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Tiempo de lectura: 3 minutos

En una ocasión le preguntaron a un terapeuta reconocido cuál era el propósito de la terapia que él brindaba, su respuesta me pareció muy interesante: “lograr que las personas sufran menos”; señalaba que todos sufren ya sea de una u otra manera, algunos más y otros menos, pero nadie puede escapar del sufrimiento.

Hoy también hablaré con amargura; Porque es más grave mi llaga que mi gemido

Job 23:2 (RVR 1960)

La Biblia relata la historia de un hombre que atravesaba por un sufrimiento inimaginable. Job era un siervo de Dios y nunca imaginó lo que iba sufrir. Había perdido todas sus posesiones, sus hijos habían muerto en un accidente; las malas noticias llegaron una tras otra. Su esposa lo abandonó, siendo la única familia que le quedaba, y como si eso no fuera poco, Job enfermó con una sarna maligna que le cubrió desde la corona de su cabeza hasta la planta de sus pies.

El sufrimiento de Job

La situación de Job era crítica, nadie podía ayudarlo, ni tenía alguien en quien apoyarse; incluso sus amigos lo acusaron y juzgaron, creyendo que sufría debido a consecuencias de sus acciones, ¡qué soledad más terrible!.

¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla

Job 23:3 (RVR 1960)

Si esto no fuera poco, Job no solo sufría por todo lo que le había acontecido, sino, porque sentía que el Señor estaba lejos de él; por lo que pronunció estas palabras: “Quién me diera el saber dónde hallar a Dios”.

Debemos considerar muy bien todo lo que estaba pasando Job, enfermo, atribulado, angustiado, sintiéndose solo, sin poder hallar a Dios; ¿te has sentido sólo cuando has enfrentado tiempos difíciles? El sufrimiento y las pruebas nos hacen sentir que estamos lejos del Señor, le pasó a Job y les pasa a muchos cristianos.

¡Una esperanza para nosotros!

He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; Y al occidente, y no lo percibiré; Si muestra su poder al norte, yo no lo veré; Al sur se esconderá, y no lo veré. Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.

Job23:8-10 (RVR 1960)

Job realmente sentía que no podía encontrar a Dios ¡cuánto vacío tuvo que soportar! ¡qué situación más crítica! Sin embargo, a pesar de estar en medio de esta tormenta Job tenía una esperanza: su fe y confianza en el Señor; por lo cual pronuncia estas poderosas palabras: “Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro”.

Parafraseando, Job decía: “aunque me sienta solo, enfermo, abandonado, aunque parezca que Dios está lejos de mí; yo sé que Él conoce mi camino, sabe lo que estoy viviendo, y cuando termine este sufrimiento mi vida no será la misma, seré alguien fuerte y mejor, así como el oro que sale más puro después de haber pasado por el fuego”.

Cuando enfrentamos problemas, el enemigo siempre nos atormenta con pensamientos cómo “estas solo, todos te dejaron, Dios ni siquiera te escucha”, pero Job no permitió que sus sentimientos influyeran en su fe y confianza en el Señor, por lo que declaró: “¡Él conoce mi sufrimiento! ¡mi vida está en sus manos! ¡Él tiene el control!” ¡Qué tremenda declaración!

Si estás pasando por situaciones difíciles, por pruebas y te sientes solo, esta palabra es para ti. Aunque parezca que Dios está lejos, nunca debes perder la esperanza de que Él conoce lo que estás enfrentando, por lo que ten la seguridad de que ese problema no será para siempre y en su tiempo saldrás victorioso.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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