Crisis de Coronavirus

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Este es el salmo rojo de las amapolas en el trigo. Gotas de sangre vital en la dorada amarillez del trigo maduro para la cosecha. Evocación de viejas imágenes, asalto de recuerdos imperdonables.

Al músico principal

Entre los intersticios del dolor se halló un pequeño sendero hacia la luz. Porque una luz pequeña vino a aliviar la oscuridad de milenios. La pesada penumbra que se cernía por los siglos de los siglos retrocedió despavorida.

De todas partes salieron voces, interjecciones, gritos, lamentos escondidos, lágrimas guardadas. La redoma de la palabra se abrió para recibirlas sin preguntas, cuestionamientos o juicios.

Todas las voces, todas las canciones, todos los poemas, todas las declaraciones aparecieron como amapolas entre el trigo. Eran perceptibles para el observador perceptivo. Algunos las recogieron con mano atenta, con delicadeza suma y las trajeron.

Así, el salmo rojo de la vida se mezcló con las esperanzas inmortales. Cada una de ellas encontró un consuelo, una explicación, un alivio, una esperanza.

Un alboroto feliz

Era un alboroto mágico, un desbande alegre y colorido, una manifestación con alas. Una explosión de sentimientos que sólo ellas podían explicar porque hay cosas que les pertenecen y nadie más puede descifrar hasta que son pronunciadas en el lenguaje que les es propio, su idioma singular.

De repente, un caminante vino desde lejos. Traía antiguas canciones en su morral y las ofreció. Por el precio de una les dejo dos, decía, pero era en broma. Se las regaló no más.

Porque a lo mejor querían aprenderlas y luego podrían cantarlas en su propio país, en su territorio original. Eso tienen las canciones y los poemas. Abren puertas inimaginables según el talante de quien pronuncia sus notas y sus versos. Se remontan mucho más allá del pobre poeta que las inventó.

Hilanderas, balsameras, espigadoras y mártires

Eran las hilanderas de la luna. Las balsameras hacían sonar sus copas antes del asalto de David al lugar fuerte. Era Rut espigando en el campo de Booz. Diligentes voluntarias que recogían los cuerpos de los heridos y los curaban en las tiendas de la retaguardia. Las sobrevivientes de Lamec. Fueron mártires a causa de la violencia del levita de Jueces.

Entonces, demos honor a las heroínas del salmo rojo, el canto violento de las sobrevivientes. De las que abatieron a Sísara. También de las otras, que vieron a Jesús resucitado antes que cualquier hombre en la tierra.

Selah

Pero a la hora del adiós se acallaron todas las voces, todos los sonidos. En el largo camino de regreso hubo tiempo para los pensamientos, para el silencio del después, para la recopilación de memorias, para retomar más tarde el duro oficio de la realidad.

Sin embargo, esta vez un ramillete de amapolas iluminaría la cruda luz del día siguiente y por la bajo, la canción. La canción del salmo rojo y las amapolas en el trigo.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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