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El reloj

Cierto misionero en China, abochornado por el calor, pensó en tenderse en una hamaca, y para no dormir demasiado puso su despertador a la hora que deseaba  ser despertado.

Cuando empezaba a dormirse, llamaron a la puerta y se presentó un chino mandarín con el que tenía desde algún tiempo una controversia sobre el pecado.

De nuevo el chino trató de afirmar que ni él ni nadie de su familia tenían pecado. El misionero, paciente, se sentó en la hamaca y procuró explicarle la verdad bíblica del pecado universal, aunque inútilmente. De pronto otro visitante llamaba a la puerta. El misionero salió, y en lo que tardó en volver, el primer visitante se fijó en el reloj, recordó cuánto deseaba su esposa poseer uno igual, y sin pensarlo mucho lo tomó y escondió en la ancha manga de su túnica.

Cuando volvió el misionero notó la falta del reloj, pero no dijo nada. Siguió la conversación, Biblia en mano, pero el chino le dijo que volvería otro día porque no se podía quedar más.

El misionero lo entretuvo un poquito y, de pronto, el despertador empezó a sonar en la manga del mandarín, como el misionero esperaba.

     – ¿Qué será esto?- Gritó disimulando- Yo no sé, acaso un mal espíritu que me ha metido el reloj en la manga.

     – ¡Venga que se lo sacaré! – dijo el misionero y sacó el despertador contra la voluntad del chino. Y después le dijo: espere, voy a leerle un texto en mi Biblia: “Sabed que os alcanzará vuestro pecado”.

Existen muchas personas que creen que si nadie los ve, su pecado no cuenta, que mientras no sean descubiertos no pasará nada. Sin embargo, Proverbios 28:13 dice: “Los que encubren sus pecados no prosperarán,    pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia” (NTV)

El perdón de Dios siempre está al alcance de todos, pero es necesario arrepentirnos y pedir perdón. Si persistimos en nuestros pecados, las consecuencias de ellos nos alcanzarán tarde o temprano porque el hecho de que nadie sepa lo malo que hacemos, no significa que deje de ser pecado.

No esperes a que sea tarde, no persistas en el error, busca el perdón de Dios y cambia tu destino.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Se te perdió algo?

En una ocasión perdí el anillo de matrimonio, me asusté muchísimo porque fue cuando estaba recién casada; como no estaba acostumbrada a utilizar anillos, lo quitaba constantemente de mi mano, pero esta vez no recordaba dónde había quedado, por lo que tuve que buscar sin descanso, por horas, moviendo todo y tratando de recordar los lugares que recorrí hasta encontrarlo.


¡Qué inmensa alegría y paz sentí cuando lo encontré! Cuando perdemos algo valioso para nosotros, seguramente no estaremos tranquilos hasta encontrarlo. Así mismo, mismo recibimos un ejemplo de las Escrituras:


“O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y, cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido”. Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente.” Lucas 15: 8-10 (NVI)


Por supuesto que después de encontrar el anillo me hubiera gustado hacer una celebración, y aunque esto no fue así, estaba muy feliz por recuperar algo valioso para mí. Del mismo modo, el Señor se alegra y celebra con los ángeles cuando una persona que está perdida en el pecado, vuelve al camino correcto y se arrepiente.


Tú eres alguien valioso para el Señor, es por eso que Dios te busca y te llama constantemente a su presencia ¿Seguirás rechazando la invitación? Recuerda que no hay mejor lugar que estar bajo las alas de alguien que te ama.


Te animo a acercarte a Dios, entregar tu vida y pedir perdón por tus pecados, solamente Él es el camino, la verdad y la vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mucho que agradecer

Muchas veces olvidamos lo privilegiados que somos al contar con el perdón de Dios por nuestros pecados, porque el Salmo 103:10 dice “[Jehová] No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.” Si tuviéramos que pagar por el precio de nuestros pecados nuestra vida no alcanzaría para hacerlo.


Su perdón realmente no tiene comparación, ya que nuestra transgresión contra Él y nuestro prójimo merece la muerte, “Porque la paga del pecado es muerte,…” Romanos 6:23 (RVR1960) sin embargo el Señor no nos dejó a la deriva, sino que envió a su Hijo para pagar el precio y así redimirnos de nuestras faltas.


Si Dios nos perdona y renueva su misericordia con nosotros, ¿por qué nos resistimos a hacerlo con los que nos han dañado? Quizás tenemos nuestras justas razones, pero así como hemos recibido la compasión de Dios la debemos dar a quienes nos han ofendido.


Esta es una muestra de lo agradecidos que estamos con Dios, dando lo que hemos recibido de parte de Él a los demás, porque también de esa manera estamos siendo luz y predicando con actos el Amor que ofrece.


¡Sé agradecido perdonando a quienes te ofenden!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Crees que nadie ve lo que haces?

“!!Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?! Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo? ¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: No entendió?” Isaías 29:15-16 (RVR1960).

Hay personas que actúan en lo secreto y tienen un gran empeño en cuidar que todo quede oculto. Pueden sentir que son mas vivos o inteligentes que los demás y que nunca saldrá a luz lo que esconden. Sin embargo, esto no es así, ya que por más que uno quiera esconderse de todos, jamás podrá hacerlo de Dios, quien todo lo ve.

En la Biblia dice que el Señor es creador de todas las cosas, que estas subsisten por Él (Colosenses 1:16-17), y que nada puede ser escondido de Su escrutinio.

Si te encuentras en esta situación, te animo a dar un paso de arrepentimiento y genuina sinceridad. Deja de esconderte, ve delante de Dios y ponte a cuenta con Él, de todas maneras ya lo sabe todo. El Señor te ofrece misericordia y perdón para que puedas corregir tu camino.

“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Hasta que el sol se ponga…

¿Cuántos hemos soñado con tener relaciones interpersonales perfectas, donde no existan peleas que nos lleven a discusiones irreparables? Es posible que muchos, pero lamentablemente esto está fuera de nuestra realidad, somos humanos y por naturaleza tendemos a fallar y a disgustarnos con los demás.

Muchos dirán: “Pero si él es hijo de Dios, ¿Cómo puede enojarse?” El apóstol Pablo nos hace entender que enojarse no es ningún pecado, porque existirán situaciones en las que  no podremos evitarlo, pero de nosotros depende persistir en ello o no.

 “Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos.”  Efesios 4:26-27(TLA)

Por supuesto que no faltaran situaciones que nos lleven a enojarnos y, aunque parece increíble, Dios también se enoja; sin embargo su enojo es momentáneo. Ese es el ejemplo que deberíamos imitar para estar en paz con todos, arreglar nuestros conflictos hasta que el sol se ponga.

Lamentablemente la mayoría de las veces  los desacuerdos son con las personas más cercanas,  que como resultado en muchas oportunidades provoca un cierto distanciamiento, lo cual no es saludable para una relación.

Quizá tuviste muchas razones para enojarte con tu amiga, pareja, esposa, padres, líderes pero, sin importar quien haya iniciado el conflicto, te animo a dar el primer paso a la reconciliación.

Y aunque te cueste reconocer tu error, debes dar ese primer paso si realmente deseas tener buenas relaciones con los demás. ¿Te has puesto a pensar en tu actitud? ¿Sabes lo que pudo haberle molestado a la otra persona de ti? Quizá hay ciertos aspectos en tu vida que necesitan ser fortalecidos.

Finalmente, pídele perdón, aun si no eres tú el culpable; porque al hacerlo no sólo mostrarás cierta madurez sino también le darás a entender a la otra persona cuán importante es para ti.

De nada sirve lastimarse con actos y palabras, incluso miradas, es momento de dar ese paso que te llevará a mantener la paz con otros y contigo mismo.

Pablo termina diciendo:

“Dejen de estar tristes y enojados. No griten ni insulten a los demás. Dejen de hacer el mal. Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.” Efesios 4:31-32 (TLA)

No esperes que el sol se ponga para reconciliarte con quien has tenido una diferencia. Reflexiona en esto: ¿Qué pesa más? ¿Demostrar quién es culpable y continuar en conflicto o pasar por alto la falta y vivir en paz con los demás?

Por Ruth Mamani

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Por mucho que huyas

Se cuenta el caso de un hombre que cometió un terrible crimen, asesinando por celos al novio en su propia boda.

Inmediatamente después de cometido el asesinato tomó su caballo y huyó del castillo donde se había celebrado la fiesta y,  aprovechando la oscuridad de la noche, corrió por los caminos de Escocia.

Después de galopar toda la noche dando vueltas y más vueltas y cuando creía que se hallaba a muchos kilómetros del lugar, al despuntar el alba se  encontró en las puertas del mismo castillo donde había cometido su terrible crimen, siendo detenido para  recibir su castigo.

En ocasiones creemos que si no hablamos de nuestro pecado, que si lo escondemos y si nadie se entera o que si nos vamos lejos donde nadie nos conozca, bastará para dejar en el olvido nuestro error. Sin embargo, no hay forma de escapar de Dios, quien nos conoce y sabe todo lo que acontece en nuestras vidas.

El rey David, en el salmo 139: 7-12 (NTV), dice: “¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú. Si cabalgo sobre las alas de la mañana, si habito junto a los océanos más lejanos, aun allí me guiará tu mano   y me sostendrá tu fuerza. Podría pedirle a la oscuridad que me ocultara, y a la luz que me rodea, que se convierta en noche; pero ni siquiera en la oscuridad puedo esconderme de ti. Para ti, la noche es tan brillante como el día. La oscuridad y la luz son lo mismo para ti”

No huyas, no hay forma de esconderte de Dios. Puedes ir de una iglesia a otra, cambiarte de ciudades y hasta de países constantemente, pero llegará un día en el que ya no podrás huir y tendrás que enfrentar, como todos, el juicio por tus actos.

Si te has equivocado, si pecaste, acércate a Dios con un corazón arrepentido y pide perdón.  Si heriste a alguien, pídele perdón y si está en tus manos enmendar el daño causado ¡hazlo!

¡No tienes que vivir huyendo! 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (RVR1960)”

Por mucho que huyas no podrás escapar de Dios, así que deja de atormentarte por tus pecados, acude a Él y disfruta del perdón, la paz y tranquilidad que necesitas.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡El diablo no juega a ser diablo!

Susana encontró un grupo de cachorros de lobo en la orilla de un río, como notó la ausencia de la madre, y suponiendo que hubo algún incidente con ella, decidió adoptarlos.

En el patio de su casa les creo un espacio con rejas para que pudieran dormir y comer, pero los cachorros crecían rápido y la exigencia de carne era cada vez más fuerte. En una ocasión su vecina entró a visitarla y los cinco lobos abrieron la puerta a la fuerza para atacarla; y Susana junto a su novio apenas lograron librar a la mujer de una tragedia.

Después de esto el novio y los vecinos le pidieron que abandonara a los lobos, pero ella no quiso escuchar. Un día llegó tarde y los animales estaban sin comer todo el día, ella entró a la jaula para darles alimento pero los lobos la atacaron; a pesar de sus gritos nadie pudo salvarla, su novio llegó cuando ya habían devorado el sesenta por ciento de Susana.

“¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?” Proverbios 6:27-28 (LBLA)

A veces nos gusta jugar con el peligro como sucedió con Susana, sin considerar que si jugamos con fuego tarde o temprano nos vamos a quemar y así sucedió en este caso.

Así mismo sucede con el pecado, nos creemos capaces de controlar la situación y damos lugar a nuestros deseos, pero “el diablo no juega a ser diablo” y en el momento que se presente la oportunidad de atacarte y destruirte no te perdonará.

¿Estás jugando con fuego? Si este es tu caso, aún tienes tiempo para arrepentirte porque estás con vida, recuerda que ser cristiano es una decisión seria y no un juego, es tiempo de decidir si eres frío o caliente.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Condenado

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” Proverbios 28:13 (RVR 1960).

Cuando pecamos, se produce en nosotros sentimientos de culpa y vergüenza, lo cual es normal porque se ha quebrantado un principio moral; pero no debemos quedarnos en esa condición, esto debe llevarnos a confesar nuestras transgresiones a Dios, confiando que Él nos responderá con un amor perdonador.

Si creemos que hemos fallado tanto que no merecemos el perdón de Dios estamos considerando que el sacrificio redentor de Jesús no fue suficiente para limpiarnos de nuestra maldad. Y eso no es cierto, el Señor pagó el precio por ti y por toda la humanidad.

Cuando acudes a Él realmente arrepentido por lo que hiciste ¡Dios te perdonará!

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cuando el pasado te persigue

Lety era una jovencita rebelde, sus padres por más que trataban de corregirla no lograban que ella tomara conciencia y cambiara, pero algo pasó en la vida de la joven, conoció a Jesús como Salvador y su interior empezó a ser trasformado. Sin embargo, su padre, quién no olvidaba el pasado a pesar de su cambio, en cada oportunidad por algún error que ella cometía, traía a memoria lo que ella era antes.

Esto causaba mucha frustración e impotencia en Lety, y un día, cuando su padre nuevamente le echaba en cara su pasado ella explotó en llanto y le reprochó su actitud diciéndole que ya no podía más, que estaba cansada de que la acusara. Su padre sólo la escuchó en silencio y nunca más volvió hablarle de esa manera.

¿Te ha sucedido? Cuando los errores del pasado no desaparecen porque otros no permiten que los olvides, y el problema no son las personas sino que esto viene de parte del enemigo; el libro de Apocalipsis nos asegura que noche y día se presenta como nuestro acusador ante Dios.

“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.” Apocalipsis 12:9-10

El detalle importante es que el perdón de Dios borra toda culpa, y Jesús es nuestro abogado defensor: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” 1 Juan 2:1-2

Si pecaste, no tardes en pedir perdón a Dios, líbrate de toda acusación del enemigo, y cree con todo tu corazón que el Señor borró tu delito y el pasado ya no existe.

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Romanos 8:33-34 (RVR1960)

¡Vive libre de toda culpa!

 

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¿Por qué acusarlos?

“y le dijeron a Jesús: Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo pecado de adulterio. En nuestra ley, Moisés manda que a esta clase de mujeres las matemos a pedradas. ¿Tú qué opinas? Ellos le hicieron esa pregunta para ponerle una trampa. Si él respondía mal, podrían acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con su dedo.” Juan 8:4-6 (TLA)
Al llevar los fariseos a la mujer adúltera ante Jesús, tenían toda la intención de acusarla en público, como Él no estaba en ese plan y menos de ser parte del espectáculo de la vergüenza, actuó con sabiduría y misericordia a pesar del objetivo de la multitud.
Quizá todos tenían una piedra en mano, lista para lanzar, mas al ver la actitud de Jesús, escribiendo en la arena con un silencio total, poco a poco se alejaron, dejando caer sus piedras mientras se iban. La pregunta es: ¿Qué habrá escrito Jesús en la tierra? Quizá los pecados de cada uno o palabras como: “A ti también te perdoné” No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es del efecto que sus palabras causaron en esa multitud.
Porque después de escribir en la arena, Él dijo: “Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra”. ¿Alguno se atrevió a apedrearla? No, ninguno, pues estaban conscientes de sus errores.
Ahora yo te pregunto: ¿Cuál es tu actitud ante el pecado de otros?
Todos somos pecadores, pero en ocasiones solemos clasificar el pecado por la gravedad del asunto, sin darnos cuenta que siendo “grande o pequeño” sigue siendo pecado, ¿Vale la pena levantar la mano para acusar a alguien y avergonzarlo por sus actos? ¿Qué dice la Biblia acerca de esto? En Mateo 7:12 (TLA) Encontramos: “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados, porque eso nos enseña la Biblia.”
Cuando empiezas por mirar tu propio corazón y examinas lo que hay en él, comienzas a darte cuenta de tus propios pecados y dejas de mirar a los demás para acusarlos y condenarlos porque entiendes que necesitas el perdón de Dios tanto como ellos.
Nuestra naturaleza humana nos hace actuar a la defensiva, haciéndonos pensar que nunca seremos culpables, pero es de sabios reconocer el error y no acusar a otros por sus errores.
En situaciones similares, antes de levantar tu mano para acusar a alguien, ahí en el silencio, te animo a analizarte y a tomar en cuenta la actitud que Jesús tuvo con esta mujer. Él la trató con respeto a pesar de la multitud de pecados que hubiera cometido, la perdonó, le dio su misericordia, no la condenó, pero también le advirtió que no pecara más.
¿Por qué no hacerlo nosotros con quienes han pecado, si algún día podríamos estar en su misma condición?

Por Ruth Mamani

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué seguimos pecando?

Me encanta la comida picante. Cualquier alimento sin picante es insípido a mi paladar y siento que le falta algo. El problema es que los picantes me hacen mal al estómago. No es un problema que haya tenido antes, pero supongo que he llegado a una cierta edad en donde no puedo darme el lujo de comer lo que sea y esperar que no me haga nada, así como cuando era adolescente. Sin embargo, a pesar de que sé que es perjudicial para mi salud, no puedo dejar de comer picante. Pongo todo tipo de excusas e intento dejarlo, pero es un hábito difícil de romper.

Esta experiencia me hizo abrir los ojos ante la realidad espiritual. Como cristianos sabemos que hemos recibido el perdón de Dios, que Él borra todos nuestros pecados y no se acuerda más de todas nuestras rebeldías (Isaías 43:25). Y a pesar de que Jesús hace esto por nosotros, ¿por qué seguimos pecando?

Pecamos por búsqueda de placer.

John Piper

La respuesta es sencilla y dolorosa: pecamos porque nos gusta. Así como mi gusto por el picante, si lo detestara, no me costaría dejar de comerlo. Igualmente, si odiáramos el pecado sería sencillo dejar de practicarlo. Escuchamos más la voz de nuestros deseos que la voz de Dios, nos dejamos llevar por nuestros impulsos y terminamos pecando. Sabemos que las consecuencias después de haber cometido el pecado serán devastadoras y, sin embargo, aún así lo hacemos. La recompensa de placer pasajero que nos ofrece el pecado puede hacernos creer que sólo eso puede satisfacernos. No obstante, debemos darnos cuenta de que no hay nadie más que pueda llenar nuestros vacíos más que Jesús.

Mi problema con el picante alcanzó proporciones mayores cuando un médico me prohibió incluirlo en mi dieta. Eso fue doloroso, pero es algo que, muy en el fondo, ya veía venir. Me explicó que si quería cuidar de mi salud debía dejar de comer picante durante un largo tiempo. El pecado es similar. Recibimos advertencias para dejar de practicarlo, pero no caemos en cuenta de cuán graves son hasta que genera conflictos tan grandes que no sabemos cómo enfrentarlos. No debemos abusar de la gracia de Dios y seguir pecando sólo porque sabemos que Él nos perdonará.

Es probable que al principio sea difícil, pero una vez que fijemos nuestra vista en Jesús como la fuente que puede llenar todos nuestros deseos, podemos estar confiados de que, con Su ayuda, escucharemos más la voz de Cristo que la de nuestros deseos. De esa manera, nuestro gusto por el pecado desaparecerá y llegaremos a aborrecer el mal que hacíamos antes.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Escucha la Advertencia

Una señora fue advertida por su doctor sobre la necesidad de operarse de un pequeño tumor. Ella alegó que, no siendo cosa grave, esperaría unas semanas, hasta que no estuviese tan ocupada.

Seis semanas más tarde se repitió el aviso y la respuesta.

Pasó algún tiempo y un día la señora, notando cierto malestar, fue al doctor dispuesta y decidida para la cirugía pero el médico le confesó:

     – No, ahora ya no puede ser operada, porque el cáncer ha crecido tanto que ha tocado puntos vitales y no tiene remedio.

Lo mismo sucede con el pecado, si no se corta a tiempo y se le permite crecer libremente, contamina todo de tal manera que un día puede ser demasiado tarde, no solamente terminando con nuestra vida física, sino con consecuencias espirituales eternas.

En Hebreos 3:15 dice: “Recuerden lo que dice: «Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron»” (NTV).

Muchas veces, porque no se ven las consecuencias inmediatas se minimiza el efecto de un pecado y se piensa  que se podrá seguir así por mucho tiempo más; sin embargo,  cuando uno cae en cuenta, ya no es algo que se pueda controlar, sino que ese mal controla aspectos de la vida y, posiblemente, además de afectar a quien lo comete, familiares, amigos y gente cercana se ven afectados.

Si sabes que hay algo en ti que está mal, que le desagrada a Dios, pídele ayuda para cambiar eso, ruega por su fortaleza y corta de raíz aquello que te está contaminando, no permitas que crezca hasta el punto de que ese pecado tome control sobre tu vida.

Escucha la voz de Dios y obedece ahora que estás a tiempo. El Señor siempre está dispuesto a perdonar a quien se acerca con un corazón arrepentido. Busca de su ayuda y fortaleza.

 

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