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Fue culpa mía… 1

Fue culpa mía…

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. Salmos 32:5 (RVR1960)

Quizá tenías la oportunidad de evitar grandes problemas en tu matrimonio; hubiera sido posible aprobar esa materia, si tan sólo le hubieras dedicado el tiempo que se merecía y así pudiéramos continuar enumerando situaciones que aparentemente estaban en nuestras manos, pero que por negligencia las dejamos caer. Pero ¿de qué sirve tener que recordar la culpa con dolor si no hacemos nada para tratar de remediarlo?

Quedarse encerrado en la culpa es como apagar la esperanza y seguir cavando el pozo para que nuestra caída se haga más profunda, lo cual no nos permite experimentar la misericordia de Dios. Si te has sentido culpable por situaciones que podrías haber evitado, déjame decirte que no todo está perdido, porque en Jesús se encuentra la esperanza. Él dio su vida para llevar toda culpa sobre sus hombros, ya no sigas llevando una carga que no te pertenece, entrégalo en sus manos y permítete ser libre.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Le sigo pidiendo a Dios 2

Le sigo pidiendo a Dios

Hace unos años escribí aquí el texto “Sólo le pido a Dios”. Por cierto, saben que así se titula una canción de León Gieco.

En aquella ocasión pedí públicamente algunas cosas que debían – y deben – ser vistas como un libre ejercicio del arte literario y de la poesía. Qué era real en esos petitorios no era ni será explicado.

Así que pensé en renovar aquel ejercicio para el beneplácito de alguna audiencia y cierto malestar de otra.

Le sigo pidiendo a Dios…

El libre y continuado ejercicio de la libertad. El agradable y temperado servicio de la paz. Decir con más desplante y fuerza la verdad acerca de lo que pienso. Seguir destruyendo de este modo el imperio del miedo y del control.

Poder irme alejando de lo poco que deseo, pese a que ya lo deseo bien poco. Amistarme con  el rigor del cuerpo adverso, aceptarlo con un poco más de paciencia. Resistir la tentación de los “años dorados” y el “corazón joven” y reconocerme en el tiempo que vivo. Que pueda acordarme de los tiempos lindos recientes, no sólo de aquellos de los años sesenta o setenta.

Una ordenanza municipal que prohíba y haga cumplir la prohibición del uso de escapes libres en motos y automóviles. Cafés y restoranes donde no haya más televisores ni música estridente. Semáforos adecuados para peatones para que no tengan que adivinar en qué momento poder cruzar la calle. Un hogar lindo para los perros de la calle.

Una cabaña cerca del río y de un pueblo donde haya cafés y libros. Fresca en verano, tibiecita en invierno. Con una galería al frente para sentarme a mirar las montañas y sentir el viento entre los eucaliptus o los álamos

Una considerable cantidad de cuadernos de tapas negras y hojas amarillas sin líneas. Una provisión permanente de café en grano. Poder recuperar los libros que tengo esparcidos por varios lugares y tenerlos en un solo lugar.

Un living grande donde reunirnos con amigas y amigos a hablar de libros, de cine, de música, del mundo real y hacer planes. Y llevarlos a cabo hasta donde sea posible.

Un amigo o una amiga que siempre pueda llevarme en auto porque no quiero manejar. Un teléfono que me sirva principalmente… para hablar por teléfono.

En algún otro capítulo de estas peticiones me he de referir a mis deseos finales. Por ahora no es necesaria semejante preocupación.

Mi estado 3

Mi estado

Se me ocurrió ir poniendo algunos fragmentos de viejos escritos en el llamado “estado de WhatsApp”.

Es una rendición, lo confieso. Siempre sentí que esas cosas eran la expresión moderna de la copucha y el pelambre.

Pero con el tiempo fui descubriendo, o dándome cuenta, que todo no es más que una especie de eterno retorno. Lo que ayer hacían los chasquis y las señales de humo hoy lo hacen Instagram y WhatsApp.

Solía indagar en mis pasados escritos para angustiarme porque sentía que todo eso pasaba sin pena ni gloria por el blog.

Me dolía que la inmensa mayoría prefiera saber qué debe hacer para no caer en la tentación que reflexionar en la inexcusable ausencia de los creyentes en el mundo real.

Ahora ya no me va doliendo tanto. Aceptar la idea que la gente prefiere pensar en sí misma y no en lo otro tiene un componente terapéutico: es nada más que la marca de la época.

Lo que pasaba era que yo creía que a los cristianos les importaba el mundo real pero no es así. Y asumirlo me va calmando los nervios, tensados por tanta indiferencia.

Volvamos a los “estados”.

Como algún escriba viejo, voy sacando cosas nuevas y antiguas. Voy descubriendo que todavía todo me interesa, todo me inspira, todo me despierta el ser.

Algunas mañanas, en mi cabaña del campo donde Fernando, vibraba con el color de los crisantemos, la majestuosidad de los álamos, la música de Sabina, el aroma del café recién hecho en la cocina y la soledad recién estrenada.

Otras, en medio de los cerros de Bialet Massé, me arrastraba entre los escombros de la tristeza, intentaba componer una canción de esperanza, buscaba el consuelo de una rosita que abría sus primeros pétalos, acomodaba la leña en la tibia salamandra de la sala.

A medida que avanzaba el tiempo me pasó algo extraordinario: abandoné – o me dejó, o decidí, no sabría decirlo – el pedregoso y oscuro sentimiento del miedo, la culpa y la vergüenza.

Esa formidable conquista – el no andar lamentando nada y sentirme bien de una buena vez – se sumó a otras dos vespertinas conquistas: la libertad y la paz.

Así que proponer en pocas palabras los diversos estados del ser en el cuadrito de WhatsApp constituye una discreta algazara interior porque constato que sigo vivo.

No es una gran cosa pero, qué quieren que les diga: sigo vivo.

Regresa a Él 4

Regresa a Él

Todos en algún momento hemos tomado un rumbo equivocado en nuestra vida. En una ocasión, Jesús relató la historia de un joven (Lucas 15) que había tomado una serie de malas decisiones, sufriendo después las consecuencias de las mismas, por lo que pensaba que no merecía perdón. Sin embargo, después de todos sus fracasos, hizo una cosa buena. “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.” Lucas 15:17-18.

La historia nos recuerda que mientras estemos vivos podemos volver a nuestro Padre y tomar decisiones correctas. Quizás hoy te encuentras apartado de Dios y piensas que ya no tienes perdón. Pero quiero que sepas que “El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y está lleno de amor inagotable. No nos reprenderá todo el tiempo, ni seguirá enojado para siempre.” Salmos 103:8-9 (NTV)

Dios anhela que regreses a Él, mira lo que dice su palabra:

“Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras despreciables, serás mi vocero…” Jeremías 15:19 (NTV)

“Si te vuelves al Todopoderoso, serás restaurado, por lo tanto, limpia tu vida. Job 22:23 (NTV)

Sólo necesitas entrar en razón como aquel joven, reconocer que estás equivocado, arrepentido de tus decisiones y volver a Dios. No necesitas justificar tus errores ni dar explicaciones de tu pasado. El Señor dice: “Cuando ustedes me busquen, me hallarán, si me buscan de todo corazón.” Jeremías 29:13.

Si tú regresas a Dios y dejas el pecado, serás restaurado. De la misma manera, también habrá fiesta y alegría en los cielos por ti.  No esperes más y acércate a tu Padre Celestial.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Rebelión revisitada 5

Rebelión revisitada

La forma más elemental de la rebelión, paradójicamente, expresa una aspiración por el orden

(Albert Camus, El hombre rebelde)

La condición humana es injusta y hay poco lugar para la esperanza. Albert Camus creía esto pero sostenía que viviría en rebeldía permanente contra esa realidad.

Dice en una parte del libro mencionado: “Éste (el rebelde metafísico) se alza sobre un mundo destrozado para reclamar la unidad. Opone el principio de justicia que hay en él al principio de injusticia que ve practicado en el mundo.”

La rebelión contra cualquier sistema se inspira en la idea de que una vez eliminado éste se construirá otro orden. Pero lo que observa Camus es que el rebelde cuando ha vencido se alza como un nuevo poder.

Y ese nuevo poder con toda seguridad será injusto y opresor – de una manera distinta al anterior pero injusto y opresor al fin. De ahí la desesperanza.

Me atrae y me convoca la rebelión. Tengo la esperanza de un orden más justo y liberador aunque sea una ilusión, pero no quiero vivir aceptando el orden actual.

Si no me rebelo estaría diciendo que acepto, o que no me importa, que haya dictaduras y democracias dictatoriales, destrucción del medio ambiente, violencia y manipulación institucional, abuso de autoridad, guerra, narcotráfico, trata de personas, pobreza, injusticia laboral.

Estaría diciendo que me conformo. Y no, no me conformo. Estaría diciendo que no me importa, y sí me importa.

Entonces tengo que usar la palabra, la imagen y la acción para protestar y para incitar a la rebelión, para explicar a quienquiera oírlo que las cosas no tienen que ser así, que la maldad en cualquiera de sus formas transgrede la libertad.

La palabra rebelión tiene mala reputación en ciertas esferas. Una vez distribuí unos panfletos por internet firmados por Canuto rebelde (en mi país “canuto” es el nombre despectivo que la gente le da a los evangélicos).

Un señor me respondió: “Lo que usted afirma es muy bueno pero lo descalifica la rebeldía. Hermano, la rebeldía no es de Dios”.

Si hay algo que mi cristianismo me dicta es rebelarme contra toda forma de injusticia y de maldad. Si “Dios está airado contra el impío todos los días” es porque la maldad lo enoja. Y a mí debe enojarme lo mismo.

La rebelión no puede ser sólo verbal. Hay que encontrar la forma en que se convierta en acción concreta.

Un nuevo camino 6

Un nuevo camino

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino.” Salmos 119:105 (DHH).

Cada persona puede escoger libremente el camino que desea seguir en su vida. En uso de esta libertad, muchos toman rutas que llevan al fracaso y a la perdición. Al encontrarse extraviado sin saber qué hacer o a donde ir, la vida parece que no tiene sentido y todo se opaca alrededor.

Pero la Biblia dice que la Palabra de Dios es una lámpara que nos guía para saber qué camino debemos seguir para nuestro propio bien. Entonces, si te has equivocado o te sientes perdido, es tiempo de cambiar tu destino, lee la Biblia, medita en ella y verás que tu vida tomará un nuevo rumbo en el cual podrás descubrir el propósito que Dios tiene para ti.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Educación y preguntas 7

Educación y preguntas

“Así, nunca vamos a salir adelante. Sin educación la gente no se hace preguntas: ni por qué vive como vive ni cómo se puede salir de aquí”

(Carlos, guía turístico de Rocinha, citado en un reportaje de La Voz del Interior)

Rocinha es la favela más grande de Sudamérica y una de las más habitadas. Los cálculos de población no son muy precisos pero oscilan entre 50 y 100 mil habitantes.

Está ubicada en medio de dos de los barrios más lujosos de Río de Janeiro. Este hecho subraya la obscena convivencia entre la extrema pobreza de los muchos y la riqueza de unos pocos, marca registrada de América latina.

Mucho se puede decir acerca de esto, empezando por preguntarse: “¿En serio hay gente que va a hacer turismo a una favela?” La miseria como entretenimiento…

En las pocas palabras de Carlos está sugerido un estudio profundo la pobreza en las grandes ciudades, imposible de abordar aquí.

Quisiera referirme a la afirmación “sin educación la gente no se hace preguntas” porque este es un tema que vengo siguiendo hace muchos años.

Efectivamente, la educación es un proceso que abre mundos desconocidos. Pero eso depende de qué tipo de educación se trate.

Hay educación que no libera ni permite preguntas. Es educación que impone, que aliena, que demanda aceptación incondicional. Declara, define, delimita.

Es una educación diseñada para proveer a los grupos dominantes un contingente de personas dóciles, funcionales y en definitiva obedientes.

Serán personas que ingresarán al aceitado y poderoso engranaje de la producción de una riqueza que nunca verán. O de una cultura en la cual serán siempre siervos.

Entonces, ¿cuál es la educación que libera?

Desde muchos ámbitos han venido respuestas y proposiciones que le han dado forma a la educación actual. Los resultados varían pero al final del día el balance es magro y triste.

Lo que está claro es que una educación que libere debería formar personas que resistan las formas de imposición política, económica, social o cultural que predominan hoy.

No serían personas dóciles ni ingenuas. Cuestionarían todo. Promoverían otras formas de hacer las cosas y explorarían otras posibilidades de construcción social.

Siempre surge la pregunta si la educación eficaz tiene que ver con edificios, aparatos, equipos y recursos financieros.

Pero parece que hay que preguntarse otras cosas. Cosas que tengan que ver con la justicia, la libertad, el amor, la igualdad.

Y también preguntarse qué personas son las que pueden impartir una educación de semejante calidad.

Cambiar la historia 8

Cambiar la historia

Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él

(Jean Paul Sartre)

Leí recientemente esta frase comentada en un matutino nacional. Creo que hoy Sartre habría tenido que buscar una palabra más correcta políticamente. Tal vez, “persona”.

Me interesan dos aspectos. El primero es que efectivamente somos el resultado de lo que nos enseñaron en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en la iglesia. El otro es que ninguna historia, por más pesada que sea, es irreversible o inevitable. En algún momento es posible que podamos cambiarla.

La tendencia de la mayoría de las personas es seguir el modelo que les fue impuesto. Por comodidad, por no percibir otras opciones o porque el medio es opresivo. Va a ser preciso una experiencia dramática, una suerte de iluminación, alguien que nos muestre y nos abra un camino nuevo para lograr ese cambio. Debe ser un anhelo profundo, una disposición a enfrentar la crítica, el rechazo, el desapego. Algo menos que eso no inspiraría, creo, un acto supremo.

Siguiendo el razonamiento de Sartre, los mismos componentes que nos formaron pueden ser usados para hacer algo distinto. Hay que reexaminarlos, darles otra mirada, hacer una crítica profunda y honesta. Salirse de la baldosa y aprender a bailar en la oscuridad.

Por cierto es un proceso doloroso. Hay cosas que amamos. Hay cosas que nos resulta fácil hacer porque ya estamos acostumbrados y por lo mismo son sencillas de ejecutar. Lo otro requiere desdoblarse, desgajarse, desarraigarse. Quitar una a una las pieles que dieron forma a nuestro ser actual.

¿Por qué hacerlo? ¿Por qué no dejar que las cosas sean como son? Porque tenemos, como ninguna otra cosa en la creación, la opción de la libertad, la posibilidad de la autodeterminación.

La libertad no es gratuita. Siempre tiene un costo. Y es considerada peligrosa para la estabilidad de los sistemas humanos: políticos, económicos, religiosos, culturales. La persona libre puede escapar al control, a la manipulación, al arbitrio de una minoría dominante.

Quizá lo más peligroso de una persona libre es que puede inspirar a otros a seguirle el ejemplo. Por eso los dirigentes del sistema consideran absolutamente necesario neutralizarla a cualquier costo. Y en ello, como ya hemos afirmado aquí antes, las instituciones se han provisto de sutiles y efectivos medios de disuasión, algunos de los cuales no sería posible, ni conveniente, nombrar aquí.

Melodrama 9

Melodrama

(Una de las cosas que aprecio de este espacio es la libertad de que dispongo en cuanto a los temas. En pleno uso de esa facultad hoy les ofrezco unas ideas absolutamente ajenas al medio en que me encuentro. Por eso advierto que esta nota es apta sólo para gente sensible a “otra” música.

Una vez – o dos – escribí que toda la música que me gusta, que sigo y que escucho no es más que una serie de notas pie de Samba pa’ ti de Carlos Santana.

Algunas precisiones son necesarias. La primera es que no es desconocido para mis amigos y colegas que, salvo pocas excepciones, prácticamente no escucho la música que emiten los medios cristianos. Las razones deben quedar en evidencia para quienes leen habitualmente este blog.

La segunda es que eso de notas al pie es una bastante inapropiada copia de una afirmación de Alfred North Whitehead, uno de los mejores exponentes de la llamada filosofía de proceso: “Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica”.

Finalmente, sobre gustos de música no es posible escribir nada excepto cuestiones personales que están muy lejos de constituir pensamiento universal.

Samba pa’ ti es un clásico que me atrapó cuando era adolescente y nunca más me dejó. No me importa en realidad lo que piense la gente respecto de tal música. Espero que el sentimiento sea mutuo.

Algunas personas podrían decir que me equivoco. Que es mejor Comfortably Numb, o Wild Horses o Stairway to Heaven. No los contradigo en modo alguno.

El impacto profundo, la sugestión de un mundo imaginario donde son proyectados todos los sentimientos que nada ni nadie pudo interpretar, la cadencia que se va transformando en un reclamo visceral y finalmente violento, todo eso y más constituye el anclaje que ha hecho de este tema mi música de cabecera.

Escucho otra música por cierto. Pero para celebrar un momento especial en la boda de mi hija Cristina, o en un sensible homenaje en mi cumpleaños, incluso como tema de fondo para mi inevitable futuro funeral, no hay otra pieza instrumental que yo quisiera.

Samba pa’ ti tiene el sonido que me imagino tiene mi pensamiento, mi corazón y mis emociones en ciertos momentos. En otros, prefiero leer el diario, algún libro de literatura francesa o salir a tomar un café con leche a Amélie.

Cosas de uno no más…

Un poco de claridad 10

Un poco de claridad

Volvamos a este asunto de la ayuda y de la ministración para los creyentes. Sobre el ochenta por ciento – un número conservador – del contenido de los libros, artículos y programas de los medios de comunicación del rubro tratan con los problemas y necesidades que tienen las personas que (según el discurso predominante) han encontrado la victoria, la vida abundante o la libertad en Cristo.

Esa es la ironía: los más necesitados parecen ser los que han gustado el don de la salvación. Así que estamos obligados a preguntar de qué se ha salvado la gente que dice que se ha salvado. Si es solamente de un futuro fuego del infierno no queda muy claro qué continúan haciendo en el mundo los que han recibido a Cristo. Si se trata solamente de salvarse del incendio, ¿cuál es el sentido de seguir enfrentándose con los peligros y tentaciones de una existencia terrenal insegura y compleja?

Entonces habría que preguntarse si la obra de Cristo tiene que ver con algo más que la felicidad y el bienestar personal. Porque en la vida presente tales dones no están garantizados. Vivir es adverso las más de las veces. Las relaciones más importantes se resienten y se quiebran. La salud del cuerpo es no pocas veces precaria. Hay pobreza, violencia, maltrato y abuso, crimen, corrupción, destrucción ambiental y todo eso en nuestro mundo cotidiano.

Si uno viniera de una galaxia distante y revisara el contenido de la literatura y los medios cristianos de comunicación concluiría que ser cristiano no difiere mucho de quien no lo es. La diferencia estaría solamente en la práctica del culto y de la iglesia.

Así que tendríamos que asumir una de dos: a) la vida, sea uno cristiano o no, es complicada y no pocas veces desagradable y de lo que hay que ocuparse no es tanto de la propia felicidad sino de mejorar el mundo en el que vivimos; o b) el cristianismo no es tan increíble como se dice y los cristianos tienen que pasar la mayor parte del tiempo sanando de dolencias físicas y espirituales y protegiéndose de sus debilidades hasta que por fin puedan llegar al cielo tan anhelado. En este último caso habría que quitar del discurso evangelístico eso de la vida abundante, la paz y la libertad.

Un poco de claridad ayudaría bastante. Me parece.

Bailando en la oscuridad 11

Bailando en la oscuridad

“La vida fuera de la baldosa, bailando en la oscuridad.”

(Yo, hace algunos años en otro artículo)

No sé si a toda la gente le pasa lo mismo. Hay un instante en la vida que parece definirlo todo. Que ofrece con cruda honestidad la posibilidad de confrontar lo aprendido, de “salirse de la baldosa” en la que uno ha estado parado siempre. A lo mejor no le pasa a todos. O a lo mejor sí, pero muy pocos lo ven y responden.

Eso de la baldosa surgió una vez que estaba hablando con alguien acerca de ese instante y mencioné aquel viejo twist de Rafael Peralta que decía en alguna parte “Sólo contigo mi preciosa yo bailo en la misma baldosa”. Y se me ocurrió que todos vivimos con un conjunto de creencias y convicciones que forman nuestra baldosa, el piso en el cual nos movemos y desde el cual miramos el mundo y juzgamos las cosas.

Pero salirse y mirar desde afuera lo que creemos y somos es algo que sólo puede hacerse si uno ya traía preguntas desde temprano en la vida. Preguntas sin respuesta. Una inquietud previa: “¿Y si las cosas no fueran así..?” La mayoría se acomoda. Se queda en esa zona de confort donde todo está respondido y todo está asegurado. Viviendo como si la verdad fuera una cosa pequeña, asible, definitiva y total.

Es irónico que la declaración de Jesús – la verdad os hará libres – en nuestro mundo evangélico funcione al revés. Una vez recibida la “verdad” la gente ya no piensa más, ya no cuestiona más, ya no confronta nada. Es como si se congelaran para siempre las preguntas que uno tenía antes de entrar en el sistema. Es como quedarse dentro de una jaula invisible que impide la libertad de pensar y pensarse de nuevo cada vez que es necesario y posible.

Salir a la intemperie. Abandonar la comodidad de los sistemas, volver a la Palabra y preguntarse: “¿Es esto así?” Salirse de la baldosa y bailar en la oscuridad donde por un tiempo no hay nada seguro, sólo exploración, interpelación y duda.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia…” (Oseas 6:3)

No es adorable ese proseguiremos? No hay nada terminado. Hay más búsqueda y más encuentro – aunque a veces sea terrible bailar solo, en la oscuridad…

¿Estás ocupando el lugar que te corresponde? 12

¿Estás ocupando el lugar que te corresponde?

Cuando vamos de visita en la casa de un conocido, por lo general, nos limitamos a sentarnos y hacer muy pocos movimientos por respeto y temor; no podemos movernos con libertad a su cocina o peor aún ingresar a los dormitorios porque somos invitados. Pero si estamos en nuestra casa, tenemos esa libertad de movimiento, podemos pasar a cualquier ambiente porque existe la confianza suficiente para desplazarnos libremente y sin temor.

A diario nos enfrentamos con situaciones difíciles y es ahí donde podemos percibir que muchas veces no estamos ocupando el lugar que nos corresponde y estamos actuando como completos desconocidos ante Dios, aun sabiendo que somos sus hijos.

“Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él.” 1 Juan 3:1 (NTV)

El título de “hijo” viene con privilegios y uno de ellos es que podemos correr al Padre en todo momento, contamos con su ayuda, tenemos su amor a pesar de nuestras malas acciones, etc.; pero en ocasiones la culpa, la vergüenza, el enojo, el temor son más fuertes.

Cuando estás viviendo momentos dolorosos ¿tienes esa confianza para correr a Dios o te comportas como un desconocido?

Si tus errores te han convertido en un completo extraño ante Dios, hoy te animo a recordar quién eres y a tomar el lugar que te corresponde. Lucha para que el enemigo no te convierta en un esclavo del pecado porque tienes un Padre que te defiende, te bendice y te levanta.

“Así que ahora ustedes, los gentiles, ya no son unos desconocidos ni extranjeros. Son ciudadanos junto con todo el pueblo santo de Dios. Son miembros de la familia de Dios.” Efesios 2:19 (NTV)

Por: Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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