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Delicia

¿Cuál es tu alimento o postre favorito? Se encuentra satisfacción al consumir un alimento apetecible para uno mismo, e incluso se obtiene un gran placer al sólo imaginarlo. Así mismo puede suceder con la Palabra de Dios, cuando se ha convertido en una delicia para tu vida:

“!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” Salmos 119:103 (RVR 1960)

El rey David menciona que la Palabra de Dios es como la miel, dulce al paladar, por lo cual, en diferentes partes de la Biblia manifiesta la desesperación que tenía por conocer las escrituras; aunque se encontrara en guerra o en una tribulación para él lo más importante era estar con Dios y aprender su Palabra.

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmos 27:4 (RVR 1960)

Una de las súplicas de David, era estar en la casa del Señor todos los días, para estar delante de su presencia y servirle.

¿Asistes a una iglesia? Si las palabras del Señor no son dulces para ti, entonces seguramente no tendrás la necesidad de escucharlas, ya sea en tu congregación o donde te encuentres. Si has abandonado el estudio de la Palabra de Dios, te animo a tomar la decisión de volver a empezar y pedirle ese amor genuino por Él.

¡Recuerda que el que ama a Dios, es el que guarda sus mandamientos!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Seducción del liderazgo

“Desconfío de los líderes, de quien no duda, de quien cree saber, de quien piensa que puede conducir a otros.”
Alejandro Katz, editor y ensayista argentino

Frente a la multitud enardecida por la sed Moisés gritó: “¡Oíd, ahora rebeldes! ¡Os hemos de hacer salir agua de esta peña?” Esta simple conjugación del verbo hacer fue su perdición: le fue negada irrevocablemente la entrada a la tierra de promisión. Esa es la seducción del liderazgo: creer que pueden conducir a otros per se, por su propio carisma, por su propio poder; transmitir la idea de que tienen todo claro, que no tienen duda alguna.
Esta es una época de inmensa incertidumbre en la política, la economía, la cultura, las relaciones internacionales, la justicia y la ley, la familia, la iglesia, usted nómbrelo. Las cosas están resultando no ser lo que parecían. Los antiguos fundamentos se desploman, los conductores resultaron un fraude, los sistemas hacen agua por todos lados incluso aquellos inspirados en nobles ideales como la iglesia y la filosofía.
Es un tiempo propicio para la aparición de salvadores carismáticos, mandatarios autocráticos, proyectos totalitarios. La multitud, aguijoneada por inmediatas necesidades, está dispuesta a conferirles el necesario poder para que les solucionen sus problemas y todo por fin regrese a la normalidad. La historia es pródiga en ejemplos que muestran adónde terminan estas ingenierías sociales: la destrucción y en algunos casos el aniquilamiento del tejido social.
Un estudio de caso interesante que puede ser seguido en el libro de los Jueces (capítulos 6, 7 y 8) es la historia de Gedeón. Cuando fue llamado se expresó con una humildad sorprendente: argumentó ser joven, pobre, inadecuado. Pidió varias veces señales para estar seguro que estaba siguiendo la “perfecta” voluntad de Dios. Sin embargo, cuando se hizo fuerte comenzó a mostrarse arrogante y ególatra y con el tiempo infligió enormes sufrimientos no sólo a su vida personal sino a la nación entera.
La función del liderazgo es facilitar, ayudar, servir, mostrar opciones. Esa es una influencia que puede ser ejercida estando entre la gente. Por eso no confío en quienes demandan un puesto de conducción para hacerlo. Tarde o temprano van a ceder a la seducción del poder.
El efecto más liberador de la verdad es no depender de caudillos o figuras centrales para alcanzar los sueños de las personas y de la comunidad.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Idamia (3)

Idamia Arias dio a luz a su primogénita en las horas postreras del último día de 1946. Todo quemaba; el verano se había anunciado caliente y el presagio se había cumplido cabalmente. Algunas horas después, agobiada por el calor, se dio un baño frío y descalza y en camisón se subió a un peral y se hartó de comer sus jugosos frutos. En medio de la noche le vino lo que ella solía llamar un “sobreparto” y se salvó apenas de una muerte segura…

“No existe una escuela que enseñe a vivir” advierte una canción de Sui Generis. Ni tampoco, por lo visto, existe una escuela que nos enseñe a morir. La muerte se nos presenta con sus ridículos, indignantes y definitivos argumentos y nada más toca hacerle frente aunque sea con una pizca de dignidad.
Me enteré hace algunos días por mi hermana mayor que a mi mamá se le hacía muy difícil administrar el nacimiento de sus hijos y que solía decirle a Dios que se la llevara en el siguiente parto como a la bíblica Raquel que murió al dar a luz a Benjamín. Siempre tuve la sospecha que ese disgusto existencial no abarcaba solamente el capítulo de los ocho nacimientos que afrontó.
La madrugada del domingo 16 de julio, a las 3.30 horas se cumplió esa profecía autoanunciada. A sus noventa y un años de una vida marcada por el trabajo y los avatares de la familia se le debía otorgar el derecho de responder como Jacob frente al Faraón: que sus ciento treinta años de vida habían sido “pocos y malos”.
No sabría decir cuántas alegrías tuvo mi mamá en su vida; me atengo a la experiencia de haberla oído afirmar muchas veces, “El único lugar donde soy feliz es en la iglesia”. Al menos durante alguna tarde de lunes y otros cuatro o cinco noches podía decir que estaba contenta.
Seguro hubo algunas otras cosas la alegraron y abrigo la esperanza que haya sido con nosotros, su familia. Ultimamente su único contentamiento era vernos durante nuestras fugaces visitas a su hogar en un pueblo rural. En las horas que duró su velatorio decenas de hermanas y hermanos atestiguaron del bien que les había causado la vida y el ministerio de la hermana Idamia lo cual me causado una auténtica alegría.
Debo acordarme de decírselo si nos llegamos a encontrar en el lejano país de Nunca Jamás

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Cristianos “veteranos”: Una frase que no deben decir

Las personas que han sido cristianas por un largo período de tiempo tienen mayor experiencia en lo concerniente al manejo y funcionamiento de la iglesia. Muchos de ellos suelen contar historias de cómo se hacían las cosas en el pasado, de cómo antes trabajan en unidad y cumplían lo establecido en la Biblia. Aunque estas anécdotas sirven de inspiración para las nuevas generaciones, muchas de las veces, son más una manera de crítica que de aliento.

Frases como: “en mi época no se hacían estas cosas”, “antes hacíamos esto y aquello”, “no hay nada como los viejos tiempos”, etc., funcionan como un recordatorio de lo que ocurrió en un pasado que no se repetirá. No importa cuán buenas hayan sido estas acciones, ni lo mejor que eran en comparación a la actualidad; el problema es que se convierten una especie de atadura.

El ejemplo de Pablo:

Pablo fue una persona muy culta que seguía la ley al pie de la letra. Su obsesión por hacer las cosas de la manera correcta lo llevó a perseguir a los seguidores de Jesús. Sin embargo, cuando él descubrió la verdad, el amor y el perdón de Dios, comenzó una nueva vida. A partir de allí se dedicó por completo a comunicar el mensaje de Jesús a otros. En una de las cartas que escribió a las personas que vivían en Filipos, él admitió que pese a su amplia experiencia como cristiano, no se consideraba perfecto.

En la primera parte de Filipenses 3:13, Pablo reconoció que aún no había alcanzado la meta de ser como Jesús, pero también señaló que ya no se fijaba en el pasado. Con esto, Pablo no minimizó todo el trabajo que hizo por predicar a otros sobre Jesús, sino que la buena obra no debía de detenerse allí. Él dijo que prefería concentrarse en lo que le faltaba recorrer, en lugar de quedarse aferrado al pasado.

Al igual que Pablo, no debemos vivir en nuestros recuerdos y añorar algo que ya ocurrió. Esta actitud evita que avancemos y seamos proactivos en el presente. Los buenos tiempos pasados tuvieron su momento, pero ahora es necesario que utilicemos las herramientas necesarias para impactar a la generación actual. Después de todo, los tiempos pueden cambiar, pero el mensaje de Jesús siempre es el mismo.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

6 comportamientos que dañan la iglesia

No existe una iglesia perfecta. Todas tienen un problema o área en la que deben trabajar. Esto se debe porque están compuestas por personas, y los seres humanos tenemos defectos y virtudes; sin embargo, esto no quiere decir que los conflictos no se puedan prevenir o solucionar. Cada miembro de la iglesia puede comprometerse a actuar de acuerdo a lo que señala la Biblia y trabajar para procurar la unidad.

Estos son algunas prácticas que dañan a los que los realizan y a la iglesia en su conjunto:

1. La crítica sin acción:

Algunas personas se autodenominan críticos o evaluadores en las iglesia, pero con frecuencia, asumir este tipo de posición hace que se juzgue más y se haga menos. Una vez alguien dijo “si criticas es porque puedes hacerlo mejor”; no obstante, la gran mayoría de críticos solo está presente para señalar lo que está mal o lo que creen que es correcto. Dios es el dueño de la Iglesia y, por lo tanto, Él es el único que tiene derecho a juzgarla. Nuestra labor es de obedecer sus mandamientos y hacer su voluntad.

2. El chisme:

Sin importar las excusas que se puedan poner, el chisme jamás conlleva a nada bueno. Algunos lo disfrazan como pedido de oración; sin embargo, en lugar de orar, lo único que hacen es propagar más el rumor. En las iglesias, el chisme causa prejuicio, propaga el odio, divide a los cristianos e impide la comunión con Dios. En la Biblia se advierte que todo aquel que tiene a Jesús en su vida no puede practicar el chisme porque es un pecado.

3. Evitar la confrontación:

Muchos malos entendidos se originan cuando no se confronta una situación. El miedo a enfrentar directamente a una persona sobre algo ocurrido hace que un hecho empeore y crezca. Hay historias de iglesias que se han dividido (o desaparecido) porque sus miembros se dejaron llevar por los dichos de otros, en lugar de verificar un rumor.

4. Falta de oración:

Una de las herramientas más importantes del cristiano es la oración. Si los miembros de una iglesia no le dan la importancia debida a la oración, de nada vale que realicen grandes actividades o tengan la mejor infraestructura. La mejor manera de tener una relación personal con Dios es orando y leyendo la Biblia, pero si éstas son reemplazadas por algo más, es probable que a largo plazo cause daño a la iglesia.

5. División en grupos:

Aunque trabajar en grupos pequeños permite una mejor comunión entre los miembros, en ocasiones, esto genera que se tengan iglesias dentro de la iglesia. Se debe tener cuidado en el manejo de estos grupos y procurar mayor interacción entre ellos, así será más sencillo promover un comportamiento de hermandad y no de competencia.

6. Mal liderazgo:

Tener una posición de liderazgo dentro de la iglesia es una gran responsabilidad y si no se sabe ejercer adecuadamente, se puede caer en la manipulación, abuso y discriminación. El líder debe ser alguien que guía a los demás a reflejar el carácter de Jesús, y no alguien que hace un mal uso de su cargo. Jesús es el mejor ejemplo de líder, del cual todos los que están en una posición de autoridad deben seguir.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Palabra infértil

¿No será que de tanto escuchar palabras portentosas el oído y la conciencia terminan siendo insensibles y se termina muriendo su magnífico sentido?

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis,  y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos… (Mateo 13:14-15). 

Una persona que participa en la iglesia y que asiste dos veces por semana a servicios donde oye predicaciones o enseñanzas por una hora y media, en 20 años habrá sido expuesta al menos a 2,700 horas de palabras; si además contamos lo que escucha en cursos y conferencias, en la radio, la televisión o internet, es muy probable que esa cifra se eleve a una 10,000 horas.
En los segmentos de preguntas a los “entendidos” de los medios cristianos de comunicación o en los contenidos de las consultas de consejería advertimos cómo se vive y se funciona en el sistema eclesiástico cristiano. Percibimos sus enormes falencias conceptuales, tomamos nota de sus complejos problemas de relaciones humanas en la familia y la comunidad, comprobamos la asombrosa ausencia de los creyentes en los asuntos públicos. Nos impacta la continua necesidad que sufren de que se les aconseje y guíe sobre los más básicos asuntos del cristianismo y los débiles argumentos que ofrecen para explicar su ineficacia en enfrentar el dolor y el conflicto propio de la existencia humana.
Hace unos años leí algo revelador respecto de la predicación de la iglesia. Estas experiencias otorgan la sensación de que la persona está realmente viviendo el contenido de las palabras dichas desde la plataforma; asume que ha vivido una experiencia efectiva y existencial con tema enseñado, sea sobre el poder del Espíritu Santo, el amor, el perdón o la fe. Pero ya fuera del culto, enfrentada a la cotidianidad de la vida, es evidente que no ha asimilado la enseñanza. Si no lo creen, pregúntense por qué hay tantos problemas con tantos creyentes de años y años en la iglesia.
De acuerdo a las citadas palabras de Jesús – que se refieren a una denuncia del profeta Isaías – de tanto escuchar las mismas palabras por tantos años, se ha perdido su efecto transformador.
Por eso los creyentes necesitan escucharlas una y otra vez cada semana…
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Todas las preguntas del mundo

Con motivo de ciertas entrevistas radiales que he estado dando en una emisora argentina recibí varias preguntas que la conductora del programa me pide que responda en una emisión especial.
A poco de comenzar mis reflexiones – esquivo hasta donde sea posible el lugar de “respondedor de preguntas” – me di cuenta que las consultas sobrepasaban largamente el rango de temas que habíamos tratado en los programas previos. También me fijé que las preguntas han sido hechas mayoritariamente por gente joven. Así que el cuadro que se me presentó es éste: la gente joven tiene muchas – demasiadas – inquietudes que no han sido tratadas en el entorno de sus iglesias.
Me llamó mucho la atención además que casi ninguno de ellos me haya preguntado sobre problemas “espirituales”, familiares, económicos, eclesiásticos , emocionales, que seguramente los tienen.
Querían saber qué pensaba Dios de la guerra, del abuso contra las mujeres y de la esclavitud y por qué en la Biblia no parece que El repruebe estos males sociales.
Querían saber por que los cristianos no aparecían involucrados en el nacimiento de la ciencia.
Querían saber si era posible ser cristiano y marxista.
Querían saber por qué algunas grandes figuras de la historia habían sido criadas en hogares cristianos y se habían alejado o se habían hecho militantes contra la fe cristiana.
Querían saber por qué muchos jóvenes cristianos que cursan en la universidad se alejan de Dios.
Querían saber por que los cristianos están en contra de algunas guerras y a favor de otras.
Querían saber por qué la iglesia no trata de estos temas que hacen a la vida “real”.
No me da el espacio para colocar aquí todas las inquietudes que he recibido de ellos. Son preguntas ardientes. Son preguntas angustiadas. Preguntas que vale la pena abordar porque la gente joven es confrontada con ellas todos los días – y nosotros también deberíamos. Son preguntas que se encuentran en extrema orfandad de respuestas. No son preguntas poco espirituales. Son preguntas similares a las que se hicieron los profetas bíblicos.
La gran pregunta – ya que éste es el tema – es: ¿Cuándo vamos a abordar éstas y muchas otras cuestiones importantes en la formación de nuestros creyentes? ¿Hasta cuándo seguirá siendo tan importante enseñar cómo podemos ser felices y cómo podemos asegurarnos un lugar en la iglesia y en el cielo?
Como en tantos otros temas que trato aquí, ofrezco la palabra.
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Si Jesús está en todas partes… ¿Debemos ir a la iglesia?

En nuestra cultura estamos acostumbrados a las fórmulas y las formas. Nos gusta hacer rutina de todo. Muchos están acostumbrados a no salirse de sus esquemas y si en su esquema está asistir al servicio de la iglesia los domingos a las 11 de la mañana, pues no les gusta cuando por razones mayores hay que cambiar esa rutina. Pero hay muchos que hace rato no asisten a una iglesia y se escudan en eso de que Jesús está en todas partes y por eso no es necesario asistir al templo para estar con Él.

En cierto modo, algo de verdad hay en esa afirmación, y yo soy de la opinión que somos seres adaptables. Cuando vienen cambios solemos ajustarnos y hacer los cambios necesarios. También hay muchos cristianos que van saltando de iglesia en iglesia. Eso no es bueno. No hay iglesia perfecta. A todas asistimos seres humanos y somos complicados. Lo importante es saber que la iglesia es Cristo céntrica, que se preocupan por cada persona y que te dirigen hacia Jesús siempre. No hacia el pastor.

Pero dejar de ir completamente a la iglesia, no es bueno. Yo personalmente he dejado de ir por causa mayor. Ya mi mamá está muy adulta y muy débil y me cuesta mucho movilizarla y no me gusta exponerla donde hay tanta gente, que muchas veces tienen un virus, pero como no tienen fiebre o les está pasando, siguen saliendo y le toman la mano para saludarla…. Y no la puedo dejar sola por más de dos horas seguidas. Por eso tuve que decidir no ir más a la iglesia. Trato de dedicar tiempo de lectura de la Biblia y alabanza para no perder el tiempo que dedicábamos antes a Dios, pero siempre surge algo y es rara la vez que logro hacer la hora completa sin interrupciones. Si dedico tiempo a Dios, leo la Biblia, hago mis devocionales, pero nunca es igual.

Son muchas las razones por las que es bueno ir a la iglesia:

  1. Para escuchar la palabra de Dios explicada por alguien que la ha estudiado toda su vida. El pastor.
  2. Para dedicar ese tiempo de alabanza a adorar a Dios en conjunto con todos los que asistieron al servicio.
  3. Para compartir luego con gente amable que tiene nuestra misma creencia.
  4. En la Biblia dice que no dejemos de congregarnos en Hebreos 10:25
  5. Tendrás ese tiempo para poner TODA tu atención en Dios.
  6. Si tienes alguna duda, encontrarás con quién compartirla.

Para mí, la mejor parte del servicio es el tiempo de alabanza y adoración. Es el tiempo que dedicamos a cantarle a Dios y destacamos Sus maravillas. Eso me hace mucha falta cuando no asisto. Es fácil hacer devocional, que es tiempo con Él también, es fácil leer la Biblia, leer libros cristianos y mensajes cristianos para nuestro diario vivir, pero nada sustituye el tiempo que pasamos en la iglesia. No dejes de asistir.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Quiero estar solo

Leticia precisaba comprar una silla de ruedas para su mamá, pero no disponía del dinero suficiente. El día que tenía que recibir su paga, el jefe de la empresa en la que trabajaba le descontó más de la mitad de su sueldo injustamente, pero ella no quería pedir ayuda, y menos que se enteraran de su problema.

Trató de conseguir otro empleo y sólo recibió malos tratos, hasta que un día se le agotaron las fuerzas, se sentó en una calle y se puso a llorar; justamente pasaba por ahí uno de sus primos y se acercó para consolarla. La sorpresa fue grande para Leticia al ver que al día siguiente se compró la silla, porque toda la familia e incluso amigos quisieron colaborar.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Éxodo 17:11-12 (RVR1960)

Moisés debía permanecer con las manos en lo alto porque el pueblo del Señor se encontraba en una dura batalla, pero como humano él se cansaba y cada vez que bajaba sus manos el enemigo prevalecía. Es por este motivo que necesitaba el apoyo de Aarón y Hur quienes no permitieron que se rindiera.

A veces batallamos solos con los problemas y podemos desanimarnos en el camino, porque somos humanos, por esto mismo necesitamos que otros nos apoyen y ayuden a llevar el peso que tenemos. No sólo materialmente, sino en oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20 (RVR1960)

Muchas personas escriben y comentan que no asisten a una iglesia y escuchan prédicas por la televisión o internet, de hecho no es algo que este mal; sin embargo, resta importancia al propósito de congregarse en familia, el compañerismo y la comunión entre hermanos.

Si estás enfrentando una dificultad y todo este tiempo has estado peleando solo(a) te animo a pedir apoyo a tu familia, a tu iglesia, y si deseas puedes escribirnos, con gusto estaremos orando por tus necesidades. Pero no luches solo, porque Dios permitió que formes parte de una gran familia.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

4 consecuencias de no ir a la iglesia

“Leo la Biblia, canto y adoro a Dios en mi casa. No necesito ir a la iglesia”

Para algunas personas, ir a la iglesia es una opción y no una obligación. Es cierto que nadie puede forzarnos a congregar, pero el no asistir genera consecuencias negativas que tienen grandes repercusiones en nuestra vida espiritual, por ejemplo:

1. No aprendes sobre Dios:

Indiscutiblemente, la Biblia es la Palabra de Dios; sin embargo, Dios también puede hablar por medio de otras personas. Si la prédica que se imparte en la iglesia está basada en la Biblia, entonces es un mensaje que no podemos ignorar. El crecimiento espiritual que uno necesita se adquiere por varios medios y uno de ellos es el oír lo que se imparte en la iglesia, así como lo señala Romanos 10:17, Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.” (NVI) No creas que porque lees tu Biblia en tu casa tendrás más conocimiento sobre Dios, ¡te estás perdiendo mucho más!

2. No alabas a Dios:

En las iglesias se acostumbra tener un momento de música y, más allá de amenizar la reunión, los cantos sirven para alabar a Dios. Hay distintas formas con las que podemos darle la alabanza a nuestro Señor, y la música es una de ellas. Salmos 33:1 dice: Canten al Señor con alegría, ustedes los justos; es propio de los íntegros alabar al Señor.” (NVI) Si bien puedes cantar en cualquier momento y donde quiera que estés, no hay nada como alabar a Dios en compañía de otras personas que comparten la misma pasión por Él.

3. No aprendes a vivir en comunión:

Hay varios pasajes en la Biblia que remarcan la importancia de mantener la unidad con otros creyentes. La unidad fortalece la oración (Santiago 5:14-15) y deleita a Dios (Mateo 18:19-20). Cuando uno asiste a la iglesia aprende a moldear su carácter a fin de contribuir a la armonía y unidad. De esta manera, no solo se fortalece el vínculo con Dios, sino también con los demás.

4. No eres de bendición para otros:

Hay un versículo muy conocido sobre la asistencia a la iglesia y se encuentra en Hebreos 10:25, donde dice: “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.” (NVI) No obstante, si leemos el texto anterior, podremos entender algo aún más relevante: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. (v. 24, NVI) Esta parte nos indica que debemos de ir a la iglesia, no solo para recibir el mensaje de Dios, alabarlo, estar en unidad con otros, sino también para ser de bendición a otros. Cuando te congregas, estás animando a los demás a demostrar amor y a seguir el ejemplo de Jesús.

Ir a la iglesia no se trata de ti. Se trata de Dios y de cómo tú puedes ser de ayuda a otros.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Es la iglesia un negocio?

Lo propuse como tema para uno de los shows de aquí de CVCLAVOZ, ya que hay muchas personas que me han dicho que no van a la iglesia porque sienten que lo único por lo que realmente se preocupan es por sacarles dinero, pero que cuando ellos lo han necesitado, no les han respondido.

Hay que profundizar porque como en toda relación, hay dos partes, y no se puede generalizar. Es muy cierto que no hay iglesia perfecta. Siempre se los digo a las personas que me dicen que no han encontrado una iglesia que les guste…pero también recuerdo algo que leí que dice que si estás buscando iglesia perfecta nunca la vas a encontrar.

Y entiendo la posición, porque lamentablemente esta manera de pensar tiene un poco de razón histórica porque hubo grandes entidades religiosas que movían a sus siervos a dar y dar solo para lucrarse. Incluso había en una época venta de indulgencias para justificar construcciones de grandes iglesias; sabemos de las alianzas político-religiosas que se han visto con estados totalitarios. Y ahora más recientemente, la lluvia de iglesias dedicadas a la teología de la prosperidad, donde incitan a comprar libros y CDs y fórmulas de los pastores para “prosperar” y al final los que están prosperando son ellos con esas ventas…

Pero como en todo debemos ponernos del otro lado del espectro.

Hoy día, sabemos que la mayoría de las iglesias cristianas se interesan en las personas que van sin importar su nivel social, cultural o económico. Sobre todo cuando no son iglesias tan grandes, hay más posibilidades de lograr el concepto de familia y el interés personalizado en su rebaño por parte del pastor o pastores de la iglesia. Y si vemos casos en los que la iglesia presta consejería, visita hospitales, tienen personas asignadas para ir a las cárceles. También tienen reuniones de hombres, estudios bíblicos de mujeres, actividades para jóvenes, para solteros, para casados. Todas son en beneficio de prosperar a la gente donde es más importante, en su espíritu y en sus relaciones.
Sabemos que la iglesia necesita dinero para pagar el local, la luz, el mantenimiento de las áreas. Comprar material para los estudios bíblicos; y los pastores, aunque ya hoy día la mayoría tienen un trabajo aparte del ser el Pastor de la iglesia, pues también se merecen su salario por el servicio que prestan, la preparación que hacen de cada servicio que van a ofrecer, el tiempo que invierten no solo en el servicio, sino en dar consejería. Sin embargo conozco de muchos que ni siquiera se asignan un salario de la iglesia.

Lo otro que te pregunto: cuando vas a una obra de teatro o a ver un concierto, normalmente pagas por asistir ¿verdad? Y vas a un servicio, donde en conjunto con todos, puedes adorar a Dios… muchas veces con una banda fabulosa, con cantantes que parecen ángeles…y ¿no te parece que debes dar al menos una contribución por los servicios otorgados? Yo lo veo así. En cuanto al diezmo…la verdad es que Dios no necesita de nuestro dinero, pero si tenemos la posibilidad de hacerlo y nos complace hacerlo, nos llena hacerlo, ¿por qué no? Después de todo, a los que más vemos cuando hay tragedias como tornados, deslaves y huracanes, a los primeros que vemos brindando ayuda sea física o material y económica es a las iglesias y sus miembros. Por tanto vemos nuestros diezmos siendo usados para bien.

En otro orden de cosas, decenas de miles de estudiantes universitarios cristianos formaron una conferencia donde donaron grandes cantidades de dinero con el fin de usarlo para eliminar el tráfico humano. He visto miembros de las iglesias dedicados en cuerpo y alma a esta causa. Y como esta, muchas más.

Pienso que al fin y al cabo, la razón por la cuál surgen las iglesias es por ayudar a la sociedad porque saben que la vida humana tiene el valor dado por Dios y porque al amar a Dios y seguir Sus preceptos, saben que deben amar a la gente y compartirles la verdad más maravillosa que conocemos. Por tanto, no digan a la ligera que no van a la iglesia porque “es un negocio”. Veamos el otro lado del espectro e informémonos bien antes de hacer una afirmación de ese tipo.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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