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Tiempo de lectura: 2 minutos

La culpabilidad tiene la función de reconocer errores y corregir nuestra conducta, nos ayuda a no infringir normas morales y éticas. Previene que cometamos errores que puedan tener grandes consecuencias, no solo para nosotros sino también para los demás.

Pero, por otro lado, si la culpa se queda nos carcomerá la vida.  El rey David experimentó esto y lo describe de esta manera:

Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano.

Salmos 32: 3-4  (RVR 1960)

No cargues con la culpabilidad

Cuando la culpabilidad deja de ser correctiva y pasa a ser juez final, se vuelve negativa y perjudicial. Es por ello que debemos poner en primer lugar a Dios y Su palabra, para que no caigamos en el error de juzgarnos subjetivamente.

Porque en ocasiones somos muy severos con nosotros mismos en cuanto a juzgarnos, esto hace que andemos contantemente con culpa. Dios no quiere que carguemos peso que no nos corresponde, pues nos limita a seguir adelante.

El Señor nos llama a estar en paz y a estar a cuentas con Él, para ser libres de culpa.

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

Salmos 32:5 (RVR 1960)

Ya no te condenes más

Dios perdona toda transgresión que hayamos hecho, su Palabra dice que nos limpia de toda maldad, entonces si Él nos libra de culpa, ¿por qué nosotros nos condenamos?

Es preciso que no tomemos el lugar de Dios como Juez Justo en nuestras vidas, dejemos que su soberanía sea en nuestra vida, aún en la culpabilidad. Si dijo que perdona nuestros pecados y nos redime, así lo hará.

¡Creamos que nos perdona y nos libra de toda culpabilidad!

Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

Salmo 103:8-12 (RVR 1960)

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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