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Tiempo de lectura: 2 minutos

Ciertamente sabemos que lo más seguro que tenemos en la vida es la muerte. Sin embargo, tenemos la promesa de la eternidad, lo cual nos hace perder el temor de la muerte. Para muchos nos hace querer darle más significado a esta vida, que es un regalo de Dios.

¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma. Lo que deberían decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».

Santiago 4:14-15 (NTV).

Un tiempo para aprender

Aunque sabemos que la eternidad es mucho más tiempo que el que viviremos en este mundo, es importante darle la importancia debida a nuestro tiempo. Es un tiempo de aprendizaje, de prepararnos para ese tiempo maravilloso que es la promesa que tenemos en Jesús.

Dios nos ha dado el regalo de la vida y debemos apreciarlo en todo sentido, viviendo una vida que lo complazca a Él y cuidando de ese cuerpo que es Su creación. Dios nos dio la vida, nos conoce desde antes de nacer y sabe hasta cuántos cabellos tenemos en nuestra cabeza. Lo sabe todo y nos ama.

Por eso nos complace mucho, porque le da gusto hacernos regalos, pero no nos los dará si sabe que no estamos preparados para recibirlos. Si sabe que nos va a cambiar nuestra manera o nos va a perjudicar, no nos los otorgará. Pero la vida ha sido Su regalo y por tanto la debemos apreciar y respetar.

Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento.

Santiago 1:17 (NTV).

Tratemos ese regalo con respeto y dignidad 

Desde el momento que nacemos hasta el día que morimos, debemos tratar nuestra vida con respeto y dignidad. Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. Sabemos que no somos Dios, pero nos ha dado una vida de libertad, donde podemos escoger qué hacer con ella. Nos la dio. Saquémosle el mayor provecho.

Aunque Dios es espíritu, como podemos leer en Juan, capítulo cuatro, pero, aunque Adán tenía como nosotros carne y sangre, el cuerpo de Adán reflejaba la vida de Dios, pues fue creado con perfecta salud y no estaba supuesto a morir. Solo que, al desobedecer, sobrevino el pecado que nos separó de Dios y lo cambió todo.

Aun así, Dios nos ama tanto, que no quiere que sigamos separados de Él. De hecho, desea que tengamos una relación cercana con Él. Es importante que cultivemos esa relación como la que tendríamos con un padre excepcional, porque Él lo es. Nos otorga el perdón a través de que creamos en Jesús.

Respetemos pues nuestra vida, nuestro cuerpo, nutriéndolo correctamente la mayor parte del tiempo. En la medida de lo posible, busquemos estar siempre saludables y practicar respeto por esa vida que se nos dio como un regalo maravilloso.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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