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Si Jesús está en todas partes… ¿Debemos ir a la iglesia?

En nuestra cultura estamos acostumbrados a las fórmulas y las formas. Nos gusta hacer rutina de todo. Muchos están acostumbrados a no salirse de sus esquemas y si en su esquema está asistir al servicio de la iglesia los domingos a las 11 de la mañana, pues no les gusta cuando por razones mayores hay que cambiar esa rutina. Pero hay muchos que hace rato no asisten a una iglesia y se escudan en eso de que Jesús está en todas partes y por eso no es necesario asistir al templo para estar con Él.

En cierto modo, algo de verdad hay en esa afirmación, y yo soy de la opinión que somos seres adaptables. Cuando vienen cambios solemos ajustarnos y hacer los cambios necesarios. También hay muchos cristianos que van saltando de iglesia en iglesia. Eso no es bueno. No hay iglesia perfecta. A todas asistimos seres humanos y somos complicados. Lo importante es saber que la iglesia es Cristo céntrica, que se preocupan por cada persona y que te dirigen hacia Jesús siempre. No hacia el pastor.

Pero dejar de ir completamente a la iglesia, no es bueno. Yo personalmente he dejado de ir por causa mayor. Ya mi mamá está muy adulta y muy débil y me cuesta mucho movilizarla y no me gusta exponerla donde hay tanta gente, que muchas veces tienen un virus, pero como no tienen fiebre o les está pasando, siguen saliendo y le toman la mano para saludarla…. Y no la puedo dejar sola por más de dos horas seguidas. Por eso tuve que decidir no ir más a la iglesia. Trato de dedicar tiempo de lectura de la Biblia y alabanza para no perder el tiempo que dedicábamos antes a Dios, pero siempre surge algo y es rara la vez que logro hacer la hora completa sin interrupciones. Si dedico tiempo a Dios, leo la Biblia, hago mis devocionales, pero nunca es igual.

Son muchas las razones por las que es bueno ir a la iglesia:

  1. Para escuchar la palabra de Dios explicada por alguien que la ha estudiado toda su vida. El pastor.
  2. Para dedicar ese tiempo de alabanza a adorar a Dios en conjunto con todos los que asistieron al servicio.
  3. Para compartir luego con gente amable que tiene nuestra misma creencia.
  4. En la Biblia dice que no dejemos de congregarnos en Hebreos 10:25
  5. Tendrás ese tiempo para poner TODA tu atención en Dios.
  6. Si tienes alguna duda, encontrarás con quién compartirla.

Para mí, la mejor parte del servicio es el tiempo de alabanza y adoración. Es el tiempo que dedicamos a cantarle a Dios y destacamos Sus maravillas. Eso me hace mucha falta cuando no asisto. Es fácil hacer devocional, que es tiempo con Él también, es fácil leer la Biblia, leer libros cristianos y mensajes cristianos para nuestro diario vivir, pero nada sustituye el tiempo que pasamos en la iglesia. No dejes de asistir.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Quiero estar solo

Leticia precisaba comprar una silla de ruedas para su mamá, pero no disponía del dinero suficiente. El día que tenía que recibir su paga, el jefe de la empresa en la que trabajaba le descontó más de la mitad de su sueldo injustamente, pero ella no quería pedir ayuda, y menos que se enteraran de su problema.

Trató de conseguir otro empleo y sólo recibió malos tratos, hasta que un día se le agotaron las fuerzas, se sentó en una calle y se puso a llorar; justamente pasaba por ahí uno de sus primos y se acercó para consolarla. La sorpresa fue grande para Leticia al ver que al día siguiente se compró la silla, porque toda la familia e incluso amigos quisieron colaborar.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Éxodo 17:11-12 (RVR1960)

Moisés debía permanecer con las manos en lo alto porque el pueblo del Señor se encontraba en una dura batalla, pero como humano él se cansaba y cada vez que bajaba sus manos el enemigo prevalecía. Es por este motivo que necesitaba el apoyo de Aarón y Hur quienes no permitieron que se rindiera.

A veces batallamos solos con los problemas y podemos desanimarnos en el camino, porque somos humanos, por esto mismo necesitamos que otros nos apoyen y ayuden a llevar el peso que tenemos. No sólo materialmente, sino en oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20 (RVR1960)

Muchas personas escriben y comentan que no asisten a una iglesia y escuchan prédicas por la televisión o internet, de hecho no es algo que este mal; sin embargo, resta importancia al propósito de congregarse en familia, el compañerismo y la comunión entre hermanos.

Si estás enfrentando una dificultad y todo este tiempo has estado peleando solo(a) te animo a pedir apoyo a tu familia, a tu iglesia, y si deseas puedes escribirnos, con gusto estaremos orando por tus necesidades. Pero no luches solo, porque Dios permitió que formes parte de una gran familia.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

4 consecuencias de no ir a la iglesia

“Leo la Biblia, canto y adoro a Dios en mi casa. No necesito ir a la iglesia”

Para algunas personas, ir a la iglesia es una opción y no una obligación. Es cierto que nadie puede forzarnos a congregar, pero el no asistir genera consecuencias negativas que tienen grandes repercusiones en nuestra vida espiritual, por ejemplo:

1. No aprendes sobre Dios:

Indiscutiblemente, la Biblia es la Palabra de Dios; sin embargo, Dios también puede hablar por medio de otras personas. Si la prédica que se imparte en la iglesia está basada en la Biblia, entonces es un mensaje que no podemos ignorar. El crecimiento espiritual que uno necesita se adquiere por varios medios y uno de ellos es el oír lo que se imparte en la iglesia, así como lo señala Romanos 10:17, Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.” (NVI) No creas que porque lees tu Biblia en tu casa tendrás más conocimiento sobre Dios, ¡te estás perdiendo mucho más!

2. No alabas a Dios:

En las iglesias se acostumbra tener un momento de música y, más allá de amenizar la reunión, los cantos sirven para alabar a Dios. Hay distintas formas con las que podemos darle la alabanza a nuestro Señor, y la música es una de ellas. Salmos 33:1 dice: Canten al Señor con alegría, ustedes los justos; es propio de los íntegros alabar al Señor.” (NVI) Si bien puedes cantar en cualquier momento y donde quiera que estés, no hay nada como alabar a Dios en compañía de otras personas que comparten la misma pasión por Él.

3. No aprendes a vivir en comunión:

Hay varios pasajes en la Biblia que remarcan la importancia de mantener la unidad con otros creyentes. La unidad fortalece la oración (Santiago 5:14-15) y deleita a Dios (Mateo 18:19-20). Cuando uno asiste a la iglesia aprende a moldear su carácter a fin de contribuir a la armonía y unidad. De esta manera, no solo se fortalece el vínculo con Dios, sino también con los demás.

4. No eres de bendición para otros:

Hay un versículo muy conocido sobre la asistencia a la iglesia y se encuentra en Hebreos 10:25, donde dice: “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.” (NVI) No obstante, si leemos el texto anterior, podremos entender algo aún más relevante: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. (v. 24, NVI) Esta parte nos indica que debemos de ir a la iglesia, no solo para recibir el mensaje de Dios, alabarlo, estar en unidad con otros, sino también para ser de bendición a otros. Cuando te congregas, estás animando a los demás a demostrar amor y a seguir el ejemplo de Jesús.

Ir a la iglesia no se trata de ti. Se trata de Dios y de cómo tú puedes ser de ayuda a otros.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Es la iglesia un negocio?

Lo propuse como tema para uno de los shows de aquí de CVCLAVOZ, ya que hay muchas personas que me han dicho que no van a la iglesia porque sienten que lo único por lo que realmente se preocupan es por sacarles dinero, pero que cuando ellos lo han necesitado, no les han respondido.

Hay que profundizar porque como en toda relación, hay dos partes, y no se puede generalizar. Es muy cierto que no hay iglesia perfecta. Siempre se los digo a las personas que me dicen que no han encontrado una iglesia que les guste…pero también recuerdo algo que leí que dice que si estás buscando iglesia perfecta nunca la vas a encontrar.

Y entiendo la posición, porque lamentablemente esta manera de pensar tiene un poco de razón histórica porque hubo grandes entidades religiosas que movían a sus siervos a dar y dar solo para lucrarse. Incluso había en una época venta de indulgencias para justificar construcciones de grandes iglesias; sabemos de las alianzas político-religiosas que se han visto con estados totalitarios. Y ahora más recientemente, la lluvia de iglesias dedicadas a la teología de la prosperidad, donde incitan a comprar libros y CDs y fórmulas de los pastores para “prosperar” y al final los que están prosperando son ellos con esas ventas…

Pero como en todo debemos ponernos del otro lado del espectro.

Hoy día, sabemos que la mayoría de las iglesias cristianas se interesan en las personas que van sin importar su nivel social, cultural o económico. Sobre todo cuando no son iglesias tan grandes, hay más posibilidades de lograr el concepto de familia y el interés personalizado en su rebaño por parte del pastor o pastores de la iglesia. Y si vemos casos en los que la iglesia presta consejería, visita hospitales, tienen personas asignadas para ir a las cárceles. También tienen reuniones de hombres, estudios bíblicos de mujeres, actividades para jóvenes, para solteros, para casados. Todas son en beneficio de prosperar a la gente donde es más importante, en su espíritu y en sus relaciones.
Sabemos que la iglesia necesita dinero para pagar el local, la luz, el mantenimiento de las áreas. Comprar material para los estudios bíblicos; y los pastores, aunque ya hoy día la mayoría tienen un trabajo aparte del ser el Pastor de la iglesia, pues también se merecen su salario por el servicio que prestan, la preparación que hacen de cada servicio que van a ofrecer, el tiempo que invierten no solo en el servicio, sino en dar consejería. Sin embargo conozco de muchos que ni siquiera se asignan un salario de la iglesia.

Lo otro que te pregunto: cuando vas a una obra de teatro o a ver un concierto, normalmente pagas por asistir ¿verdad? Y vas a un servicio, donde en conjunto con todos, puedes adorar a Dios… muchas veces con una banda fabulosa, con cantantes que parecen ángeles…y ¿no te parece que debes dar al menos una contribución por los servicios otorgados? Yo lo veo así. En cuanto al diezmo…la verdad es que Dios no necesita de nuestro dinero, pero si tenemos la posibilidad de hacerlo y nos complace hacerlo, nos llena hacerlo, ¿por qué no? Después de todo, a los que más vemos cuando hay tragedias como tornados, deslaves y huracanes, a los primeros que vemos brindando ayuda sea física o material y económica es a las iglesias y sus miembros. Por tanto vemos nuestros diezmos siendo usados para bien.

En otro orden de cosas, decenas de miles de estudiantes universitarios cristianos formaron una conferencia donde donaron grandes cantidades de dinero con el fin de usarlo para eliminar el tráfico humano. He visto miembros de las iglesias dedicados en cuerpo y alma a esta causa. Y como esta, muchas más.

Pienso que al fin y al cabo, la razón por la cuál surgen las iglesias es por ayudar a la sociedad porque saben que la vida humana tiene el valor dado por Dios y porque al amar a Dios y seguir Sus preceptos, saben que deben amar a la gente y compartirles la verdad más maravillosa que conocemos. Por tanto, no digan a la ligera que no van a la iglesia porque “es un negocio”. Veamos el otro lado del espectro e informémonos bien antes de hacer una afirmación de ese tipo.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Danilo Montero: ¿Por qué tenemos que congregarnos?

Algunos piensan que se puede seguir a Dios sin necesidad de asistir a una iglesia, después de todo, imitar el ejemplo de Jesús es una cuestión personal. Sin embargo, en Hebreos 10:25 dice: “Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” Así como este texto bíblico resalta la importancia de asistir a la iglesia, hay otras razones por las cuales uno no debe dejar de congregarse.

Danilo Montero explica cuáles son éstos otros motivos, y nos anima a ser perseverantes en las reuniones con otras personas que comparten la misma fe.

Este contenido fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Ir a la iglesia te hace vivir más!

La Biblia resalta la importancia de reunirse con otras personas que comparten la misma fe, pues esto crea unidad y permite que los asistentes se animen unos y otros. En Hebreos 10:25 dice: “No dejemos de reunirnos, como hacen algunos. Al contrario, animémonos cada vez más a seguir confiando en Dios, y más aún cuando ya vemos que se acerca el día en que el Señor juzgará a todo el mundo.” (TLA)

Por otra parte, un estudio realizado por Harvard T.H. Chan School of Public Health reveló que ir a la iglesia tiene efectos en la esperanza de vida. Ellos realizaron una investigación durante 16 años a un grupo de mujeres que asistían a la iglesia, y compararon los resultados con otras mujeres que nunca acudían. Allí descubrieron que las mujeres que se congregaban más de una vez por semana tenían el 30% menos probabilidades de morir. El autor principal del estudio, el profesor de epidemiología Tyler VanderWeele, afirma que “Parte del beneficio parece ser que asistir a los servicios religiosos aumenta el apoyo social, desalienta el hábito de fumar, disminuye la depresión y ayuda a las personas a desarrollar una visión más optimista o esperanzadora de la vida”.

Esta investigación también demostró que las mujeres que concurrían a la iglesia más de una vez por semana tenían el 26% menos riesgo de mortalidad; mientras que las que iban una vez -o menos- por semana, tenían el 13%. Además, las que asistían con regularidad demostraron tener el 27% menor riesgo de mortalidad cardiovascular y el 21% de muerte por cáncer. Además, reveló que las participantes vivieron un promedio de 5 meses más.

En conclusión, aparte de los beneficios en cuanto a la disminución de la mortalidad, ir a la iglesia es una práctica que debe realizarse con alegría y buena disposición, porque Dios está donde hay personas que se reúnen en su nombre (Mateo 18:20).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El dilema

A todo le encuentras algo malo. Enójate, pero con dulzura. Tu problema es que estás buscando la iglesia perfecta. Lo que pasa, Benjamín, es que estás herido…
Con estas y otras palabras personas queridas tratan de corregir el tono de lo que escribo y lo que hablo. Les preocupa que esta inclinación amarga le quite legitimidad a mis palabras.
Otras personas que también me conocen suelen decirme: Es que para eso estás aquí. Me hace recordar que hace una treintena de años, en una conferencia de líderes cristianos en Costa Rica, un reconocido señor de las lides evangelísticas oró sobre mi cabeza y repitió unas palabras de Ezequiel sobre hablar sea que escuche la gente o deje de escuchar. Un par de décadas después, otro caballero del circuito internacional me dijo algo como: No te van a escuchar porque no tienes nada agradable para decir, pero siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.
No aciertan en absoluto si sospechan que quiero legitimarme citando esos episodios. Había muchas sonrisas cuando hablaba del matrimonio o de los desafíos de una juventud cristiana militante en los recintos universitarios. En mis presentaciones y artículos actuales hay muchos más ceños fruncidos e incomodidad en las esferas dirigentes. A veces eso torna algo oscuras algunas jornadas.
Leí en una cita de Carlos Godoy, psicoanalista argentino, que en la Edad Media la tristeza era una preocupación de los monjes porque era concebida como un pecado. Sin embargo, no siempre fue vista como un problema. Dice el autor que durante el romanticismo tenía un valor que se aproximaba mucho a lo creativo. No era bueno estar demasiado alegre. La tristeza tenía una función y representaba un valor. Aunque un poco sombría la reflexión, me interpreta mejor que las palabras proféticas, por más válidas que sean; a nadie le gusta que le anden endilgando reproches en nombre de Así dice el Señor.
No es un grato dilema. Hablar y escribir lo que me sale de una tristeza acumulada a causa de los despropósitos que he visto – y sufrido – en la institución eclesiástica o hablar y escribir todo como resultado de un señalamiento de orden superior.
En el primer caso, queridos amigos me recomendarán friegas urgentes con la serie de sanidad interior (!) “La Plomada Divina”. En el segundo caso, seguiría hablando hasta que de una buena vez me resuelva a exiliarme en Chiloé.

(Este articulo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Este es mi lugar?

“Hay distintas clases de dones espirituales, pero el mismo Espíritu es la fuente de todos ellos. Hay distintas formas de servir, pero todos servimos al mismo Señor. Dios trabaja de maneras diferentes, pero es el mismo Dios quien hace la obra en todos nosotros. 1 Corintios 12:4-6 (NTV).

Por mucho tiempo me había preguntado en qué área o Departamento de la Iglesia debería servirle a Dios. Era muy joven para entender mi lugar y empecé a probar en lo que creía que podría hacer, a medida que pasaba el tiempo iba descartando todo, porque en realidad estaba pensando en mí y jamás se me pasó por la mente preguntarle a Dios lo que Él quería que yo haga.

La iglesia en conjunto es el cuerpo de Cristo; unos podemos ser los brazos que están dispuestos a poner la mano de obra, o los pies, saliendo de nuestra comodidad para llevar la palabra de Dios por los confines de la tierra, otro podemos ser los oídos que con tanta paciencia escuchan a aquellos que necesitan de un consejo, etc. Pero debemos entender que cada uno tiene un lugar específico en la iglesia y de la  misma forma una responsabilidad que la persona que está a tu lado no desempeñaría como lo harías tú.

Una oreja no puede respirar, así como la nariz no puede escuchar. El estómago no se hizo para pensar así como la cabeza no procesa alimentos. La espalda no puede ver, sino los ojos. De la misma manera cada creyente debe encontrar su lugar en el cuerpo de Cristo para así no interferir con su funcionamiento.

Si en estos días te has cansado de dar vueltas en el mismo lugar pensando en lo que podrías hacer por el Señor, quiero darte una pauta muy importante: Lo primero que debes hacer es  reconocer que es Dios quien te creó y conoce bien cómo y dónde funcionas mejor.

¿Te imaginas los ladridos de un gato? Tal vez sí, pero esto sólo existe en nuestra imaginación porque no hay gatos que ladren, son los perros que lo hacen muy bien, porque fueron creados de esa forma. Así también, Dios te hizo alguien especial con dones que tal vez aun no has descubierto.

Los dones espirituales son herramientas dadas por el Padre en concordancia con su plan divino (1 Corintios 12:28-31, Romanos 12:6-8). Por lo que sólo en su voluntad se tendrá éxito. Sería lo equivalente a que una flecha dé en el blanco.

Los principales dones espirituales son palabra de sabiduría, discernimiento de espíritus, don de lenguas, don de Interpretación de lenguas, donde Profecía, dones de Sanidades, don de hacer milagros y don de fe. Y dependiendo del don o dones que se hayan recibido del Espíritu Santo será la función del creyente en el cuerpo y su misión en la tierra.

Te animo a buscar en oración el propósito de Dios para tu vida y si en verdad quieres cumplir tu misión acá en la tierra, solamente debes pedirle a Dios con toda fe y sinceridad de tu corazón lo que Él desea que hagas, clama para que pueda derramar sus dones sobre ti, porque sin duda Él te los dará.

Si últimamente te has sentido como un ojo que no ve, quizá no estés en el lugar correcto. O si dentro de ti hay un fuego que no sabes cómo apagarlo, pide dirección al Señor para que active en ti lo que te ha dado. Pero jamás intentes ser alguien que no eres, no trates de encajar en un ministerio que te beneficie a ti solamente, pues poner en obra los dones dados por Dios es para la edificación de la iglesia, no cometas este error y encuentra el lugar que el Señor te ha dado.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Me pregunto

Creo que sería valioso allegar algunas otras consideraciones en torno al artículo anterior “No me preguntes” y a la conversación sobre el tema que mantuvimos Angel y yo en Más Vale Tarde en CVCLAVOZ. Hubo un interesante aporte de ideas de la audiencia que resumiré:

No conviene generalizar: hay muchas iglesias que sí entregan un sólido apoyo educativo a sus miembros; por diversas razones hay algunas personas que no quieren aprender o no toman con seriedad lo que reciben.
En respuesta, alguien mencionó que al mismo tiempo no debería generalizarse y decir que todas las iglesias entregan un sólido fundamento educativo; hay muchos lugares donde eso no ocurre.
También se mencionó que algunas personas, teniendo un buen fundamento educativo en su iglesia, igual buscan ampliar su perspectiva y por ello envían preguntas a los medios cristianos. También se dijo que para otros era más cómodo hacer ciertas preguntas que no desearían sean conocidas directamente por sus líderes o maestros.

La naturaleza de la iglesia obliga a dispensar a sus miembros una adecuada y consistente educación cristiana. Apacentad la grey de Dios no es una blanda recomendación: es un mandato ineludible. Por ello, sería interesante que los maestros y educadores cristianos se preguntaran por qué tanta gente de sus comunidades pregunta cuestiones tan básicas en los medios cristianos.
Por otra parte, nos sigue preocupando que la temática de las preguntas y consultas siga siendo tan autoreferente: mi familia, mi vida cristiana, mi futuro, mi dinero, mis relaciones personales.
¿No hay interés en explorar cuestiones que vayan más allá de los rudimentos como reclama alguien en Hebreos 5:11 y siguientes versículos? ¿No tienen los cristianos inquietudes y preguntas respecto de la crisis económica, la corrupción, la violencia, el abuso y trata de personas, cultura, educación, crisis social, relaciones internacionales, cambio climático, nuevos perfiles de familia, la legislatura, la justicia, las relaciones entre empleados y patrones, el impacto de las nuevas tecnologías de información en la captura y gestión del conocimiento o sobre el arte? ¿No nos interesa nada el mundo que nos rodea? ¿No nos preocupa el comprender lo que pasa desde una perspectiva cristiana y aportar ideas nuevas y estimulantes a la sociedad en donde vivimos?
¿O es que seguimos creyendo – erróneamente por cierto – que nuestros asuntos son lo más importante y que las cosas que llamamos mundanas deben atenderlas otros porque nosotros no somos de este mundo?

Me pregunto.

No me preguntes

Me sigue asombrando – especialmente en estos últimos años – cuánta gente llama o escribe a segmentos del tipo “Pregúntale a…” o “Un minuto con…” para consultar sobre las relaciones de noviazgo o matrimonio, el llamado, el buen uso del dinero, el perdón o la venida del Señor. Me río con Angel Galeano contándole acerca de aquella persona que consultó seriamente si era bueno o malo masticar chicle cuando uno estaba ayunando.
Pienso que las inquietudes que motivan esas preguntas deberían corresponder a quienes inician su vida cristiana y que naturalmente tendrían muchas dudas. Pero la evidencia indica que copan los mensajes de texto o audios personas que asisten regularmente a la iglesia, escuchan periódicamente predicaciones, se inscriben en cuanto taller pueden y han tomado toda la serie de cursos que las instituciones cristianas formulan para su gente. Es decir cristianos que ya deberían tener una idea clara acerca de la doctrina y la vida de la fe. Es asombroso: como si siempre estuvieran aprendiendo y nunca llegaran al conocimiento de la verdad. Para otro espacio queda la pregunta de a quién le puede interesar perpetuar este orden de cosas.
Otra consideración importante: ¿por qué creen que una persona puede dar respuestas todos los días a tan diferentes materias con una disposición que parece casi infalible? Más aún: ¿por qué tienen tal seguridad en el respondedor de preguntas y no la depositan en la fuente original de la doctrina y de la vida que es la Biblia?
Desde hace mucho la gente ha resignado el explorar por sí misma el texto y prefiere confiar en quienes le explican la vida en cápsulas bíblicas de cinco minutos. Lo que corresponde es examinar lo que nos enseñan y cotejarlo concretamente con el texto bíblico. No leer la Biblia excepto los versitos que se indican en la predica del domingo y algún salmito en la mañana antes de salir a la calle conduce indefectiblemente a la confianza ciega en los gurús que todo lo saben y lo que no…
Por eso cuando las personas me preguntan acerca de temas que tienen que ver con la vida o la doctrina me apresuro a decirles que no soy una factoría de respuestas. Los urjo a leer, a pensar ellos las implicaciones de la pregunta y, a lo más, me atrevo a abrirles alguna puerta.
No me preguntes a mí. Intenta leer, aprender y comprender tú.

Clamor de ciudad

Sube un grupo de chicas y chicos al colectivo que desciende de los sectores más poblados de la ciudad. No pagan el pasaje, se sientan en las últimas butacas y beben cervezas. Ríen, hablan en voz alta y no tienen miramiento alguno en recorrer todas las posibilidades del lenguaje alternativo. Cuando terminan de beber lanzan las botellas por la ventana y celebran cómo revientan contra el pavimento a los pies de los desprevenidos transeúntes. Se divierten pero uno debe estar consciente que el menor incidente – una mirada sostenida más de un segundo, algún gesto de desaprobación, algún tímido reclamo de los otros pasajeros – puede desencadenar una violencia explosiva. Se bajan siempre hablando y riendo ruidosamente y queda un silencio extraño en el colectivo, algo así como un alivio de que la situación no haya pasado a mayores.
Intento hacer una lectura más allá del tópico superficial “la juventud de hoy” y “cómo han cambiado los tiempos”. La ciudad es, más allá de nuestros entornos seguros y familiares, un mundo complejo. Hierve, supura, estalla, grita, baila, canta, protesta, se rompe y se agita sin tregua. No es posible comprenderla desde un sillón del parlamento o un púlpito. Apenas podrán desde ahí el político y el religioso aludir a urgente programas sociales o a inminentes juicios purificadores. Eso otro escapa sin remedio del pragmatismo del gobierno y de la inteligencia de la iglesia.
Militantes y ajenas a las categorías formales de la estructura social surgen nuevas formas de ser, de comunicarse, de confrontar. Los viejos paradigmas de orden y progreso caen bajo el peso de inequidad, la flagrante injusticia, la exclusión y la moral de utilería. Crece el poder de colectivos informales. La gente se organiza de otros modos y busca otras instancias de insurrección. Está agotada la credibilidad pública y los medios de comunicación no tienen otro recurso que la farándula y la estridencia para sostener a una audiencia que emigra masivamente hacia otras fuentes de información y entretenimiento.
Reflexionar sobre la realidad desde un cómodo escritorio aporta bien poco; pero ponerse a la escucha es un comienzo: “¿Y cómo escapar de esas fronteras con las que academia arma el muro que intelectualmente la distancia del país si no es poniéndose a la escucha de lo que en este país suena, habla, grita, insulta, blasfema, al mismo tiempo que inaugura, inventa, oxigena, libera, emancipa, crea?” (Jesús Martín Barbero, en el artículo “Colombia. Una agenda de país en comunicación”).

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