Crisis de Coronavirus

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Pensé en este asunto de los propietarios de la verdad con ocasión de varias conversaciones sostenidas con amigos por estos días.

Enfrentados a conflictos de comprensión de la realidad y de toma de decisiones, la institución a la que pertenecen les impone su criterio de verdad. A veces, incluso, con dolorosas consecuencias.

La institución, para la audiencia no familiarizada con esta columna, es entendida por mí como aquella estructura que se arroga el derecho de controlar la mente y la vida de las personas.

Pueden ser instituciones de diverso carácter: religioso, político, filosófico o social.

Un caso legendario

Les cito un caso que cuentan los estudiosos y que ilumina esta idea de los propietarios de la verdad.

Hipaso de Metaponto, un discípulo de Pitágoras, estaba estudiando la medida de la diagonal del cuadrado. Arribó a la perturbadora conclusión que la raíz cuadrada de 2 no era 1 ni era 2, sino un número intermedio que resultó ser inconmensurable.

Hoy a esos números, en matemáticas, se los llama irracionales.

Esto desafiaba el mundo ideal de Pitágoras, en el cual todas las medidas eran perfectas. Estaba tan imbuido de esta idea que dedujo que el Universo mismo se había construido a partir de números.

Así que el descubrimiento de Hipaso era un peligro para la armonía matemática de Pitágoras. “Cuenta la leyenda” que los discípulos de Pitágoras, previendo el peligro que estas ideas traían al orden establecido por el matemático, en un viaje de barco lo habrían lanzado por la borda.

O sea, los propietarios de la verdad lo habrían asesinado. Así de grave puede ser el adueñarse de la verdad.

El peligro de cuestionar la verdad

Los siglos demuestran algo perturbador cada vez que alguien desafía el conocimiento estándar con una idea distinta. La persona que se atreve a semejante acción es visto como un enemigo.

Pero muchas veces la historia prueba que esa nueva idea era correcta o más adecuada. Esto resulta intolerable para los propietarios de la verdad dominante.

Piensen en la idea de que la tierra es redonda, que su interior es una bola de fuego desde donde provienen los volcanes y que gira alrededor del sol. Quienes primero propusieron estas ideas se enfrentaron a graves condenas. Incluso, condena a muerte que sólo podía ser evitada con la retractación. Galileo, nos dicen, se enfrentó a este predicamento.

Es irónico que la madre y maestra de estas sanciones fuera la iglesia cristiana.

Verdad y libertad

La verdad, cuando es verdad verdadera, trae implícita la libertad. El conocimiento, en lugar de encerrarlo a uno en un sistema exacto de saberes, lo instiga a explorar lo que se sabe.

Hay que interrogar, confrontar el dicho con la realidad como es y no como uno quiere que sea. Los propietarios de la verdad, tristemente, nunca hacen ese ejercicio.

Así, la madre y maestra se resiste a pie juntillas a que sus paradigmas fundacionales sean revisados o expuestos. La política interna —poder, dinero, influencias— depende de su estabilidad. Que sus dogmas sean intocables es fundamental para su subsistencia como sistema

Así que el saber que sostiene por la institución es elevada a la condición de sagrado y cuestionarla sería cuestionar a Dios mismo.

Pero el saber no es patrimonio de un grupo privado. No toleremos más a los propietarios de la verdad. Nunca más.

La verdad está disponible para todo aquel que lo busque de todo corazón. Es de acceso libre. Es vulnerable al amor, a la pasión, a la razón.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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