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El León que me rescata

Me senté en mi escritorio hecho de madera oscura y miré a la pantalla negra de mi computadora. A través de ella, vi mi reflejo. Nunca y quedaba mirándome porque siempre la encendía rápidamente para comenzar a trabajar en las tareas, pero en ese momento, hice una pausa.

No encendí la pantalla, simplemente me senté allí y me miré. Estaba sola. No estaba funcionando como mi computadora portátil, esperando que alguien encienda el botón para poder continuar con mis deberes; todos estaban ausentes.

Estaba en silencio total con solo mis pensamientos. Cada pensamiento enfatizaba mi estado de soledad: cómo no tenía a nadie con quién conversar, cómo no tenía a nadie allí para consolarme. ¿Por qué todos me habían abandonado? ¿No se detuvieron a pensar en todos los eventos que ocurrieron recientemente en mi vida? ¿No se dieron cuenta de que no estaba bien? No. Nadie pareció notarlo; excepto yo.

Supe qué le estaba pasando a la muchacha que en la pantalla. Vi más allá de esa sonrisa alegre en su rostro. Aunque todos alrededor estaban logrando sus sueños y ella estaba celebrando por ellos, también sentía tristeza. Había un miedo. Supe que a pesar de todo, ella estaba sufriendo, ya que también significaba que los había perdido. Si la miraran profundamente a sus ojos, también lo verían: el vacío. Verían que no está completamente bien. La máscara estaba demasiado gastada y ya no podía seguir con el acto.

En ese instante, las emociones que tanto luché para contener finalmente salieron triunfantes a través de mi brillante máscara y comenzaron a escapar en forma de una lágrima que descendió de mi ojo derecho. Empecé a llorar. En un instante, mi rostro cambió de un pálido marfil a un rojo, como si el sol se hubiera deleitado en quemar mi piel. Estaba sumida en la desesperación porque no había nadie para escucharme. Aparté mis ojos de la pantalla y miré hacia mi techo. Escuché mi voz temblorosa decir en un tono suave:

—¡Señor, ayúdame! Estoy cansada de estar miserable. Necesito una restauración de la esperanza de que pronto sucederá. Sé que me escuchas, tú siempre lo has hecho, por favor, responde a mi súplica.

Cuando terminé mi oración, sentí desesperación. Solo quería que mi miseria sucumbiera. Quería sentirme amada de nuevo y totalmente deseada. Fue entonces cuando lo vi: un campo lleno de trigo de lo más dorado. Era largo y me llegaba hasta la cintura. Estaba de pie en el centro del campo con el vestido bohemio más blanco que la nieve y suelto con bordados complejos que corrían justo por encima de mis tobillos. Mi cabello estaba suelto, llegaba al final de mi espalda.

En la distancia, vi un árbol alto y verde con muchas hojas. Debajo del árbol vi a un león que parecía aún más dorado que el trigo, a excepción de su melena de color negro. Empezó a dirigirse en mi dirección y no dudé en caminar hacia él. Luego ganó velocidad con sus piernas en un trote rápido. Yo también comencé a trotar porque estaba desesperada por alcanzarlo. Sentía como si siempre lo hubiera conocido. Cuando estábamos a una distancia de dos metros, nos detuvimos. Sus claros ojos marrones miraron profundamente a los míos. Sentí como si él estuviera mirando mi alma. En ese momento entendí que él podía ver lo que nadie más podía. Vio todo lo que había pasado y había una expresión de tristeza en sus ojos.

Inmediatamente me arrodillé y lloré. Esta vez no fueron lágrimas de dolor, sino de alegría. Me di cuenta de que no estaba sola, que nunca estaba sola. Alguien ya había pasado por un dolor que era mucho peor que el mío; esa persona pudo superarlo todo, así que yo también podía. Esa persona se sacrificó para darme la eternidad. Mi esperanza ahora se estaba restaurando lentamente.

Abrí los ojos y volví a mirar la pantalla de mi computadora. Me vi de manera diferente. Mi apariencia no había cambiado, pero ahora vi que lo que una vez estuvo vacío, se estaba llenando. No estaba contenta con cómo se había desarrollado todo en mi vida, pero estaba contenta con la respuesta que había recibido. No estaba llena, pero comprendí que algún día lo estaría. Las personas continuarán cometiendo errores porque no son perfectos, como yo no lo soy. Solo necesitaba aceptar eso y aferrarme a la roca que me sostendría cuando otros no pudieran.

Me sonreí, para variar, y me sentí excepcional. La sonrisa se sintió genuina, completa y desenmascarada. Encendí mi laptop y vi el logotipo azul en el centro de la pantalla. Estaba funcionando de nuevo, así como lo estaba yo.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Lugares

Lugares comunes. Lugares preferentes. Lugares inolvidables. Cosas maravillosas o terribles tuvieron lugar. Ese no es tu lugar. Mi lugar en el mundo. No hay más lugar. Yo no haría eso si estuviera en tu lugar

Algunos especialistas sugieren que el verdadero origen de la palabra lugar se encuentra en la lengua romance y significa “pequeña población establecida en el claro de un bosque”. Eso me pareció sumamente atractivo y me propuse explorar algunos diversos lugares que conozco.

El lugar de la soledad. Me tomó años reconocerlo y acostumbrarme a su paisaje reposado y algo lejano. No es un sitio fácil. No tiene buena reputación para la mayoría y te suelen recomendar que no te quedes a vivir ahí. Pero hallé parajes felices en su territorio y adquirí el hábito de permanecer allí horas. Y días a veces.

Ese no es mi lugar. He ido reconociendo muchos sitios que no son ya más mi lugar. La chimuchina, el ruido de motores, tubos de escape, televisores y músicas a todo volumen, gente hablando a gritos en bares y aeropuertos. Los estadios, los conciertos multitudinarios, las marchas, las fiestas concurridas.

Estate en tu lugar. Hay sitios en las instituciones cristianas donde no puede entrar el pueblo. A través de largos pasillos y puntos de seguridad se llega a un pequeño living al que sólo tienen acceso los guardaespaldas y los allegados del poder. Sólo para personas VIP. El domingo a la noche el líder había predicado acerca del amor de Dios para el mundo. Esto es real. Lo viví en una mega iglesia en una ciudad sudamericana hace tres o cuatro años.

No hay lugar. Porque llegamos tarde. No teníamos gente conocida que nos diera una credencial para entrar. Sólo cupieron personas recomendadas por el jefe, parientes con ventaja, gente bonita que no desentona, de color grato a la vista y bien vestidos.

Cosas maravillosas y terribles tuvieron lugar. A veces me siento tentado a escribir unas memorias de mi largo peregrinaje por tierras evangélicas. He presenciado maravillas del amor, la renuncia y la pasión por el mundo. He presenciado y oído historias horribles perpetradas por personas que predican el amor de Jesús. Pero me dicen: Yo no haría eso si estuviera en tu lugar. Se tendrán que relatar entonces en voz baja en oscuros tabucos a los cuales algunos noctámbulos se autoconvocan movidos por la bronca, la tristeza y el desamparo, tarde en la noche.

Con Dios nunca estás solo

“Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Salmos 139:3-4 (RVR1960).

Sentirse solo aun cuando uno tiene personas alrededor se ha vuelto común en estos días y pareciera que no hay nada que pueda llenar ese vacío; pero no es así, contamos con la compañía de Dios; en Su Palabra dice que Él conoce nuestros caminos e incluso aquello que diremos. Esta es una prueba de que somos importantes para Él y que permanece cerca nuestro.

No tienes que luchar solo y en tus fuerzas, busca refugio en Dios, permite que llene tú vida con Su amor, cree en Su promesa.

“Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.” Éxodo 33:14 (RVR1960).

Por Cesia Serna

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mi estado

Se me ocurrió ir poniendo algunos fragmentos de viejos escritos en el llamado “estado de WhatsApp”.

Es una rendición, lo confieso. Siempre sentí que esas cosas eran la expresión moderna de la copucha y el pelambre.

Pero con el tiempo fui descubriendo, o dándome cuenta, que todo no es más que una especie de eterno retorno. Lo que ayer hacían los chasquis y las señales de humo hoy lo hacen Instagram y WhatsApp.

Solía indagar en mis pasados escritos para angustiarme porque sentía que todo eso pasaba sin pena ni gloria por el blog.

Me dolía que la inmensa mayoría prefiera saber qué debe hacer para no caer en la tentación que reflexionar en la inexcusable ausencia de los creyentes en el mundo real.

Ahora ya no me va doliendo tanto. Aceptar la idea que la gente prefiere pensar en sí misma y no en lo otro tiene un componente terapéutico: es nada más que la marca de la época.

Lo que pasaba era que yo creía que a los cristianos les importaba el mundo real pero no es así. Y asumirlo me va calmando los nervios, tensados por tanta indiferencia.

Volvamos a los “estados”.

Como algún escriba viejo, voy sacando cosas nuevas y antiguas. Voy descubriendo que todavía todo me interesa, todo me inspira, todo me despierta el ser.

Algunas mañanas, en mi cabaña del campo donde Fernando, vibraba con el color de los crisantemos, la majestuosidad de los álamos, la música de Sabina, el aroma del café recién hecho en la cocina y la soledad recién estrenada.

Otras, en medio de los cerros de Bialet Massé, me arrastraba entre los escombros de la tristeza, intentaba componer una canción de esperanza, buscaba el consuelo de una rosita que abría sus primeros pétalos, acomodaba la leña en la tibia salamandra de la sala.

A medida que avanzaba el tiempo me pasó algo extraordinario: abandoné – o me dejó, o decidí, no sabría decirlo – el pedregoso y oscuro sentimiento del miedo, la culpa y la vergüenza.

Esa formidable conquista – el no andar lamentando nada y sentirme bien de una buena vez – se sumó a otras dos vespertinas conquistas: la libertad y la paz.

Así que proponer en pocas palabras los diversos estados del ser en el cuadrito de WhatsApp constituye una discreta algazara interior porque constato que sigo vivo.

No es una gran cosa pero, qué quieren que les diga: sigo vivo.

Estados alterados

A fin de sacar algunas frases interesantes para colocar en el estado de WhatsApp releo artículos que he escrito aquí desde octubre de 2012.

Confieso que si alguien lee la totalidad de estas notas, que superan las 650 ediciones, habrá hecho un viaje al fondo de mí.

Esto no es poco decir porque es un viaje complejo. Volver a leerlos ha sido algo revelador porque describen un período de dramáticas decisiones y grandes cambios.

Me di cuenta que los primeros tres años exploraban mucho más los sentimientos que el pensamiento. A este último modo lo he denominado “escritura técnica”, que se dedica a tratar cuestiones de orden, digamos, material.

La mayor parte de ese primer período profundiza en el dolor, la soledad, el redescubrimiento del entorno físico, el cuerpo en transición, la ida al amor y el regreso, los deseos contenidos, la celebración del libro, la escritura y el viaje, otros detalles mínimos como la rosa, el helecho, la buganvilla, la lavanda y el café. También las empanadas del “18” (sólo para chilenos).

Observo estados de gran esperanza y expectante contemplación de las posibilidades junto a otros de gran desapego, casi despedida y sosegado escepticismo, especialmente frente a la convicción de que no parece que las cosas van a cambiar para mejor.

Una de mis colegas del trabajo solía decirme – ahora no, curiosamente – que yo era ciclotímico, es decir, que experimentaba frecuentes altibajos emocionales. Leo que estos estados son menos agresivos que el trastorno bipolar pero se le parecen.

Le explico a mi amiga que son “estados alterados” porque no siempre me someto a los dictados de la justa razón.

A veces la razón no me entiende y no me encuentro dispuesto a entenderla a ella. Es decir, a pesar de lo que dice un amigo mío, en esos momentos simplemente no voy y hago lo correcto.

(Noto algo interesante sobre la gente que siempre hace lo correcto: tiene ese aire de “yo soy más santo que tú” aunque a veces tengo la sospecha de que se sujetan a la razón pero se mueren de ganas de otra cosa).

Tengo preguntas. No tengo todas las respuestas que me hacen falta. No todo está tan clarito. Hay días que en que me asiste, como a Sábato, una demencial esperanza en la gente y otras veces no tengo más ganas de tener esperanza.

Debo parar aquí. Me estoy repitiendo…

Se verá que no

Harta de la complacencia y el talante indolente, el alma se subleva.

Escribe la crónica de la sangre, el relato de la injusticia, la historia de los pasillos donde la grey susurra su desamparo.

Pero es en vano.

Como decíamos cuando éramos chicos, “no hay coté”, no está el horno para bollos.

La multitud prefiere la paz de la soberana medianía. Al fin y al cabo, se dice a sí misma, las cosas siempre han sido como son.

Se alinea con las noticias y las tendencias de la red social, se divierte con memes y videos, deposita su voto al mejor postor porque vota al que le dé.

Traga discursos carismáticos, oxidadas consignas setenteras y televisión farandulera.

Transita por las anchas avenidas del sentido y el lugar común.

A la inmensa mayoría le irrita la provocación de la diferencia, la mirada otra, la confrontación del pensamiento y la exigencia de las letras.

Para la gente está bueno que las cosas cambien un poco para que todo siga siendo igual.

(Vive y deja vivir, no te metas, no agites el gallinero, no vayas donde no te llaman, vuelve a tu cubil, lobo estepario, rebelde malagradecido. Aquí las cosas marchan como deben, cada uno cumple su papel, todo marcha viento en popa y al final vamos a ganar y si no lo crees, peor para ti.)

Así que éste no parece ser mi lugar. Es más, a lo mejor no existe tal lugar y lo único que me pasa es que padezco una rara enfermedad que se me contagió una mañana debajo de unos manzanos silvestres.

Me iré entonces acurrucando al amparo de la poesía, compañera fiel igual que los libros. Me voy a apotincar en la temperada caricia del recogimiento y voy a buscar el abrazo cada vez más simpático de la soledad.

A lo mejor habría que hacer caso del consejo “No agites, hermano”.

Entonces, a hacer no más la pega de todos los días, seguir desayunando en Amélie (los domingos en Marzola) y aparentar que me quedo en el molde.

Un día, cuando me vaya, se verá que no.

Flashback

(Flashback: Verónica Rojas explica en el sitio Aloha Criticón que es una técnica narrativa que retrotrae la narración temporal a un acontecimiento pasado, casi siempre con la intención de situarse en algo importante para la configuración del presente del personaje o situación desarrollada).

Una vez escribí las palabras que transcribo abajo, fragmento de muchos otros enervantes murmullos que pululaban por mi cabeza por aquellos días. Vivía entonces en una cabaña. A veces se aparece en mis sueños y me embarga una nostalgia terrible. Un día tuve que abandonarla y relaté así ese trágico episodio:

“Una noche de mayo el cielo se vino abajo y por todas partes llovió el desastre, la tormenta brutal. Hubo goteras inmensas en medio de la sala y el corazón se anegó en estúpidas lágrimas. Es peligroso ser pobre y viejo.”

Somero resumen: mi cuarto estudio mínima biblioteca ropero cama baja bastante menor y silencio. Cuarto, pasillo, cocina, patio.

Tengo que caminar. La hora pasa y no consigo el pensamiento que amaina el desasosiego. De pronto, una pequeña luz, una idea que es apenas un susurro en esta quietud que me ensordece. A veces, es una imagen de los años que pasaron por el patio trasero y que no alcancé a atrapar.

Un rostro, un aroma de pan caliente, un café con medialunas, un perfume de mujer, un inolvidable perfume de mujer…

Una montaña estallada de helechos entre la neblina de las alturas. El mar, esa bestia incansable que me besa los pies pretendiéndose vencida; otras, un diálogo sin palabras, una mínima plegaria que sólo espera ser oída – es tan simple…

A veces, la frase de una canción, un poema de Neruda, unas líneas de Pescetti, un fragmento de Balzac, un episodio de la vida de Mandela.

Y entonces, tenue, sin prisa, el sueño viene a aplacar esta otra tormenta que soy yo.

Así elaboro este aprendizaje, así aprendo en esta escuela que me acerca a los que siguen buscando, a los que no se conforman con siete doctrinas y cinco libritos que les resuelven la vida.

Porque es voluntario este ensayo de soledad, este exilio de comuniones y hermandades complacientes. Hay intención en esta nota al margen que soy ahora.

Me quiero lejos de las atosigantes victorias y de las cifras del éxito. Me quiero a salvo de las frases hechas que embriagan el sentido. Huyo de las exhortaciones sin compasión de los que se creen propietarios de mi conciencia.

Prefiero noches como ésta, cuando la dura gramática del dolor compone sus mejores páginas…

Estar solo podría matarte

Pasar un tiempo en soledad es muy provechoso para nuestra salud mental. Nos ayuda a reflexionar y analizar nuestra vida. Además, nos sirve para desconectarnos de todo lo negativo que nos rodea. Sin embargo, pasar mucho tiempo solo y aislarse por completo del resto de la sociedad tiene el efecto contrario. Es más, una reciente investigación descubrió que incluso puede ser mortal.

Según las estadísticas, miles de personas en el mundo se sienten solas. No se trata de su estado civil, sino de que se sienten apartados de los demás. Una persona puede estar rodeada de gente, pero si carece de conexiones sociales importantes, su salud está tan en riesgo como el de una persona que fuma quince cigarrillos al día o es alcohólico. La soledad es preocupante porque afecta la salud mental y física. ≪El aislamiento social y la soledad aumentan significativamente el riesgo de mortalidad prematura≫, afirma Julianne Holt-Lunstad, PhD, profesora de psicología y neurociencia en la Universidad Brigham Young. Asimismo, la soledad afecta negativamente el funcionamiento del sistema inmunológico y ≪aumenta los niveles de estrés, impide el sueño y, a su vez, daña el cuerpo. La soledad también puede aumentar la depresión o la ansiedad≫.

¿La soledad es mala?

Como afirma Ami Rokach, PhD, psicólogo clínico e instructor en la Universidad de York, en Canadá, la soledad es algo natural en el ser humano y es ≪algo con lo que cada uno de nosotros lidiamos de vez en cuando≫. Hay momentos en los que sentimos que no hay nadie más en el mundo y que no hay quién nos consuele. Estos sentimientos se dan en situaciones que nos afectan psicológicamente; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una ruptura amorosa, etc. Estos momentos de soledad no son mortales pues son pasajeros. El problema reside cuando la soledad es crónica.

Las personas más propensas a sufrir de soledad crónica son aquellas que ≪no tienen los recursos emocionales, mentales o financieros para salir y satisfacer sus necesidades sociales o carecen de un círculo social que pueda proporcionar estos beneficios≫. No se trata de cuántos familiares o amigos se tenga, sino de la calidad de vínculos interpersonales.

¿Cómo combatir la soledad?

Fortalecer buenos vínculos con las personas es una forma de combatir la soledad. También lo es pertenecer a un tipo de comunidad que inspire y brinde apoyo emocional, como las iglesias o asociaciones benéficas. Otra manera es enfocarse en las necesidades de los otros y ayudarlos con sus necesidades. Cualquier acción que ayude a disminuir a la soledad y cree lazos afectivos con los demás son de provecho para uno mismo y para los demás.

Para más información, leer: 7 consejos para vencer la soledad



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Novotney, A. (2019). Social isolation: It could kill you. Continuing Education50(5), 32. Recuperado el 28 de mayo de 2019, de https://www.apa.org/monitor/2019/05/ce-corner-isolation

En el tiempo adecuado

“De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino? Lazo es al hombre hacer apresuradamente voto de consagración, Y después de hacerlo, reflexionar.” Proverbios 20:24-25 (RVR1960).

Estos versículos mencionan que es peligroso comprometerse con algo de forma apresurada, porque existe la posibilidad de que al pensarlo bien se quiera dar marcha atrás.

Esta advertencia aplica también en nuestras relaciones, como es el caso del noviazgo. Algunas personas deciden aventurarse en una relación, simplemente con el fin de evitar la soledad, por impulso e incluso simplemente por probar.

No obstante, esta decisión puede traer dolorosas consecuencias, si se toman de manera apresurada y sin la debida reflexión. Por el contrario, si antes de tomar una decisión, nos dedicamos a buscar la dirección de Dios, el resultado será satisfactorio y podremos disfrutar de un precioso noviazgo en sintonía con la voluntad de Dios.

Por lo tanto, no te apresures en iniciar una relación, consulta primero con Dios, para que Él sea Señor de tu vida también en este tema.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Irse y regresar

Me he querido ir varias veces. Y siempre, de un modo u otro, he debido regresar. Por un tiempo viví mi exilio voluntario en una cabaña. He aquí lo que pasó:

Vuelvo a ver la cabaña. Conserva ese aire único que tuvo desde el principio. Me acerco a través del pasto descuidado y los cardos crecidos. Al frente don Pascual sembró esta vez gladiolos; algunos destellos rojos en medio de la maleza me recuerdan, de un modo imperfecto sin duda, las amapolas en el trigo de Pablo Neruda.

El mundo de ayer se agita en su sueño patinado de polvo y telarañas. Quiero abrir alguna ventana pero los rieles de madera están atascados. Un polvo de años empaña los vidrios y el aire adentro tiene ese olor oxidado del tiempo y la soledad. El viejo sofá, unos pisos altos, las sillas con asiento de estera, una vieja alfombra manchada y los recuerdos que se desperezan de su dejadez.

Sentado frente al ventanal sucio se ve que la tarde ya no tiene más que hacer por hoy y se retira sin hacer ruido. Unos últimos chispazos de sol se entreveran con el follaje de los álamos y al cabo de una hora la penumbra ya ha disuelto todo y no quedan más que siluetas en la oscuridad.

Hubo una vez allí aroma de Flaño y rumor de palabras. Todavía la esperanza tenía sentido y valor. La ropa limpia doblada en las repisas, el café, la cama tendida y la soledad, que entonces era un blasón, una enseña irreverente y desafiante. El proyecto suponía posible el vigor creativo. Frente a la ventana del dormitorio estaba el escritorio y fluían las ideas al amor de la música y los sueños.

Una noche de mayo el cielo se vino abajo y por todas partes llovió el desastre, la tormenta brutal. Hubo goteras inmensas en medio de la sala y el corazón se anegó en estúpidas lágrimas. Es peligroso ser pobre y viejo. En este mundo no hay segunda oportunidad para los desertores del sistema. Sin seguro médico y habiendo dejado de cotizar para el retiro no era posible la ilusión de la libertad definitiva.

Hubo que irse y regresar a la galera y los dictados institucionales. Con la valijita negra, el cuadrito con la leyenda “Mi mundo privado” y la mochila de cuero hubo que abandonar, tal vez para siempre, la cabaña…

Solo pero acompañado

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Isaías 41:10 (RVR 1960).

Algunas circunstancias de la vida pueden hacernos sentir el sabor amargo de la soledad en toda su intensidad. Ya sea que se trate del abandono por parte de un ser querido, una dolorosa pérdida o bien porque un hijo se fue de la casa, de cualquier manera nos sentimos invadidos por el sentimiento de soledad.

Así le pasó al apóstol Pablo, un gran líder, lleno de la presencia de Dios, pero justamente el día que tenía que presentarse ante el juez, él necesitaba más del apoyo de sus amigos; en cambio todos lo desampararon. ¡Cuántas veces nos hemos sentido así, con un gran sentimiento de soledad que nos produce angustia! Pero a pesar de esto, Pablo se aferró a Dios, al punto de afirmar: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas (…) 2 Timoteo 4:16-17 (RVR 1960) En esos tiempos, en los cuales, la soledad se hace presente pretendiendo consumirnos, debemos recordar que Dios está con nosotros, Él no nos desampara, además de ello nos da fuerzas para seguir el camino que tenemos por delante.

Por Neyda Cruz


El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

7 consejos para vencer la soledad

La soledad no es una cuestión de cuánta gente te rodea. Hay personas que se sienten solas cuando están en medio de multitudes. Mientras que hay otras que se sienten así cuando no tienen nadie más a su lado. La ciencia dice que la soledad, no el estado civil, es más dañino y letal que la obesidad (Para mayor información, leer: ¡La soledad mata más que la obesidad!). Por lo tanto, no es un tema que debamos menospreciar.
Algunas formas prácticas de vencer los sentimientos de soledad, son:

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1, 2, 4Bargh, J. (2017). Before you know it (1era ed.). Nueva York: Simon & Schuster, Inc.
3Sandstrom, G., & Dunn, E. (2014). Social Interactions and Well-Being. Personality And Social Psychology Bulletin, 40(7), 910-922. doi: 10.1177/0146167214529799

 

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