Nos sentimos divididos en dos partes

Nos sentimos divididos en dos partes

Todos los días luchamos con dos partes en las que nos sentimos divididos a la hora de escoger, de hablar, de actuar. Las dos partes son la carne y el espíritu. Nuestra carnalidad a veces nos gana y es cuando nos sentimos mal, porque le hemos fallado a Dios.

Desde el pecado inicial, todos tenemos esa lucha constante y ganará la parte que más alimentemos. Si alimentamos nuestro espíritu y nos conectamos a diario con Dios y Su Palabra, es muy probable que sigamos vencedores, porque de lo contrario es la carne la que nos domina.

Si escogemos la carne, lo más probable es que sintamos gratificación instantánea, se siente bien. Y escoger lo que es mejor para el espíritu puede demorar y exigir confianza, paciencia y esperanza. Hoy día todo lo queremos rápido y por eso nos cuesta soltar las riendas.

Todos pensamos que nadie lo puede hacer mejor

Hay un dicho que han repetido en muchas series, en películas y libros. El dicho de que, si quieres que algo salga bien, lo tienes que hacer tú mismo. Pero cuando somos creyentes, necesitamos soltar las riendas y pedir a Dios que tome el control, algo que definitivamente nos cuesta mucho.

Nos damos cuenta de que incluir a Dios en todo lo que hacemos o planeamos, hace que salga con excelencia. Nosotros podemos hacer planes, pero es Dios quien decide al final. Evidentemente, eso es cuando lo tenemos en cuenta para nuestras decisiones.

Cuando conseguimos a Dios, aunque sintamos la división en nosotros, permitimos que Él decida y nos guíe siempre. Le consultamos todo, le dejamos saber nuestros deseos, anhelos, y a Él le agrada vernos felices. Le gusta complacernos. No lo olvidemos nunca.

Dios jamás permitirá que nos veamos avergonzados ni dejará que otros se regodeen de alguna falta. Entrega tu vida al Señor, confía en Él y no olvides Su gran amor y poder. Siendo el Creador magnificente de todo lo que existe, te ama como nadie y te ayuda si se lo pides.

Oh Señor, te entrego mi vida. ¡Confío en ti, mi Dios! No permitas que me avergüencen, ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota. Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado, pero la deshonra les llega a los que tratan de engañar a otros.

Salmos 25:1-3 (NTV).

Tú tienes dos opciones el día de hoy. ¿A cuál de las dos alimentarás más? ¿A tu espíritu o a tu carne? ¿Vas a tratar de complacer a Dios o a los amigos y cercanos a ti? Tienes la posibilidad de decidirte ahora. No lo pienses más.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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. El presente se escribió en su totalidad por un ser humano, sin uso de ChatGPT o alguna otra herramienta de inteligencia artificial.

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