Crisis de Coronavirus

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Las expectativas desmedidas cifradas en el aporte de la tecnología al proceso de la educación contribuyen, por su parte, a desplazar el interés por el desarrollo de los mecanismos complejos ligados a la reflexión – los que estimula la lectura – hacia aquellos vinculados con la simple contemplación de imágenes y las operaciones sencillas.


La educación. La tragedia continúa, Guillermo Jaim Etcheverry [las cursivas son mías]

La lectura sigue siendo el mecanismo fundamental para el pensamiento. Es importante leer, a pesar del creciente abandono de los libros por parte de enseñadores y estudiantes. Así que abro esta nota intimando a la audiencia a leer los clásicos y volver a leerlos si ya lo han hecho.

No renunciaré a promover la lectura mientras tenga tribuna aquí y en toda instancia de educación en que participe. Nunca será suficiente decir cuán importante es el libro para el desarrollo de la imaginación y del pensamiento analítico y crítico.

La perenne importancia de los clásicos

En la foto que ilustra este artículo están algunos de los últimos textos que he estado releyendo. Casi todos los había leído cuando era un adolescente. En la escuela secundaria principalmente conocimos estos textos y muchos otros.

El Quijote de la Mancha, El poema de Mio Cid, La vida es sueño, Los poemas de Gustavo Adolfo Bécquer, Romeo y Julieta, La Odisea, La Ilíada. Estos fueron algunos de los libros que debimos leer, aparte de los autores del llamado boom latinoamericano de mitad de siglo.

Había que leerlos, hacer un reporte y exponerlos ante la clase. Recuerdo que competíamos a ver quién hacía la mejor presentación. Aprendimos el valor de la historia contada, la belleza del poema, el suspenso, la tragedia, el humor y la esperanza. Llegamos a entender un poco cómo pensaban y sentían las personas de otras épocas. Fuimos entrenados así a pensar el mundo y la vida.

Entonces, ¿por qué leer los clásicos y volver a leerlos?

Suelen mis amistades criticarme porque veo una película diez o quince veces. Sensatez y sentimientos, Orgullo y prejuicio, Matrix, Blade Runner son algunos de esos filmes. Entiendo su crítica: ellos consumen cine, no miran películas. Yo no consumo; leo, miro, vuelvo a mirar, observo, encuentro nuevos detalles, aprendo. Es por la misma razón que he leído la Biblia entera tantas veces.

Volver a leer los clásicos trae varios beneficios:

  • Sigue enriqueciendo el lenguaje: mientras más palabras agregamos a nuestro vocabulario, más posibilidades de pensar, hablar y escribir mejor.
  • Refina el pensamiento: a medida que pasan los años miramos a las mismas cosas con más profundidad, con mayor paciencia, con mejor entendimiento.
  • Nos recuerda de dónde venimos: cuando releemos los libros de la adolescencia nos miramos en el espejo del tiempo y vemos cómo nos ha ido. No lo olviden: recordar literalmente significa “volver a pasar por el corazón”.
  • Comparamos épocas y situaciones: los libros nos ubican en diferentes tiempos y formas de hacer las cosas. Con un poco de dedicación, podemos aprender de todas esas observaciones.

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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