Sabemos que Dios sabe todo: el pasado, presente y futuro. También conoce nuestros pensamientos y deseos más ocultos. Salmos 139:4 dice: ≪Señor, tú sabes lo que voy a decir aun antes de que las palabras salgan de mi boca≫ (PDT). Entonces, ¿cuál es el propósito de la oración? Si Dios ya conoce nuestras necesidades y sabe qué le pediremos, ¿por qué tenemos que decírselo?

Como seres humanos actuamos en base a las deducciones que hacemos en base a las pistas que tenemos. Por ejemplo, si vemos a alguien que usa gafas oscuras, tiene un bastón y camina junto a un perro guía, es lógico que deduzcamos que es una persona invidente. No le preguntamos si es ciega o no, simplemente asumimos que lo es. Y si nosotros podemos hacer eso, ¡cuánto más Dios!

Dios sabe todo, pero también quiere saberlo por nuestra boca

Lucas 18:35-43 cuenta una historia interesante. Había un ciego que escuchó que Jesús estaba pasando por la ciudad. Gritó tanto como pudo para llamar su atención y, pese a que las personas intentaron callarlo, al final lo logró. El versículo 40 (TLA), dice:

≪Jesús se detuvo y ordenó que trajeran al ciego. Cuando el ciego estuvo cerca, Jesús le preguntó:
—¿Qué quieres que haga por ti?≫

Es curioso que Jesús le hiciera esa pregunta. El hombre no encajaba con la imagen de un invidente que tenemos ahora, pero era fácil darse cuenta que no podía ver. Podemos estar seguros de que Jesús notó que el hombre era invidente, lo sabía de antemano… y aun así le preguntó qué quería que hiciera por él. ¡La respuesta era obvia! No tiene sentido que, siendo ciego, le hubiera pedido que le devuelva la audición.

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Jesús sabía su respuesta, pero aun así le preguntó qué quería que hiciera por él. Y este no fue un hecho aislado, en otros pasajes de la Biblia encontramos situaciones similares.

Esto nos enseña que aunque Él lo conoce todo, también quiere saberlo por nuestra boca. La oración no es un simple acto para pedir y demandar cosas de Dios, también nos ayuda a:

  • Poner en orden nuestros pensamientos.
  • Examinar nuestras verdaderas intenciones.
  • Reflexionar sobre nuestras acciones.

Al orar nos comunicamos con Dios y le contamos nuestra versión de los hechos: nuestra perspectiva del porqué queremos algo. Claro que Dios ya sabe cuál es, pero le importa conocernos y se da el tiempo de escucharnos. Él respeta lo que tenemos que decir y por eso no nos impone: Él pregunta.

Además, la oración permite que nuestra relación con Dios crezca. Es una forma de reforzar el vínculo que tenemos con Él. Nosotros le hablamos a través de la oración, Él nos escucha y responde a través de Su Palabra.

Es así como podemos estar más cerca de Jesús y saber el plan que tiene para nuestra vida.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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