y trabajo, no necesitas gritarlo a los cuatro vientos, sino mostrar tus victorias con toda humildad y a través de tu ejemplo.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Fariseo o Publicano?

Cuenta la parábola que dos hombres estaban orando en el templo, uno de ellos era fariseo y el otro publicano, ambos se acercaban a Dios con distintas oraciones, según Lucas 18:11-14 (TLA) la Biblia nos menciona lo siguiente:

“Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. ”El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”. Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.”

¿Alguna vez escuchaste este tipo de oración, o quizá de tus labios salieron palabras como estas?

Si analizamos a estos dos personajes que Jesús utilizó, podemos ver que cada oración es distinta; la del fariseo estaba llena de vanidad y de ego, quien en todo tiempo le mencionaba a Dios lo justo que él era. Por otro lado, tenemos al publicano, quizá por su condición no era visto de una forma favorable y con frecuencia era tratado con desprecio, pero la actitud que él tuvo ese día, seguro que conmovió el corazón de Dios. Porque según el versículo 13 el publicano estaba lejos, avergonzado y humillado por lo que hizo, tanto que ni alzar los ojos pudo, sólo pedía perdón por su pecado y misericordia para su vida.

Muchas veces actuamos como el fariseo, creyendo que todo lo que hacemos está bien, y nos es difícil entender que también podemos equivocarnos, que jamás seremos inocentes delante de Dios haciendo buenas obras. Dejemos el orgullo atrás y acerquémonos a Dios con toda humildad y arrepentimiento, así como lo hizo el publicano, lo cual lo llevó a la justificación.

No pierdas más tiempo pensando que por tus propios medios podrás llegar a ser limpio de todo mal, pídele a Dios que quite el orgullo de tu corazón, quizás las situaciones por las que atravesaste te hicieron pensar de esa forma, pero hoy Dios te extiende sus manos de perdón ¿Vas a rechazarlo?

La parábola termina diciendo: “(…) porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14 (RVR).

El fariseo y el publicano son representantes de actitudes típicas en nuestra época. Un hombre lleno de orgullo y el otro de humildad. ¿Con cuál de los dos te identificas? O más bien ¿Cuál de los dos eres tú?

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quién es valiente? Frases para la vida.

“Los perversos huyen aun cuando nadie los persigue, pero los justos son tan valientes como el león.” (Proverbios 28.1 NTV)

Con el paso del tiempo conocemos a muchas personas que siguen la corriente de este mundo y te quieren obligar a vivir, hablar y comportarte como ellos y te ponen en una encrucijada; ¿Qué hacer? Sobre todo cuando te llaman, “débil”, “miedoso” o “gallina”. No hagas caso a las palabras necias, te animo a confiar en el Señor y tomar en cuenta su Palabra.

Te comparto algunas frases para la vida:

“No es valiente quien abusa del poder que tiene, valiente es el que partiendo de la humildad busca la paz”.

El abuso de poder se da en diferentes lugares, dentro del gobierno de un país o una ciudad, en medio de personas que toman decisiones con las leyes, en iglesias, centros educativos, lugares de trabajo y dentro de las familias, pero toda acción mala tiene un fin porque la justica de Dios es superior a la de los hombres.

“Valiente no es quien golpea a su familia o el que tiene hijos en todo lugar como fruto del machismo, sino el que se hace cargo de su hogar afrontando los retos que se presenten”.

Padre y madre no son los que engendran sino los que crían y asumen el reto de formar personas que amen a Dios y sean útiles a la sociedad. La violencia extrema  y el abandonar hijos no se justifica, pero aun así Dios en su misericordia puede restaurar los hogares.

“Valiente no es el que bebe, fuma o consume drogas por influencia de sus “amigos”, sino el que decide marcar la diferencia no haciendo lo que todos hacen. Valiente es el que decide abandonar los vicios y comenzar de nuevo con la ayuda de Dios.”

Las drogas, el alcohol y otros vicios sumergen a la sociedad en un círculo vicioso de violencia y autodestrucción personal, el cual se rompe con decisión y con ayuda del Señor. Las personas que salen de toda adicción y deciden vivir una vida nueva son referentes importantes para los que aún están atados con esas cadenas.

“Valiente fue Abraham, el padre de la fe que tuvo que dejar su tierra para obedecer a Dios y confiar que de él surgiría una gran nación”.

Dios le dijo Abraham en Génesis 12:1 (TLA): “Dios le dijo a Abram: «Deja a tu pueblo y a tus familiares, y vete al lugar que te voy a mostrar” Dejar su hogar, a sus familiares y todo lo que conocía podría producirle temor y una gran incertidumbre pero la fe de Abraham lo llevó a ser padre de una gran nación, Israel.

“Valiente fue David cuando enfrentó al gigante Goliat con dos piedras, su honda y un palo no importando su estatura, su fuerza o sus temores”.

David confió en Dios al enfrentarse al gigante. 1 Samuel 17:45 (TLA) nos muestra la fe este varón: “Pero David le contestó: —¡Y tú vienes a pelear conmigo con espada, y flechas y lanza! Pues yo vengo en el nombre del Dios todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien te has atrevido a desafiar.”

“Valiente fue Jesús que caminó hacia la cruz cargando el madero, él tomó nuestro lugar”.

En el monte de los Olivos, Jesucristo en sumisión al Padre y dijo:” «Padre, líbrame de esta copa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».”Lucas 22:42 (PDT)

“Valiente es el que decide seguir a Cristo aunque la familia o les amigos le hagan a un lado y le den la espalda por pensar y vivir de forma diferente”.

Mateo 19:29 (PDT) dice: “Todos los que dejaron casas, hermanos, hermanas, papá, mamá, hijos o tierras por mi causa, recibirán cien veces más y heredarán la vida eterna.”

Al seguir el camino angosto existirán pruebas, problemas aún con amigos y familiares por permanecer en la fe verdadera pero vale la pena continuar por el camino que lleva a la vida y escapar de aquel que conduce a la perdición,  sin dejar de interceder por las personas que aún no conocen a Cristo.

¿Quieres aprender a ser valiente? Estamos dispuestos a ayudarte.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Puedes amar a alguien muy malo?

Pienso que cuando algo nos parece injusto queremos hacerlo notar, queremos que se haga justicia, porque tenemos la tendencia de querer ayudar, querer hacer el bien, querer que reine el bien.

Hay situaciones y hay personas con las que yo honestamente confieso, que no creo que pueda dar amor. Cuando veo que hay gente tan mala y encima cínica, tengo que confesar que no les puedo demostrar amor. Los rechazo.

Dime tú. ¿Piensas que puedes amar a alguien que sabes que es… por ejemplo, un pederasta? ¿Amarías a alguien que ha torturado a otros? ¿Puedes amar a alguien que ha destruido un país y ha hecho que todos sufran de hambre y necesidades?

Hay quienes dicen, que: “claro, es fácil amar a los bondadosos, a los que hacen bien, se portan bien. Lo difícil precisamente es aprender a amar a esos otros”. Y es verdad que Dios sí los ama, como seres humanos, como Su creación que son…pero – PERO- no ama lo que hacen, no ama lo que hacen mal, no ama lo que les encadena a la maldad.

Con Dios aunque muchos no lo quieran ver así no hay grises. Lo que no está bien, está mal. No hay medias tintas. No hay nada medio bien o medio mal. Y siempre he dicho que para Él una mentira es tan pecado si le quieren poner ese calificativo, tan pecado como matar a alguien. Nosotros, los seres humanos, una vez más, como siempre, queriendo ser mejores que Dios, o sintiéndonos más “inteligentes” que Dios, decidimos que no puede tener el mismo castigo una persona que mata que alguien que roba. Y así hemos hecho nuestras leyes. Ha funcionado. ¿Ha funcionado? No estoy totalmente convencida. Seguimos viendo casos extraños, casos que no podemos comprender qué les pasó para que se comportaran de esa manera, para que hicieran la barbaridad que hicieron. Siguen existiendo quienes se creen más “vivos” que los demás y son capaces de atropellar y de pisotear, o de usar, de manipular, de atravesársete o meterse delante de ti en una larga fila. Sigue habiendo quienes se creen más que todos los demás y son capaces de mentir abiertamente pensando que no van a sufrir consecuencias. Esas consecuencias son a causa de nuestras acciones, no es como algunos dicen: “castigo de Dios”. Siempre hay “vivos”. Siempre hay el que piensa que puede transgredir las leyes y salirse con la suya. Siempre hay alguien que se deja llevar por la maldad. Se deja controlar por sus malos pensamientos. Es posible que todos los tengamos, (los malos pensamientos, en ciertos momentos de nuestra vida o por ciertas circunstancias) pero solo algunos nos dejamos dominar por ellos. Esa es la madurez, el no dejarnos dominar por impulsos o por pensamientos, o por ocurrencias.

Que Dios nos ayude, que cada vez evolucionemos más y crezcamos en amor, en justicia, en valores, en ética, en equidad, en armonía, en paz, en humildad y  que nos acerquemos más al ideal que Él, nuestro Amado Dios quiere que nosotros lleguemos a ser. Bendita sea la misericordia y la gracia de Dios, que con ella fuimos lavados de toda maldad, y que como a Pablo, nos baste Su gracia maravillosa y sea todo lo que necesitemos. (2 Corintios 12:9)

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

El rebelde

Es la sumisión. La idea asombrosa y simple jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta”. Así dice un crítico literario que Michel Houellebecq resume el fin de su libro “Sumisión”. El lector desprevenido tal vez piense que el autor cree efectivamente que la sumisión es la felicidad. Veremos que no es así.

Houellebecq es un escritor controvertido, crítico social, un ser políticamente muy incorrecto que a través de su obra ha expuesto las miserias de la cultura contemporánea. Es lo opuesto al sumiso: un rebelde.

Recibí por muchos años una educación que enseñaba la sumisión como un principio activo fundamental del carácter cristiano. Creo, con la perspectiva que otorga el tiempo, que sus proponentes creían eso sinceramente, que ella reflejaba fielmente el “carácter” de Cristo.

Una turbulenta confrontación con los contenidos pedagógicos del cristianismo dominante – el que fue transmitido desde los países occidentales más poderosos – me llevó a concluir que esa enseñanza reflejaba el carácter del conquistador. Pensar la Biblia en un país que se valora a sí mismo el “número uno” del mundo sesga inevitablemente la comprensión del texto. Aquí no hay espacio y no es lugar para profundizar en estas ideas. De un modo más sutil que en el siglo XVI, muchos de los contenidos de la enseñanza evangélica recibida reedita la gesta de la cruz y la espada: “Las cosas son así. Si no te gustan, atente a las consecuencias.” Los efectos prácticos de esta política no declarada son diversos y profundos. Consagra la permanencia de un pensamiento bíblico superior que se plantea como último y definitivo.

La rebeldía es infeliz, ingrata, incomprendida. Se la tilda de soberbia, orgullo, dureza de corazón, producto una mente muy herida, traidora a la comunidad y digna de condenación.

La ironía de Houellebecq es brillante: la mayoría de la gente prefiere la tranquilidad y la tibieza de acomodarse al discurso dominante porque así no se complica la vida, es feliz y garantiza un pasaje a las mansiones celestiales. Es un infalible seguro de viaje a la eternidad.

Hace ya muchos años que elegí la rebeldía. No como un berrinche infantil o un viscoso respiradero para la pus de las heridas. La elegí para asegurar que estoy comprendiendo, o peleando por comprender, el verdadero sentido de la violencia conceptual del reino de Dios.

Indulto

En 1829 un extraño punto legal tuvo que ser discutido en Filadelfia  cuando un hombre, llamado Jorge Wilson, sentenciado a muerte por robo del correo con asesinato, fue perdonado por el presidente Andrew Jackson. Sin embargo, por alguna extraña razón, Wilson rehusó aceptar la absolución, insistiendo que un indulto no tiene efecto si no es aceptado.

El asunto tuvo que volver al Tribunal Supremo, el cual sentenció de acuerdo con este principio: “El perdón legal depende de la persona implicada. Es difícil suponer que alguien sentenciado a muerte rehúse el indulto, pero si tal es el caso no hay perdón. Jorge Wilson debe ser ahorcado”

Y ahorcado fue, a pesar de haber sido perdonado por el Presidente.

Este ejemplo ilustra claramente la situación que vive mucha gente, que sabiendo que Dios los perdonó y que pueden ser salvos a través de la sangre de su Único Hijo, rechazan este regalo e insisten en ser condenados.

“No hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él ya ha sido condenado por no haber creído en el único Hijo de Dios”. Juan 3:18  (NTV)

Lo único que debemos hacer para obtener el perdón de Dios es creer en Él y reconocer nuestra condición de pecadores. No se trata, como muchos creen, de hacer buenas obras, sino de ser lo suficientemente humildes como para reconocer nuestra situación y la necesidad que tenemos de Él.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” Efesios 2: 8,9 (RVR 1960)

La salvación está al alcance de todos y es gratuita; sin embargo, no todos están dispuestos a aceptarla por su orgullo, porque quieren alcanzar la salvación por sus propios medios, siendo condenamos irremediablemente por su propia mano.

Sólo un necio rechazaría un perdón tan grande y se condenaría a muerte por su orgullo. No rechaces la oportunidad única de ser salvo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Acerca de la humildad

Una de las características que más destacan en el ser humano es el orgullo. A todos nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hacemos. Nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado, de lo que hacen nuestros hijos, nuestra familia. Y no tiene nada de malo sentirnos orgullosos de esas cosas, pero si eso es lo más importante para nosotros y estamos constantemente hablando de esos logros y esos orgullos, podemos caer en ser jactanciosos y hasta vanidosos.

Pienso que por eso es tan complicado hablar de la humildad. Hoy día para muchos es una falla. A la gente humilde la catalogan como sumisa, gente que no se destaca y que no tienen pasión. Quienes piensan así, son personas que tienen la idea equivocada de lo que significa ser humilde. Por supuesto que no quiere decir que hay que dejar que nos humillen. Tampoco significa hacer algo y dejar que otro se lleve el reconocimiento.

En Romanos 12:3 de la Biblia, podemos leer: “Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado”.

Se puede tener pasión por lo que hacemos, podemos destacar en lo que hagamos; el asunto es que eso que hacemos o aquello por lo que tenemos pasión no se nos vaya a la cabeza.

Ser humildes es ser realistas con la percepción que tenemos de nosotros mismos. Podemos reconocer nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades y nuestras limitaciones.

Jesús hizo mucha referencia a esto con respecto a los fariseos, a quienes les gustaba destacar, tener un lugar de honor y oraban de manera que la gente se enterara de que estaban orando.

Lo cierto es que ser humilde es ser honesto sobre quién eres y por esto, es bueno analizarnos, conocernos y pedir a Dios a diario que nos muestre si estamos cayendo en la trampa de ser orgullosos o jactanciosos.

 

 

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¿El Rey o el reino?

El dinero y la fama motivan a la gente a cometer grandes locuras. Hoy en día podemos ver cómo la codicia toma lugar en la vida de muchos que, por tener seguridad financiera mienten, roban y hasta son capaces de sacrificar su propia reputación ¿Conoces a alguien con esas características?

Es posible que muchas de las jóvenes participantes  del concurso de belleza más importante de la época antigua hayan sido motivadas por la posición que ellas ocuparían en el reino, por las comodidades que gozarían y por el lugar donde vivirían, el cual se podría comparar con un palacio sacado de un cuento de hadas. La Biblia describe de una forma detallada los jardines que rodeaban el palacio.

“En el tercer año de su reinado, Asuero organizó una gran fiesta para todos los funcionarios y líderes del país. También invitó a los jefes de los ejércitos de Persia y Media, y a las autoridades y gobernadores de las provincias. Durante seis meses el rey les estuvo mostrando las riquezas que poseía y les hizo ver cuán grande y poderoso era su reino. Después ordenó que se preparara otra fiesta para todos los que vivían en Susa, desde el más importante hasta el menos importante. La fiesta se realizó en los jardines del palacio y duró siete días. Entre las columnas de mármol se colgaron cortinas de hilo blanco y azul, sujetadas con cuerdas de color púrpura y argollas de plata. Pusieron muebles de oro y plata, y un piso de mármol blanco y negro, con incrustaciones de piedras preciosas. Se sirvió una gran cantidad de vino, pues el rey era muy generoso. Las copas en las que se sirvió el vino eran de oro, y cada una con un diseño original.  Sin embargo, el rey ordenó a los sirvientes que no obligaran a nadie a beber, sino que cada persona bebiera lo que quisiera.” Ester 1:3-8 (TLA).

Al ser todos invitados al gran Banquete del rey tuvieron la oportunidad de contemplar el palacio. Pero el objetivo de Ester no se relacionaba con la comodidad, con la abundancia y mucho menos con el poder, ella estaba ahí con una gran misión.

¿Cuál es tu motivación cuando buscas a Dios? ¿Lo haces para darle gloria o sólo por interés? ¿Buscas al Rey de reyes porque lo amas o sólo lo haces por sus bendiciones?

¿Qué estás buscando? ¿Al Rey o su reino?

Dios quiere usar tu vida y llenarte de bendiciones, pero tienes que acudir a Él  desinteresadamente y con humildad para poder escucharlo. Si necesitas tomarte un tiempo  para conocerlo, hazlo y verás que su presencia en tu vida saciará todas tus necesidades.

“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? «Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras.” Jeremías 17:9-10  (NVI)

Por Ruth Mamani

 

 

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