Crisis de Coronavirus

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En el artículo Mujer e iglesia evité intencionalmente mencionar a la mujer de Proverbios 31. Este es un capítulo que comencé a indagar hace mucho tiempo desde una perspectiva poco común: la igualdad. Las siguientes ideas pueden ser interesantes para nuestras lectoras. Tal vez no tanto para ellos.

Primero, nadie nos ha dicho nunca que las palabras de Proverbios 31 fueron dichas por una mujer y recopiladas por su hijo.

Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.

Proverbios 31:1
Insistamos en esto, amigas y amigos: todo el capítulo contiene palabras de la madre del rey Lemuel.

Supongo la razón por qué los hombres repiten con agrado eso de “virtuosa”. Es porque creen que prepara bien la comida, mantiene la casa limpia, cuida a la familia y no pide plata al marido (según el versículo 18, tiene negocios que andan bien; el versículo 24 agrega que produce y vende sus productos).

Si uno lee atentamente, sin el estereotipo de la “mujer sometida”, se dará cuenta que es inteligente, emprendedora, compasiva, previsora, eficaz en los negocios. No es la señora que está en la casa lavando y limpiando porque, si leen bien, verán que tiene empleadas. Que seguramente eran pagadas por ella.

Debe ser por eso que el marido se pasa buena parte del tiempo “sentado a las puertas con los ancianos de la tierra” (verso 23). Me imagino, como esos señores que charlan por horas de política, deporte y otros temas en los cafés de la ciudad.

Hace unos años mi hija mayor hizo un reclamo a un canal de televisión. Le molestaba notablemente que cuando entrevistaban a un experto en alguna materia económica o política, el periodista decía: “A ver, ¿lo puede decir de una manera más simple para que lo entienda la señora que está en la casa?”

Transmitían de esta manera la idea de que la señora de la casa era una persona limitada, que no entendía el lenguaje de los asuntos públicos. Nunca decían “el caballero que está en la casa”.

Valdría la pena releer este capítulo y darse cuenta de que la virtud de esta mujer no es ser la señora de la casa. La veo como igual y, en algunos casos mejor, compañera, conductora, con capacidades independientes y admirables, dignas de un mejor elogio que “la señora que está en la casa”.

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