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Tiempo de lectura: 2 minutos

Permítasenos en este breve espacio reflexionar sobre la contingencia del ser como asunto definitivo de la vida. Estamos metafísicos este lunes temprano. Pero la gentil audiencia sabrá perdonar el tono ya que se ha acostumbrado a la diversidad de los temas que me ocupan.

Entonces, digamos que una contingencia es algo que puede pasar o no. No hay certeza y por eso se la denomina de ese modo. La contingencia del ser como algo definitivo quiere decir, ni más ni menos, que estamos expuestos siempre. No hay garantías de que algo nos suceda o no nos suceda.

“No somos nada” o “Ahora somos y mañana no somos”

Esas frases solían decirse en los velorios a los que asistíamos cuando éramos niños. En la iglesia de donde provengo los velatorios eran un acontecimiento magistral. El evento podía durar hasta dos noches. En ese tiempo, venían pastores, parientes de la ciudad y de otras provincias y muchos curiosos.

Eran acontecimientos familiares y sociales en los cuales había comida, café y mucha charla entre los asistentes. En esas circunstancias, a la hora de saludar a los deudos, la gente solía decir eso de no somos nada u hoy somos y mañana no somos.

De donde se deduce la fragilidad de la existencia

A pesar de lo ingenuas que parezcan esas palabras dichas a los deudos, hay en ellas una verdad inmanente. En efecto, estamos sujetos a la contingencia del ser a todas horas. Accidentes, enfermedades agresivas u otros hechos fortuitos colocan nuestra vida en una ruta de colisión constante con el término de todas las cosas.

“Nadie tiene la vida comprada” era otra frase que solía escucharse en esos velatorios interminables y suculentos. Pero, por diversas razones, no pensamos en ello hasta que nos sucede. En cualquier esquina de la vida puede surgir lo impensable y todo se torna una vorágine de sentimientos y síntomas que nos parecían tan lejos de nosotros.

Encarar la contingencia del ser como algo natural

Exactamente eso. Sin llegar a la autoflagelación o al pesimismo a ultranza, creo que nos convendría tener en consideración siempre la contingencia del ser. Poner esa perspectiva en medio de nuestros planes y proyectos como un factor de la ecuación total nos daría tranquilidad. No nos sentiríamos sorprendidos. Consideremos lo siguiente:

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Santiago 4:13-14 RVR1960

Pero entiendo esto: es un asunto que uno considera pasada la sexta década de la vida y cuando ya ha experimentado el golpe de una dolencia o una pérdida inesperada.

Cuando somos jóvenes, todo el tema de la enfermedad y la muerte no forma parte de nuestro sistema. Aunque no lo digamos, pareciera que somos inmortales. La contingencia del ser es algo en lo que habrá que pensar mucho después.

Como hago yo ahora, por ejemplo, en este tiempo de la vida.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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