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¿Fariseo o Publicano?

Cuenta la parábola que dos hombres estaban orando en el templo, uno de ellos era fariseo y el otro publicano, ambos se acercaban a Dios con distintas oraciones, según Lucas 18:11-14 (TLA) la Biblia nos menciona lo siguiente:

“Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. ”El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”. Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.”

¿Alguna vez escuchaste este tipo de oración, o quizá de tus labios salieron palabras como estas?

Si analizamos a estos dos personajes que Jesús utilizó, podemos ver que cada oración es distinta; la del fariseo estaba llena de vanidad y de ego, quien en todo tiempo le mencionaba a Dios lo justo que él era. Por otro lado, tenemos al publicano, quizá por su condición no era visto de una forma favorable y con frecuencia era tratado con desprecio, pero la actitud que él tuvo ese día, seguro que conmovió el corazón de Dios. Porque según el versículo 13 el publicano estaba lejos, avergonzado y humillado por lo que hizo, tanto que ni alzar los ojos pudo, sólo pedía perdón por su pecado y misericordia para su vida.

Muchas veces actuamos como el fariseo, creyendo que todo lo que hacemos está bien, y nos es difícil entender que también podemos equivocarnos, que jamás seremos inocentes delante de Dios haciendo buenas obras. Dejemos el orgullo atrás y acerquémonos a Dios con toda humildad y arrepentimiento, así como lo hizo el publicano, lo cual lo llevó a la justificación.

No pierdas más tiempo pensando que por tus propios medios podrás llegar a ser limpio de todo mal, pídele a Dios que quite el orgullo de tu corazón, quizás las situaciones por las que atravesaste te hicieron pensar de esa forma, pero hoy Dios te extiende sus manos de perdón ¿Vas a rechazarlo?

La parábola termina diciendo: “(…) porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14 (RVR).

El fariseo y el publicano son representantes de actitudes típicas en nuestra época. Un hombre lleno de orgullo y el otro de humildad. ¿Con cuál de los dos te identificas? O más bien ¿Cuál de los dos eres tú?

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quién es valiente? Frases para la vida.

“Los perversos huyen aun cuando nadie los persigue, pero los justos son tan valientes como el león.” (Proverbios 28.1 NTV)

Con el paso del tiempo conocemos a muchas personas que siguen la corriente de este mundo y te quieren obligar a vivir, hablar y comportarte como ellos y te ponen en una encrucijada; ¿Qué hacer? Sobre todo cuando te llaman, “débil”, “miedoso” o “gallina”. No hagas caso a las palabras necias, te animo a confiar en el Señor y tomar en cuenta su Palabra.

Te comparto algunas frases para la vida:

“No es valiente quien abusa del poder que tiene, valiente es el que partiendo de la humildad busca la paz”.

El abuso de poder se da en diferentes lugares, dentro del gobierno de un país o una ciudad, en medio de personas que toman decisiones con las leyes, en iglesias, centros educativos, lugares de trabajo y dentro de las familias, pero toda acción mala tiene un fin porque la justica de Dios es superior a la de los hombres.

“Valiente no es quien golpea a su familia o el que tiene hijos en todo lugar como fruto del machismo, sino el que se hace cargo de su hogar afrontando los retos que se presenten”.

Padre y madre no son los que engendran sino los que crían y asumen el reto de formar personas que amen a Dios y sean útiles a la sociedad. La violencia extrema  y el abandonar hijos no se justifica, pero aun así Dios en su misericordia puede restaurar los hogares.

“Valiente no es el que bebe, fuma o consume drogas por influencia de sus “amigos”, sino el que decide marcar la diferencia no haciendo lo que todos hacen. Valiente es el que decide abandonar los vicios y comenzar de nuevo con la ayuda de Dios.”

Las drogas, el alcohol y otros vicios sumergen a la sociedad en un círculo vicioso de violencia y autodestrucción personal, el cual se rompe con decisión y con ayuda del Señor. Las personas que salen de toda adicción y deciden vivir una vida nueva son referentes importantes para los que aún están atados con esas cadenas.

“Valiente fue Abraham, el padre de la fe que tuvo que dejar su tierra para obedecer a Dios y confiar que de él surgiría una gran nación”.

Dios le dijo Abraham en Génesis 12:1 (TLA): “Dios le dijo a Abram: «Deja a tu pueblo y a tus familiares, y vete al lugar que te voy a mostrar” Dejar su hogar, a sus familiares y todo lo que conocía podría producirle temor y una gran incertidumbre pero la fe de Abraham lo llevó a ser padre de una gran nación, Israel.

“Valiente fue David cuando enfrentó al gigante Goliat con dos piedras, su honda y un palo no importando su estatura, su fuerza o sus temores”.

David confió en Dios al enfrentarse al gigante. 1 Samuel 17:45 (TLA) nos muestra la fe este varón: “Pero David le contestó: —¡Y tú vienes a pelear conmigo con espada, y flechas y lanza! Pues yo vengo en el nombre del Dios todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien te has atrevido a desafiar.”

“Valiente fue Jesús que caminó hacia la cruz cargando el madero, él tomó nuestro lugar”.

En el monte de los Olivos, Jesucristo en sumisión al Padre y dijo:” «Padre, líbrame de esta copa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».”Lucas 22:42 (PDT)

“Valiente es el que decide seguir a Cristo aunque la familia o les amigos le hagan a un lado y le den la espalda por pensar y vivir de forma diferente”.

Mateo 19:29 (PDT) dice: “Todos los que dejaron casas, hermanos, hermanas, papá, mamá, hijos o tierras por mi causa, recibirán cien veces más y heredarán la vida eterna.”

Al seguir el camino angosto existirán pruebas, problemas aún con amigos y familiares por permanecer en la fe verdadera pero vale la pena continuar por el camino que lleva a la vida y escapar de aquel que conduce a la perdición,  sin dejar de interceder por las personas que aún no conocen a Cristo.

¿Quieres aprender a ser valiente? Estamos dispuestos a ayudarte.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Puedes amar a alguien muy malo?

Pienso que cuando algo nos parece injusto queremos hacerlo notar, queremos que se haga justicia, porque tenemos la tendencia de querer ayudar, querer hacer el bien, querer que reine el bien.

Hay situaciones y hay personas con las que yo honestamente confieso, que no creo que pueda dar amor. Cuando veo que hay gente tan mala y encima cínica, tengo que confesar que no les puedo demostrar amor. Los rechazo.

Dime tú. ¿Piensas que puedes amar a alguien que sabes que es… por ejemplo, un pederasta? ¿Amarías a alguien que ha torturado a otros? ¿Puedes amar a alguien que ha destruido un país y ha hecho que todos sufran de hambre y necesidades?

Hay quienes dicen, que: “claro, es fácil amar a los bondadosos, a los que hacen bien, se portan bien. Lo difícil precisamente es aprender a amar a esos otros”. Y es verdad que Dios sí los ama, como seres humanos, como Su creación que son…pero – PERO- no ama lo que hacen, no ama lo que hacen mal, no ama lo que les encadena a la maldad.

Con Dios aunque muchos no lo quieran ver así no hay grises. Lo que no está bien, está mal. No hay medias tintas. No hay nada medio bien o medio mal. Y siempre he dicho que para Él una mentira es tan pecado si le quieren poner ese calificativo, tan pecado como matar a alguien. Nosotros, los seres humanos, una vez más, como siempre, queriendo ser mejores que Dios, o sintiéndonos más “inteligentes” que Dios, decidimos que no puede tener el mismo castigo una persona que mata que alguien que roba. Y así hemos hecho nuestras leyes. Ha funcionado. ¿Ha funcionado? No estoy totalmente convencida. Seguimos viendo casos extraños, casos que no podemos comprender qué les pasó para que se comportaran de esa manera, para que hicieran la barbaridad que hicieron. Siguen existiendo quienes se creen más “vivos” que los demás y son capaces de atropellar y de pisotear, o de usar, de manipular, de atravesársete o meterse delante de ti en una larga fila. Sigue habiendo quienes se creen más que todos los demás y son capaces de mentir abiertamente pensando que no van a sufrir consecuencias. Esas consecuencias son a causa de nuestras acciones, no es como algunos dicen: “castigo de Dios”. Siempre hay “vivos”. Siempre hay el que piensa que puede transgredir las leyes y salirse con la suya. Siempre hay alguien que se deja llevar por la maldad. Se deja controlar por sus malos pensamientos. Es posible que todos los tengamos, (los malos pensamientos, en ciertos momentos de nuestra vida o por ciertas circunstancias) pero solo algunos nos dejamos dominar por ellos. Esa es la madurez, el no dejarnos dominar por impulsos o por pensamientos, o por ocurrencias.

Que Dios nos ayude, que cada vez evolucionemos más y crezcamos en amor, en justicia, en valores, en ética, en equidad, en armonía, en paz, en humildad y  que nos acerquemos más al ideal que Él, nuestro Amado Dios quiere que nosotros lleguemos a ser. Bendita sea la misericordia y la gracia de Dios, que con ella fuimos lavados de toda maldad, y que como a Pablo, nos baste Su gracia maravillosa y sea todo lo que necesitemos. (2 Corintios 12:9)

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

El rebelde

Es la sumisión. La idea asombrosa y simple jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta”. Así dice un crítico literario que Michel Houellebecq resume el fin de su libro “Sumisión”. El lector desprevenido tal vez piense que el autor cree efectivamente que la sumisión es la felicidad. Veremos que no es así.

Houellebecq es un escritor controvertido, crítico social, un ser políticamente muy incorrecto que a través de su obra ha expuesto las miserias de la cultura contemporánea. Es lo opuesto al sumiso: un rebelde.

Recibí por muchos años una educación que enseñaba la sumisión como un principio activo fundamental del carácter cristiano. Creo, con la perspectiva que otorga el tiempo, que sus proponentes creían eso sinceramente, que ella reflejaba fielmente el “carácter” de Cristo.

Una turbulenta confrontación con los contenidos pedagógicos del cristianismo dominante – el que fue transmitido desde los países occidentales más poderosos – me llevó a concluir que esa enseñanza reflejaba el carácter del conquistador. Pensar la Biblia en un país que se valora a sí mismo el “número uno” del mundo sesga inevitablemente la comprensión del texto. Aquí no hay espacio y no es lugar para profundizar en estas ideas. De un modo más sutil que en el siglo XVI, muchos de los contenidos de la enseñanza evangélica recibida reedita la gesta de la cruz y la espada: “Las cosas son así. Si no te gustan, atente a las consecuencias.” Los efectos prácticos de esta política no declarada son diversos y profundos. Consagra la permanencia de un pensamiento bíblico superior que se plantea como último y definitivo.

La rebeldía es infeliz, ingrata, incomprendida. Se la tilda de soberbia, orgullo, dureza de corazón, producto una mente muy herida, traidora a la comunidad y digna de condenación.

La ironía de Houellebecq es brillante: la mayoría de la gente prefiere la tranquilidad y la tibieza de acomodarse al discurso dominante porque así no se complica la vida, es feliz y garantiza un pasaje a las mansiones celestiales. Es un infalible seguro de viaje a la eternidad.

Hace ya muchos años que elegí la rebeldía. No como un berrinche infantil o un viscoso respiradero para la pus de las heridas. La elegí para asegurar que estoy comprendiendo, o peleando por comprender, el verdadero sentido de la violencia conceptual del reino de Dios.

Indulto

En 1829 un extraño punto legal tuvo que ser discutido en Filadelfia  cuando un hombre, llamado Jorge Wilson, sentenciado a muerte por robo del correo con asesinato, fue perdonado por el presidente Andrew Jackson. Sin embargo, por alguna extraña razón, Wilson rehusó aceptar la absolución, insistiendo que un indulto no tiene efecto si no es aceptado.

El asunto tuvo que volver al Tribunal Supremo, el cual sentenció de acuerdo con este principio: “El perdón legal depende de la persona implicada. Es difícil suponer que alguien sentenciado a muerte rehúse el indulto, pero si tal es el caso no hay perdón. Jorge Wilson debe ser ahorcado”

Y ahorcado fue, a pesar de haber sido perdonado por el Presidente.

Este ejemplo ilustra claramente la situación que vive mucha gente, que sabiendo que Dios los perdonó y que pueden ser salvos a través de la sangre de su Único Hijo, rechazan este regalo e insisten en ser condenados.

“No hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él ya ha sido condenado por no haber creído en el único Hijo de Dios”. Juan 3:18  (NTV)

Lo único que debemos hacer para obtener el perdón de Dios es creer en Él y reconocer nuestra condición de pecadores. No se trata, como muchos creen, de hacer buenas obras, sino de ser lo suficientemente humildes como para reconocer nuestra situación y la necesidad que tenemos de Él.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” Efesios 2: 8,9 (RVR 1960)

La salvación está al alcance de todos y es gratuita; sin embargo, no todos están dispuestos a aceptarla por su orgullo, porque quieren alcanzar la salvación por sus propios medios, siendo condenamos irremediablemente por su propia mano.

Sólo un necio rechazaría un perdón tan grande y se condenaría a muerte por su orgullo. No rechaces la oportunidad única de ser salvo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Acerca de la humildad

Una de las características que más destacan en el ser humano es el orgullo. A todos nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hacemos. Nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado, de lo que hacen nuestros hijos, nuestra familia. Y no tiene nada de malo sentirnos orgullosos de esas cosas, pero si eso es lo más importante para nosotros y estamos constantemente hablando de esos logros y esos orgullos, podemos caer en ser jactanciosos y hasta vanidosos.

Pienso que por eso es tan complicado hablar de la humildad. Hoy día para muchos es una falla. A la gente humilde la catalogan como sumisa, gente que no se destaca y que no tienen pasión. Quienes piensan así, son personas que tienen la idea equivocada de lo que significa ser humilde. Por supuesto que no quiere decir que hay que dejar que nos humillen. Tampoco significa hacer algo y dejar que otro se lleve el reconocimiento.

En Romanos 12:3 de la Biblia, podemos leer: “Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado”.

Se puede tener pasión por lo que hacemos, podemos destacar en lo que hagamos; el asunto es que eso que hacemos o aquello por lo que tenemos pasión no se nos vaya a la cabeza.

Ser humildes es ser realistas con la percepción que tenemos de nosotros mismos. Podemos reconocer nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades y nuestras limitaciones.

Jesús hizo mucha referencia a esto con respecto a los fariseos, a quienes les gustaba destacar, tener un lugar de honor y oraban de manera que la gente se enterara de que estaban orando.

Lo cierto es que ser humilde es ser honesto sobre quién eres y por esto, es bueno analizarnos, conocernos y pedir a Dios a diario que nos muestre si estamos cayendo en la trampa de ser orgullosos o jactanciosos.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿El Rey o el reino?

El dinero y la fama motivan a la gente a cometer grandes locuras. Hoy en día podemos ver cómo la codicia toma lugar en la vida de muchos que, por tener seguridad financiera mienten, roban y hasta son capaces de sacrificar su propia reputación ¿Conoces a alguien con esas características?

Es posible que muchas de las jóvenes participantes  del concurso de belleza más importante de la época antigua hayan sido motivadas por la posición que ellas ocuparían en el reino, por las comodidades que gozarían y por el lugar donde vivirían, el cual se podría comparar con un palacio sacado de un cuento de hadas. La Biblia describe de una forma detallada los jardines que rodeaban el palacio.

“En el tercer año de su reinado, Asuero organizó una gran fiesta para todos los funcionarios y líderes del país. También invitó a los jefes de los ejércitos de Persia y Media, y a las autoridades y gobernadores de las provincias. Durante seis meses el rey les estuvo mostrando las riquezas que poseía y les hizo ver cuán grande y poderoso era su reino. Después ordenó que se preparara otra fiesta para todos los que vivían en Susa, desde el más importante hasta el menos importante. La fiesta se realizó en los jardines del palacio y duró siete días. Entre las columnas de mármol se colgaron cortinas de hilo blanco y azul, sujetadas con cuerdas de color púrpura y argollas de plata. Pusieron muebles de oro y plata, y un piso de mármol blanco y negro, con incrustaciones de piedras preciosas. Se sirvió una gran cantidad de vino, pues el rey era muy generoso. Las copas en las que se sirvió el vino eran de oro, y cada una con un diseño original.  Sin embargo, el rey ordenó a los sirvientes que no obligaran a nadie a beber, sino que cada persona bebiera lo que quisiera.” Ester 1:3-8 (TLA).

Al ser todos invitados al gran Banquete del rey tuvieron la oportunidad de contemplar el palacio. Pero el objetivo de Ester no se relacionaba con la comodidad, con la abundancia y mucho menos con el poder, ella estaba ahí con una gran misión.

¿Cuál es tu motivación cuando buscas a Dios? ¿Lo haces para darle gloria o sólo por interés? ¿Buscas al Rey de reyes porque lo amas o sólo lo haces por sus bendiciones?

¿Qué estás buscando? ¿Al Rey o su reino?

Dios quiere usar tu vida y llenarte de bendiciones, pero tienes que acudir a Él  desinteresadamente y con humildad para poder escucharlo. Si necesitas tomarte un tiempo  para conocerlo, hazlo y verás que su presencia en tu vida saciará todas tus necesidades.

“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? «Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras.” Jeremías 17:9-10  (NVI)

Por Ruth Mamani

 

 

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Pacificadores

¿Recuerdas las palabras de nuestro Señor Jesucristo en el sermón del monte donde dice Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios? (Mateo 5:9)

Todos alguna vez hemos atravesado por un momento conflictivo donde nos sentimos tentados a responder de mala forma al prójimo, ya sea con el esposo, la esposa, los hijos, amigos, parientes y hermanos en Cristo.

Jesús aun siendo Dios, tuvo que atravesar por momentos difíciles donde, en lugar de responder con mal, respondió con bien y así él promovía la paz entre las personas que le rodeaban.

Te invito a ver un hermoso ejemplo ilustrado en la vida del padre Abraham:

También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. (Genesis 13:5-9).

¿Puedes notar el accionar de Abraham? Siendo una persona con autoridad, se dirigió hacia su sobrino con humildad y palabras blandas. Si analizamos con detalle el texto, vemos que Abraham tenía todo el derecho de ejercer su autoridad como tío, no sólo eso, él era el escogido y  llamado por Dios, podía reprender a su sobrino y no habría  nadie que le reproche. Sin embargo no fue así, su conducta hacia su prójimo nos deja un valioso ejemplo, cuando  dice: Lot, no haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.

Cuántos remordimientos nos hubiéramos evitado si actuáramos como Abraham y dijéramos, “no haya altercado entre nosotros, porque somos hermanos” de seguro la vida en nuestras relaciones interpersonales sería más sencilla.

¿Qué hubiera pasado si Abraham hubiera tratado mal a Lot?, estoy seguro que hubiera provocado dolor, amargura, resentimiento en su sobrino y hubiera hecho que se alejara de él, mas no fue así.

Cuántas veces nosotros en vez de actuar como Abraham, explotamos en ira, dañamos a nuestro prójimo y provocamos que se alejen de nosotros, con dolor en su corazón, llenos de amargura y resentimiento. Cuando actuamos así, no sólo pecamos, sino que somos piedra de tropiezo para un alma. Jesús nos mandó a amarnos unos a otros y cuando dañamos a un hermano, provocamos distancia a tal punto que la relación con la otra persona ya no sea la misma. Tengamos cuidado.

Recuerda es muy fácil dañar a un hermano. Seamos personas que promueven la paz, y en vez de responder con mal, respondamos con bien.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Codicia insaciable

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” Marcos 8:36 (RVR1960)

Una bella historia habla de dos hermanos que se dedicaban a cuidar a sus ovejas. Cuando su padre falleció el hermano mayor se hizo cargo del rebaño buscando beneficiarse con las ganancias que obtenía al esquilarlas, dejando la labor de cuidador a su hermano menor.

Un verano se le ocurrió a Gabriel, el hermano mayor, esquilar al rape a las pobres ovejas, los comerciantes le pagaron mejor pero curiosamente, con el pasar de los días estas fueron desapareciendo; el menor, que se llamaba Pedro le dijo a su hermano que no siguiera esquilando de esa manera pero Gabriel no hizo caso hasta que simplemente les quedaron 3 ovejas viejas.

Un día de mayo Gabriel alistó los cuchillos para esquilarlas y al verlo las ovejas escaparon a toda marcha. A los hermanos no les quedó más que buscar trabajo subiendo la montaña que se encontraba al frente de su casa.

En el camino escucharon música, se acercaron al sonido y divisaron a un pastor apacentando a un rebaño de mil ovejas. Inmediatamente Pedro se acercó para pedir trabajo, el anciano respondió que necesitaba un esquilador y Gabriel se ofreció.

El anciano llamó al rebaño… de lobos, asustado, Gabriel se escondió detrás del pastor que dijo, “si logran esquilar a estos lobos, serán suyos, sino ellos los perseguirán hasta donde vivan ustedes” Inmediatamente Pedro agarró las cuchillas y esquiló a los lobos uno por uno de forma apropiada, dejándoles un poco de pelo, cuando acabó el anciano le dijo: “este rebaño es tuyo, de ahora en adelante te harás cargo de ellos y tu hermano te ayudará a cuidarlos”. Aterrorizado por la idea Pedro iba a responder hasta que milagrosamente los lobos se convirtieron en ovejas ¡Eran las ovejas que escaparon de su llanura! Y el pelo se convirtió en delicada lana.

Así Gabriel aprendió una lección de humildad y Pedro se hizo cargo del rebaño.

Esta historia se puede repetir dentro de algunas familias e iglesias, Lucas 12:15 dice: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

La raíz de todos los males es el amor al dinero, la codicia mueve a las personas a obrar mal y tomar decisiones equivocadas que tarde o temprano determinan su caída, no importando el rango o la jerarquía social.

Por Carlos E. Encinas

 

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Vive como un niño

Jesús llamó a un niño pequeño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo: Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo. Así que el que se vuelva tan humilde como este pequeño es el más importante en el reino del cielo. Mateo 18:2-4 (NTV)

Estas palabras de Cristo son en respuesta a la pregunta que le hicieron los discípulos “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” (Mateo 18:1) Al parecer, en la sociedad que vivimos y en nuestra mente está siempre ser el primero, el mayor, el mejor y el más poderoso. Nos han enseñado que el éxito es estar ahí arriba, en la cima. Y no es algo malo ni daña a nadie, pero debemos tener mucho cuidado con  la soberbia y el orgullo. Porque pueden afectar nuestra relación con Dios y el verdadero propósito por el cual hemos sido creados.

En una ocasión los discípulos de Jesús, disputaban entre sí sobre quién será el mayor en el reino del Señor y entonces Jesús les preguntó: “… ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.” (Marcos 9:33-35)

En ningún sentido Dios prohíbe que seamos los mejores o los más exitosos en nuestras vidas, familias o profesiones. Es más, en su palabra Dios desea que prosperemos en todas las cosas y que tengamos buena salud (3 Juan 1:2) Sin embargo, debemos actuar con humildad, sabiduría y gratitud con todo lo que recibimos de Dios.

Jesús, cuando dice que debemos ser como niños para entrar al reino de los cielos, se está refiriendo a aquellas características que los adultos hemos perdido y que necesitamos volver a recuperar.

¿Por qué Jesús quiere que seamos como niños? Porque, lo primero que hacen los niños, cuando despiertan en la mañana, es buscar a su mamá o papá para luego ponerse a jugar. (Salmo 63:1)

No se preocupan por las necesidades del día, ni quién podrá prepararles el almuerzo. Juegan tranquilos porque saben que hay otros que velan por su bienestar. (Mateo 6:25-34) Cuando necesitan algo, inmediatamente se acercan a sus padres, porque confían que serán escuchados y que pueden cubrir sus necesidades. (Mateo 7:7-11; Santiago 1:6)

Si están cansados a media mañana o por la tarde después de jugar, buscan a su mamá para poder descansar o tomar su siesta. (Mateo 11:28)

Cuando se caen o lastiman, lloran y buscan a su madre o padre para recibir de ellos el consuelo que necesitan. (1 Juan 1:9; Isaías 1:18; 1 Juan 2:1)

Reciben disciplina de sus padres y nunca queda en ellos un enojo o rencor. Porque después de un momento de dolor ya están de nuevo en los brazos de sus padres. (Hebreos 12:6) Tampoco buscan vengarse como lo hacemos muchas veces los adultos. (Efesios 4:31-32)

Y algo hermoso que caracteriza a los niños y que Jesús lo resalta es su humildad, no distinguen lo que es ser más que otro. Por ejemplo, un niño rico puede jugar con un niño pobre sin ningún problema, para ellos no hay diferencias. El Señor nos dice que la humildad se demuestra en el servicio a los demás, como podemos observar en los siguientes los pasajes: Mateo 20:25-28; Romanos 12:16; Filipenses 2:3.

Aprender a vivir como un niño y en todo tiempo depende de tu Padre y actúa como él te manda.

 

 

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Un fruto agradable

“En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. ¡No existe leyes contra esas cosas!” Gálatas 5: 22- 23 (NVI)

El resultado de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas es el fruto, cuyo propósito es transformarnos a la imagen de Cristo para vivir una vida plena y agradable ante Dios de manera que podamos hacer frente a nuestros deseos pecaminosos.

Solo la persona que tiene a Cristo como Señor y Salvador es capaz de producir este fruto.(Efesios 1: 13-14).

¿Deseas este resultado en tu vida?  ¿Quieres este fruto? Entonces deja que el Espíritu Santo more en tu vida aceptando a Jesús en tu corazón.

Por Giovana Aleman

 

 

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¡Insiste sin desmayar!

“Entonces me dijo: “No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí.” Daniel 10:12 (NVI).

Cuando Daniel oró, Dios respondió de forma inmediata a su petición, el cual el enemigo intentó dilatarlo, pero a pesar de ello, su oración fue contestada. ¿Cuál es tu petición? Dios quiere responder a tu necesidad sin importar lo que el enemigo intente hacer para bloquearlo. Hoy te animo a doblar tus rodillas para que con toda humildad y perseverancia te acerques ante su presencia y a pesar de que las circunstancias se tornen difíciles, puedas confiar en Aquél que es más poderoso que cualquier gigante.

Por Ruth Mamani

 

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