Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Me encanta la comida picante. Cualquier alimento sin picante es insípido a mi paladar y siento que le falta algo. El problema es que los picantes me hacen mal al estómago. No es un problema que haya tenido antes, pero supongo que he llegado a una cierta edad en donde no puedo darme el lujo de comer lo que sea y esperar que no me haga nada, así como cuando era adolescente. Sin embargo, a pesar de que sé que es perjudicial para mi salud, no puedo dejar de comer picante. Pongo todo tipo de excusas e intento dejarlo, pero es un hábito difícil de romper.

Esta experiencia me hizo abrir los ojos ante la realidad espiritual. Como cristianos sabemos que hemos recibido el perdón de Dios, que Él borra todos nuestros pecados y no se acuerda más de todas nuestras rebeldías (Isaías 43:25). Y a pesar de que Jesús hace esto por nosotros, ¿por qué seguimos pecando?

Pecamos por búsqueda de placer.

John Piper

La respuesta es sencilla y dolorosa: pecamos porque nos gusta. Así como mi gusto por el picante, si lo detestara, no me costaría dejar de comerlo. Igualmente, si odiáramos el pecado sería sencillo dejar de practicarlo. Escuchamos más la voz de nuestros deseos que la voz de Dios, nos dejamos llevar por nuestros impulsos y terminamos pecando. Sabemos que las consecuencias después de haber cometido el pecado serán devastadoras y, sin embargo, aún así lo hacemos. La recompensa de placer pasajero que nos ofrece el pecado puede hacernos creer que sólo eso puede satisfacernos. No obstante, debemos darnos cuenta de que no hay nadie más que pueda llenar nuestros vacíos más que Jesús.

Mi problema con el picante alcanzó proporciones mayores cuando un médico me prohibió incluirlo en mi dieta. Eso fue doloroso, pero es algo que, muy en el fondo, ya veía venir. Me explicó que si quería cuidar de mi salud debía dejar de comer picante durante un largo tiempo. El pecado es similar. Recibimos advertencias para dejar de practicarlo, pero no caemos en cuenta de cuán graves son hasta que genera conflictos tan grandes que no sabemos cómo enfrentarlos. No debemos abusar de la gracia de Dios y seguir pecando sólo porque sabemos que Él nos perdonará.

Es probable que al principio sea difícil, pero una vez que fijemos nuestra vista en Jesús como la fuente que puede llenar todos nuestros deseos, podemos estar confiados de que, con Su ayuda, escucharemos más la voz de Cristo que la de nuestros deseos. De esa manera, nuestro gusto por el pecado desaparecerá y llegaremos a aborrecer el mal que hacíamos antes.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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