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Tiempo de lectura: 2 minutos

Muchas veces la expresión “Dios es amor” llega a convertirse en algo común y sin sentido en nuestra mente, podemos preguntar a alguien si sabe que es amado por el Señor y con seguridad responderá “sí, yo sé que Dios me ama”; pero su corazón continuará endurecido ¿cuándo estas palabras dejaron de calar en lo más profundo de nuestros corazones? Sin merecerlo, hemos recibido demasiado.

No merezco ser amada

Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó…

Tito3:3-5 (RVR 1960)

El apóstol Pablo escribe estas palabras para animar a los hermanos a no olvidar el amor de Dios. Recordando que nosotros también éramos en otro tiempo imprudentes, inmaduros, rebeldes, extraviados, esclavos de nuestros deseos pecaminosos y diversos deleites, viviendo con malicia, egoísmo, envidia, aborrecibles, y odiando a otros; por lo que, sin merecer, recibimos vida.

En el pasado cada uno tenía su propia identidad y reputación por la cual era conocido. Muchos con vergüenza pueden decir “sí, yo era esa persona” Todos reconocemos lo que éramos y las cosas que hacíamos, por quienes nadie pagaría un centavo.

Por la gracia de Dios soy lo que soy

Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy…

1 Corintios 15:9-10 (RVR 1960)

Pablo reconocía que no era digno de ser siervo del Señor, había hecho muchas cosas malas, entre ellas matar a los cristianos de ese tiempo. Pero, traía a la memoria estos recuerdos no para hundirse, sino para agradecer a Dios, porque, sin merecerlo y sintiéndose el más pequeño, aun así, recibió amor y un futuro diferente.

Recordemos que por la bondad de Cristo, nuestro Salvador, fuimos rescatados del pasado. Él nos alcanzó antes de que nosotros le encontráramos, nos rescató del pozo y suciedad; no merecíamos su salvación, sabía lo que éramos y cuántas veces lo íbamos a traicionar, pero el Señor aún así lo quiso.

Todos tenemos un pasado que nos avergüenza, que nos hace sentir indignos de recibir algo de Dios. La realidad es que no merecemos nada y nunca podremos merecer tanto amor; por lo que te animo a ser agradecido con el Señor y gritar a los cuatro vientos lo mucho que Él hizo por ti.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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