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7 similitudes entre la iglesia y el gimnasio

Nunca he sido alguien a quien le guste los deportes ni las actividades físicas, pero este año tuve que comenzar a ejercitarme en el gimnasio por razones médicas. Al principio fue difícil, pero de poco a poco empecé a mejorar mi calidad de vida. Durante el tiempo que he estado asistiendo, me he dado cuenta de que hay ciertos aspectos en los que ejercitarse se parece a la vida cristiana. De mis reflexiones diarias, pude llegar a las siguientes conclusiones:

1. La motivación de cada uno es diferente.

Las causas que llevan a alguien al gimnasio pueden variar de persona en persona. Cada quien tiene su propia razón para comenzar a ejercitarse y eso influye en su desempeño. Asistir a la iglesia también es producto de una motivación personal, que posteriormente se refleja en la vida cristiana. Todo resultado depende de su origen.

2. Asistir no es suficiente.

Si uno realmente quiere llevar una vida saludable, sabe que ir al gimnasio no es suficiente. La alimentación juega un papel sumamente importante en el bienestar físico y la salud, pero eso es algo que se practica fuera del gimnasio. De nada vale ejercitarse diariamente si se tiene malos hábitos alimenticios. De la misma manera, en la vida cristiana no basta con ir a la iglesia. Uno debe de desarrollar una relación personal con Dios en su diario vivir y tener fe en Él no solo en la congregación. Si no se tiene una comunión permanente con Dios, asistir al templo es casi en vano.

3. Tu actitud sí importa.

Ir al gimnasio solo a mirar a otros o a alardear, mas no a hacer ejercicios, es una pérdida de tiempo y dinero. Ir a la iglesia a criticar o a actuar como un líder déspota, es también perder el tiempo. La disposición con la cual uno hace las cosas tiene un papel relevante en el desempeño y la madurez espiritual. Es allí donde se demuestra cuál es el incentivo por el cual uno va a la iglesia o pretende ser seguidor de Cristo.

4. El progreso no es el mismo para todos.

Desanimarse porque alguien en el gimnasio tiene más músculos o baja de peso más rápido que uno, es inútil. Cada cuerpo es diferente; y por lo tanto, trabaja a su propio ritmo. La vida cristiana funciona de igual forma. Hay personas que crecen en su vida espiritual mucho más rápido que otras. En este punto pueden influir muchos factores, pero nadie puede sentirse menos porque cree que otro está mejorando a pasos agigantados.

5. El crecimiento es individual.

Cada quien va al gimnasio para su propio beneficio y no hay manera de ejercitarse para el provecho de otro. El dolor del entrenamiento, los cambios en el cuerpo, y el resultado final es personal e intransferible. En la vida cristiana es igual. Nadie puede orar, leer la Biblia, ayunar o tener una relación con Dios a cuenta de otra persona. La salvación es intransmisible; y es absurdo e ilógico pensar lo contrario.

6. Requiere constancia.

Ir al gimnasio una vez por mes no tiene el mismo resultado que ir cinco veces por semana. Si uno no es constante en el ejercicio, no podrá tener los beneficios que espera. Este mismo principio se aplica en la relación con Dios. A veces el desgano se apodera del día y se pierde el anhelo de esforzarse para crecer espiritualmente. Sin embargo, si se permite que la falta de constancia avance, nunca se podrá tener una comunión más íntima y personal con Dios.

7. Puedes aparentar por fuera, pero la verdad yace en el interior.

Uno puede someterse a una cirugía plástica para reducir medidas y aumentar músculos; y luego ir al gimnasio y aparentar que su cuerpo es el producto del ejercicio y una alimentación balanceada. Sin embargo, aunque el exterior puede reflejar algo, en el interior siempre estará la verdad. En la iglesia también se puede simular llevar una vida de santidad, e incluso ser tomado como ejemplo para otros cristianos. No obstante, el único que conoce los corazones de las personas y sabe la verdad detrás de la fachada es Dios. Y Él no puede ser burlado.

 

 

Originalmente publicado en: https://loutorres.wordpress.com/2017/12/20/7-similitudes-entre-el-gimnasio-y-la-iglesia/

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Feliz Navidad

Nunca deja de asombrarme el flujo inmenso e incesante de mensajes cargados de lugares comunes sobre la Navidad. Frases que pretenden alguna inteligencia, elogios al amor, la comunión, la bondad y toda suerte de deseos de utilería sacados de la inagotable fuente de conocimiento instantáneo de Internet.

Ya conocen mi lateralidad incurable; entre líneas tenemos que reconocer siempre la inconsecuencia, la inconsciencia, la desidia respecto de la verdadera materia de las cosas. El mundo no es dulce, no es bonito, no hay razón alguna para el optimismo y las esperanzas algodonosas. En ese sentido, la celebración común de la Navidad es mentirosa, por decir lo menos. Evoca sentimientos, resoluciones y compromisos que no van – no pueden ir – mas allá de la emoción que provoca leerlos o escucharlos o verlos según en qué medio te lleguen los mensajes. No se hace cargo de la fealdad de la ciudad, del robo, de la corrupción, de la trata de personas, de la violencia racial, de la guerra, del hambre y de la porquería en la que vivimos diariamente.

Apenas escapamos de todo eso por aquel delgado barniz religioso que nos ampara o por el expediente de vivir a saludable distancia de los hechos, huyendo de la cara fea de la realidad a escondernos en nuestras casitas, en nuestros templos y en nuestras comunidades cerradas.

Hace ya mucho que abandonamos la Navidad. Hablo en primera persona plural para que no crean que me paro en alguna torre de marfil a juzgar a los demás. Estoy en medio de eso. Tenemos nuestras fiestas de fin de año, el día previo a la Navidad salimos al happy hour con nuestros compañeras y compañeros de trabajo, asistimos a la fiestita de la iglesia, comemos nuestra cena habitual con parientes y amigos, abrimos algunos regalos, compartimos unos ciertos buenos deseos y nos vamos a dormir.

Afuera, el mundo gira en la locura de su destino presente. El amor, ese darse a la gente, a alcanzarla en su prisión, en su enfermedad, en su soledad, en su miseria ya no es asunto nuestro. Que de eso se encargue el gobierno, el Ejército de Salvación o el Servicio Nacional de Menores, para eso están.

Nosotros ya hemos cantado nuestros villancicos y ya tenemos paz porque hicimos la oración correspondiente y estuvimos un buen rato con los nuestros.

Feliz Navidad.

¿Cuál es tu actitud en la iglesia?

“Ese líder no tiene nada qué enseñarme”; “el pastor solo critica en sus prédicas”; “en la iglesia no hay nada nuevo”.

¿Alguna vez has tenido pensamientos similares?

Las diferentes malas situaciones pueden hacernos perder las ganas de congregarnos. Sin embargo, por más que existan problemas en la iglesia, no son una razón para dejar de asistir (Hebreos 10:25). Si nos comportamos de esa manera, es un sinónimo de que nuestra fe es vacía y no está depositada en Dios, sino en los líderes, los demás cristianos, y que depende de las circunstancias.

No existe la congregación perfecta.

Cuando dos personas se casan y comienzan a vivir juntos, es de esperar que tengan desacuerdos en su convivencia porque ambos provienen de diferentes ámbitos. En las organizaciones también hay discusiones y malos entendidos porque tienen distintos puntos de vista, por más que compartan el mismo objetivo. De la misma manera, en las iglesias hay conflictos porque éstas se componen de personas. Esperar que en una iglesia no hayan problemas es una ilusión; y es justamente este es el factor que debe unirnos.

La Biblia nos insta a ser de un mismo sentir (1 Pedro 3:8), a preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:3),  a edificarnos mutuamente (Romanos 14:19), fomentar la comprensión (Romanos 12:16), y a dedicarnos a un mismo propósito (Filipenses 2:2). La unidad en la iglesia es primordial, ya que todos somos miembros del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-27). A pesar de nuestras diferencias, debemos trabajar en conjunto para cumplir el propósito por el cual fuimos creados y fomentar la paz, en lugar de destruirla.

Tu actitud frente a la iglesia sí importa.

Como en toda congregación hay problemas, tienes dos opciones de reaccionar ante ellas:

  1. Convertirte en alguien que no hace nada, critica, desanima a otros, no comparte sus conocimientos, no se adapta a los cambios, se fija más en los problemas, y al final permite que su relación con Dios se deteriore.
  2. Ser parte del grupo de cristianos que buscan primero el Reino de Dios (Mateo 6:33), que ponen sus talentos a disposición de Jesús, trabajan para buscar soluciones, fomentan la paz y crecen espiritualmente.

Fijarse en las soluciones en vez de los problemas, no es ignorar la realidad, sino demostrar una actitud proactiva. Si vas a la iglesia predispuesto y convencido de que no aprenderás nada, que los líderes lo hacen todo mal, y que las reuniones no te servirán de edificación; entonces eso es lo que ocurrirá.

Si quieres cambiar tu actitud y empezar a asistir a los cultos porque quieres aprender, ser de bendición para otros y alabar a Dios, entonces pídele al Espíritu Santo que renueve tu forma de pensar y te ayude a no juzgar antes que las cosas ocurran. No creas que las enseñanzas de los líderes no son de provecho; si Dios utilizó a un asna para darle una gran lección a Balaam (Números 22:21-33), ¿no crees que con más razón puede usar a las personas?

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Cómo escoger una iglesia: 5 cosas que debes buscar

Comienzo diciéndoles que no hay iglesia perfecta. En todas encontramos seres humanos y aunque seamos cristianos, no somos santos. Tratamos tal vez, pero no lo somos. Ninguno.

Pienso que la mejor iglesia, es una que nos quede cerca. Así no tenemos esa excusa al menos, para no asistir.

Se supone que la iglesia que no tiene que ser una estructura, pero si un cuerpo de creyentes. Jesús nos mostró que nos debíamos reunir y aprender. Generalmente es en la iglesia donde aprendemos más acerca de la Biblia.

Les voy a dar algunos consejos de lo que deben buscar en ella. En principio, lo más importante es siempre el primer paso: la oración. Oremos para que Dios nos de sabiduría al pensar en esta importante decisión. También es importante que sea una iglesia Cristo céntrica y en cuyas prédicas la autoridad inequívoca de la Biblia se sienta.

La adoración, el canto antes de la enseñanza, más que tener tremendo equipo de instrumentos y talentos maravillosos tocando el estilo de música que te guste, debe tener un equipo de adoradores que nos inspiren y en quienes sintamos verdadera adoración y respeto hacia Dios. Es una conexión que hacemos con Dios antes de escuchar la enseñanza.

La doctrina es importante que sea clara. Sana doctrina. Cuidadosamente podemos comparar lo que dicen por ejemplo en su página web y comparar eso con las Escrituras. La declaración de fe nos dirá su posición en cuanto a la Trinidad (Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo), acerca de la salvación, del pecado, de la Biblia y de la iglesia.

Es importante que te sientas bienvenido(a) y sin que te abrumen, te hagan saber que puedes contar con ellos. Para mi eso manifiesta la presencia del Señor allí. Sentir Su paz y Su amor a través de las personas que te reciben o a quienes conoces.

La prédica del Pastor debe ser exponencial. Es decir, expandirse en lo que es dicho en un pasaje de la Escritura y explicar el significado y como aplicarlo a nuestras vidas. La prédica o enseñanza debe comenzar y terminar con Escritura y es lo que debemos buscar. Poder entender las Escrituras.

Por último es importante cómo toman la salvación y el Evangelio. Uno de los llamados principales de la iglesia es proclamar las buenas nuevas de Jesucristo para que aquellos que no creen, tengan la oportunidad de hacerlo. Todo cristiano debe contar el Evangelio con regularidad. Y digo esto porque he sabido de iglesias que no predican las buenas nuevas de salvación por medio de la muerte y resurrección de Jesús. Esa nueva onda de “tolerancia” es peligrosa y debemos aferrarnos a lo que enseña la Biblia. Sí debemos mostrar el amor a las personas, sean quienes sean y como sean, no debemos enjuiciar a nadie. Pero solo hay un camino hacia Dios y es a través de Jesús.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Cuando tenga tiempo!

¿Alguna vez conociste a un cristiano que parece tener el fuego de Dios en su corazón pero sus acciones son contrarias a lo que habla?

Una tristeza inmensa inundó mi corazón cuando oí de un joven creyente las siguientes palabras “Cuando tenga tiempo me ocuparé de Dios”, esta frase es común y, a la vez,  es una realidad dolorosa y triste.

Los afanes, los anhelos, metas y todo aquello que demandan tiempo y esfuerzo han tomado el lugar que le corresponde a Dios y hoy muchos jóvenes, adultos, niños e incluso familias completas han desplazado a Dios de sus vidas.

Colosenses 2:6-7 dice: “Por eso, habiendo recibido a Jesucristo como su Señor, deben comportarse como quienes pertenecen a Cristo, con profundas raíces en él, firmemente basados en él por la fe, como se les enseñó, y dando siempre gracias a Dios” (NTV)

Dios jamás obligará a nadie a orar, a congregar, a servir, a meditar en su palabra, a ser compasivos, etc. porque estas acciones son una pequeña muestra de amor y respeto por lo que hizo en nuestras vidas y también nos ayudan a hacer que nuestras raíces en la fe estén cada vez más firmes.

No podemos negar que tenemos responsabilidades y deberes pero no podemos dejar que nos consuman y por ende llegar a olvidar lo que realmente importa: “nuestra relación con Dios”.

Son muy comunes las razones que la gente utiliza para justificar su ausencia en las cosas del Señor ¿Has oído algunas de ellas? Mis hijos son pequeños, tengo mucho trabajo, tengo que estudiar, aún no me quiero comprometer y así podríamos elaborar una lista larga de excusas y todos estos pretextos se resumen en uno solo “No tengo tiempo”.

Tenemos un Dios perfecto y sabio a tal punto que nos creó con el tiempo necesario para hacer lo que debemos hacer  “Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo” Eclesiastés 3:1 (NTV), el asunto está en saber administrar este recurso valioso (tiempo) y también debemos aprender a priorizar.

Quizás en este tiempo has estado utilizando algunas de estas excusas para justificar tu alejamiento de las cosas de Dios y esto te ha llevado a dejar de lado tu fe, hoy quiero invitarte a pedirle perdón a tu Padre y a que nuevamente puedes darle el lugar que le corresponde en tu corazón y en tu vida

Dios necesita hijos comprometidos, responsables, decididos, constantes y valientes.

Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tienes un conflicto con alguien?

Un joven había quedado desempleado y sin un lugar donde vivir, por lo que pidió apoyo a su comunidad cristiana. Una mujer, que supuestamente quiso colaborar, le dio un cuarto; sin embargo, poco tiempo después lo botó afirmando que constantemente el cuarto se encontraba en desorden, humillándolo delante de su líder y de su comunidad.

Este joven nunca más volvió a la iglesia por la vergüenza que sintió,  porque en realidad no recibió corrección, sino humillación, que son cosas completamente diferentes.

Seguramente Dios sabía que como humanos presentaríamos conflictos con las personas que nos rodean, por lo que la palabra del Señor nos enseña a corregir a nuestro hermano con sabiduría y no a nuestro modo, puesto que podemos lastimar y hasta matar.

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.” Mateo 18:15 (RVR 1960)

El propósito de corregir siempre debe ser: “ganar a tu hermano” es decir, ayudarlo a cambiar, preocuparse por él, por tanto, no se debe tener una mirada despectiva o de juez, sino de compasión. Segundo, es necesario conversar a solas con él y mostrarle el problema, si esta persona es madura seguramente el conflicto se solucionará rápido.

“Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” Mateo 18:16-17 (RVR 1960)

Por el contrario, si la persona no escucha es preciso aumentar un testigo para la corrección, en este caso es necesario incluir una autoridad, como: padres, pastores o líderes, puesto que ayudarán a solucionar el conflicto.

En la anécdota que comenté a un principio la única perjudicada por el desorden era la señora, por lo cual, no era necesario involucrar a más personas a parte del líder. Sin embargo, existen otros casos en los que la actitud de alguien afecta a toda la comunidad y es ahí cuando  se debe notificar al grupo.  Por ejemplo: un hombre casado, que molesta a una y otra señorita mostrándose como soltero, si no entiende a solas o con sus autoridades, entonces tendrá que ser amonestado públicamente, con la finalidad de proteger a las señoritas estarían  en riesgo de ser engañadas.

Aprendamos a corregir siempre pensando en el otro, si tienes un problema o quieres corregir a alguien te animo a hacerlo siguiendo la Palabra de Dios, busca de qué forma puedes apoyar a esta persona, sin juzgar, gritar, insultar. Recuerda que humillar nunca ha cambiado a nadie, al contrario, lastima el corazón que le pertenece a Cristo.

¡Actuemos como hijos del Señor!

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El mundo que mira

“… la opción hegemónica de occidente tampoco tiene mucho que ofrecer, porque convengamos que el cristianismo y todas sus ramificaciones están demodé y en franco declive moral. Eso sí, tributariamente hablando, las iglesias derivadas de Jesús tienden a recaudar más que sus hermanas espirituales.”
(Esta sangre es mía, cuento de Pablo Cosin, La Voz, 17 septiembre 2017)

Pasado de moda, en franco declive moral, exitoso en la recaudación de dinero: este parece ser el resumen de la recurrente imagen que proyecta buena parte del cristianismo en el mundo de hoy. El fragmento citado es de un cuento que aparece en un suplemento dominical, así que la audiencia perceptiva podría concluir: “Bueno, es nada más que un cuento.” Pero creo que valdría la pena explorar, aunque sea brevemente, la validez – o no – de esta imagen.
No es que la esencia del cristianismo esté obsoleta. El que ya no tenga la fortaleza de antes se debe principalmente al atraso en el lenguaje que usa para comunicarse con el mundo de hoy. La réplica a las nociones de pecado, de juicio, de cielo o de infierno en una cultura absolutamente post cristiana suena apenas como un eco en un inmenso vacío conceptual. Ha fallado notablemente en articular una respuesta bíblica comprensible y desafiante a la cultura predominante porque continúa atrincherado en un discurso que tuvo algún impacto durante los dos primeros tercios del siglo XX.
En segundo lugar, los casos de dirigentes religiosos involucrados en escándalos sexuales, de dinero y de connivencia con los poderes corruptos de la política y de la justicia han asimilado la imagen de la iglesia cristiana a otras instancias de la cultura que la gente rechaza fervientemente.
Para terminar: He oído, más veces de las que me gustaría admitir, el sambenito si quieres hacerte de plata, abre una iglesia. La rigurosa doctrina de los diezmos y las ofrendas como prueba de una fe madura y comprometida ha permitido a ciertos dirigentes gozar un patrimonio que jamás habrían construido en la actividad laboral que tenían antes de convertirse en líderes espirituales.
Hecha la salvedad de que hay muchas iglesias cristianas que no entran en este breve análisis y que se comportan de un modo más parecido a sus orígenes bíblicos, habría que hacer de todos modos el trabajo de reflexionar un poco en la imagen que sus hermanas exhiben ante el mundo que las contempla.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CCLAVOZ)

Unidos

Una manada está formada por un grupo de varios animales de la misma especie que habitan en un sólo lugar o que se desplazan juntos para migrar. Esta unidad hace que puedan protegerse de algunos enemigos naturales y les permite conseguir alimentos para subsistir.

Sin embargo, a menudo se originan conflictos internos que, en el peor de los casos, puede causar que un miembro sea expulsado o simplemente decida desertar por voluntad propia. Aunque son casos muy aislados se ha visto que existen situaciones de este tipo dentro del reino animal.

La manada no sólo es un grupo que provee protección para sus miembros, sino que también es esencial para darle significado a la existencia de los animales.

Así como sucede en la familia, una manada es una unidad social que provee a cada integrante un sentido de pertenencia y el correspondiente apoyo social. Contrariamente, el que se alejó para vivir en solitario se ve obligado a soportar todo sin ningún respaldo.

La Biblia también habla de la importancia de pertenecer a un grupo y no permanecer en solitario.

Salmos 133:1 dice: “¡Vean qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!” Versión Dios Habla Hoy

Cuando uno recibe a Jesús como Señor y Salvador nace a una nueva vida, inmediatamente brota de su interior ganas de reunirse con gente que comparta su misma fe y cuando logra integrarse a una iglesia de creyentes, esa necesidad está cubierta.

Unirse a una comunidad de fe provee las condiciones necesarias para que el nuevo integrante crezca en su relación con Dios, se desarrolle espiritualmente y comprenda mejor su propósito dentro del reino de los cielos. Además ofrece los recursos para desarrollar su comunión con otras personas y mantener el fuego de su pasión por la búsqueda del Espíritu Santo.

Todos estos beneficios no los podría tener alguien que decide alejarse porque Dios no ha creado a ninguna persona para que tenga una vida de fe como ermitaño.

Efesios 2:22 dice: “En él también ustedes se unen todos entre sí para llegar a ser un templo en el cual Dios vive por medio de su Espíritu.” Versión Dios Habla Hoy

Dios ama la unidad de sus hijos y desea que la busquemos.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ten cuidado y escucha el consejo

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” 2 Timoteo 4:1-5 (RVR1960)

Vivimos tiempos donde las personas ya no quieren escuchar la sana enseñanza de Dios, donde prefieren seguir sus propios deseos y buscan Iglesias o pastores que les digan lo que ellos desean oír. Hay muchos que han salido de sus Iglesias porque han visto que en otras congregaciones hay milagros, prosperidad económica, remuneración alta por servir a Dios, pueden hacer lo que quieran, etc.

Tristemente uno puede caer en el engaño sino medita en la palabra de Dios ni pasa tiempos con Él. Daniel 8:25 (DHH) dice: “Por su astucia, sus engaños triunfarán. Se llenará de orgullo, y a mucha gente que vivía confiada le quitará la vida a traición. Hará frente al príncipe de príncipes, pero será destruido por Él.”

Satanás es muy astuto para engañar a la gente y oculta sus verdaderas intenciones. El apóstol Pablo en 2 Corintios 11:14 escribió: “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz”. Por lo tanto no subestimemos el poder de satanás y su habilidad de mentir.

Tú y yo sabemos que los tiempos que vivimos son peligrosos y que el retorno de nuestro Señor Jesucristo está cerca. No te apoyes en tu propia prudencia ni te dejes guiar por lo que te dicen. No escuches voces ajenas a lo espiritual y lee la Palabra de Dios, porque ahí encontrarás sabiduría y dirección. Toma en cuenta el consejo de Pablo a Timoteo:

Sé sobrio en todo, es decir,  atento siempre a las cosas que te enseñan, malas amistades, tentaciones, etc. “Sed, sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. 1Pedro 5:8.

Soporta las aflicciones, como  hijo (a) de Dios es normal que en tu vida atravieses grandes pruebas, aflicciones, ya que el enemigo no está contento con tu decisión de servir al Señor y con tu nueva vida, pero el Señor dice: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” Salmo 34:19.

Haz obra de evangelista, sigue predicando la verdad a los inconversos. Esta tarea debes hacerla cada día por amor a las almas y en cumplimiento del mandato divino de “Id y predicad el evangelio.” Marcos 16:15.

Cumple tu ministerio, nunca pienses que eres inútil, tienes dones y talentos especiales que Dios puso en ti con los cuales puedes servirle. “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:23.

Oremos:

“Dios amado, gracias por este día, gracias porque siempre me guías y aconsejas. Por favor cuídame de toda enseñanza que no viene de ti y de todo lo malo. Ayúdame a servirte y a cumplir tu mandato de la gran comisión. Dame fuerzas para servirte, predicar tu Palabra y honrarte siempre. En el nombre de Jesús, amén. “

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Delicia

¿Cuál es tu alimento o postre favorito? Se encuentra satisfacción al consumir un alimento apetecible para uno mismo, e incluso se obtiene un gran placer al sólo imaginarlo. Así mismo puede suceder con la Palabra de Dios, cuando se ha convertido en una delicia para tu vida:

“!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” Salmos 119:103 (RVR 1960)

El rey David menciona que la Palabra de Dios es como la miel, dulce al paladar, por lo cual, en diferentes partes de la Biblia manifiesta la desesperación que tenía por conocer las escrituras; aunque se encontrara en guerra o en una tribulación para él lo más importante era estar con Dios y aprender su Palabra.

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmos 27:4 (RVR 1960)

Una de las súplicas de David, era estar en la casa del Señor todos los días, para estar delante de su presencia y servirle.

¿Asistes a una iglesia? Si las palabras del Señor no son dulces para ti, entonces seguramente no tendrás la necesidad de escucharlas, ya sea en tu congregación o donde te encuentres. Si has abandonado el estudio de la Palabra de Dios, te animo a tomar la decisión de volver a empezar y pedirle ese amor genuino por Él.

¡Recuerda que el que ama a Dios, es el que guarda sus mandamientos!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Seducción del liderazgo

“Desconfío de los líderes, de quien no duda, de quien cree saber, de quien piensa que puede conducir a otros.”
Alejandro Katz, editor y ensayista argentino

Frente a la multitud enardecida por la sed Moisés gritó: “¡Oíd, ahora rebeldes! ¡Os hemos de hacer salir agua de esta peña?” Esta simple conjugación del verbo hacer fue su perdición: le fue negada irrevocablemente la entrada a la tierra de promisión. Esa es la seducción del liderazgo: creer que pueden conducir a otros per se, por su propio carisma, por su propio poder; transmitir la idea de que tienen todo claro, que no tienen duda alguna.
Esta es una época de inmensa incertidumbre en la política, la economía, la cultura, las relaciones internacionales, la justicia y la ley, la familia, la iglesia, usted nómbrelo. Las cosas están resultando no ser lo que parecían. Los antiguos fundamentos se desploman, los conductores resultaron un fraude, los sistemas hacen agua por todos lados incluso aquellos inspirados en nobles ideales como la iglesia y la filosofía.
Es un tiempo propicio para la aparición de salvadores carismáticos, mandatarios autocráticos, proyectos totalitarios. La multitud, aguijoneada por inmediatas necesidades, está dispuesta a conferirles el necesario poder para que les solucionen sus problemas y todo por fin regrese a la normalidad. La historia es pródiga en ejemplos que muestran adónde terminan estas ingenierías sociales: la destrucción y en algunos casos el aniquilamiento del tejido social.
Un estudio de caso interesante que puede ser seguido en el libro de los Jueces (capítulos 6, 7 y 8) es la historia de Gedeón. Cuando fue llamado se expresó con una humildad sorprendente: argumentó ser joven, pobre, inadecuado. Pidió varias veces señales para estar seguro que estaba siguiendo la “perfecta” voluntad de Dios. Sin embargo, cuando se hizo fuerte comenzó a mostrarse arrogante y ególatra y con el tiempo infligió enormes sufrimientos no sólo a su vida personal sino a la nación entera.
La función del liderazgo es facilitar, ayudar, servir, mostrar opciones. Esa es una influencia que puede ser ejercida estando entre la gente. Por eso no confío en quienes demandan un puesto de conducción para hacerlo. Tarde o temprano van a ceder a la seducción del poder.
El efecto más liberador de la verdad es no depender de caudillos o figuras centrales para alcanzar los sueños de las personas y de la comunidad.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Idamia (3)

Idamia Arias dio a luz a su primogénita en las horas postreras del último día de 1946. Todo quemaba; el verano se había anunciado caliente y el presagio se había cumplido cabalmente. Algunas horas después, agobiada por el calor, se dio un baño frío y descalza y en camisón se subió a un peral y se hartó de comer sus jugosos frutos. En medio de la noche le vino lo que ella solía llamar un “sobreparto” y se salvó apenas de una muerte segura…

“No existe una escuela que enseñe a vivir” advierte una canción de Sui Generis. Ni tampoco, por lo visto, existe una escuela que nos enseñe a morir. La muerte se nos presenta con sus ridículos, indignantes y definitivos argumentos y nada más toca hacerle frente aunque sea con una pizca de dignidad.
Me enteré hace algunos días por mi hermana mayor que a mi mamá se le hacía muy difícil administrar el nacimiento de sus hijos y que solía decirle a Dios que se la llevara en el siguiente parto como a la bíblica Raquel que murió al dar a luz a Benjamín. Siempre tuve la sospecha que ese disgusto existencial no abarcaba solamente el capítulo de los ocho nacimientos que afrontó.
La madrugada del domingo 16 de julio, a las 3.30 horas se cumplió esa profecía autoanunciada. A sus noventa y un años de una vida marcada por el trabajo y los avatares de la familia se le debía otorgar el derecho de responder como Jacob frente al Faraón: que sus ciento treinta años de vida habían sido “pocos y malos”.
No sabría decir cuántas alegrías tuvo mi mamá en su vida; me atengo a la experiencia de haberla oído afirmar muchas veces, “El único lugar donde soy feliz es en la iglesia”. Al menos durante alguna tarde de lunes y otros cuatro o cinco noches podía decir que estaba contenta.
Seguro hubo algunas otras cosas la alegraron y abrigo la esperanza que haya sido con nosotros, su familia. Ultimamente su único contentamiento era vernos durante nuestras fugaces visitas a su hogar en un pueblo rural. En las horas que duró su velatorio decenas de hermanas y hermanos atestiguaron del bien que les había causado la vida y el ministerio de la hermana Idamia lo cual me causado una auténtica alegría.
Debo acordarme de decírselo si nos llegamos a encontrar en el lejano país de Nunca Jamás

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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