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Por mucho que huyas 1

Por mucho que huyas

Se cuenta el caso de un hombre que cometió un terrible crimen, asesinando por celos al novio en su propia boda.

Inmediatamente después de cometido el asesinato tomó su caballo y huyó del castillo donde se había celebrado la fiesta y,  aprovechando la oscuridad de la noche, corrió por los caminos de Escocia.

Después de galopar toda la noche dando vueltas y más vueltas y cuando creía que se hallaba a muchos kilómetros del lugar, al despuntar el alba se  encontró en las puertas del mismo castillo donde había cometido su terrible crimen, siendo detenido para  recibir su castigo.

En ocasiones creemos que si no hablamos de nuestro pecado, que si lo escondemos y si nadie se entera o que si nos vamos lejos donde nadie nos conozca, bastará para dejar en el olvido nuestro error. Sin embargo, no hay forma de escapar de Dios, quien nos conoce y sabe todo lo que acontece en nuestras vidas.

El rey David, en el salmo 139: 7-12 (NTV), dice: “¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú. Si cabalgo sobre las alas de la mañana, si habito junto a los océanos más lejanos, aun allí me guiará tu mano   y me sostendrá tu fuerza. Podría pedirle a la oscuridad que me ocultara, y a la luz que me rodea, que se convierta en noche; pero ni siquiera en la oscuridad puedo esconderme de ti. Para ti, la noche es tan brillante como el día. La oscuridad y la luz son lo mismo para ti”

No huyas, no hay forma de esconderte de Dios. Puedes ir de una iglesia a otra, cambiarte de ciudades y hasta de países constantemente, pero llegará un día en el que ya no podrás huir y tendrás que enfrentar, como todos, el juicio por tus actos.

Si te has equivocado, si pecaste, acércate a Dios con un corazón arrepentido y pide perdón.  Si heriste a alguien, pídele perdón y si está en tus manos enmendar el daño causado ¡hazlo!

¡No tienes que vivir huyendo! 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (RVR1960)”

Por mucho que huyas no podrás escapar de Dios, así que deja de atormentarte por tus pecados, acude a Él y disfruta del perdón, la paz y tranquilidad que necesitas.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡El diablo no juega a ser diablo! 2

¡El diablo no juega a ser diablo!

Susana encontró un grupo de cachorros de lobo en la orilla de un río, como notó la ausencia de la madre, y suponiendo que hubo algún incidente con ella, decidió adoptarlos.

En el patio de su casa les creo un espacio con rejas para que pudieran dormir y comer, pero los cachorros crecían rápido y la exigencia de carne era cada vez más fuerte. En una ocasión su vecina entró a visitarla y los cinco lobos abrieron la puerta a la fuerza para atacarla; y Susana junto a su novio apenas lograron librar a la mujer de una tragedia.

Después de esto el novio y los vecinos le pidieron que abandonara a los lobos, pero ella no quiso escuchar. Un día llegó tarde y los animales estaban sin comer todo el día, ella entró a la jaula para darles alimento pero los lobos la atacaron; a pesar de sus gritos nadie pudo salvarla, su novio llegó cuando ya habían devorado el sesenta por ciento de Susana.

“¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?” Proverbios 6:27-28 (LBLA)

A veces nos gusta jugar con el peligro como sucedió con Susana, sin considerar que si jugamos con fuego tarde o temprano nos vamos a quemar y así sucedió en este caso.

Así mismo sucede con el pecado, nos creemos capaces de controlar la situación y damos lugar a nuestros deseos, pero “el diablo no juega a ser diablo” y en el momento que se presente la oportunidad de atacarte y destruirte no te perdonará.

¿Estás jugando con fuego? Si este es tu caso, aún tienes tiempo para arrepentirte porque estás con vida, recuerda que ser cristiano es una decisión seria y no un juego, es tiempo de decidir si eres frío o caliente.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Condenado 3

Condenado

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” Proverbios 28:13 (RVR 1960).

Cuando pecamos, se produce en nosotros sentimientos de culpa y vergüenza, lo cual es normal porque se ha quebrantado un principio moral; pero no debemos quedarnos en esa condición, esto debe llevarnos a confesar nuestras transgresiones a Dios, confiando que Él nos responderá con un amor perdonador.

Si creemos que hemos fallado tanto que no merecemos el perdón de Dios estamos considerando que el sacrificio redentor de Jesús no fue suficiente para limpiarnos de nuestra maldad. Y eso no es cierto, el Señor pagó el precio por ti y por toda la humanidad.

Cuando acudes a Él realmente arrepentido por lo que hiciste ¡Dios te perdonará!

Por Neyda Cruz

 

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Cuando el pasado te persigue 4

Cuando el pasado te persigue

Lety era una jovencita rebelde, sus padres por más que trataban de corregirla no lograban que ella tomara conciencia y cambiara, pero algo pasó en la vida de la joven, conoció a Jesús como Salvador y su interior empezó a ser trasformado. Sin embargo, su padre, quién no olvidaba el pasado a pesar de su cambio, en cada oportunidad por algún error que ella cometía, traía a memoria lo que ella era antes.

Esto causaba mucha frustración e impotencia en Lety, y un día, cuando su padre nuevamente le echaba en cara su pasado ella explotó en llanto y le reprochó su actitud diciéndole que ya no podía más, que estaba cansada de que la acusara. Su padre sólo la escuchó en silencio y nunca más volvió hablarle de esa manera.

¿Te ha sucedido? Cuando los errores del pasado no desaparecen porque otros no permiten que los olvides, y el problema no son las personas sino que esto viene de parte del enemigo; el libro de Apocalipsis nos asegura que noche y día se presenta como nuestro acusador ante Dios.

“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.” Apocalipsis 12:9-10

El detalle importante es que el perdón de Dios borra toda culpa, y Jesús es nuestro abogado defensor: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” 1 Juan 2:1-2

Si pecaste, no tardes en pedir perdón a Dios, líbrate de toda acusación del enemigo, y cree con todo tu corazón que el Señor borró tu delito y el pasado ya no existe.

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Romanos 8:33-34 (RVR1960)

¡Vive libre de toda culpa!

 

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¿Por qué acusarlos? 5

¿Por qué acusarlos?

“y le dijeron a Jesús: Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo pecado de adulterio. En nuestra ley, Moisés manda que a esta clase de mujeres las matemos a pedradas. ¿Tú qué opinas? Ellos le hicieron esa pregunta para ponerle una trampa. Si él respondía mal, podrían acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con su dedo.” Juan 8:4-6 (TLA)
Al llevar los fariseos a la mujer adúltera ante Jesús, tenían toda la intención de acusarla en público, como Él no estaba en ese plan y menos de ser parte del espectáculo de la vergüenza, actuó con sabiduría y misericordia a pesar del objetivo de la multitud.
Quizá todos tenían una piedra en mano, lista para lanzar, mas al ver la actitud de Jesús, escribiendo en la arena con un silencio total, poco a poco se alejaron, dejando caer sus piedras mientras se iban. La pregunta es: ¿Qué habrá escrito Jesús en la tierra? Quizá los pecados de cada uno o palabras como: “A ti también te perdoné” No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es del efecto que sus palabras causaron en esa multitud.
Porque después de escribir en la arena, Él dijo: “Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra”. ¿Alguno se atrevió a apedrearla? No, ninguno, pues estaban conscientes de sus errores.
Ahora yo te pregunto: ¿Cuál es tu actitud ante el pecado de otros?
Todos somos pecadores, pero en ocasiones solemos clasificar el pecado por la gravedad del asunto, sin darnos cuenta que siendo “grande o pequeño” sigue siendo pecado, ¿Vale la pena levantar la mano para acusar a alguien y avergonzarlo por sus actos? ¿Qué dice la Biblia acerca de esto? En Mateo 7:12 (TLA) Encontramos: “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados, porque eso nos enseña la Biblia.”
Cuando empiezas por mirar tu propio corazón y examinas lo que hay en él, comienzas a darte cuenta de tus propios pecados y dejas de mirar a los demás para acusarlos y condenarlos porque entiendes que necesitas el perdón de Dios tanto como ellos.
Nuestra naturaleza humana nos hace actuar a la defensiva, haciéndonos pensar que nunca seremos culpables, pero es de sabios reconocer el error y no acusar a otros por sus errores.
En situaciones similares, antes de levantar tu mano para acusar a alguien, ahí en el silencio, te animo a analizarte y a tomar en cuenta la actitud que Jesús tuvo con esta mujer. Él la trató con respeto a pesar de la multitud de pecados que hubiera cometido, la perdonó, le dio su misericordia, no la condenó, pero también le advirtió que no pecara más.
¿Por qué no hacerlo nosotros con quienes han pecado, si algún día podríamos estar en su misma condición?

Por Ruth Mamani

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¿Por qué seguimos pecando? 6

¿Por qué seguimos pecando?

Me encanta la comida picante. Cualquier alimento sin picante es insípido a mi paladar y siento que le falta algo. El problema es que los picantes me hacen mal al estómago. No es un problema que haya tenido antes, pero supongo que he llegado a una cierta edad en donde no puedo darme el lujo de comer lo que sea y esperar que no me haga nada, así como cuando era adolescente. Sin embargo, a pesar de que sé que es perjudicial para mi salud, no puedo dejar de comer picante. Pongo todo tipo de excusas e intento dejarlo, pero es un hábito difícil de romper.

Esta experiencia me hizo abrir los ojos ante la realidad espiritual. Como cristianos sabemos que hemos recibido el perdón de Dios, que Él borra todos nuestros pecados y no se acuerda más de todas nuestras rebeldías (Isaías 43:25). Y a pesar de que Jesús hace esto por nosotros, ¿por qué seguimos pecando?

Pecamos por búsqueda de placer.

John Piper

La respuesta es sencilla y dolorosa: pecamos porque nos gusta. Así como mi gusto por el picante, si lo detestara, no me costaría dejar de comerlo. Igualmente, si odiáramos el pecado sería sencillo dejar de practicarlo. Escuchamos más la voz de nuestros deseos que la voz de Dios, nos dejamos llevar por nuestros impulsos y terminamos pecando. Sabemos que las consecuencias después de haber cometido el pecado serán devastadoras y, sin embargo, aún así lo hacemos. La recompensa de placer pasajero que nos ofrece el pecado puede hacernos creer que sólo eso puede satisfacernos. No obstante, debemos darnos cuenta de que no hay nadie más que pueda llenar nuestros vacíos más que Jesús.

Mi problema con el picante alcanzó proporciones mayores cuando un médico me prohibió incluirlo en mi dieta. Eso fue doloroso, pero es algo que, muy en el fondo, ya veía venir. Me explicó que si quería cuidar de mi salud debía dejar de comer picante durante un largo tiempo. El pecado es similar. Recibimos advertencias para dejar de practicarlo, pero no caemos en cuenta de cuán graves son hasta que genera conflictos tan grandes que no sabemos cómo enfrentarlos. No debemos abusar de la gracia de Dios y seguir pecando sólo porque sabemos que Él nos perdonará.

Es probable que al principio sea difícil, pero una vez que fijemos nuestra vista en Jesús como la fuente que puede llenar todos nuestros deseos, podemos estar confiados de que, con Su ayuda, escucharemos más la voz de Cristo que la de nuestros deseos. De esa manera, nuestro gusto por el pecado desaparecerá y llegaremos a aborrecer el mal que hacíamos antes.



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Escucha la Advertencia 7

Escucha la Advertencia

Una señora fue advertida por su doctor sobre la necesidad de operarse de un pequeño tumor. Ella alegó que, no siendo cosa grave, esperaría unas semanas, hasta que no estuviese tan ocupada.

Seis semanas más tarde se repitió el aviso y la respuesta.

Pasó algún tiempo y un día la señora, notando cierto malestar, fue al doctor dispuesta y decidida para la cirugía pero el médico le confesó:

     – No, ahora ya no puede ser operada, porque el cáncer ha crecido tanto que ha tocado puntos vitales y no tiene remedio.

Lo mismo sucede con el pecado, si no se corta a tiempo y se le permite crecer libremente, contamina todo de tal manera que un día puede ser demasiado tarde, no solamente terminando con nuestra vida física, sino con consecuencias espirituales eternas.

En Hebreos 3:15 dice: “Recuerden lo que dice: «Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron»” (NTV).

Muchas veces, porque no se ven las consecuencias inmediatas se minimiza el efecto de un pecado y se piensa  que se podrá seguir así por mucho tiempo más; sin embargo,  cuando uno cae en cuenta, ya no es algo que se pueda controlar, sino que ese mal controla aspectos de la vida y, posiblemente, además de afectar a quien lo comete, familiares, amigos y gente cercana se ven afectados.

Si sabes que hay algo en ti que está mal, que le desagrada a Dios, pídele ayuda para cambiar eso, ruega por su fortaleza y corta de raíz aquello que te está contaminando, no permitas que crezca hasta el punto de que ese pecado tome control sobre tu vida.

Escucha la voz de Dios y obedece ahora que estás a tiempo. El Señor siempre está dispuesto a perdonar a quien se acerca con un corazón arrepentido. Busca de su ayuda y fortaleza.

 

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Decídete a perdonar 8

Decídete a perdonar

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32 (RVR1960).

Ya habíamos hablado sobre el perdón, comentábamos que el mismo es una decisión que debe tomarse en obediencia a Dios y por el bien de uno mismo.

En realidad, perdonar no favorece tanto a la otra persona como a uno mismo, puesto que al hacerlo somos nosotros quienes dejamos ir sentimientos negativos que solo dañan nuestro ser, tales como la ira, enojo, resentimiento e incluso amargura.

Si aún no te decides a perdonar a quienes te lastimaron, te animo a dar el paso, para que tu corazón sea sanado y puedas ser restaurado por Dios.

Por Cesia Serna.

 

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¡Perdona y sentirás paz! 9

¡Perdona y sentirás paz!

“de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.” Colosenses 3:13 (NVI).

Recordemos que el costo de nuestro pecado es algo que no podemos pagar pero Dios a través de su gracia nos da Su perdón. Cuando no queremos perdonar a las personas que nos dañaron, nuestra vida se llena de amargura y resentimiento. Por eso, no esperes a que te pidan perdón, da tú el primer paso, perdonando de la misma forma que Dios te perdonó.

Al perdonar, sentirás que una gran carga se va de tu vida y recibirás paz en tu corazón, lo cual hará que te sientas mejor con Dios y contigo mismo.

¡Animo, da el primer paso y perdona!

Por Giovana Aleman

 

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¿Y por qué yo no? 10

¿Y por qué yo no?

Ser víctima de alguna injusticia es muy doloroso, y una de las reacciones comunes es ser invadido por un sinfín de emociones como la venganza, impotencia y demás. Es ahí cuando debemos poner nuestra mirada en lo que la Palabra nos dice al respecto, para neutralizar nuestras emociones y dejarnos guiar por Dios, con el objetivo de no cometer errores y seguir su plan.

No somos seres perfectos y aun así el Señor nos dio la oportunidad de ser hijos suyos, a pesar de nuestros pecados y maldades nos brindó su perdón. Así mismo debemos considerar a los demás cuando nos lastiman, porque ese perdón que recibimos debemos darlo a otros.

“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” Lucas 6:35-36

Algo que me llamó la atención en estos versículos es que Jesús alienta a que demos de lo que hemos recibido de Dios, dice que Él es benigno y misericordioso con los ingratos y malos; es decir que tiene compasión porque conoce que sus corazones necesitan de Su amor para ser transformados.

Por ello, por más difícil que sea es nuestra labor perdonar a quienes nos han pagado mal o realizado algún daño, ya que con ello estamos entregando la causa a Dios para que Él mismo se encargue. Pero si no lo hacemos estamos sobrepasando la autoridad de nuestro Creador y dejando de lado Su voluntad.

Aunque no sea sencillo perdonar debemos esforzarnos para hacerlo, porque si Él perdona nuestras maldades ¿por qué nosotros no?

“…de gracia recibisteis, dad de gracia.” Mateo 10:8

 

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Y, ¿te has bautizado? 11

Y, ¿te has bautizado?

El bautizo es un acto público de amor (así como el matrimonio) en el que se manifiesta la decisión de amar y la entrega a nuestro Señor.

Antiguamente, aquellos que escuchaban el mensaje de Dios se bautizaban inmediatamente porque creían en Él. ¿Crees en Jesús y lo que hizo por ti? Si la respuesta es afirmativa, entonces, no dudes en dar este paso de fe. La Biblia nos muestra un valioso ejemplo:

“El pasaje de la Escritura que leía era el siguiente:

«Como oveja fue llevado al matadero. Y, como cordero en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca. Fue humillado y no le hicieron justicia.
¿Quién puede hablar de sus descendientes? Pues su vida fue quitada de la tierra».

El eunuco le preguntó a Felipe: «Dime, ¿hablaba el profeta acerca de sí mismo o de alguien más?». Entonces, comenzando con esa misma porción de la Escritura, Felipe le habló de la Buena Noticia acerca de Jesús.

Mientras iban juntos, llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco dijo: «¡Mira, allí hay agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?».

Hechos 8:32-36 (NTV)

Este pasaje de la Biblia nos muestra la conversión de un hombre que iba por el camino y se encontró con Felipe, quién le predicó la Palabra del Señor; después de haber escuchado las buenas noticias de la salvación, se preguntó: ¿Qué impide que yo sea bautizado?

Si eres alguien que ama a Jesús, crees en Él y quieres seguir sus pasos, entonces, ¿qué estás esperando? Recuerda que es un paso que debes decidir darlo por ti mismo, porque solamente dependerá de ti seguir sus pasos.



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¡Somos uno en Jesús! 12

¡Somos uno en Jesús!

“El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar.  Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.”

1 Juan 2:10-11 (NVI)

Cuánta verdad conlleva esta palabra, pero al mismo tiempo cuán difícil es poder aplicar a nuestras vidas. 

Estamos convencidos que en la unidad de su iglesia las bendiciones de Dios se derraman, pero lamentablemente nos cuesta practicarlo y comportarnos como hermanos que somos. ¿Te has preguntado alguna vez por qué hay rivalidad entre nosotros? ¿De dónde vienen las contiendas? ¿Acaso no somos hijos de un mismo Padre? ¿Acaso Dios no es amor y el que dice amarlo tiene que amar a su prójimo? ¿No nos enseñó Jesús a amarnos unos a otros?

Es verdad que todos poseemos un carácter muy singular, puedo decirlo con toda seguridad por la familia numerosa que tengo, porque a pesar de tener rasgos muy parecidos finalmente no hay similitud en la personalidad de cada integrante.

Es triste saber cómo estamos permitiendo que el enemigo gane ventaja sobre nosotros a raíz de nuestras diferencias, porque mientras Dios quiere mantenernos unidos como hermanos, nosotros estamos dando lugar al enemigo para terminar con valiosas amistades que han sido construidas durante años que, por pequeños malentendidos, han terminado en contiendas.

Familias enteras se van desintegrando, matrimonios que terminan en divorcio e iglesias acaban divididas. La pregunta es: ¿por qué estemos permitiendo que eso ocurra? Puedes excusarte de la forma que desees y poner todos los argumentos que tengas, pero aun así nunca será razón suficiente para que todo problema termine en grandes peleas.

¿Sabías que el tiempo que tenemos acá en la tierra es limitado? Entonces ¿por qué perderlo en discusiones? ¿Por qué no vivir como un solo cuerpo que somos?

Si hoy tiene que pasar por alto la falta de tu hermano, hazlo, no termines este día enemistado con nadie; si tienes que pedir perdón, ya no lo pienses más, todos cometemos errores y así como unos merecen una oportunidad, otros necesitan darla.

No olvides que, por más diferentes que podamos ser el uno del otro, al final somos miembros de un mismo cuerpo: Jesús. No te quedes en la oscuridad y aprende a amar a tu hermano tal y como es.

“Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.”

Romanos 12:4-5 (NVI)

Por Ruth Mamani



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