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Tiempo de lectura: 2 minutos

Existe mucha gente que intenta sobrevivir por todos los medios sin saber que poseen una verdadera fortuna, y de la misma manera, hay personas que tratan desesperadamente de ganar un lugar en el cielo, cuando no necesita nada más que creer.

Una verdadera fortuna

Mientras Gustaf Gillman estaba trabajando en su taller de piedras preciosas,  en Chicago, vio que entraba un hombre vestido de modo sencillo, que tenía la apariencia de ser obrero.

El hombre se presentó como John Mihok, de Omaha, Nebraska, y luego, metiendo la mano al bolsillo de su pantalón, sacó una piedra de aspecto ordinario que entregó a Gillman, pidiéndole que la cortara y la puliera.

Cuando Gillman miró bajo la luz, se quedó con la boca abierta y le preguntó:

  • ¿De dónde has sacado esto?
  • Mi padre la recogió en su casa de campo, en Hungría, hace muchos años. Pensó que era una piedra muy bonita, y quizás él mismo la puso en mi maleta, porque cuando llegué a este país la encontré en ella, o quizás fue mi madre quien la puso, no lo sé.

La he tenido en mi casa durante todo este tiempo. Hemos dejado a los niños que jugaran con ella. Una vez casi la perdí, una rata se la llevó a su nido, pero la encontré por casualidad. La he perdido más de una vez, pero siempre la he vuelto a encontrar.

El experto seguía mirando la piedra con asombro. Mihok continuó:

  • Una noche soñé que era un diamante y tenía mucho valor. Pero no es un diamante, verdad?, porque es roja.
  • No, no es un diamante – dijo Gillman- pero es un rubí precioso.
  • ¿Y tiene algún valor?
  • Sí, su valor es aproximadamente de 100 a 250 mil dólares- le contestó el lapidario.

Una vez cortada, la piedra resultó ser un rubí sin ningún defecto, de más de 23 quilates, el mayor rubí existente en el mundo. Y durante todos aquellos años, tanto Mihok como su padre, habían estado trabajando en la dura labor del campo para ganarse la vida, en tanto que poseían una verdadera fortuna.

¿Sabes su verdadero valor?

Muchas personas creen que haciendo buenas obras o cumpliendo penitencias alcanzarán la salvación, sin embargo, ella está al alcance de una oración porque la recibimos por gracia, no por ser merecedores.

Sin embargo, en su gracia, Dios gratuitamente nos hace justos a sus ojos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados.

Romanos 3:24 (NTV).

Dios, en su infinito amor, nos regaló la posibilidad de ser salvos, solo debemos aceptar ese presente.

No es una piedra más, vale una fortuna

Por otro lado, existen personas que no entienden el valor de ese regalo y lo tratan como si fuera una piedra más, no se dan cuenta que tienen un rubí de gran valor en sus manos y dejan que cualquiera juegue con esa piedra preciosa.

Es tiempo de valorar lo que poseemos y vivir sabiendo que ese regalo inmerecido es una fortuna con valor de eternidad.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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