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Tiempo de lectura: 2 minutos

En el segmento Viernes de terapia junto a la licenciada Débora Pedace tratamos un tema que vemos a menudo: ¿Qué hay de malo en compararnos con los otros?

Trabajamos sobre un tema que suele existir en todas las personas, independientemente de la etapa evolutiva que atraviesan o el contexto en el que crezcan. Conversamos acerca del hábito, ya veremos si bueno o malo, de compararse con los demás, tanto a nosotros mismos como a nuestros pares o a nuestros hijos.

¿Qué hay de malo en compararnos con los otros?

¿Por qué se suele ver como algo negativo? Si el compararnos con los otros nos hace crecer, nos inspira y eleva como personas no tiene nada de malo, pero por lo generar ocurre lo opuesto. El problema radica cuando esa comparación nos devuelve una mirada negativa sobre nosotros mismos, cambiando el sentimiento de valía sobre nuestra persona o cualquiera a quien comparemos.

¿Comparaciones positivas?

Las comparaciones con los demás suelen ser positivas cuando permiten el crecimiento personal, cuando nos ayudan a tener éxito perfeccionando tus habilidades o cuando simplemente te hacen ser mejor persona.

De todas maneras, es necesario aclarar que el hábito de compararnos constantemente con otros puede ser un arma de doble filo, mientras que a algunas personas las beneficia, a otras puede llegar a destruirlas por completo, impidiéndoles que sean adultos responsables y coherentes en su vida emocional, laboral o social. Está claro que el uso de redes sociales ha fomentado esta necesidad de compararnos deseando lo que el otro posee o sintiéndonos inferior por no haberlo alcanzado.

Diferentes tipos de comparaciones

Hay familias en donde la comparación entre hermanos o entre la pareja es más normal de lo que uno cree, generando un modo de ser que lo lleva a trasladar esta conducta a la vida adulta y a todas las personas con las que se interactúe.

  1. Comparación ascendente: Personas que constantemente están mirando lo que no tienen, lo que les falta. Esto puede desembocar en sentimientos negativos como la envidia, los celos, la rivalidad pero si está bien enfocada y no subyace ningún sentimiento negativo que lo impulse, puede ser el trampolín que me permita expandir mis sueños.
  2. Comparación lateral: Se da entre pares y es la que permite generar cierta competencia que, bien enfocada resulta muy positiva ya que te produce crecimiento.
  3. Comparación descendente: Es mirar al que está por debajo nuestro desde la superioridad, creyendo que nos merecemos algo más por sentirnos mejores. Esto desarrolla sentimientos como la soberbia que, lejos de hacernos mejorar como personas, nos entorpece y nos endurece aún más el corazón.

¿Cómo dejar de compararnos con los demás?

Es importante que nos enfoquemos en nosotros mismos, que reconozcamos cuales son nuestras fortalezas y debilidades (lo mismo en nuestros hijos), esa es la base para comenzar.

En segundo lugar, liberarte de tu pasado y de lo que te ha marcado te permitirá avanzar sin necesidad de mirar al costado.

En tercer lugar, la más importante, sé agradecido siempre por lo que tienes y por lo que no tienes aún.

Por último, cuando tengas el impulso de compararte con alguien, hazlo contigo mismo, con el que eras hace unos años atrás y trata de superarte.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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