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David era un gran siervo de Dios, pero hizo locuras para ocultar el pecado. Se enamoró de una mujer casada y se acostó con ella mientras su esposo se encontraba en la guerra. Después, al enterarse que estaba embarazada tuvo temor que el adulterio fuera descubierto y mandó a llamar a Urías para que durmiera con su esposa; sin embargo, él rehusó tener un momento de descanso cuando sus amigos estaban en plena batalla.

Como el plan de David no había funcionado utilizó el peor recurso, mandó una nota al general de Urías para que lo pusiera al frente de la batalla más fiera y lo abandonarán, de esa manera él sería herido y moriría.

Nunca podrás ocultar el pecado de Dios

Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido. Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.

2 Samuel 11:26-27 (RVR 1960).

Ante los ojos de los demás David mostró una apariencia de compasión porque decidió cuidar a una mujer viuda y su hijo que venía en camino. Pero, olvidó que no podía «ocultar el pecado» delante de Dios.

El profeta Natán visitó al rey David para confrontarle y darle a conocer que sus acciones fueron desagradables delante del Señor. Por tanto, aunque el rey se arrepintió de su pecado, las consecuencias lo alcanzaron y no vio crecer a su hijo.

Es tiempo de ser libre

Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

Salmos 32:3-5 (RVR 1960).

Estas son las palabras de David después de sentirse descubierto y por fin confesar su maldad. Declaraba que desde que decidió ocultar el pecado no era feliz, aunque afuera la gente lo respetaba, sus errores lo perseguían y confesó “mi pecado siempre estaba delante de mí”.

Podrás ocultar el pecado a la mayoría, pero jamás delante del Señor. Ante los ojos de los demás podemos llevar una vida oculta, con apariencias, llena de hipocresía, pero, en presencia de Dios siempre nos sentiremos miserables, vacíos, secos y sin libertad.

En esta oportunidad te animo a reconocer y confesar tu pecado, si Dios perdonó a David también lo hará contigo. No importa cuán grande fue su error, recuerda que el Señor lo buscó e igualmente te busca a ti para ayudarte, para que vivas una vida tranquila, con paz y gozo que solo viene de nuestro Señor.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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