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No recurras a ella

“La mentira tiene patas cortas”, dice una frase popular, y aunque muchos la usan para encubrir la verdad, la Biblia menciona algo importante: “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.” Marcos 4:22. La verdad siempre brillará, por más que se la quiera esconder, tarde o tempano todo se verá tal como es.

Además, algo que se debe tomar en cuenta es que la mentira es del diablo, él usó sus mentiras para engañar a Eva, para que comiera del fruto prohibido, y hundió a la humanidad en la muerte espiritual y física.

Por otro lado, Jesús mismo hizo referencia a que el diablo es un ser mentiroso y que los que practican la mentira son como sus hijos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” Juan 8:44 (RVR1960)

A diferencia de la manera de ser del diablo, lo particular de Dios son el amor y la verdad. El amor de Dios dio solución al pecado que nos separaba de Él, pues entregó a su propio Hijo para que nosotros llegáramos a tener vida eterna. Al mismo tiempo, Jesús vino para hablarnos la verdad.

Si estás tentado a recurrir a la falsedad como medio de solución o escape, toma en cuenta que empeorarás tu situación porque el enemigo usa la mentira para hacerte tropezar y tener el control de tu vida. Recuerda que por creer en la obra de Cristo fuimos liberados del poder del pecado, sólo Él pudo cambiar nuestra naturaleza mala por medio del Espíritu Santo y así ser hijos de Dios, no tengamos en poco ese sacrificio ni demos lugar a la mentira.

La verdad te hará libre de toda acusación y además la gracia de Dios estará contigo si tienes que enfrentar las consecuencias. ¡No recurras a la mentira, ni cambies tu integridad por la falsedad!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Los otros y nosotros

(Enemigos e iguales. Ellos o nosotros. Un oráculo, o quizá la triste constatación de cuán lejos estamos de cualquier diálogo relevante.)

Los otros son los que matan. Los que oprimen a la gente con sus leyes, sus policías, sus armamentos.

Los otros son los que engañan. Los que usan los instrumentos del Estado para someter a la gente a sus designios.

Son los otros los que traen a sus parientes y amigos al gobierno. Son ellos los que se quieren perpetuar en el sistema político.

Los otros son los que se coluden con las cortes, los magistrados, las barras de abogados para obtener juicios y sentencias favorables.

Son los otros los que se apoderan de los recursos del Estado y copan los organismos administrativos para la hegemonía de su poder.

No somos nosotros. Son los otros.

Son los otros lo que en nombre de su proyecto criminalizan a cualquiera que se les opone y utilizan todos los recursos disponibles para neutralizarlos.

Son los otros lo que medran y oprimen desde sus empresas omnipotentes, sus emprendimientos monumentales, sus leyes favorables para hacer lo que se les da la gana.

Son los otros los que mienten a través de los medios de comunicación  adictos y controlados por ellos.

Son los otros los que discriminan, los que etiquetan de enemigos a los que no piensan como ellos, a los diferentes.

Sí, amigas y amigos, son los otros los que nos oprimen desde sus instituciones mundiales, sus organismos supranacionales y sus cortes internacionales.

Ellos son los que lesionan los derechos de todos y no nosotros. Ellos son los que violan la libertad de todos y la asesinan en la plaza.

Los otros son los que encarcelan, persiguen, exilian, desaparecen y silencian.

No nosotros. Ellos.

Nosotros somos la libertad. Nosotros somos la justicia. Nosotros somos el orden. Nosotros somos la verdad.

Nosotros somos la aceptación. Nosotros somos la tolerancia. Nosotros somos el perdón. Nosotros somos el progreso.

Nosotros somos el bien. Nosotros somos la esperanza. Nosotros somos los constructores de la nueva sociedad.

Nosotros, amigas y amigos, la tolerancia, el respeto a todas las personas incluso a las que disienten con nosotros.

Nosotros somos la unidad, la solidaridad, la nueva creación, al arte puro, la ciencia libre, los constructores de la bondad.

Nosotros somos la pluralidad, la diversidad, la transparencia, la honestidad, el servicio desinteresado y dedicado.

Nosotros somos el crisol ardiente de los pueblos, del medio ambiente y de la nueva vida.

No ellos. Nosotros.

Somos del Señor

Cuentan que el gran reformador Martín Lutero viajaba a pie muy a menudo. En cierta ocasión pidió alojamiento en una rústica casa de campesinos. Sin saber quién era, lo recibieron bien y lo trataron tan bien como pudieron.

Al saber quién era rehusaron toda paga, pero le pidieron encarecidamente que se acordara de ellos en sus oraciones y que escribiera con tinta en su pared alguna inscripción de recuerdo.

Prometió hacerlo y escribió: “Domini Sumus”. El campesino le preguntó qué significaban aquellas palabras, y Lutero explicó que tenía doble sentido:

  • Significan “Somos del Señor”, pero pueden también significar “Somos señores”. Lo uno entra en lo otro: siendo propiedad del Señor Jesucristo, a gran precio adquirida, no debemos ser esclavos de satanás ni de hombre sino señores verdaderamente libres que no sirven al pecado sino al Señor Jesús.

El precio de nuestra libertad fue muy alto, Jesús nos compró con su sangre y al hacerlo nos dio la libertad de servirle y ya no ser esclavos de las cosas terrenales. Como hombres y mujeres verdaderamente libres, se nos otorgó la oportunidad y responsabilidad de elegir a quién serviremos.

“Dios pagó un alto precio por ustedes, así que no se dejen esclavizar por el mundo”. 1 Corintios 7:23 (NTV)

Que tus acciones, pensamientos, tus palabras y toda tu vida reflejen un continuo agradecimiento a aquel que no escatimó el precio por tu libertad. 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Llevando un yugo?

Cuando escuchamos la palabra yugo, suele venir a nuestras mentes algo pesado y que es impuesto por algún motivo. Según el diccionario es un instrumento para unir a dos bueyes, formado por una pieza alargada de madera con dos arcos que se ajustan a la cabeza o el cuello de los animales y que, sujeta a la lanza de un carro o el timón de un arado, permite que tiren de ellos.

En la práctica este objeto cumple una función específica, y si lo vemos desde la perspectiva divina, descubriremos que representa muchas más cosas.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:28-30 (RVR1960).

En este pasaje Jesús llama a quienes están trabajados y cargados, para proporcionarles descanso, pero no sólo queda ahí, pide también llevar su yugo y aprender de Él, para hallar ese descanso que nuestras almas necesitan.

Suena un poco paradójico que el Señor pida a personas cargadas y cansadas que lleven un yugo, ¿cierto? De hecho, uno se preguntaría ¿cómo llevar otra carga más?

Sin embargo, el siguiente versículo aporta claridad, indica que su yugo es fácil y ligera su carga, pero ¿cómo puede ser esto?

Se debe a que al llegar al camino de Dios y decidir rendirle nuestras vidas, llegamos sobrepasados de problemas, llenos de emociones negativas que muchas veces se arraigan en nosotros.

Lo que debemos hacer, y de hecho lo que el Señor nos pide, es entregarle todas esas cosas que acarreamos. Entonces se puede comprender que, seguir Sus pasos, llevando su yugo, significa en realidad, obtener libertad de cada una de las cargas que hemos acumulado a lo largo de los años.

Cuanto más conectados estemos a Dios, mejor podremos ser dirigidos, todas esas cargas serán  eliminadas una por una, y con seguridad podremos ser partícipes de las bendiciones que el Señor tiene reservadas para cada uno. Y si comparamos este nuevo estado con el que teníamos, la diferencia es bastante grande, ¿verdad? ¿No quisieras disfrutar de esa libertad que el Señor ofrece?

Nada te impide tenerla, sólo debes decidir entregar todo al Señor aprendiendo a serle obediente.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Rescatistas de Dios

“Hermanos en Cristo, si alguno de ustedes deja de confiar en la verdad que ha aprendido, y otro le devuelve la confianza, quiero que sepan esto: quien hace que un pecador deje de pecar, salva de la muerte al pecador y logra que Dios le perdone sus muchos pecados.”(Santiago 5:19-20 TLA)

Existen organizaciones como los bomberos, rescatistas especializados que entran en acción cuando sucede algún desastre natural, incendios, inundaciones, que se enfocan en controlar los hechos con los recursos que tienen a disposición además de preservar la vida de las personas afectadas. Otras organizaciones como los centros de rehabilitación ayudan a las personas a dejar vicios como drogas y alcohol, mientras que otras se dedican a rescatar niños abandonados y personas en situación de violencia doméstica.

Así como las personas que trabajan en estas instituciones demuestran un gran compromiso en ayudar al prójimo, de igual forma los creyentes debieran sentir esa misma pasión en ir a buscar a aquellas personas que se han apartado de los caminos de Dios, para ayudarlos en su proceso de restauración.

Jesús vino por el enfermo, por los pecadores, a dar libertad al cautivo, dar vista a los ciegos. Los fariseos criticaban a Jesús por todo esto, entonces Él les compartió esta enseñanza.

“«Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, ¿qué hará? ¿No dejará las otras noventa y nueve en el desierto y saldrá a buscar la perdida hasta que la encuentre? Y, cuando la encuentre, la cargará con alegría en sus hombros y la llevará a su casa. Cuando llegue, llamará a sus amigos y vecinos y les dirá: “Alégrense conmigo porque encontré mi oveja perdida”. De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!” (Lucas 15:4-7 NTV)

A veces la crítica de los hermanos, respecto a la persona que se apartó del camino, nos llevá a no hacer algo concreto por ayudarles. Si así fuera, no temas porque tú es preferible escuchar la voz de Dios que las críticas de los religiosos. Tú puedes hacer mucho por ayudar, orando, exhortando y especialmente hablándole de nuestro Dios que lo espera de vuelta con amor y misericordia.

¿Tienes misericordia de los que se apartaron del Señor y de los que aún no lo conocen?

Por Carlos E. Encinas

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

A estas alturas

Hace unos diez años o más – la cosa es que ya no me acuerdo bien – estaba hablando con una doctora que quería ayudarme a resolver mis conflictos psicológicos a causa de recientes y catastróficas rupturas.

En un momento le dije algo como “lo que pasa es que a estas alturas…” y me interrumpió rápidamente: “Nada de ‘a estas alturas’, me dijo, la vida no ha terminado”. Es verdad, pero igual…

A estas alturas ya no me importa si salí de mi casa con el pelo desordenado o si la gente se da cuenta que mis calcetines tienen un corte para que no me lastimen la piel.

A estas alturas me halaga, en lugar de ofenderme, que me digan algo como “Eres como los niños”. Tengo una resistencia persistente y orgánica a madurar.

A estas alturas no me seducen los romances o enamoramientos vespertinos, aunque fui enseñado recientemente que al amor hay que respetarlo en todas sus expresiones, aunque uno sea un exiliado voluntario de sus territorios.

A estas alturas me acurruco en el rincón más agradable de mi jardín secreto; allí me sale el habla que les mento aquí y también ciertas reflexiones inconfesables respecto de doctrinas, instituciones y señores gobernantes. Verdaderos interesados pueden consultarme en mi correo personal.

A estas alturas derivo rápidamente a los jóvenes toda visión sobre proyectos de alcance mundial y las grandes producciones que se proponen llegar a todos los rincones del planeta. Me pasa que no puedo creer que el amor de Dios sea reemplazado por artilugios virtuales diseñados a considerable distancia de la realidad.

A estas alturas ya no me sale inclinarme respetuosamente ante los dignatarios, los miembros del sagrado colegio y sobre todo ante esas criaturas devenidas celebrities que inventaron una canción, una película, un sistema de auto ayuda magnífico o un personaje chistoso. Sobre todo, ante ellos no. Si no puedo evitar estar en la zona me quedo a cierta distancia procurando por todos los medios pasar absolutamente inadvertido.

A estas alturas procuro diligentemente seguir confrontando mis creencias a ver si todavía puedo descubrir cosas nuevas y conquistar más espacios de libertad, paz e independencia de funcionarios y controladores.

A estas alturas, al menos esas cosas me puedo permitir, ¿no les parece?

Libérate del miedo

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:9 (RVR1960).

El miedo muchas veces nos lleva a creer que no podemos alcanzar aquellas cosas que queremos, nos limita y hasta podemos caer en el error de aceptarlo como algo normal.

Pero no es así, Dios no quiere que vivas con miedo ni limitaciones, quiere que seas libre y que puedas ver tanto tu presente como tu futuro con optimismo y entusiasmo.

Hoy te animo a creer la Palabra de Dios y a confiar en que Él va contigo y que no te dejará bajo ninguna circunstancia. No permitas que el miedo te inunde; dejar que el miedo te domine es auto limitarte, puedes ser libre de él, comienza creyendo que Dios es suficiente para protegerte y darte las fuerzas para vencer.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Victoria final

Como ya debo haber dicho aquí, resulta que le gané la guerra al miedo, la culpa y la vergüenza.

No es una declaración menor. La vieja mochila del pasado se te pega a la espalda, sanguijuela invisible que te chupa las fuerzas y la esperanza.

Zafarse de los temores antiguos, patear de una vez por todas las condenas de la tradición y la palabra mal entendida, reconocer nuestra desnudez como una condición universal. Esta es la crónica del nuevo tiempo.

El estúpido peso de las cuestiones en las que te han instruido se despeña por las orillas del libre conocimiento. La vida se levanta en alas de una exégesis inteligente y renovada. La memoria se desprende de la rémora de los días con la fuerza de una libertad recién inaugurada.

Hay victorias que no son emocionantes o intoxicadas de alegría. Son tensas y agotadoras. Porque no sólo se lucha contra los propios fantasmas sino contra los juicios del sistema y contra la vigilancia de los guardianes que espían cualquier asomo de rebelión.

Sí, porque no es otra cosa que rebelión vencer el obstáculo de la tradición y la sagrada pedagogía inventada por los hombres. Es una insurrección premunida con las armas de la libertad y la esperanza.

Pero, ¡cómo te envidian la libertad!

Te endilgan versos aleccionadores, te recuerdan los teoremas de la institución, te pronostican fuegos interminables. Porque el miedo, la culpa y la vergüenza se resisten a abandonar su brutal magisterio, su oscurantismo milenario.

Pero ya en el crepúsculo del tiempo pude darme cuenta de la precariedad de sus fundamentos, de la debilidad de sus argumentaciones, de la ridiculez de sus pretensiones.

Saludo la victoria final.

El que lea, entienda.

Y el que no, que no.

Los centinelas

Los centinelas y comisarios están atentos a la gramática de los discursos y el tono de las conversaciones. Sus oficiales de la censura revisan cuidadosamente escritos y videos en redes sociales. Itinerarios, agendas, tiempo libre y amistades son objeto de minucioso escrutinio.

¿Cuál es el motivo de tan intensas actividades?

Asegurar larga vida a las instituciones. Conservar la solidez de la estructura. Proteger los sólidos intereses materiales, la fama y el prestigio de los dirigentes. Fortalecer la línea de mando.

Para justificar su tarea, los vigilantes invocan entre otras cosas los sagrados postulados constituyentes, el bienestar de la mayoría, el orden establecido, la tradición, el sentido común, la paz y la estabilidad.

Se declaran protectores de la verdad, defensores del Libro, guardianes de la doctrina, garantes del correcto conocimiento de las cosas.

Serán los llamados a negociar, en primera instancia, con los disidentes. Citarán a los extraviados a sus solemnes tribunales y procederán a la delicada tarea de persuadirlos a que abandonen sus peligrosas posturas.

“La institución los necesita, les dirán. Es verdad, los líderes son siempre un poco rebeldes y la institución será embellecida con esa pasión, les aseguran.

“Pero deben entender que hay que cuidar algunas cosas muy importantes. Hay que usar siempre un tono respetuoso. Hay que observar los estatutos, las leyes fundamentales que dan sentido y dirección a la institución.

“Y, muy importante, tienen que entender que la mayoría de las personas está contenta con el actual estado de cosas; ¿para qué perturbarles con ideas que a lo mejor ni siquiera entienden? El mucho pensar no es tan bueno hay veces…”

Si los insurrectos son persuadidos, se habrá ganado una batalla más a favor del status quo y los vigilantes pueden regresar satisfechos a sus labores habituales.

Pero si persiste el clima de disidencia, los vigilantes deberán mezclarse con la inmensa mayoría a fin de advertirles que un peligro se cierne sobre la institución y que deben evitar el contacto con los provocadores. Casi siempre los vigilantes ganan y la institución permanece.

Pero si la institución llega a estar realmente en peligro, medidas de mayor contundencia son requeridas y para entonces, ya no son los vigilantes quienes se harán cargo. Para estas ocasiones, las instituciones tienen sofisticados y complejos sistemas de autopreservación.

Basta mirar a la Historia.

Fue culpa mía…

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. Salmos 32:5 (RVR1960)

Quizá tenías la oportunidad de evitar grandes problemas en tu matrimonio; hubiera sido posible aprobar esa materia, si tan sólo le hubieras dedicado el tiempo que se merecía y así pudiéramos continuar enumerando situaciones que aparentemente estaban en nuestras manos, pero que por negligencia las dejamos caer. Pero ¿de qué sirve tener que recordar la culpa con dolor si no hacemos nada para tratar de remediarlo?

Quedarse encerrado en la culpa es como apagar la esperanza y seguir cavando el pozo para que nuestra caída se haga más profunda, lo cual no nos permite experimentar la misericordia de Dios. Si te has sentido culpable por situaciones que podrías haber evitado, déjame decirte que no todo está perdido, porque en Jesús se encuentra la esperanza. Él dio su vida para llevar toda culpa sobre sus hombros, ya no sigas llevando una carga que no te pertenece, entrégalo en sus manos y permítete ser libre.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Le sigo pidiendo a Dios

Hace unos años escribí aquí el texto “Sólo le pido a Dios”. Por cierto, saben que así se titula una canción de León Gieco.

En aquella ocasión pedí públicamente algunas cosas que debían – y deben – ser vistas como un libre ejercicio del arte literario y de la poesía. Qué era real en esos petitorios no era ni será explicado.

Así que pensé en renovar aquel ejercicio para el beneplácito de alguna audiencia y cierto malestar de otra.

Le sigo pidiendo a Dios…

El libre y continuado ejercicio de la libertad. El agradable y temperado servicio de la paz. Decir con más desplante y fuerza la verdad acerca de lo que pienso. Seguir destruyendo de este modo el imperio del miedo y del control.

Poder irme alejando de lo poco que deseo, pese a que ya lo deseo bien poco. Amistarme con  el rigor del cuerpo adverso, aceptarlo con un poco más de paciencia. Resistir la tentación de los “años dorados” y el “corazón joven” y reconocerme en el tiempo que vivo. Que pueda acordarme de los tiempos lindos recientes, no sólo de aquellos de los años sesenta o setenta.

Una ordenanza municipal que prohíba y haga cumplir la prohibición del uso de escapes libres en motos y automóviles. Cafés y restoranes donde no haya más televisores ni música estridente. Semáforos adecuados para peatones para que no tengan que adivinar en qué momento poder cruzar la calle. Un hogar lindo para los perros de la calle.

Una cabaña cerca del río y de un pueblo donde haya cafés y libros. Fresca en verano, tibiecita en invierno. Con una galería al frente para sentarme a mirar las montañas y sentir el viento entre los eucaliptus o los álamos

Una considerable cantidad de cuadernos de tapas negras y hojas amarillas sin líneas. Una provisión permanente de café en grano. Poder recuperar los libros que tengo esparcidos por varios lugares y tenerlos en un solo lugar.

Un living grande donde reunirnos con amigas y amigos a hablar de libros, de cine, de música, del mundo real y hacer planes. Y llevarlos a cabo hasta donde sea posible.

Un amigo o una amiga que siempre pueda llevarme en auto porque no quiero manejar. Un teléfono que me sirva principalmente… para hablar por teléfono.

En algún otro capítulo de estas peticiones me he de referir a mis deseos finales. Por ahora no es necesaria semejante preocupación.

Mi estado

Se me ocurrió ir poniendo algunos fragmentos de viejos escritos en el llamado “estado de WhatsApp”.

Es una rendición, lo confieso. Siempre sentí que esas cosas eran la expresión moderna de la copucha y el pelambre.

Pero con el tiempo fui descubriendo, o dándome cuenta, que todo no es más que una especie de eterno retorno. Lo que ayer hacían los chasquis y las señales de humo hoy lo hacen Instagram y WhatsApp.

Solía indagar en mis pasados escritos para angustiarme porque sentía que todo eso pasaba sin pena ni gloria por el blog.

Me dolía que la inmensa mayoría prefiera saber qué debe hacer para no caer en la tentación que reflexionar en la inexcusable ausencia de los creyentes en el mundo real.

Ahora ya no me va doliendo tanto. Aceptar la idea que la gente prefiere pensar en sí misma y no en lo otro tiene un componente terapéutico: es nada más que la marca de la época.

Lo que pasaba era que yo creía que a los cristianos les importaba el mundo real pero no es así. Y asumirlo me va calmando los nervios, tensados por tanta indiferencia.

Volvamos a los “estados”.

Como algún escriba viejo, voy sacando cosas nuevas y antiguas. Voy descubriendo que todavía todo me interesa, todo me inspira, todo me despierta el ser.

Algunas mañanas, en mi cabaña del campo donde Fernando, vibraba con el color de los crisantemos, la majestuosidad de los álamos, la música de Sabina, el aroma del café recién hecho en la cocina y la soledad recién estrenada.

Otras, en medio de los cerros de Bialet Massé, me arrastraba entre los escombros de la tristeza, intentaba componer una canción de esperanza, buscaba el consuelo de una rosita que abría sus primeros pétalos, acomodaba la leña en la tibia salamandra de la sala.

A medida que avanzaba el tiempo me pasó algo extraordinario: abandoné – o me dejó, o decidí, no sabría decirlo – el pedregoso y oscuro sentimiento del miedo, la culpa y la vergüenza.

Esa formidable conquista – el no andar lamentando nada y sentirme bien de una buena vez – se sumó a otras dos vespertinas conquistas: la libertad y la paz.

Así que proponer en pocas palabras los diversos estados del ser en el cuadrito de WhatsApp constituye una discreta algazara interior porque constato que sigo vivo.

No es una gran cosa pero, qué quieren que les diga: sigo vivo.

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