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Tiempo de lectura: 2 minutos

Eres la persona más preciosa y valiosa que el Señor Jesucristo tiene en esta tierra. Te ama tanto que no le importó dejar su trono ni sufrir con tal de salvarte.

Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores. Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Romanos 5:6-8 (NTV)

El amor de Dios por ti es infinito

El amor de Dios por ti no depende de lo que hagas o dejes de hacer. No hay nada, absolutamente nada, que puedas hacer para que Dios te ame más. Ni tampoco hay algo que hagas para que Dios deje de amarte. Hagas lo que hagas el Señor te seguirá amando, porque Su amor por ti es infinito.

¿Acaso hay algo que pueda separarnos del amor de Cristo? ¿Será que él ya no nos ama si tenemos problemas o aflicciones, si somos perseguidos o pasamos hambre o estamos en la miseria o en peligro o bajo amenaza de muerte?

Romanos 8:35 (NTV)

Nada puede separarte del amor de Dios

Quizás hoy te encuentras apartado de Dios, creyendo que ya no te ama por lo que hiciste. Tal vez has caído en un estado de conformismo en tu relación personal con Dios o posiblemente estás como el hijo pródigo en medio de la ruina. En cualquier caso, nada está perdido y no hay nada que pueda separarte del amor de Dios.

Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.

Romanos 8:38-39 (NTV)

Está esperándote con sus brazos abiertos

Dios te ama tanto que está dispuesto a perdonarte y ayudarte de aquí en adelante. Está con los brazos abiertos para recibirte y transformarte. Simplemente necesitas acercarte a Él y ser sincero.

Y como en la parábola del hijo prodigo, al verte volver, saldrá corriendo a tu encuentro, te abrazará y te recibirá con un besó (Lucas 15:20). Se alegrará por ti y habrá fiesta en los cielos.

Por lo tanto, no te preguntes más que has hecho con tu vida hasta hoy, más bien, piensa que harás de tu vida a partir de hoy.  ¿Correrás a sus brazos o te quedarás ahí detenido?


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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