Comentario de nuestra audiencia:

“Quisiera que me den un ejemplo de una oración de fortaleza.”

Cada vez que oramos debemos ser sinceros y contarle a Dios todo lo que nos ocurre. A Él no le importan cuán complejas sean las palabras que usemos sino la honestidad y humildad en nuestra actitud (2 Timoteo 2:16). Además, Mateo 6:7-8 nos recuerda que la oración no se trata de repetir lo que otro dice, sino orar con nuestras propias palabras. Esto es porque cuando queremos decir algo, nadie puede expresar nuestros sentimientos y pensamientos mejor que nosotros mismos. Al utilizar nuestras propias palabras en una conversación manifestamos lo que hay dentro de nuestro corazón y mente. Y lo mismo sucede en la oración. (Para mayor información, leer el artículo ¿Cuál es la forma correcta de orar?)

Sin embargo, esto no quiere decir que no podamos seguir el ejemplo de algunas oraciones que encontramos en la Biblia. En el libro de Salmos hay algunas oraciones que pueden servirnos de modelo al momento de pedir fortaleza. Estos son algunos de ellos:

Salmos 3:1-5 (TLA)

«Dios mío,
son muchos mis enemigos;
son muchos los que me atacan,
son muchos los que me dicen
que tú no vas a salvarme.
Sólo tú, Dios mío,
me proteges como un escudo;
y con tu poder
me das nueva vida.
A gritos te llamo,
y desde tu templo me respondes.
Yo me acuesto,
y me duermo,
y vuelvo a despertar,
porque tú vigilas mi sueño.»

Salmos 30:10-12 (TLA)

«Mi Señor y Dios,
¡escúchame y tenme compasión!
¡No me niegues tu ayuda!
Tú cambiaste mi tristeza
y la convertiste en baile.
Me quitaste la ropa de luto
y me pusiste ropa de fiesta,
para que te cante himnos
y alabe tu poder.
Mi Señor y Dios,
no puedo quedarme callado,
por eso siempre te alabaré.»

Salmos 42:3-5 (TLA)

«Día y noche
me he bebido mis lágrimas;
mis enemigos no dejan de decirme:
«¡Ahora sí, tu Dios te abandonó!»
Cuando me acuerdo de esto,
me invade el sufrimiento;
recuerdo cuando iba
camino hacia tu templo
guiando multitudes;
recuerdo las grandes fiestas,
y los gritos de alegría
cuando tu pueblo te alababa.
¡Pero no hay razón
para que me inquiete!
¡No hay razón
para que me preocupe!
¡Pondré mi confianza
en Dios mi salvador!
¡Sólo a él alabaré!»

 

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El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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