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Decídete a perdonar

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32 (RVR1960).

Ya habíamos hablado sobre el perdón, comentábamos que el mismo es una decisión que debe tomarse en obediencia a Dios y por el bien de uno mismo.

En realidad, perdonar no favorece tanto a la otra persona como a uno mismo, puesto que al hacerlo somos nosotros quienes dejamos ir sentimientos negativos que solo dañan nuestro ser, tales como la ira, enojo, resentimiento e incluso amargura.

Si aún no te decides a perdonar a quienes te lastimaron, te animo a dar el paso, para que tu corazón sea sanado y puedas ser restaurado por Dios.

Por Cesia Serna.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Perdona y sentirás paz!

“de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.” Colosenses 3:13 (NVI).

Recordemos que el costo de nuestro pecado es algo que no podemos pagar pero Dios a través de su gracia nos da Su perdón. Cuando no queremos perdonar a las personas que nos dañaron, nuestra vida se llena de amargura y resentimiento. Por eso, no esperes a que te pidan perdón, da tú el primer paso, perdonando de la misma forma que Dios te perdonó.

Al perdonar, sentirás que una gran carga se va de tu vida y recibirás paz en tu corazón, lo cual hará que te sientas mejor con Dios y contigo mismo.

¡Animo, da el primer paso y perdona!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Y por qué yo no?

Ser víctima de alguna injusticia es muy doloroso, y una de las reacciones comunes es ser invadido por un sinfín de emociones como la venganza, impotencia y demás. Es ahí cuando debemos poner nuestra mirada en lo que la Palabra nos dice al respecto, para neutralizar nuestras emociones y dejarnos guiar por Dios, con el objetivo de no cometer errores y seguir su plan.

No somos seres perfectos y aun así el Señor nos dio la oportunidad de ser hijos suyos, a pesar de nuestros pecados y maldades nos brindó su perdón. Así mismo debemos considerar a los demás cuando nos lastiman, porque ese perdón que recibimos debemos darlo a otros.

“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” Lucas 6:35-36

Algo que me llamó la atención en estos versículos es que Jesús alienta a que demos de lo que hemos recibido de Dios, dice que Él es benigno y misericordioso con los ingratos y malos; es decir que tiene compasión porque conoce que sus corazones necesitan de Su amor para ser transformados.

Por ello, por más difícil que sea es nuestra labor perdonar a quienes nos han pagado mal o realizado algún daño, ya que con ello estamos entregando la causa a Dios para que Él mismo se encargue. Pero si no lo hacemos estamos sobrepasando la autoridad de nuestro Creador y dejando de lado Su voluntad.

Aunque no sea sencillo perdonar debemos esforzarnos para hacerlo, porque si Él perdona nuestras maldades ¿por qué nosotros no?

“…de gracia recibisteis, dad de gracia.” Mateo 10:8

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Y, ¿te has bautizado?

El bautizo es un acto público de amor (así como el matrimonio) en el que se manifiesta la decisión de amar y la entrega a nuestro Señor.

Antiguamente, aquellos que escuchaban el mensaje de Dios se bautizaban inmediatamente porque creían en Él. ¿Crees en Jesús y lo que hizo por ti? Si la respuesta es afirmativa, entonces, no dudes en dar este paso de fe. La Biblia nos muestra un valioso ejemplo:

“El pasaje de la Escritura que leía era el siguiente:

«Como oveja fue llevado al matadero. Y, como cordero en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca. Fue humillado y no le hicieron justicia.
¿Quién puede hablar de sus descendientes? Pues su vida fue quitada de la tierra».

El eunuco le preguntó a Felipe: «Dime, ¿hablaba el profeta acerca de sí mismo o de alguien más?». Entonces, comenzando con esa misma porción de la Escritura, Felipe le habló de la Buena Noticia acerca de Jesús.

Mientras iban juntos, llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco dijo: «¡Mira, allí hay agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?».

Hechos 8:32-36 (NTV)

Este pasaje de la Biblia nos muestra la conversión de un hombre que iba por el camino y se encontró con Felipe, quién le predicó la Palabra del Señor; después de haber escuchado las buenas noticias de la salvación, se preguntó: ¿Qué impide que yo sea bautizado?

Si eres alguien que ama a Jesús, crees en Él y quieres seguir sus pasos, entonces, ¿qué estás esperando? Recuerda que es un paso que debes decidir darlo por ti mismo, porque solamente dependerá de ti seguir sus pasos.



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¡Somos uno en Jesús!

“El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar.  Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.”

1 Juan 2:10-11 (NVI)

Cuánta verdad conlleva esta palabra, pero al mismo tiempo cuán difícil es poder aplicar a nuestras vidas. 

Estamos convencidos que en la unidad de su iglesia las bendiciones de Dios se derraman, pero lamentablemente nos cuesta practicarlo y comportarnos como hermanos que somos. ¿Te has preguntado alguna vez por qué hay rivalidad entre nosotros? ¿De dónde vienen las contiendas? ¿Acaso no somos hijos de un mismo Padre? ¿Acaso Dios no es amor y el que dice amarlo tiene que amar a su prójimo? ¿No nos enseñó Jesús a amarnos unos a otros?

Es verdad que todos poseemos un carácter muy singular, puedo decirlo con toda seguridad por la familia numerosa que tengo, porque a pesar de tener rasgos muy parecidos finalmente no hay similitud en la personalidad de cada integrante.

Es triste saber cómo estamos permitiendo que el enemigo gane ventaja sobre nosotros a raíz de nuestras diferencias, porque mientras Dios quiere mantenernos unidos como hermanos, nosotros estamos dando lugar al enemigo para terminar con valiosas amistades que han sido construidas durante años que, por pequeños malentendidos, han terminado en contiendas.

Familias enteras se van desintegrando, matrimonios que terminan en divorcio e iglesias acaban divididas. La pregunta es: ¿por qué estemos permitiendo que eso ocurra? Puedes excusarte de la forma que desees y poner todos los argumentos que tengas, pero aun así nunca será razón suficiente para que todo problema termine en grandes peleas.

¿Sabías que el tiempo que tenemos acá en la tierra es limitado? Entonces ¿por qué perderlo en discusiones? ¿Por qué no vivir como un solo cuerpo que somos?

Si hoy tiene que pasar por alto la falta de tu hermano, hazlo, no termines este día enemistado con nadie; si tienes que pedir perdón, ya no lo pienses más, todos cometemos errores y así como unos merecen una oportunidad, otros necesitan darla.

No olvides que, por más diferentes que podamos ser el uno del otro, al final somos miembros de un mismo cuerpo: Jesús. No te quedes en la oscuridad y aprende a amar a tu hermano tal y como es.

“Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.”

Romanos 12:4-5 (NVI)

Por Ruth Mamani



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A todos

Cuando le preguntaron a Alejandro el Grande, cómo en una edad tan temprana de su vida y en tan corto tiempo había logrado conquistar vastas regiones y establecer su nombre de un modo tan firme respondió:

—El secreto de mi éxito es que he tratado tan bien a mis enemigos que los he convertido en mis amigos; y me he comportado con mis amigos de forma tan delicada que han continuado siendo amigos de un modo inalterable.

Entre las muchas cosas que Jesús nos enseñó y cambió de la ley está el amor a los enemigos. En Mateo 5:43-48 dice:

“Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. Si eres amable solo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo.  Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto” (NTV)

Sin duda alguna, no es fácil amar a los enemigos. No es fácil sentir aprecio y mucho menos orar por alguien que nos ha calumniado, robado, herido, traicionado, que nos ha quitado algo a que apreciábamos mucho o que ha sido causante de la ruptura de una relación o familia. Hay cientos de ejemplos que podríamos tener y todos serían válidos; sin embargo, el mandamiento es amar a nuestros enemigos, sin importar la causa.

En Proverbios 15: 1 dice: “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor” (NTV) ¿No te ha pasado que hay problemas que toman dimensiones impensables por una mala respuesta? De algo que parecía tan simple pasa a no tener sentido por la magnitud que cobra. Y muchas veces de ahí nacen los enemigos de algo que pudo evitarse con una blanda respuesta, hablando, aclarando posiciones.

El orar por tus enemigos, no sólo te pondrá dentro de la voluntad de Dios, sino que traerá paz a tu vida, te dará la fortaleza para tener un trato amable con aquellos que te han lastimado y verás cómo las cosas cambian. Recuerda que cada uno da lo que tiene y que de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Qué hay en tu corazón?

Recuerda que el mandamiento de amar al prójimo se refiere a todos, a la gente que nos hace el bien como a aquella que nos lastimó.



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¿El diablo va a la iglesia?

Muchos pensarán que el título de este devocional es literal, pero simplemente está haciendo referencia al tipo de expresión que utilizan las personas cuando ven a alguien que consideran un “demonio” ir a una reunión donde se habla de Dios ¿lo has escuchado?

Lo que sucede es que todos nos sorprendemos cuando alguien cambia de vida. En este caso quisiera poner de ejemplo a un hermano de mi congregación. Él se dedicaba a tomar bebidas alcohólicas todos los días, llegó a estar enfermo de cirrosis, por lo que simplemente esperaba en cualquier momento la muerte. Un día unas personas se acercaron y le dijeron: “Dios no te creó para que destruyas tu vida”,  por lo que buscó una iglesia para conocer el propósito de Dios para su vida, y ahí recibió el perdón del Señor. En la actualidad es un hombre que predica por todos lados el mensaje de salvación, está sano, tiene su familia y una movilidad con la que trabaja, siempre dando gracias a Dios que lo rescató de la perdición.

Sus amigos o las personas que lo conocían antes de su conversión,  se sorprenden cuando lo ven y ellos mismos reconocen que este cambio tuvo que ser un milagro del Señor.

“En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.

Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?”

Hechos 9:20-21

Una de las personas que tuvo un cambio radical en la Biblia fue Pablo, este perseguía a los cristianos, por lo que aquellos que lo miraban predicar de Cristo se quedaban pasmados de su cambio e incluso pensaban que solamente era una trampa para después llevarlos a matar.

Cuando alguien realmente se entrega a Dios, su vida da un giro, no es el mismo, la Biblia dice:

“El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad.”

Efesios 4:28

La pregunta que quiero hacerte es ¿Tu vida ha cambiado? Si sigues siendo el mismo, es decir, si eras un mentiroso, desobediente, ladrón, adúltero, inmoral o cometías otros pecados y aún continúas practicándolos, entonces tu encuentro con Dios no ha sido real y es necesario que te arrepientas si quieres la bendición del Señor.

Este tiempo te animo a decidirte por Cristo, te animo a dejar de ser tú y comenzar a seguir a Jesús, recuerda que Dios tiene un propósito para ti, no vivas la vida a tu manera.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Eres perdonado!

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”

Isaías 1:18 (Reina-Valera 1960)

¿Cansado de fallarle a Dios una y otra vez? Es posible que nuevamente hayas caído en el mismo pecado, por lo cual piensas que ya no mereces misericordia, pero ¿has intentado buscar su perdón? Sabemos que nuestra naturaleza humana nos incita a pecar, pero también es cierto que tenemos disponible la vía del perdón que nos ofrece nuestro Dios. No importa el tamaño de tu pecado si quieres verlo de esa forma, porque hoy Dios está dispuesto a perdonarte, lo único que necesitas es ir delante de su presencia, reconocer tus pecados y pedir perdón.

Recuerda que fue el amor de Dios que lo impulsó a enviar a su Hijo para morir en nuestro lugar, para que de tal manera pudiéramos recibir el perdón de nuestros pecados. Aun sin importar las veces que le hayamos fallado, su perdón está a la distancia de una oración. ¡No pierdas esa oportunidad que tu padre quiere darte hoy!


Por Ruth Mamani



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De la misma manera

“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”

Efesios 4:32 (NVI)

El perdón refleja el corazón de Jesús y si decimos que somos sus seguidores, nosotros también debemos perdonar. A pesar de que pecamos una y otra vez, Dios continúa perdonándonos. ¿No debiéramos hacer lo mismo con los que nos ofenden, las veces que sean necesarias?

Cuando nos negamos a perdonar nos encarcelamos al pasado y envenenamos nuestro futuro. Por lo tanto es importante ser compasivos con aquellos que nos lastimaron, ya que también por ellos Jesús derramó su sangre en la cruz.

Si Dios nos perdona por cosas inexcusables, entonces debemos dar el primer paso en perdonar a los que nos ofendieron para ser libres del dolor del pasado.

¿Quieres dar el primer paso?


Por Giovana Aleman



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¿Tus palabras bendicen?

“La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. La lengua de los sabios destila conocimiento; la boca de los necios escupe necedades.” Proverbios 15-1-2 (NVI)


Cuando nos dejamos llevar por el enojo o la ira solemos lastimar con nuestras palabras a los seres mas queridos. Este aspecto debe cuidarse en el matrimonio, ya que de no hacerlo, la relación comienza a deteriorarse al punto que por las mismas heridas, el amor comienza a apagarse.

Dios no desea eso por ello nos insta a tener dominio propio: Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley”. Pero esto se consigue cuando nos dejamos llevar por el Espíritu de Dios y Él nos nuestra la verdad sobre nuestra manera de comportarnos. El también nos ayuda a cambiar y a reconocer nuestras faltas cuando fuera necesario y tener dominio propio. Su palabra nos recuerda:


“Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios”. Salmos 141:3


Sería bueno preguntarnos ¿Estoy llevando paz con mis palabras a los que me rodean, o ellos prefieren alejarse?

Por Danitza Luna


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¡Es también amor!

“Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen.  Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.”

Mateo 5:44-45 (DHH)

Es tan fácil amar a quienes nos aman, pero nos cuesta tanto amar a los que nos hacen daño, pues el dolor llega a ser más grande que nuestra capacidad de perdonar y amar. Sin embargo el verdadero amor, es amar incluso a los que nos aborrecen. Este amor debe ser un signo distintivo de los hijos de Dios, por el cual podemos amar y orar por aquellos que nos quieren o rechazan.

Por tanto es importante comenzar a amar a aquellos que considerábamos nuestros enemigos, seguramente nos sorprenderá ver como Dios nos llena de tanto amor para poder amar incluso a los que no nos aman.


Por Giovana Aleman



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Ya es tiempo de perdonarte

Ardis Whitman cuenta de un hombre que vivió torturado durante muchos años por el recuerdo de una travesura estudiantil en la que uno de sus amigos perdió la vida. El recuerdo de aquel acto inconsciente lo atormentaba: cambiaba de empleo continuamente  e incluso se separó de su esposa, con la que llevaba seis años de matrimonio. De la noche a la mañana, sin embargo, se operó un cambio rotundo en él; parecía alegre y satisfecho, recuperó su empleo y su mujer volvió a su lado.

Cuando le preguntaron qué sucedió él dijo: Yo no podía dejar de pensar en las horribles consecuencias de mi acto. El recuerdo de mi culpa me helaba la alegría en los labios; iba a estrechar la mano de alguien y la retiraba avergonzado y el remordimiento había levantado una muralla entre mi esposa y yo. Cierto día recibí la visita de la persona cuya presencia yo más temía en este mundo: la madre de mi amigo que había fallecido.

 – Hace algunos años, después de orar mucho, conseguí perdonarte; tu mujer te perdonó también, igual que tus amigos y jefes – La mujer hizo una pausa y continuó con tono severo-  Tú eres el único que no te has perdonado. ¿Quién te crees que eres para  oponerte a todos los vecinos del pueblo y a nuestro Señor mismo?

Después de eso, el hombre vio en los ojos de aquella madre una especie de permiso para ser el que él hubiera sido si su amigo viviese, por primera vez se sintió digno de amar y de ser amado.

¿Hay algo que no te perdonas? ¿Cometiste un error y no sabes cómo enfrentar las consecuencias? ¿Te atormentan tus errores?

Todos nos equivocamos, tomamos malas decisiones y después debemos lidiar con la consecuencia de nuestros actos. Nadie está libre de cometer equivocaciones y es cierto que hay errores que pagan inocentes y quizás son los más difíciles de enfrentar.

Si bien es cierto que arrepentirnos no nos librará de la consecuencia de nuestros actos, nos permitirá poder avanzar y buscar el propósito de Dios para nuestras vidas. La culpa suele atarnos y nos quita la visión de un futuro.

En Hebreos 10: 17 y 18 dice: “…«Nunca más me acordaré  de sus pecados y sus transgresiones». Y cuando los pecados han sido perdonados, ya no hace falta ofrecer más sacrificios.

Si realmente te arrepentiste y pediste perdón a Dios y a los afectados por tus actos, es tiempo de que tú también te perdones. Puede no ser un proceso fácil pero tú no eres superior a Dios y si Él te perdonó ¿Quién eres tú para no hacerlo?

 “Finalmente te confesé todos mis pecados  y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor»,   ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció” Salmos 32:5  (NTV)

Si ya confesaste tu pecado y te arrepentiste de corazón, levántate y busca tu propósito, pídele a Dios que te dé la sabiduría y fortaleza para que esa mala experiencia te ayude a guiar a otros, a evitar que cometan el mismo error. Que ese error del pasado no te detenga.

 

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